
¿Qué es un transgénico?
(y las madres que lo parieron…)
Editado por: 
ISBN PDF: 978-84-92509-81-2
ISBN EPUB: 978-84-15119-08-1
Antequera, 2
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Prólogo
Lo primero que me llamó la atención del presente libro que prologo fue su título aunque, conociendo al profesor, científico y divulgador José Antonio López Guerrero (JAL) no debería sorprenderme: colaborador en diversos medios de comunicación con secciones de cultura científica, JAL combina como nadie el rigor científico con su peculiar sentido del humor y sus dotes para jugar con el contexto gramatical. Por supuesto, “las madres que parieron al ratón” no es una falta de concordancia biológica y refleja, como bien se aclara en la introducción, la necesidad de contar con diferentes hembras para la elaboración de algunos organismos transgénicos.
Director de los programas de cultura científica de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO), JAL consigue que más de 20 institutos de secundaria visiten anualmente uno de los mejores centros de investigación de nuestro país; aspecto, éste, que hace destacar al CBMSO como centro mixto UAM-Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Asimismo, desde la creación de las oficinas de cultura científica señaladas, la visibilidad del CBMSO en la sociedad se ha visto notablemente incrementada: Feria de la Ciencia, Semana de la Ciencia, Radio Nacional, Tecnociencia o El Cultural son algunos de los foros y medios en los que, como electrón deslocalizado, puede intervenir JAL. Excelente tarjeta de presentación si tenemos en cuenta la celebración durante el 2007 del Año de la Ciencia (y la Sociedad) con motivo del centenario de la creación de la Junta de Ampliación de Estudios, embrión del actual CSIC. Esta efeméride debería consolidar la cultura científica como el verdadero nexo entre la Sociedad y los grupos de investigación. “La Sociedad tiene el derecho y el deber de recibir información directa de aquellos sectores de la ciencia que la producen”, suele insistir mi compañero y autor de este trabajo; para ello, y particularmente en el ámbito de la modificación genética de organismos, tema que nos ocupa, JAL se encuentra como pez (transgénico) en el agua. Con más de 15 años vinculado, directa o indirectamente, a la elaboración de transgénicos y su difusión a la sociedad, su libro “¿Qué es un transgénico?” no es una simple reedición del trabajo publicado en 2002. La presente actualización, además de modificar su formato, incluye más de un 10% de información completamente nueva, actualización de técnicas de transgénesis, legislación y gran profusión de ejemplos, incluso en aquel campo donde, me consta, el autor se siente más alejado intelectualmente hablando, aunque igualmente a gusto: la manipulación genética de plantas y alimentos.
En el campo de una biotecnología tan actual y cambiante como es la elaboración de organismos transgénicos, la adaptación e inclusión de los nuevos reales decretos, normativas y técnicas de elaboración no resulta tarea fácil. Por ello, puedo asegurar que ese algo más del 10% de material nuevo representa una ingente cantidad de trabajo adicional. El libro toca “todos los palos” necesarios para profundizar cuanto el lector sea capaz de “bucear” en este mar biotecnológico: descripción de los diferentes métodos de transgénesis en prácticamente cualquier organismo, connotaciones legales, sociales, éticas o históricas. Todo ello bañado con un curioso cóctel de ejemplos diversos, como el intento de recuperación de especies extintas mediante transgénesis-clonación o la capacidad de determinar el sexo de un animal simplemente mediante la manipulación o inserción de un único gen denominado SRY. Aunque su opinión personal sobre la manipulación genética queda patente a lo largo del presente libro, el autor no se limita a la descripción del tema según sus propias ideas; el libro incluye la opinión de científicos expertos sobre los aspectos polémicos más controvertidos, que frecuentemente esgrimen grupos contrarios al uso de estas tecnologías.
Desde la publicación de la primera edición de éste, su primer libro, JAL ha ido madurando en sabiduría y estilo a lo largo de su posterior periplo divulgativo-literario. Con libros como “Células madre (las madre de todas las células)”, el proyecto literario-visual “La tesis de Rebeca” (también con la transgénesis como parte de la historia humana descrita) y, sobre todo, su último trabajo publicado, “Sé lo que ocurrió... los cursos pasados”, JAL se ha consolidado como un divulgador científico de excepción.
Vivimos en un mundo en que la ciencia y la tecnología están teniendo un impacto cada vez mayor; el número de científicos está aumentando en todo el mundo y el ritmo de nuevos descubrimientos, sobre todo en el área de la biología, aumenta de forma espectacular. Estos nuevos descubrimientos van a cambiar radicalmente nuestra forma de vivir e, incluso, la perspectiva general de la Sociedad. Se necesitan de forma imperiosa divulgadores rigurosos como JAL, cuya formación científica le permite comprender el lenguaje y la metodología de los investigadores más especializados y al mismo tiempo capaz de transmitirlo al conjunto de la Sociedad.
Solo una pregunta cabe plantearse ante la profusión de actividades paralelas que el autor de “¿Qué es un transgénico?” desarrolla -docente, investigador, gestor universitario, divulgador científico, webmaster, coordinador de bitácoras virtuales, escritor y, por qué no, deportista de múltiples disciplinas- y es, ¿de dónde sacará todo el tiempo necesario? La respuesta es un misterio científico pero, siempre que no ceje en su pasión por lo que hace, ¿acaso debería importar?
Ginés Morata Pérez (CBMSO)
Profesor de Investigación CSIC
Premio Príncipe de Asturias 2007 en
Investigación Científica y Técnica
Prólogo de la primera edición
¿Cómo y por qué del título tan… poco ortodoxo? Simplemente porque considero que es «escrupulosamente exacto». En un libro donde se describe el proceso de elaboración de organismos transgénicos nos referimos, asimismo, a la manipulación de las madres: la que ofrece los huevos fecundados para que los manipulemos y aquella que va a ejercer, como veremos, de madre adoptiva, cariñosamente bautizada por mí como Madre de Alquiler. Por otra parte, durante un «taller de trabajo» en el Instituto de Ciencia de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid sobre «Perfeccionamiento en las tareas Docentes», la Profesora África Cruz me felicitó, precisamente, por haber llamado la atención poniendo este título a mi seminario. Tal fue el éxito del susodicho título que la doctora Cruz, ahora compañera y amiga, lo puso como ejemplo de «captación de atención en clase» en varios congresos internacionales en los que participó. Sirva este título (si finalmente el editor lo acepta) como pequeño homenaje a esa gran profesional de la pedagogía y organización docente. ¡Gracias, África!
¡No he pretendido escribir un buen libro sobre Transgénicos! ¡Tampoco un buen manual! ¡Mucho menos un libro de culto! Sin embargo, sí he intentado escribir un libro-manual ameno sobre la modificación genética de organismos vivos, eso sí, aportando mi visión personal en cada momento. Debido a mi área de investigación, el presente libro versará, principalmente, sobre la manipulación en animales, aunque no me olvidaré de la transgénesis en plantas, con toda la polémica que levanta entre consumidores, productores y grupos ecologistas.
Detallar el proceso de manipulación genética en seres vivos requiere, forzosamente, el empleo de ciertos tecnicismos que podrían resultar «espesos» para el lector no familiarizado con la biología molecular más elemental. Por ello, y para facilitar en todo momento la comprensión de la lectura definiremos, al final del presente libro y en un breve glosario, todos aquellos conceptos técnicos y siglas relevantes empleados en el texto. Si a pesar de todo, se me escapara sin definir alguna «palabrota» demasiado técnica para el lector, pido anticipadamente disculpas y garantizo, no obstante, que no supondrá un obstáculo fundamental para el seguimiento global de la lectura.
Asimismo, en el capítulo de referencias he preferido enumerar sólo aquellos libros generales más significativos sobre manipulación de organismos vivos disponibles hoy día en el mercado. También se indicarán algunas direcciones URL. No hay que olvidar que estamos en el comienzo del «cibermilenio», donde encontrar una amplia y variada información sobre el tema. Sin embargo, el lector comprobará que indico, entre paréntesis, algunas referencias científicas sobre temas concretos. Si se deseara encontrar el artículo exacto al que hacen referencias las citas, bastará con indicar el nombre y el año que aparece entre paréntesis en cualquiera de los buscadores científicos que menciono al final del libro. De esta forma, evito saturar al lector con artículos científicos concretos que, de todas formas, podrían quedar obsoletos en poco tiempo.
En el mercado especializado existen grandes manuales donde se detalla con todo lujo de detalles desde la composición del tampón donde purificar el ADN a insertar en una especie animal (o vegetal), hasta la temperatura de la habitación donde se tiene que producir la cópula entre un macho vasectomizado y la hembra que queremos pseudopreñar. Quizás, el manual elaborado por Elizabeth Lacy y colaboradores sea una de las obras sobre manipulación genética en ratones más completa que se ha escrito. Por supuesto, muchos de los datos que aporto en el presente libro han sido obtenidos de él (aprovecho para expresarles mi más profundo agradecimiento). No obstante, el gran número de publicaciones que aparecen prácticamente a diario, tanto en formato papel, como a través de la red de Internet, hace necesaria una actualización y una capacidad de síntesis de la información extraordinaria (¡no sé si seré capaz de llevarlas siempre a cabo!).
Aunque a la hora de describir los procesos de transgénesis me centraré básicamente en el ratón, no dejaré pasar por alto anécdotas o aquella información que considere relevante, curiosa o simplemente simpática, sobre cualquier tipo de ser vivo (sobre todo, mis desesperadas luchas con ratas de una cepa especial, Lewis).
A lo largo de los diferentes capítulos, el lector podrá comprobar cómo utilizo indistintamente los términos Óvulo fecundado, Huevo ó Cigoto para referirme a la célula destinada a generar un ser vivo y que suele ser la que se modifica genéticamente durante el proceso de transgénesis. Asimismo, a la hora de describir esta forma de biotecnología podré utilizar los siguientes términos como sinónimos: Ingeniería Genética, Transformación Genética, Tecnología Transgénica, Tecnología del ADN Recombinante o Tecnología de Manipulación y Modificación Genética).
Para realizar la mayoría de las fotos que aparecen en este libro sobre animales, he contado con la generosidad y ayuda del personal del animalario del Centro de Biología Molecular (Universidad Autónoma de Madrid). De igual modo, la mayoría de las figuras aparecidas en el capítulo de transgénesis de plantas han sido cedidas por la Fundación Antama. ¡Gracias!
Finalmente, querría agradecer el nacimiento de este libro, en parte transgénico también (seguro que algo de mi «material genético» ha quedado pegado a él durante las largas horas frente al ordenador…), a aquellas personas que, casi nunca, dejaron de confiar en mí. En especial a mi mujer Eva y a mis «ceporretes» por aguantarme todos los días, que no es «moco de pavo».
Introducción
Al parecer, la hembra se negaba a colaborar. Con un macho vasectomizado, «siempre dispuesto», dentro de la jaula, tratábamos que el macho fértil comprendiera que su misión era la cópula. Una vez aleccionada la rata fértil, el macho vasectomizado era reemplazado y devuelto a su jaula. Con la luz de estudio fotográfico encendida, ausencia de visibilidad para los animales, y debido a la débil producción de tapón vaginal en estas especies, teníamos que esperar a que se consumara la cópula antes de separar al macho y dejar a la hembra reposar hasta el día siguiente momento en el que, siguiendo los protocolos internacionales de ética en el tratamiento animal, extraíamos los óvulos recién fecundados.

Figura 1
Este relato, más propio de la literatura «alternativa» que de un libro sobre ciencia, describe sólo algunos de los obstáculos con los que tropezábamos, a principio de los 90, en el intento de mi grupo de investigación por conseguir ratas manipuladas genéticamente o transgénicas. En aquella época, ya lejana desde un punto de vista científico, no existían muchos datos sobre la transgénesis de estos roedores. El protocolo, descrito en ratones, distaba mucho de poder extrapolarse a sus primas de mayor tamaño. ¿Por qué, entonces, nuestro empeño en manipular ratas? Estábamos investigando la enfermedad de Artritis Reumatoide. Existía un modelo en una cepa concreta de ratas que se aproximaba mucho a la enfermedad en humanos. Durante la segunda mitad del siglo XX, C.M. Pearson estableció una relación entre personas que habían padecido tuberculosis y la artritis reumatoide. Ésta y otras observaciones científicas llevaron al establecimiento de un modelo de artritis en una cepa de ratas denominada Lewis, ¡como el cómico norteamericano!

Figura 2
A pesar de la importancia de la investigación en una enfermedad como la Artritis y de la enorme cantidad de dinero invertido, hoy día se sigue desconociendo el causante último de dicho proceso autoinmune. Algunas teorías se centraban en una pequeña zona de una proteína muy abundante y conservada en todos los seres vivos a lo largo de la evolución: la proteína de choque térmico, también conocida como proteína de estrés, hsp65 de la bacteria Mycobacterium tuberculosis.
En un intento por dilucidar el proceso desencadenante de la artritis en humanos y teniendo en cuenta la similitud de la enfermedad con la provocada en ratas Lewis tras la administración de una mezcla de aceites minerales y la bacteria M. tuberculosis, decidimos desarrollar dos vías científicas de abordaje. Por una parte, elaborar vacunas víricas con la proteína de choque térmico hsp65 para ver si éramos capaces de inmunizar a las ratas frente al intento de inducir enfermedad. Esto consiste en modificar un virus para que produzca la proteína que deseamos tras la infección de la rata. Este enfoque fue un verdadero éxito y quedó reflejado en la publicación de varios artículos en las mejores revistas científicas internacionales.
Por otra parte, y centrándome en el tema que ocupará el presente libro, decidimos elaborar ratas transgénicas, es decir, ratas con material genético diferente, exógeno, al propio. Estos animales llevarían incorporado en su secuencia genética el gen que codifica para la proteína bacteriana hsp65. La idea era generar, en vez de protección, Tolerancia frente al intento de inducir artritis. Tolerancia inmunológica es el proceso por el cual nuestro cuerpo reconoce cada una de nuestras moléculas como propias. Cuando se pierde esta tolerancia se puede producir autoinmunidad, como es el caso de la artritis reumatoide.
La elaboración de ratas transgénicas resultó de una complejidad abrumadora. Cada uno de los diferentes pasos a seguir, tan bien establecidos en el caso de transgénesis de ratones, era un verdadero obstáculo en el caso de las ratas Lewis. El resultado fue, después de casi tres años de investigación, el abandono del proyecto. Información posterior corroboró la idea de que las ratas Lewis eran casi imposibles de transgenizar, debido a la gran debilidad genética que presentaban. El problema era que el modelo de artritis mediada por adyuvante, aceite mineral con proteínas de M. Tuberculosis, era reproducible precisa y únicamente en este tipo de animal.
No obstante y a pesar del gran fracaso científico que cosechamos, la experiencia adquirida durante el proyecto desarrollado me llevó a interesar hasta la pasión por los diferentes procesos de transferencia genética, tanto en animales como en plantas.
El presente libro pretende ser una visión, forzosamente resumida y lo más amena como me sea posible, de todos los conceptos y aspectos relacionados con la transgénesis. Trataremos los aspectos legales, aunque debido a la velocidad con la que avanza la ciencia, todavía quedan muchas lagunas por legislar; los procesos de elaboración de animales transgénicos, comentando las curiosidades y la gran variedad de técnicas actuales de transferencia del material genético de diferente procedencia a los animales para manipular. Asimismo veremos algunos ejemplos, intentando que sean curiosos y llamativos, de animales transgénicos con interés científico, clínico o económico. Sin ir más lejos, no hace mucho que ha salido a la luz pública la obtención de unos cerditos (creo que cinco) clónicos con una modificación genética por la cual, los órganos de estos animales tienen menos posibilidad de ser rechazados en un futuro e hipotético xenotrasplante a humanos. Por cierto, aunque algunos medios de comunicación se empeñen en confundirles, que nadie identifique la técnica que aquí se va a describir, la transgénesis, con la clonación. Esta última no necesita en absoluto la transferencia de genes entre diferentes especies y proporciona, con diferencia, menos posibilidades científicas que la transgénesis.
Por último, describiremos algunos procesos de manipulación genética en plantas y alimentos. Aunque científicamente pudiera ofrecer menos versatilidad que la manipulación en animales, por su proximidad puede llegar a despertar mucho interés entre la población, cada día más concienciada con lo que nos metemos entre pecho y espalda.
¿Qué es un Transgénico?
En términos generales, se denominan TRANSGÉNICOS a aquellos seres vivos que portan genes nuevos, obtenidos mediante integración de fragmentos de ADN exógeno en el genoma propio. Dichos genes suelen ser introducidos mediante microinyección de ADN purificado en el pronúcleo de huevos fertilizados. Si el nuevo material genético se integra en el ADN cromosomal del organismo, éste se transmitirá a las sucesivas progenies como una carga hereditaria más, propia del animal manipulado. Este término fue acuñado en el año 1981 por los biólogos moleculares J.W. Gordon y F.H. Ruddle. De hecho, estos nuevos seres vivos pueden ser considerados como variantes de una especie dada e, incluso, en algunos casos son patentados como «algo» creado directamente por el hombre. ¿Se imaginan que Dios hubiera ido, asimismo, al registro de patente?
A pesar de que sigue siendo el ratón de laboratorio el animal más utilizado en técnicas de transgénesis, cualquier ser vivo es susceptible de ser modificado genéticamente. De hecho, cada día nos acostumbramos más a ver en los medios de comunicación noticias sobre estos seres vivos «artificialmente creados». Noticias que no hay que confundir con las referentes a la clonación. Ésta última no requiere en absoluto transferencia de genes entre especies diferentes, aunque en algunos casos se mezclen ambos procesos técnicos, como en el caso anteriormente mencionado de la clonación de varios cerdos enanos al estilo de lo ocurrido con la superfamosa ovejita Dolly.
Concretamente, los cerditos han sido modificados genéticamente para suprimirles unos genes cuya expresión originan unas proteínas muy inmunogénicas, es decir, altamente activadoras del sistema inmune. Esta manipulación permitiría utilizar algunos órganos de estos animales en trasplantes a humanos. Sin embargo, rigurosamente hablando, los cerdos no han recibido material genético extraño, sino que han sufrido una modificación del suyo propio, por lo que el concepto de transgénesis y manipulación genética deben unirse en una esfera más amplia.
Actualmente se engloba bajo el concepto de transgénesis a todos aquellos casos donde, previo al nacimiento de un nuevo ser vivo, se ha modificado mediante técnicas de biología molecular su material genético, dando lugar a un linaje genotípica y fenotípicamente distinto al organismo de partida.
Uno de los primeros y más llamativos casos de transgénesis se realizó en 1982 (R.D. Palmiter y colegas) mediante la elaboración de ratones que sobreexpresaban el gen de la hormona de crecimiento exógeno, de otra especie. Estos ratones eran de media de dos a cuatro veces más grandes que sus compañeros sin modificar. Desde entonces, y hasta llegar a estos cerditos clónicos, se han publicado casos de transferencia génica de lo más variopinta: ratones que sobreexpresaban más de 200 copias del gen de la queratina de lana de oveja y tenían un aspecto de lo más lamentable, dicho sea de paso; Un ratón con base genética de hembra que, sin embargo, tras expresar el gen SRY, gen ligado al cromosoma Y que más tarde analizaremos, se han desarrollado como machos; cerdos con la hormona de crecimiento de la vaca, con tamaños que harían las delicias de cualquier «jamonero», pero que morían prematuramente por no poder sostener su propio peso. De estos y otros casos hablaremos más adelante.
Básicamente, hay dos tipos de manipulación genética que se realizan con mayor frecuencia: la inserción de material genético exógeno (externo) que acabará expresando una característica fenotípica nueva, esto es, Transgénesis, como originariamente la definió J.W. Gordon y F.H. Ruddle, y la eliminación o inutilización de un gen propio, elaborando un ser vivo carente de una característica concreta de su especie. A este último caso se le denomina Knockout, ¡no me pidan, por favor, una traducción al castellano! La elaboración de animales knockout es bastante más laboriosa que la de transgénicos con inserción de segmentos de ADN exógeno, dado que la eliminación de todo o parte de un gen es un proceso muy específico que requiere un minucioso seguimiento. Sin embargo, debido a que prácticamente el 80%, y me quedo corto, de la secuencia de nuestro genoma no tiene, o no se conoce, valor codificante, la inserción de un gen exógeno puede hacerse mediante la estandarizada técnica de microinyección, consistente en introducir el material genético exógeno, mediante micropipetas, directamente en óvulos recién fecundados para que se integre, normalmente al azar, en el genoma del pronúcleo masculino antes de que éste se fusione con el pronúcleo femenino originando el núcleo verdadero del embrión en su estadio más incipiente. A partir de este punto, el embrión se desarrollará con un gen nuevo que adoptará como propio. Debido a la proporción, comentada anteriormente, de ADN no codificante existente en el genoma, es improbable, aunque no imposible, que el inserto interrumpa un gen vital para el desarrollo del embrión. Actualmente, y por contraposición al Knockout, se habla, utilizando prácticamente la misma técnica, del Knockin donde, en vez de eliminar una característica genética, sustituimos un gen endógeno por otro que puede proceder de cualquier especie.
Aunque la transgénesis de animales es muy llamativa, se está creando mucha más polémica con la manipulación genética de plantas; concretamente en aquellos casos destinados al consumo humano (Figura 3). Después de varios escándalos por culpa de soja y maíz transgénicos, la sociedad está mucho más sensibilizada y presta mucha más atención a los alimentos que ingiere. No obstante, la ciencia parece estar indicando no ya la necesidad de manipular alimentos que garantice la mejor distribución y conservación, sino la seguridad de los mismos. Sobre los métodos de manipulación de plantas trataremos al final del presente libro.

Figura 3.
¿Qué datos históricos relevantes se podrían citar?
Como cabría suponer, la manipulación genética de seres vivos es un hecho de absoluta actualidad, ¿no? ¡No! De hecho, datos sobre la creación de variantes de especies tanto en animales como en plantas se remontan prácticamente a la historia escrita del hombre. Muchas de las razas actuales de perros, palomas y otros animales que hoy día convive con el hombre son fruto de la selección genética cuidadosa, mediante cruces muy concretos, durante años y años.
Se podría decir que la técnica de transgénesis realiza en poco tiempo y bajo condiciones muy precisas la labor que, de otra forma, llevaría años, en caso de ser factible.
Para las técnicas de transgénesis han tenido que converger una serie de logros científicos más o menos recientes. Podría empezar por citar los primeros logros en la transferencia de embriones in vitro hace ya más de un siglo. Concretamente, las primeras publicaciones al respecto datan de 1880, siendo de especial relevancia, los éxitos logrados en el campo por W. Heape en 1891. Poco a poco se fue consiguiendo el desarrollo parcial de un óvulo fecundado en medios de cultivo. Incluso, a mediados del siglo pasado ya se podían «crear» Quimeras, es decir, mezclar embriones en fase temprana de diferente procedencia para producir un «monstruo» procedente de varios padres (simultáneamente). Actualmente también se obtienen quimeras con la esperanza de que, en un porcentaje alto, la manipulación realizada aparezca en la línea germinal y, por lo tanto, la siguiente generación procedente de dicha quimera estaría constituida en su totalidad por animales transgénicos con modificación genética en todas y cada una de sus células.
Otro logro indispensable para la elaboración de animales, o plantas, transgénicos se produjo en 1966. El método más empleado actualmente para la transferencia de genes exógenos dentro de la célula se puso a punto por el grupo de T.P. Lin: La microinyección. En un principio bastó con la inoculación intracelular de gotitas de aceite. Mientras una micropipeta sujetaba un cigoto, otra aguja mucho más fina, capaz de penetrar en el interior celular, depositaba el aceite fácilmente distinguible al microscopio. Esta técnica, fundamental para que unos cuantos años más tarde se obtuviera el primer transgénico, sigue siendo hoy día básica para cualquier proceso de transferencia genética en el interior celular, tanto en el citoplasma como en el núcleo.
Apenas once años después del avance de la microinyección, J.B. Gurdon logró transferir material genético dentro de huevos de una especie de rana denominada Xenopus, muy utilizado a la hora de estudiar la expresión de genes, observando cómo el ADN era capaz de migrar hasta el núcleo y procesarse de forma correcta hasta dar lugar a la síntesis de proteínas concretas. Aún más llamativo fue el logro de R.L. Brinster (1980) de conseguir que el gen de la globina de conejo se expresara en óvulos fecundados de ratón.
Simultáneamente a estos avances tecnológicos, hay que sumar otros muchos en biología molecular. En 1928, F. Griffith estableció al ADN como el principio transformante de pneumococos a formas virulentas. Dicho descubrimiento fue explicado y ampliado quince años más tarde por los O. Avery, C. McLeod y M. McCarty, reafirmando al ADN como el material genético guardián de nuestra herencia como seres vivos. Otro paso de gigante en el desarrollo de la biología molecular tuvo lugar a mediados del siglo pasado: los trabajos de J. Watson, F. Crick y R. Franklin permitieron conocer a fondo la estructura del ADN (1953). Seis años más tarde, Severo Ochoa y A. Kornberg recibían el premio Nobel en medicina por sus trabajos en los mecanismos de síntesis de los ácidos nucleicos. En 1966, los brillantes trabajos de H.G. Nirenberg y M.W. Khorana permitieron descifrar el código genético: un diccionario compuesto por cuatro letras básicas (A, T, C, G) cuya combinación en grupos de tres en tres van nombrando los aminoácidos que son la unidad constitutiva de las proteínas, el armazón estructural y metabólico de la vida.
Para no hacer exhaustivo (eufemismo de «aburrido») este recorrido por la genética molecular, simplemente mencionar algunos de los más grandiosos descubrimientos acontecidos en el último tercio del siglo pasado: el descubrimiento de los retrovirus y, con ellos, de la enzima Transcriptasa Inversa o Retrotranscriptasa, herramienta indispensable en biología molecular (Temin, Baltimore, Dulbecco. 1969). Durante este mismo año, T.D. Brock y H. Freeze aislaron la bacteria termófila Thermus aquaticus, bacteria que vive a muy altas temperaturas y que es la fuente de la ADN polimerasa Taq, a su vez necesaria para que 20 años más tarde K. Mullis pusiera a punto la técnica que le aseguró el Nobel en 1993 denominada Reacción en Cadena de la Polimerasa o PCR, del inglés Polymerase Chain Reaction. Con esta técnica, prácticamente omnipresente en cualquier laboratorio moderno de biología molecular, se incrementa enormemente la capacidad de amplificación, identificación y manipulación del material genético.
Por supuesto, no se me olvida mencionar que hace unos años se hizo pública la secuencia de la totalidad del genoma humano, a cargo de un gran número de empresas y laboratorios de todo el mundo unidos para dicho fin. ¡Y pensar que sólo cinco años antes, J.C. Venter y H.O. Smith hicieron pública la secuencia de la primera bacteria!
Todavía queda pendiente un enorme trabajo hasta que estos datos sobre la secuencia del genoma humano publicados acaben ordenados e indicando exactamente los genes que el ser humano dispone, su expresión en proteínas y, algo mucho más importante, su regulación.
En cualquier caso, todos estos descubrimientos y avances en biología molecular permitieron la transferencia de material genético de un ser vivo a otro, así como la modificación parcial o total de genes concretos dentro de un organismo dado.
En resumen, gracias al desarrollo de las técnicas de biología molecular que acabo de mencionar, así como a los logros de microinyección de finales de los sesenta, se pudieron desarrollar con éxito, apenas 15 años después de los trabajos pioneros de Lin en 1966, las primeras transferencias génicas (Gordon y colegas, 1980; Brinster y colegas, 1981; Constantini y Lacy, 1981, entre otros).