El tarot intuitivo del siglo XXI
Georges Morin
EL TAROT INTUITIVO
DEL SIGLO XXI

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Los periodos más destacados de la historia del tarot se sitúan bajo los reinados de Enrique II, Enrique III y Enrique IV, así como en la época de Luis XIII y del regente Felipe de Orleans. Después de esta última época, la calidad del tarot disminuyó rápidamente a causa sobre todo de la emergencia del pensamiento cartesiano, del Siglo de las Luces y del galopante relativismo, factores que empezaron a marcar la desaparición de la intuición en favor de los símbolos automáticos suscitados por los arcanos del tarot. Al principio, no era más que un soporte práctico de las «experiencias» que disciplinaban imágenes intuitivas en fila. Sólo servía para llenar de imágenes lo que sugerían la vida y el destino. Con el paso del tiempo, aparecieron nuevas imágenes del tarot, los arcanos menores, que tenían como objetivo matizar materialmente lo que perdía la intuición. Después, el tarot consiguió suplantar radicalmente a la intuición, como si se tratara de un sirviente pragmático que supera al maestro irracional, y se convirtió de esta forma en un soporte a través de la lectura automática de sus arcanos. Desde las imágenes de Épinal de mademoiselle Lenormand, pasando por el tarot egipcio, celta, hindú, gitano, azteca o de Marsella, el tarot ha tomado la forma de 78 arcanos con un método «de selección» incluido. Es destacable que, aunque el pensamiento materialista ha sabido difundir y vender la cantidad (los 78 arcanos del tarot), no ha sabido vender nunca la calidad (la intuición). Puesto que el tarot fue relegado a sus propias imágenes, se volvió estéril e insulso, prácticamente compactado para convertirlo en programas, amaestrado a través de múltiples tiradas completamente mecánicas en manos de los que creían que el destino era «1, 2, 3, 4, 5 y giro el arcano».
Puesto que el siglo XXI tiene que ser espiritual (¡?), el tarot será en un principio y casi con toda seguridad intuitivo. Los verdaderos valores personales volverán rápidamente y con fuerza, en detrimento de los valores sociales. El desarrollo personal se hará necesario para nuestro propio equilibrio, ya que todos los iconos y tótems se disuelven progresivamente en la cruel y anticuada realidad del final de la era de Piscis. Sólo se podrá contar con uno mismo, con la propia confianza y con la de los demás, para mantener un equilibrio interior que tendrá por lo menos el mérito de desembarazar de la contaminación psíquica y el de garantizar la supervivencia psicológica. El tarot intuitivo es un ejemplo de aplicación de esta ecología mental necesaria para el vaivén del siglo; se trata de la forma más adecuada para encontrar las raíces humanas en esta nueva época: ir en busca de lo esencial, de lo inmaculado y de lo bello, y de ahí el interés en desarrollar el aporte de la intuición pura en nuestros actos corrientes, en nuestros reflejos, en nuestros comportamientos y en nuestros estados de espíritu. El tarot intuitivo es perfectamente coherente con lo que esta era tiende a hacernos comprender sin darnos nada más: un planeta Tierra y seres humanos. Por lo tanto, será necesario saber captar lo que de más rico tenemos en nosotros sin ayuda técnica, vencer esa vergüenza social que surge en nosotros cuando elementos interiores inmaculados tienen que aparecer: el amor, la intuición, la humildad, por ejemplo. Este método apela a lo más bello y verdadero de todos nosotros, a los gritos de cuando éramos pequeños, a los murmullos amnióticos, a los primeros alientos de la vida.
Este método particular de tarot nació hace mucho tiempo, mientras me afanaba por encontrar un medio pedagógico sencillo para que los neófitos pudieran introducirse enseguida en su práctica. Los demás métodos consisten en una especie de imposible: aprenderse los 78 arcanos del tarot uno por uno, lección por lección, curso tras curso, ejercicio por ejercicio, para después diluir el recuerdo a lo largo del proceso, tal como suele pasar con las matemáticas o la geografía aprendidas en la escuela. Hacía falta por ello un método más sencillo, de la misma forma que se aprende a ir en bicicleta pedaleando y no describiendo el método del pedaleo. Era necesario igualmente que el neófito se sintiera motivado y con confianza, algo no tan sencillo, si se tiene en cuenta la imagen generalmente desastrosa que se forma el público sobre los maestros del ocultismo: se trata de un mundo en el cual la persona que pretende estudiarlo se siente rechazada por la forma iniciática que lo caracteriza. Estos maestros y guías, que se considera que deberían dispensar el conocimiento, lo impulsan hacia su propia visión estrecha de la vida, una vida en la que el actor principal —y el héroe— no es aquel que escucha sino el que habla, con lo que propagan la idea de que la ciencia del tarot se adquiere a través de un brebaje esotérico-iniciático o basado en criterios que emanan directamente de los dioses griegos, de los elfos del bosque de Brocelianda, de los sacerdotes egipcios que han transmitido dones o de nuestro propio karma esclavista que será necesario dominar…
Así pues, la persona que quería aprender el tarot tenía que entrar en esta gran y simpática familia o rechazar definitivamente lo paranormal, a menos que escogiera iniciarse por sí solo. Esta última vía explica la existencia de esta obra: en efecto, usted va a familiarizarse con este arte sin ser intimidado por la comunidad ocultista, y sin sentirse perdido en sus motivaciones iniciales. Ha sido necesario inventar, por lo tanto, un método muy sencillo basado en el propio potencial intuitivo que puede proyectarse sin miedo hacia el mundo preventivo, un método que le enseña a hablar como un niño con las palabras de su biblioteca interior puesto que nada proviene de la invención de una técnica, todo proviene de nosotros…
Aprender convenientemente el tarot a través del aprendizaje gradual de los métodos de tiradas existentes se convierte en una hazaña para un principiante, y entrar directamente en el terreno del profesional experto no aporta muchos resultados: siempre se produce esa sensación de incomprensión, de estar perdido, de diluirse con el abandono o el desaliento al final de ese túnel psicológico. Es imposible crear un clima de confianza con el alumno que en las técnicas del profesor ve un mundo al cual no pertenecerá jamás debido a la dificultad que representa mover la puerta de plomo que da acceso a la intuición pura. ¿Qué se puede hacer? ¿Por dónde se debe empezar? ¿Qué lenguaje se tiene que inventar?
La actitud del principiante es paradójica: quiere ir deprisa y acceder rápidamente a resultados tangibles, necesita lentitud, reflexión y gestación y, al mismo tiempo, necesita embriagarse tomando altura.
Esta nueva aproximación ha sido larga, marcada por intentos decepcionantes, por replanteamientos frecuentes y estancamientos psicológicos… hasta que se ha comprendido que el inicio de cualquier cosa es dominar la intuición antes de inculcar una técnica. En efecto, en la historia del tarot, la iniciación se ha abordado siempre con la puesta en escena prioritaria de los 78 arcanos explicados uno por uno. Esto significa en realidad un reflejo racional y material, las imágenes de los arcanos en detrimento del corazón abstracto, es decir, la intuición. Como si se tratara de la presentación de un deslumbrante vestido de boda que cubrirá graciosamente a una mujer de la que se saben pocas cosas… Así nació este método. Procede de la reflexión y funciona de modo polivalente activando de forma automática la explotación de un insospechado potencial formado por los siguientes elementos esenciales: la intuición, la psicología, el conocimiento y la plenitud.
Desde entonces, el acceso al arte del tarot se ha vuelto más sencillo. El principiante ya no siente la sensación de separación o de «gueto» oculto, percibe este tarot como una herramienta corriente que le sirve de plataforma mental para acceder a los tesoros escondidos de su psicología. Se ha convertido al final en algo claro y sencillo, lo que le permite desmitificar rápidamente el tarot y abordar más «civilmente» el ámbito de la predicción. Se muestra coherente porque está emancipado de un sentido esotérico pisoteado, desviado, contaminado y aproximativo. A través de este método conseguimos suprimir las barreras ocultas invisibles, las instrucciones pesadas, los estereotipos del mundo de la psicología y el mito de la adivinación instaurando simplemente un clima sano completamente despojado de hazañas místicas o de grandes fantasías: se tratará ahora de encontrar las palabras, los verbos y los matices de lo que se ha sentido tal como veremos más adelante en la práctica. Es un nuevo lenguaje o, por lo menos, un lenguaje abstracto que se había desactivado desde hacía lustros en beneficio de la imagen, de la apariencia de lo material, de lo que se puede tocar, es decir, de los arcanos en sí mismos.
El tarot intuitivo es rápidamente eficaz tal como comprobará enseguida usted mismo. Funciona puesto que se trata del camino más corto del alma a lo racional: por lo tanto, se desvela para materializar hechos a través de arcanos muy distintos, hechos, relaciones, sinergia y condiciones que son desconocidos antes de instalarse ante usted. ¿Se trata de magia? No, pero si todo lo que proviene del alma es mágico, sí. «Así pues, si hemos entendido bien, ¿la inspiración y la concentración que se desprenden del mecanismo de la elección al azar de los arcanos nos proporcionan la respuesta a una pregunta que será necesario interpretar como si fuera el destino del sujeto de esta pregunta?», preguntaría un científico muy cartesiano. ¡No! ¡Sería demasiado fácil! La cultura de este tarot es elevarse hasta la central intuitiva, el alma, la inspiración, el origen, la fuente. En este valle poético ya no existen puntos de referencia puesto que ya no hay nada. Está desierto es incoloro, es insonoro y está paralizado. Los arcanos se han escogido durante el viaje, están exentos por tanto de las leyes de la gravedad psicológica, en una estratosfera a la que no llega ningún tipo de contaminación, en la que no penetra ninguna influencia y en la que se conserva intacto el primer lenguaje de la humanidad.
Con este inagotable yacimiento se reconoce la intuición, se recupera y se desarrolla la confianza perdida. Queda ahora la interpretación terrestre de los mensajes de arriba: aunque aplicamos cultura y ética para elevarnos a lo que está en nosotros, la intuición, es difícil hacer lo mismo con el lenguaje inferior, la interpretación de la creación intuitiva que acabamos de exponer. ¿Y por qué? Porque se trata de dos mundos distintos pero que tienen sinergias evidentes que descubriremos rápidamente más adelante. Las deducciones son exactas pero deben moldearse a veces las propias interpretaciones iniciales a medida que el tiempo aporte matices concretos. El tarot intuitivo funciona tan bien que usted realizará este viaje para reencontrarse y reunirse con los que le esperan. Los malos resultados de una tirada son debidos, a menudo, a la concentración escasa o a un mecanismo inconsciente del procedimiento. El único criterio de éxito es el de estar completamente seguro de la propia concentración y de la propia inspiración, ambas necesarias para llevar a cabo estas proyecciones intuitivas. El tarot intuitivo es de una simplicidad natural. Se impregna de pureza celeste y desciende para ofrecerla a los hombres, que comprenden mal esta simplicidad, por lo cual existen dificultades que se centran esencialmente en la interpretación.
Al leer intuición, psicología, conocimiento, desarrollo, se podría pensar en cuatro virtudes, pero en realidad no son más que zonas mentales ya existentes que esperan ser activadas. Estas zonas mentales pueden ser fácilmente interactivas, es decir, dependientes una de la otra, pero pueden relacionarse también mediante enlaces directos si se quiere asumir el trabajo. En efecto, el método del tarot intuitivo se inspira en esta liberación mental, privilegiando la libre circulación del intelecto capaz de desplazarse de esta forma a zonas a menudo condenadas como poco creíbles en la vida cotidiana, como si fueran los tabiques herméticos de un submarino. ¿Por qué? Porque tener intuición es menos creíble que poseer conocimientos; porque estar más desarrollado interiormente vale menos que tener el título de psicólogo, como si nuestra época de consumo hasta el extremo nos empujara hacia lo esencialmente práctico y rentable, hacia el terreno social. Se crean de esta forma silencios, modestias frustrantes, nos forjamos una osamenta personal concreta en la cual lo pertinente y lo visible cohabitan dejando en el sótano de esta casa mental lo que la sociedad no necesita. Sin embargo, la intuición es como un niño revestido de sensibilidad y preparado para ir hacia el conocimiento y luego hacia el desarrollo, virtudes que tienen un parentesco cercano, aunque de forma totalmente involuntaria la vida contemporánea las haya separado. En mi trabajo de analista, no dejo de trabajar para hacer creíble y vivo lo que las personas gestan en el fondo de sí mismas, esta fuerza creadora e intuitiva dejada en manos de quien necesita una ayuda para salir de la sombra. La intuición se encuentra en la base de cualquier concepción y vamos a intentar que su concepción encuentre finalmente las palabras de la vida para que pueda tener una verdadera identidad, para que no tenga ya miedo de existir y de hablar, a través de un método que la legalizará completamente como cualquier otra cualidad. Luego madurará rápidamente en las grandes llanuras del pensamiento, de la psicología y de la espiritualidad, corriendo libremente hacia lo que piensa que es la verdad. A continuación se abrirá sobre el conocimiento a través de sus peregrinaciones intelectuales puesto que alguien que piensa intuitivamente se abre a todas las curiosidades pragmáticas y espirituales: se abordan más fácilmente los intereses profundos a través del feeling que a través de reflexiones mentales sucesivas. Después, la intuición dominada necesita un vestido, un lenguaje, lo que nos lleva a un desarrollo psicológico como necesidad de racionalizar una serie de emociones mediante un dialecto apropiado y universal llamado psicología.
La expansión se consagrará de forma automática a la caravana de la intuición sobre todo gracias a esta clara impresión de desenlace personal, de desarrollo interior que surgirán como un trabajo que llega a la madurez, ampliando el sentido de la vida, aunque sólo sea por las analogías aplicables a la vida cotidiana. Esta es la razón por la cual el tarot intuitivo es una verdadera herramienta de desarrollo personal capaz de proyectar al individuo más allá de sus fronteras mentales y, la mayoría de las veces, más allá de su microcosmos psicológico. También es interesante recordar que instruirse y expandirse al mismo tiempo es una amalgama rara en la actualidad sobre todo si los esfuerzos consentidos son agradables y las repercusiones personales muy ricas. El tarot intuitivo realizará en primer lugar en usted lo que llamaríamos la reunión emocional de lo que estaba disociado desde hacía mucho, disociado a causa de criterios educativos, psicológicos, sociales… Es cierto que poseer virtudes da valor de forma considerable a las posibilidades de penetración social salvo en lo que se refiere a la intuición que, socialmente, sigue siendo sospechosa.
Existen personas que tienen mucha intuición y otras menos, pero la intuición se encuentra siempre presente en cada uno de nosotros; puede ser moralmente acaparadora o, por el contrario, difícil de delimitar o de activar. En el primer caso nos referimos a una persona emocional, en el segundo a una persona mental: cuanto más potente es la intuición, más fuerte es la emotividad, puesto que la emoción es el único instrumento de medida de la intuición que se conoce, además de las pruebas concretas que se llevan a cabo de forma progresiva en el terreno preventivo. Paradójicamente, una intuición potente puede causar un problema de fusión: la intuición se difunde tanto que se hace difícil dominarla y disciplinar los razonamientos lógicos que se desprenden de ella. En una persona mental, la intuición será laboriosa o progresiva pero tendrá el valor de ser única y no desperdigada en otras agitaciones emocionales. En estos dos casos distintos se encuentra un punto en común: la búsqueda de una sabiduría intuitiva a través de los grandes espacios emocionalmente fecundos en el primero o a través de una disciplina estereotipada en el segundo. La gran mayoría de médiums o de videntes de los que he podido realizar la carta astral provenían de la familia emocional; una ínfima minoría pertenecía a la familia mental, lo que no alteraba en nada sus posibilidades. Por lo tanto, la intuición puede encontrarse fácilmente al alcance del espíritu o disimulada en los cajones de una mente racional, y por ello es necesario cultivarla, incitarla a hablar, casi trivializarla para enseñarle a no tener miedo.
En la práctica del tarot, ¿fluyen estos análisis intuitivos sobre hechos exactos en el tiempo? Sí, en gran parte, pero es necesario señalar que nos encontraremos siempre ante una pequeña diferencia de las realidades, es decir, la irrupción de matices en el desarrollo progresivo de las verdades o de los hechos concedidos. ¿Por qué? Porque el tarot intuitivo sigue siendo un microscopio de la vida; aunque se trata de una herramienta extraordinaria, se proyecta ante una persona, una situación, un ambiente, una pregunta, una duda y luego se concede sin saber que una gran decoración rodea nuestra focalización necesaria y que esta decoración matizará muchas cosas en el desarrollo de lo que se ha proyectado. En consecuencia, lo esencial será preservar del error, y por ello no se deberá buscar más allá de los mensajes sucintos del tarot, sino mantenerse sobre las propias bases sin caer en eventuales decoraciones. Es sí o no, blanco o negro, caliente o frío: este método es extremadamente fiable si nos movemos sobre este tipo de respuestas binarias. Matizar las respuestas llegará con la experiencia de una intuición dominada atravesando las paredes herméticas de esencias mentales, intelectuales y espirituales. Podrá comprobarlo anotando las tiradas y releyéndolas cuando más adelante se produzcan las noticias, las verdades o los hechos; entonces podrá valorar los matices que podía aportar el mensaje inicial, con ese sentimiento de impotencia por el hecho de no haber podido hacer nada más… salvo progresar y cultivar la propia intuición a través de este método. Generalmente, una tirada realizada correctamente en las condiciones requeridas aporta un resultado que demuestra si somos capaces de mantener la serenidad en la emisión del juicio al principio de la iniciación. También será necesario mantener la serenidad en las preguntas, sin divagar hacia consideraciones interrogatorias complicadas como sucede en una pregunta que contiene varias preguntas o que implica un debate poco atractivo que supera la esperanza de una respuesta sencilla y diáfana. Es necesario que comprenda que está a punto de realizar una fotografía intuitiva de una persona, por ejemplo, que será representada correctamente en el centro del marco pero rodeada por una decoración que la pregunta no puede tener en cuenta, por lo menos en un primer momento. A continuación progresará rápidamente en el dominio de los matices de la comparación entre el presente y el porvenir, tal como hemos visto, pero también gracias a la experiencia de los significados analógicos muy extendidos de los arcanos mayores, unas analogías que se demostrarán cruciales en sus razonamientos y que no dejarán de otorgarle flexibilidad de espíritu en la vida diaria. El tarot intuitivo repercute de forma benéfica, en efecto, en la vida cotidiana a través de brechas psicológicas que habrá sabido forzar a través de su juicio.
Estadísticamente, los dones intuitivos están muy diseminados en las llanuras y los valles del comportamiento y no es posible fijar el don intuitivo en un tipo psicológico particular. Después del análisis de millones de cartas astrales en astrología planetaria, la intuición puede esconderse bajo ropajes poco habituales, aunque tenga sus preferencias en perfiles humanos particulares. Sin pretender elaborar un inventario de los portadores de intuición, podemos hablar de tres tipos mayores: el mental, el instintivo y el sensorial, que es el más raro.
El tipo intuitivo mental
Hace premoniciones y tiene intuiciones esencialmente a través del miedo. Se trata de un eterno inquieto que pivota en la cima de un torreón cerrado con candado para prevenir los eventuales sufrimientos y otras desviaciones. El miedo interior es tan intenso que hace de eco lejano mientras alimenta su intuición, formada por esencias heteróclitas que derivan hacia efectos de sonar o de detector de anormalidades. Generalmente, las evoluciones de los intuitivos mentales no son muy optimistas: al tratarse de ansiosos que se ignoran, emiten ecos negativos y son mucho más aptos para prevenir una gran catástrofe que para percibir la felicidad. Aunque su naturaleza pesimista es poco sensible a cualquier forma de equilibrio eventual, son en cambio ellos los que detectarán la más mínima sospecha en el entorno del tema que se trate, lo que significa que es mejor escucharlos cuando se tienen fuertes presunciones acerca de una enfermedad o de grandes obstáculos profesionales, o en la investigación hacia una evolución o en la búsqueda de la felicidad. De todos modos, se trata de excelentes previsores cuando saben diferenciar entre intuición e intensidad.
El tipo intuitivo instintivo
Pone en acción sus dones sobre todo para sus necesidades de dominio o de representación. La necesidad de tener un ascendente sobre otra persona por un juicio que pretende ser dominante o por efectos de apariencia física o mental se hace sentir en este tipo de intuitivo. Quiere saberlo todo, quiere dominar, quiere controlar y prevenir para rodear a su interlocutor con su propia necesidad. Sin él sería imposible entender nada, sin sus consejos nos encontraríamos rodeados de peligros, sin su intuición tropezaríamos con obstáculos; en definitiva, sin su ascendente no sería posible hacer mucho. Las intuiciones del instintivo son a menudo justas, pero uno se plantea si no es a causa de la detección lógica de las propias carencias de comportamiento y no gracias a una neutralidad intuitiva. El gran problema de este tipo se sitúa en un posible defecto de nuestra personalidad: si siente que puede dominarnos a través del juicio y de la razón, activa la intuición que, en este caso, puede ser muy fuerte, puesto que es proporcional a la intensidad del ascendente que ha presentido en nosotros. Si siente que no nos controla, que estamos prevenidos aunque permanecemos a la escucha, la intuición no se activará y buscará otras formas de dominio. Por ejemplo, en los cursos de formación del tarot intuitivo, su eficacia es nula cuando les ordeno un trabajo intuitivo que tienen que desarrollar ante el grupo: no captan nada porque sólo encuentran una masa a la que tienen que convencer y no un individuo aislado al que es fácil sorprender. Muchos videntes, cartománticos y médiums son de este tipo. Es importante señalar además que la necesidad de influir en los demás se propagará muy rápidamente en los anuncios de videncia de las revistas para llamar la atención de aquel o a aquella que se convertirá por fuerza en «captable».
El tipo intuitivo sensorial
Este último es claramente el más raro y el más dotado. Como ya habrá intuido se trata de un emocional replegado en sí mismo; el tipo extrovertido es todavía más raro. El intuitivo sensorial activa sus dones con aquello que posee en grandes cantidades: la sensibilidad. Se trata de una verdadera caja de resonancia, un depósito vacío que se llena de emociones a gran velocidad y del que se pierde el control de la capacidad. El problema de este tipo intuitivo es la relajación y la concentración. En efecto, es difícil para ellos desprenderse de la presión emocional puesto que se convierten en las balizas sensoriales de las vibraciones ajenas. El método del tarot intuitivo les encaja perfectamente puesto que se canalizan con más facilidad sobre el sujeto sin que se trate de una cuestión de técnica esotérica. Sus proyecciones intuitivas son extremadamente eficaces cuando consiguen disciplinarlas reduciendo la capacidad de los mensajes en cuestión, puesto que tienen una clara tendencia a matizar tanto las respuestas que el tema inicial llega a diluirse a pesar de ellos. Se trata de eternos buscadores del amor, no para ellos sino para los demás; su intuición sólo viaja en el barco de la bondad y de la generosidad. La verdadera videncia y la verdadera mediumnidad sólo existen gracias a ellos, pero no les verá nunca hacer publicidad en las revistas…