Eso no puede pasar aquíes una sátira política que constantemente se refiere a hechos y personajes reales del momento, que Sinclair Lewis fue desgranando con ayuda de su segunda esposa, Dorothy Thompson, una periodista que llegó a entrevistar al propio Hitler como corresponsal extranjera. El texto está repleto de meciones irónicas a políticos, predicadores y todo tipo de personajes y símbolos de la cultura americana, algunos de los cuales aún hoy perviven y sin cuyo conocimiento el texto muchas veces pierde su sentido y, sobre todo, su riqueza. Por ello, señalaremos los personajes y acontecimientos reales más importantes que menciona Lewis, a modo de glosario, capítulo por capítulo. Finalmente, ofreceremos una bibliografía a modo de documentación.
– Todo comienza con la reunión de los rotarios de Forth Beulah. Paul Harris fundó en 1908 el club de los rotarios que, en origen, estaba formado por miembros de la francmasonería americana. Se trataba de reunir a profesionales o líderes económicos para (desde el punto de vista de esta organización) “proporcionar servicio humanitario, alentar altos estándares de ética en todas las vocaciones y ayudar a crear buena voluntad y paz en el mundo”, formando, de hecho, un poder de élite.
– A continuación, dos famosos vermonteses y fundadores del movimiento mormón: Joseph Smith (1805-1844), fundador del movimiento de los Santos Últimos Días o mormonismo, profeta, vidente, se llegó a presentar para presidente de EEUU. En 1830, publicó el Libro del Mormón (transcripción de un registro que un ángel, llamado Moroni, le había mostrado en unas planchas de oro, donde se describe la visita de Jesús a los indios americanos) y organiza la Iglesia de Cristo. Pronto le seguirían otros libros dictados por diversos ángeles, la visita de Juan el Bautista, que le permitirá bautizar, y la de Pedro y Santiago, que le ordenarán como sumo sacerdote. Los estados nororientales se llenarán de fieles que, libro en mano, predicarán la restauración de la antigua Iglesia de Cristo. Smith tratará de fundar una Nueva Jerusalén en Missiouri y, tras una serie de tensiones, se trasladará a Illinois, donde fundará la ciudad de Nauvoo que, en 1844, ya era una de las urbes más grandes del estado; cerca de veinte mil convertidos seguirán su llamada a la nueva Sión, donde erigirá un gran templo. Smith también estrechará lazos con la masonería, hasta tal punto que toda figura importante del mormonismo será también maestro masónico. Smith será ordenado Rey del Reino de Dios, e incluso llegará a enviar embajadores a Inglaterra, Francia y otros países, en una especie de teodemocracia. Pero, en 1884, los rumores de los múltiples matrimonios de Smith, extraños rituales y enseñanzas nada ortodoxas empezaron a crear tensiones en la comunidad mormona. Smith había contraído matrimonio con treinta mujeres, un tercio de las cuales eran menores de edad, y, como alcalde de la ciudad, intentó cerrar un periódico que iba a exponer públicamente su poligamia. Acusado de tirano teócrata, fue arrestado y apresado en la cárcel de una ciudad vecina, donde un motín, compuesto en parte por el ejército que le custodiaba, echó abajo las puertas de la prisión y le asesinaron junto con su hermano.
Y Brigham Young (1801-1877), seguidor de Smith, a su muerte, fue el gran líder mormón, presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos Últimos Días, fundador de Salt Lake City y el primer gobernador del territorio de Utah. Se le conocía como el “Moisés americano”, ya que condujo a sus seguidores, los pioneros mormones, en un éxodo a través del desierto, hacia la tierra prometida, Utah, un terreno vendido ilegalmente a Estados Unidos por lo que se conoce como “Cesión Mexicana”. El Congreso de los Estados Unidos creó el estado de Utah en 1850, estableciendo a Young como gobernador y presidente de la Iglesia. Young consiguió elevar el estatus económico de todos los habitantes y, de hecho, muchas de las ciudades de Utah y algunos de los estados vecinos fueron fundados bajo la dirección de Young. Se caracterizaba por su defensa y práctica acérrima de la poligamia y por su racismo, ya que prohibió el sacerdocio y el derecho a asistir al templo a la población negra. En el cap. I se le tilda de “semental”, debido a su gusto por la poligamia: de hecho, tuvo cincuenta y cinco mujeres, y cuarenta y cinco hijos de dieciséis de ellas, con las que parece que vivió hasta el final de sus días.
– Es probable que el personaje de la Srta. Trimmich esté basado en el personaje real de Elizabeth Dilling (1894-1966), activista, anti-comunista y escritora de los años treinta, que fue acusada de antisemitismo y de sedición. Comenzó una brillante carrera musical como arpista, que relegó tras un viaje a la Unión Soviética en 1931, junto a su marido. Horrorizada por lo que vio, filmó la vida soviética en una serie de películas que después mostraría en EEUU como revelación del terror del comunismo, que comenzaría en China y terminaría en Estados Unidos, según creía. Como una obsesión, se dedicó a recabar información sobre el comunismo, que publicó en varios libros donde, entre otras lindezas, defendía la incautación de los bienes de Einstein por los nazis, por ejemplo. De su obsesión comunista pasó al antisemitismo más feroz, publicando un libro sobre Roosevelt y el New Deal, a los que acusaba de comunistas y anti-patriotas, llegó a publicar incluso listas con nombres de organizaciones y de unos 1.300 ciudadanos americanos de renombre a los que acusaba de comunistas o anti-patriotas. Su obsesión le llevó a fundar dos organizaciones antisemitas muy conocidas en la época y se ganó a pulso su propia entrada en el gran monumento literario al racismo americano, The Encyclopedia of White Power: A Sourcebook on the radical Racist Right, (Jeffrey Kaplan, Rowman & Littlefield, 2000, EEUU), cuyo texto merece la pena leer.
– La D.A.R., Hijas de la Revolución Americana, se trata de una organización real de mujeres, descendientes de los pioneros que lucharon por la independencia americana (o, al menos, que puedan probar una vinculación de sangre lineal), dedicadas a promover la conservación y educación histórica, así como el patriotismo. Siguen muy activas hoy en día, y su lema es: “Dios, Hogar, Patria.”
– Ku Klus Klan, organización ampliamente conocida, que predica la supremacía de la raza blanca, el antisemitismo, el racismo, el anticomunismo, la xenofobia, etc., fue fundado en 1865 por veteranos del ejército de los Estados confederados que, después de la guerra, quisieron oponerse a la Reconstrucción. En sus orígenes, fue concebido como un club social donde los jóvenes podían divertirse. Hacían excursiones nocturnas por el pueblo de Pulaski, disfrazados con sábanas y máscaras, origen de los famosos capirotes y túnicas blancas que tanto aterrorizarán a la población negra. En 1871, el presidente Ulisses Grant firmó el Acta de disolución del Klan, que desapareció casi por completo de estados como Carolina del Norte. Pero, en 1915, debido entre otros factores a películas como El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith, donde se glorifica al primer clan, se funda el nuevo Klan. Este era mucho más virulento, con su famosa Legión Negra, que operó en la década de los años veinte y treinta en el Medio Oeste, asesinando a socialistas y comunistas, además de realizar linchamientos entre la población negra. El Klan consiguió controlar los gobiernos de los estados de Tennesse, Indiana, Oklahoma y Oregón, llegó a contar con 5 millones de miembros. Su colapso, al que se refiere Lewis, se debió, entre otras cosas, al escándalo en torno a un miembro del Partido Republicano y también del Klan, al que se le acusó de violación y asesinato en un juicio que fue de interés nacional, además de sus tendencias pro-nazis. Como resultado de los escándalos, el Klan perdió popularidad y, en la década de 1930, se retiró de la actividad política. El líder nacional, Hiram Evans, vendió la organización en 1939 a un veterinario de Indiana y a un médico de Atlanta, y se disolvió finalmente en 1944. No obstante, el Klan se ha reorganizado mil veces en pequeñas asociaciones radicales que, aún hoy día, continúan con cierta actividad.
– Arthur Brisbane (1864-1936) trabajó como reportero en The Sun, y pasó a escribir los editoriales de The New York Evening Journal, donde alcanzó gran éxito, su columna diaria la leían unos veinte millones de personas y fue consejero de grandes hombres de negocios como Rockefeller o Henry Ford, además de entrevistar a todos los presidentes estadounidenses que siguieron a lo largo de su vida. Era el gran defensor del “hombre común” y montó varios proyectos filantrópicos en su gran finca de Nueva Jersey. Curiosamente, escribió una biografía y entrevistó a otro personaje increíble y representativo de la época, que veremos después, Mary Baker Eddy, fundadora del Movimiento de Ciencia Cristiana. En el texto le citan en su lado más conservador, ya que detentaba una curiosa visión sobre las mujeres: por un lado, estaba a favor del sufragio femenino, pero, por otro, considera el papel de la madre como el fundamental que debía detentar toda mujer americana. “A Mother Work and her Hopes”, un editorial que hoy se conserva en Heart Newspapers, es un artículo alucinante sobre el papel procreador de la mujer, al que probablemente se refiere el texto, pues en él, Brisbane hace un canto a la madre y su capacidad procreadora: “Ella hace el trabajo más importante del mundo; le da a la tierra su población pensante y crea a todos y cada uno de los grandes hombres que hacen avanzar la civilización –el futuro de cada niño depende de su madre y el futuro de la raza depende de las madres de esa raza.”
– Oswald Garrison Villard (1872-1949), el gran periodista radical de la época, apoyaba el sufragio femenino y la reforma de los sindicatos, así como la igualdad de derechos para los afroamericanos. Era nieto de Garrison Villard, el famoso abolicionista, y su madre, Fanny Garrison, fue una gran luchadora por los derechos de las mujeres, con ella fundaría la National Association for the Advancement of Coloured People. Pacifista convencido, fue editor del periódico The Nation, que aparecerá mencionado numerosas veces en el texto, ya que es el periódico que lee el propio Doremus. Son muy famosos sus editoriales pidiendo perdón por el juicio injusto que sufrió el anarquista Thomas Mooney (al que Lewis mencionará posteriormente) o en el que pide un segundo juicio para los anarquistas Sacco y Vanzetti, que también aparecen en el texto posteriormente. En sus memorias, escribió: “Jamás he podido trabajar bien con hombres o mujeres incapaces de indignarse ante una cosa u otra.” No es de extrañar que, para Doremus Jessup, sea el ejemplo a seguir.
– Norman Thomas (1884-1968), el gran político socialista y pacifista americano. Su historia es curiosa, pues comenzó siendo ordenado como pastor presbiteriano y terminó militando en el Partido Socialista como candidato a la presidencia. En su faceta de editor, fundó World Tomorrow, que será la voz más influyente del activismo social cristiano de su época, y después, será editor asociado de The Nation, el gran periódico de izquierdas de la época. Tras la muerte de Eugene Debs, será nombrado candidato del Partido Socialista a la presidencia del país y realizó seis campañas consecutivas, donde ejerció una influencia considerable en el ideario político americano, donde el socialismo era considerado como un pensamiento político nada agradable para la clase media americana. Thomas, tan bien vestido y educado, parecía y hablaba como un presidente. Aunque terminó degradado por los socialistas, se mantuvo firme en su cruzada por la justicia social, apoyando las huelgas de trabajadores, luchando contra el Ku Klus Klan y el fascismo, por lo que se granjeó la antipatía de muchos. Le vetaron de plataformas públicas y muchas veces le lanzaron huevos o gas lacrimógeno en sus discursos, como en su crítica al alcalde caciquil de Nueva Jersey, Frank Hague. Fue el único dentro de la izquierda estadounidense que se opuso al internamiento de los japoneses americanos en campos durante la época Roosevelt. Aunque nunca ganó las elecciones, sí obtuvo un amplio reconocimiento, haciendo hincapié en las diferencias entre el marxismo revolucionario y el socialismo, para terminar siendo un anti-comunista convencido, lo cual le granjeó la antipatía de los viejos revolucionarios. En su ochenta cumpleaños, todavía clamaba por el cese al fuego en Vietnam, acto en el que leyó cartas de varios famosos, entre ellos del propio Martin Luther King. En la placa de la Biblioteca Norman Thomas de la Universidad de Princeton todavía puede leerse una de sus célebres frases: “No soy el campeón de las causas perdidas, sino de las que todavía no se han ganado.”
– Richard Evelyn Byrd (1888-1957), se dedicó a sobrevolar la Antártida en unos viajes peligrosos y famosos en la época, gracias a los cuales se conoció la configuración geográfica de este continente, hasta entonces muy desconocido. Otro gran héroe del espíritu aventurero americano.
– Estos héroes bolsillo a los que se refiere el texto son J. Calvin Coolidge (1872-1933), nacido precisamente en Vermont, trigésimo presidente de Estados Unidos. Republicano, su popularidad quizá se deba a que se preocupó de la clase media, se opuso al Ku Klus Klan y, a pesar de ser un gran orador público, era conocido por ser un hombre de pocas palabras e irónico en privado. Lewis se refiere en el texto a su determinación para preservar los viejos preceptos morales y económicos en medio de una época de prosperidad. Su temperamento de yankee seco y su parquedad en palabras le granjearon el sobrenombre de “Silent Cal”. Restauró la confianza en la Casa Blanca tras los escándalos anteriores y su política fue, en general, la de un pequeño conservador que encarnaba el espíritu y esperanza de la clase media. Leonard Wood (1860-1927) sirvió como jefe del estado mayor del ejército de los Estados Unidos, además de ser gobernador general de Cuba y Filipinas, y muy amigo del presidente Roosevelt. Dwight Lyman Moody (1837-1899) fue el más grande evangelista del siglo XIX, un personaje controvertido muy típico de la época. Nacido en la más absoluta pobreza, analfabeto hasta los dieciocho años, comenzó fundando escuelas dominicales para los niños pobres de Chicago. Con gran olfato para los negocios, vivió en carne propia la revelación divina en Boston y, entonces, su vida cambió repentinamente. Rendido al calvinismo propio de Nueva Inglaterra y perteneciente a la Asociación de Jóvenes Cristianos, que después aparecerá en el texto, viajó a Inglaterra en compañía de David Sankey, amigo y acompañante musical de sus sermones. En Liverpool, 14.000 niños asistieron a su sermón y 600 pastores acudieron a la “gala” de clausura en Londres. La gira duró dos años y se estima que llegaron a predicar a dos millones y medio de personas. Cuando regresaron a Estados Unidos ya eran héroes nacionales y, durante el resto de su vida, se dedicarían a viajar y a predicar el mensaje de la Biblia. Tanto era el poder de su ministerio, que le llamaban el “Tercer gran despertar” y se estima que sus seguidores eran millones. Sin educación, fundó tres escuelas; sin formación teológica, pues se jactaba de no leer, reformó la cristiandad victoriana, y sin radio y televisión, su palabra llegó a cien millones de personas, según estiman todas las fuentes. Fundó su propia Iglesia Moody y su propia editorial, Moody Press, la escuela Northfield y la escuela Mount Hermon en Massachussets, y forjó el evangelismo del nuevo siglo: una cuidadosa preparación de cada sermón, cooperación de las iglesias locales, mucha publicidad y un gran sentido del negocio. Moody nunca perteneció a ninguna congregación salvo la suya propia, nunca fue ordenado y, de hecho, se le conocía como Sr. Moody. Y George Dewey (1837-1917), que nació en Montpelier, Vermont. Fue almirante de la Fuerza Naval Estadounidense, se convirtió en el gran héroe americano por su victoria (sin la pérdida de uno solo de sus hombres) en la Batalla de la bahía de Manila durante la guerra hispano-estadounidense. Se creó una medalla con su nombre e incluso se le sugirió presentarse a la presidencia del país.
– Kathleen Thompson Norris (1880-1966), novelista americana que escribió numerosas novelas románticas y fue la escritora mejor pagada de su tiempo. Sus novelas recreaban la ciudad de San Francisco y la vida de la clase alta americana.
– Parece que Fort Beulah es una población imaginaria basada en la ciudad de Barre, en Vermont, dedicada a la industria del granito, con una fisonomía casi idéntica y que también tenía su propio periódico local.
– Stephen A. Douglas (1813-1861), político nacido en Vermont, candidato demócrata a la presidencia frente a Lincoln, muy conocido por sus dotes oratorias: en 1854 reabrió la cuestión esclavista con la controvertida Acta Kansas-Nebraska, que permitía a los colonos de los nuevos territorios decidir por sí mismos si querían tener o no esclavos. Douglas se enzarzó en una serie de debates con el joven Lincoln, donde trató de acusarle de radical que abogaba por la igualdad racial, pues Douglas no parece que se centrara nunca en el carácter inmoral de la esclavitud y pensaba que su abolición llevaría a la guerra civil. En 1854, cientos de sacerdotes afirmaron que el Acta de Nebraska ofendía la voluntad de Dios, y Douglas los denunció por sacrílegos y antidemocráticos. Siempre mantuvo una fe inquebrantable en la democracia, de hecho, su lema más conocido era: “let de people rule!” (¡dejad que gobierne el pueblo!). Al mismo tiempo, también era un hombre profundamente religioso que fundó un Seminario Baptista en Chicago que, en 1857, se denominaría la Universidad de Chicago, destruida tiempo después. Le llamaban “el Pequeño gigante”, porque era de corta estatura, pero se engrandecía en los debates, además de ser un gran admirador del presidente Jackson.
– Hiram Powers fue un escultor nacido en 1805 cerca de Woodstock, Vermont. Gracias a su habilidad para confeccionar modelos para un museo de cera, consiguió numerosos encargos para realizar bustos. Su obra más conocida es la Esclava griega (Corcoran Gallery, Washington), que fue una de las imágenes más célebres de la época.
– Thaddeus Stevens (1792-1868) era un líder republicano, conocido por su lengua viperina y su lucha contra el racismo. Nacido precisamente en Vermont, en el seno de una familia muy pobre, consiguió estudiar leyes y se convertiría en el gran líder republicano. La referencia al whisky se debe, probablemente, al alcoholismo que sufría su padre, que abusaba de sus hijos. Fue conocido como “el gran comunero”, por su defensa de la educación pública y su odio hacia la esclavitud, también abogó por la emancipación y el sufragio negros. Contribuyó a la formación del estado de Vermont, sobre lo cual escribiría varios tratados que gozaron de gran popularidad en su época. Defendía la igualdad entre los hombres de cualquier raza o creencia y fue un participante activo del Underground Railroad (que aprecerá posteriormente en la novela), que ayudaba a los esclavos negros a pasar a Canadá. De hecho, es posible que debajo de su despacho de Lancaster se encuentre una de las “estaciones” de esta organización (una cisterna de agua habilitada como habitación). Fue uno de los políticos más importantes durante la Guerra Civil y dominó el Senado durante la época de reconstrucción, ayudando a redactar la Cuarta enmienda y el Acta de Reconstrucción. A su muerte, veinte mil personas asistieron a su funeral, la mitad afroamericanos, y fue enterrado, por deseo expreso, en el único cementerio que admitía difuntos de raza negra.
– Chester Alan Arthur (1829-1886), otro ilustre vermontés, hijo de un baptista ferviente abolicionista, fue vicepresidente de Estados Unidos bajo la administración de James Garfield y presidente tras el asesinato de este. Actuó de forma independiente y se dedicó a la política interior, donde defendió el Acta Pendleton, que abogaba por la promoción debido a los méritos y no al patronazgo o las relaciones, uno de los valores fundamentales de América; redujo impuestos a los granjeros endeudados y a la clase media. Pero también apoyó un Acta por la que, durante diez años, se prohibía la inmigración china y su acceso a la ciudadanía. En general, es considerado como un presidente moderado, reformista y popular; es posible que se le tilde de “debilucho” debido a que padecía una enfermedad mortal de riñón.
– Thorstein Bunde Veblen (1857-1929), sociólogo y economista estadounidense, fundador, junto con John R. Commons, de la corriente institucionalista de ciencias sociales. Su fama se debe a libros como La teoría de la clase ociosa (1899), una verdadera sátira de la sociedad americana.
– Bill Sumner, se refiere probablemente a William Graham Sumner (1840-1910), uno de los economistas más importantes de la época y con una biografía curiosa: fue ministro episcopaliano en la Iglesia del Redentor, en Nueva Jersey, para después convertirse en uno de los profesores de economía más polémicos de Yale e incluso entrar en política. Sumner era un darwinista social convencido, de pensamiento conservador, y su obra más famosa es Folkways, una mezcla de sociología y antropología, donde define conceptos como “etnocentrismo” y subraya la primacía de las costumbres y los “folkways”, palabra que él mismo acuñó y que designa los hábitos y costumbres adquiridos desde la niñez, que consideraba fundamentales para entender una cultura. Esta obra aparecerá mencionada posteriormente en el texto de Lewis, donde los “folkways”, efectivamente, también tienen gran importancia.
– En el texto se menciona un conflicto real de la América de la Depresión: en el sur, los “share-croppers” o aparceros eran granjeros negros que vivían en un estado de semi-esclavitud, pues se les permitía trabajar en familia, pero no poseían la tierra. En realidad, se había reinstaurado la antigua política de 1865, según la cual se proporcionaba tierra arable a los negros liberados por la Unión en territorio previamente controlado por la Confederación; algunos también recibían una mula del ejército. Por “cuarenta acres y una mula” se reinstalaban en las relaciones de dependencia paternalistas con la plantación blanca. La propia frase “cuarenta acres y una mula” se empleaba coloquialmente para representar el fracaso de las políticas de la Reconstrucción a la hora de dar a la población negra los frutos de su trabajo. La palabra “share-croppers” llegó a ser sinónimo de granjeros fracasados e incluso de tipos biológicamente inferiores.

Imagen de 40 acres y una mula. Robert N. Dennis collection of stereoscopic views.
– Thomas Joseph Mooney (1882-1942) fue un líder laborista, socialista y militante, encarcelado junto con Warren K. Billings por haber participado en las bombas de la Preparedness Day Parade, en San Francisco, en 1916. Pasó veintidós años en la cárcel, que es a lo que se refiere el texto, y consiguió el indulto en 1939. Este ataque con bombas tuvo lugar en lo más álgido de la explosión de violencia anarquista que haya sufrido nunca EEUU, especialmente con el movimiento anarco-comunista de Luigi Galleani, que se mencionará en el texto posteriormente. Mooney, que era el prisionero 31921, se convirtió en el preso político más famoso de América y su número fue tan célebre como posteriormente será el de Mandela.
– Huey Long (1893-1935) fue un controvertido político de Luisiana conocido por su populismo radical. Fue gobernador de este estado de 1928 a 1932, muy carismático y popular por su programa de reforma social, “Share Our Wealth”, con el que proponía extender los estándares de vida de la clase media por todo el país, con el lema “cada hombre es un rey”. Lo cierto es que modernizó el estado de Luisiana, apoyando a la escuela pública y los libros de texto gratuitos, en un estado en el que el 25% de la población era analfabeta, construyendo carreteras e implantando un moderno sistema de impuestos más equitativo. En suma, acabó con la oligarquía de Luisiana y la sacó del siglo XVIII. Pero también se le acusó de implantar su propia “dictadura”, debido al inmenso control que llegó a tener sobre todos los cargos del gobierno, hasta el punto de que Luisiana se convirtió en su reino particular, donde, finalmente, la corrupción campó a sus anchas. Long era acusado también de demagogo, y sus discursos eran adorados por las multitudes. Consiguió reunir a 15.000 personas en Pittsburg, que le escuchaban con fervor, y, en 1935, era el tercer hombre más fotografiado de América, después de Roosevelt y Lindbergh. El propio Roosevelt le tildó como “el hombre más peligroso de América” y caracterizaba sus formas políticas de fascistas. Parece que solía vestir pijamas de seda verde para recibir a los visitantes oficiales y ordenó que los presos de la penitenciaría del estado tiraran la fachada de la mansión del gobernador e hicieran una réplica de la Casablanca en su lugar, además de construir el Capitolio y un sinfín de obras civiles con su nombre. Se decía que sus mejores discursos los daba estando borracho y que era racista, por lo que le pegaron cuatro tiros a los cuarenta y dos años, tras haber insultado a un juez de color. Planeaba presentarse como presidente y, de no haber muerto, podría haber arrebatado a Franklin D. Roosevelt su reelección de 1936. De hecho, la figura de Berzelius Windrip puede estar basada en la de Long, y lo que sucede en la novela de Lewis es lo que podría haber sucedido si Long hubiera vivido y llegado al poder. Posteriormente, Lewis atribuye muchas de las medidas de Long a Windrip, como veremos. La novela y después película “El hombre que pudo reinar” está basada en su insigne figura.

Portada que muestra una caricatura de Huey Long y el artículo titulado “Answer ten Months of Lies!”, “Contesta a diez meses de mentiras”, que definen muy bien su personalidad y la de Windrip. Louisiana Digital Lybrary, Huey Long collection; Tulane University’s Special Collection (http://specialcollections.tulane.edu/).
– El Padre Coughlin (1891-1979) era un sacerdote de la Iglesia del Santuario Nacional de la Pequeña Flor, y uno de los primeros en utilizar la radio para llegar a la audiencia, consiguiendo que más de 40 millones de americanos escucharan sus prédicas semanales en los años treinta. Aunque en un principio apoyaba a Roosevelt, se unió a Huey Long, para después revelar un antisemitismo atroz, convirtiendo su programa en una variante del programa fascista de Mussolini, con tendencias hitlerianas, pero aplicado a la cultura americana. Sus seguidores serán legión, como veremos al hablar de su organización, Unión Nacional para la Justicia social. Sin duda, es el alter-ego del padre Prang, en cuya entrada desarrollaremos más el personaje.

Cómic del Dr. Seuss sobre el Padre Coughlin, 1939.
– Tammany Hall, sociedad fundada en 1789 por William Mooney, ex veterano de la guerra de Secesión, conocido por su extremo anti-federalismo. La idea era formar una sociedad que se opusiera radicalmente a cualquier candidato o política federalista. El nombre, Tammany, proviene de Tamaned, líder nativo americano de los lenape, y que supuestamente vendió la tierra conocida como Pennsilvania a William Penn. La sociedad, vinculada la Partido Demócrata, llegó a tener un poder inmenso en la ciudad de Nueva York, gracias también a su apoyo a los inmigrantes irlandeses. En 1854, los jefes locales de Tammany, que servían para captar votos locales a cambio de patronazgo, controlaban negocios, políticos, incluso la aplicación de algunas leyes, a base de sobornos, regalos, etc., acapararon todo el voto demócrata. Los propios jefes de Tammany se enriquecieron por medios ilegales de forma escandalosa, hasta el punto de que el gran jefe, William M. Boss Tweed, cuyo control sobre Tammany le hizo ganar las elecciones al senado, acabó en la cárcel en 1872.
– Warren Gamaliel Harding (1865-1923), presidente de Estados Unidos en los años veinte, republicano de Ohio e influyente editor de periódicos. El cargo de presidente lo consiguió tras una campaña que fue la primera en la historia en ser ampliamente publicitada e incluso apoyada por estrellas de Hollywood como Mary Pickford o personajes como Henry Ford. Harding apoyó el Acta anti-linchamiento y parece que quería mejorar las relaciones entre blancos y negros, también defendía el sufragio femenino y fue Gran Maestro Masón. Pero el gran escándalo de su administración fue su “gabinete de hombres ilustres”, al que se refiere el texto, conocido como el “Ohio Gang”, por sus actividades ilícitas, donde estaban, entre otros: Herbert Hoover, Charles Evans Hughes y el Secretario de Interior Albert B. Fall, que fue encarcelado por su participación en el escándalo de Teapot Dome, una explotación petrolera en terreno público que Fall traspasó a H. Sinclair, de Sinclair Oil, a cambio de grandes sumas de dinero. En cualquier caso, Harding es considerado como “el peor presidente de Estados Unidos”.
– William Ashley, “Billy Sunday” (1862-1935), atleta americano y célebre figura religiosa. A pesar de ser el baloncestista más popular de la Liga, se convirtió en el evangelista americano más célebre del momento, hasta el punto de abandonar el baloncesto por el púlpito, donde se hizo famoso en todo el Medio Oeste con sus sermones coloquiales y su discurso frenético de apoyo a la Ley Seca, motivo que le enfrentó a Aimée McPherson, como veremos. Sigue el ejemplo del Sr. Moody, el gran evangelista de todos los tiempos.
– Aimée Semple McPherson (1890-1944), también conocida como la “hermana Aimée” o “Hermana”, evangelista de origen canadiense que se convirtió en auténtica sensación en los años treinta. Fundó la Iglesia del Evangelio Cuadrangular y, en compañía de su madre, hizo un recorrido por el sur de los Estados Unidos en su “Coche del Evangelio”, un Packard del año 1912, con consignas religiosas pintadas en el lateral, mientras ofrecía sermones a través de un megáfono. En 1917 había comenzado su propio periódico, La Llamada Nupcial, para el cual escribió muchos de sus artículos. Su ministerio se caracterizó por la sanación que, afirmaba, estaba garantizada por la fe. En febrero de 1924, abrió la radio KFSG, con la primera licencia radiofónica otorgada a una mujer y la primera estación de radio cristiana que existió en EEUU. Finalmente, muchos de sus seguidores la rechazaron cuando se cortó el pelo, empezó a vestir falda y a beber. Murió de sobredosis en el año 1944. El episodio que menciona Lewis, se refiere a su extraña desaparición en 1926, cuando se pensó que se había ahogado nadando en el Pacífico. Aimée reapareció en el desierto de Méjico afirmando que había sido secuestrada, e incluso declaró ante la policía una extraña historia de violación, pero parece que en realidad se había fugado con un antiguo empleado que estaba casado.
– Wilbur Glenn Voliva (1870-1942), evangelista y máximo defensor de las teorías sobre la superficie plana de la tierra, dirigió la Iglesia Católica Cristiana de Sión, Illinois, y la propia ciudad de Sión, totalmente controlada por esta congregación, donde incluso se llegó a expulsar a cualquier practicante de otro credo. Voliva llegó a dictar a su elección los matrimonios entre los habitantes de Sión, e impuso un estricto código de moralidad: las mujeres no podía vestir corto, ni llevar tacones, maquillaje o traje de baño; estaban prohibidos el jamón, las ostras, el alcohol y el tabaco, las farmacias, los hospitales y los teatros, y te podían arrestar por silbar en domingo, tal y como recuerda Irving Wallace su infancia en Sión, en The Square Pegs. En las escuela se aprendía su idea de una tierra plana y la Biblia como único libro de texto. El propio Wallace entrevistó a Voliva en 1932: en un hilarante discurso, Voliva acusó a los astrónomos de “imbéciles ignorantes”, ya que él sabía que el sol estaba mucho más cerca de la tierra. “¿Qué pensarían de un hombre que construye una casa en Sión y pone una lámpara para iluminarla en Kenosha, Wisconsin?” Tal era su argumentación. Hoy en día, puede visitarse Sión, con sus farmacias, su teatro, e incluso se puede comer jamón y silbar libremente en domingo.
– Mary Baker Eddy (1821-1910) fue la fundadora del movimiento de Ciencia Cristiana, que evocaba la religión como una solución espiritual práctica para la salud y los problemas morales. Fundó la primera Iglesia Cinética de Cristo, en Boston, así como el periódico The Christian Science Monitor. Escribió uno de los libros más vendidos de la historia, Ciencia y salud, que aún hoy puede leerse en castellano. Tanta fue su influencia que el propio Mark Twain escribió un ensayo afirmando que Eddy no era la verdadera autora del libro. Sus seguidores eran legión, incluido el magnate de la prensa Hearst, pues parece que consiguió curar a su hijo. Vivía en Connecticut en una casa con cientos de ayudantes, que la llamaban madre y, hoy en día, puede visitarse en Boston el Longyear Museum, dedicado a su figura.
– Alfred Emmanuel Smith (1873-1944) fue sheriff, gobernador de Nueva York y el primer candidato católico del Partido Demócrata a la presidencia de EEUU. Roosevelt le denominó como “el Guerrero Feliz del campo de batalla político”, pero fue derrotado por Herbert Hoover debido, entre otras cosas, a su credo religioso y a su postura antiprohibicionista, ya que se oponía a la Ley Seca. El texto se refiere, precisamente, a que perdió ciudades importantes del norte y sur rural, quizá por el miedo de la gente a que, si llegaba a gobernar, haría más caso al Papa que a la Constitución. De hecho, fue el primer candidato católico en ganar una nominación presidencial y el país no tendrá un presidente católico hasta la llegada de J.F. Kennedy.
– James Thomas Heflin (1869-1951), apodado “Cotton Tom”, fue senador por Alabama y se vio envuelto en un turbio asunto cuando disparó a un hombre negro en un aparcamiento de Washington, hecho del que se jactaría como uno de los grandes éxitos de su carrera política. En sus inicios, intentó que los negros no pudieran votar en Alabama, pues creía firmemente que “Dios quiso que el negro fuera el sirviente del hombre blanco”. Como Secretario de Estado, defendió a aquellos que practicaban la esclavitud fraudulenta, es decir, que encarcelaban ilegalmente a afro-americanos por crímenes que no habían cometido y después los vendían a granjeros o empresarios, una práctica brutal que Heflin defendió, afirmando que, obligar a los negros a trabajar los colocaba en su verdadera posición social. Heflin era conocido por su verborrea ultrarracista y anticatólica, de hecho, apostató de la Iglesia católica; también fue muy sonada su carta al Congreso en contra del permiso del Estado de Nueva York a los matrimonios interraciales. Cuando el senador Copeland reaccionó ante las frases ultrarracistas de Heflin, este replicó que si Copeland viajaba algún día al sur, la población le lincharía y colgaría sin miramientos.
– Thomas F. Dixon (1864-1946) es otro personaje increíble, predicador baptista e hijo y nieto de dos miembros del Ku Klus Klan, escritor de teatro y novelas, legislador de Carolina del Norte, abogado y editor, conocido sobre todo por su obra, The Clansman, que inspiraría la película El nacimiento de una nación, de D. W. Griffith. Empezó predicando como pastor baptista, pero pronto se dedicaría a predicar por libre, siendo considerado un gran orador que arrastraba a las masas, sobre todo en el sur. Al contemplar una representación de La Cabaña del Tío Tom no pudo contener su horror y decidió escribir la verdadera historia del sur, en una trilogía que pronto se convertiría en un auténtico best-seller, la primera edición vendió un ejemplar por cada ocho americanos. Dixon apelaba a tres ideas interrelacionadas que todavía permanecen en el imaginario sureño: la necesidad de la pureza racial, la santidad de la familia centrada en la madre y ama de casa tradicional y el diablo que supone el socialismo. Gracias al púlpito y a sus novelas, Dixon se convirtió en una figura conocida a nivel nacional que preconiza a los grandes predicadores evangelistas políticos de hoy en día. Su caricatura del hombre negro, su elogio al Ku Klu Klan y su defensa de los linchamientos quizá sean lo más ofensivo que se haya escrito en la literatura americana. Sin embargo, sigue siendo una figura fundamental para entender la literatura y segregación sureñas a comienzos del siglo XX, además de ejercer una gran influencia en la literatura sureña posterior (desde Lo que el viento se llevó a Absalon, absalon, de Faulkner). Su versión de la Reconstrucción y “redención” (restauración de la supremacía blanca) en Carolina del Norte era una abierta propaganda que pretendía recordar al sur sus deudas raciales, justificar la violencia, concretamente los linchamientos, así como la necesaria segregación frente a sus detractores. La película de Griffith amplió aún más la difusión de este ideario.
En realidad, es probable que Dixon influyera en la vida de los americanos más que muchos presidentes. En un artículo del Saturday Evening Post de la época, escribió: “no existe ningún tipo de educación, técnica, literaria o religiosa, que pueda convertir a un Negro en un Blanco, o salvar la distancia de siglos que le separa del hombre blanco en la evolución humana”. Posiblemente, la imagen más influyente que imprimió en la retina del pueblo americano, que perdurará en la literatura sureña durante generaciones, fue la del negro violador. “Una gota de sangre negra hace a un negro. Tiñe el pelo, aplasta la nariz, engorda los labios, apaga el intelecto y enciende las llamas de pasiones brutales. Hay suficiente sangre negra en este país como para que toda la República sea mulata”, escribió en su primera novela, Leopard’s Spot, verdadero manual sobre la bestialidad negra. Sus escritos aún son citados por las organizaciones supremacistas blancas. Afortunadamente, a pesar de que ganó millones, los perdió y acabó sus días, inválido, ejerciendo de conserje en los Juzgados de Raleigh, Carolina del Norte.

– William Jennings Bryan fue miembro del partido demócrata y candidato a la presidencia en tres ocasiones. Pero, sobre todo, es conocido por su fundamentalismo y su participación en el llamado “Juicio del Mono”, o “Juicio Scopes”, donde se juzgaba a un maestro de escuela, John Scopes, por haber infringido la ley de Tenesse que prohibía enseñar la teoría de la evolución en las escuelas. Además de uno de los oradores más populares de toda la historia americana; presbiteriano acérrimo, era pacifista, prohibicionista y anti-darwinista convencido por partes iguales, aunque creía fielmente en la democracia. Por su fe en la bondad y la corrección de la gente común se le denominaba “el gran Comunero”; su gran lucha fue contra la teoría de la evolución, donde llegaría a caer en el ridículo más espantoso en el “Juicio del Mono”. Bryan defendía un creacionismo atroz, y su actuación en el juicio, ampliamente difundida y caricaturizada por todos los medios del país, fue el ejemplo de la ignorancia sureña frente a la agudeza intelectual de su contrincante, Clarence Darrow. A ello se refiere Lewis cuando afirma que “aprendió biología con su abuela beata”. El “Juicio del Mono” y sus participantes aparecerán de manera recurrente a lo largo de toda la novela.
– La patrulla nocturna de Kentucky se refiere a los esfuerzos por controlar los movimientos de la población negra en Kentucky. Hacia 1800, se prohibieron las reuniones de negros sábados y domingos; patrullas de vigilantes nocturnos patrullaban las calles de 10 de la noche a 6 de la mañana el resto de la semana, arrestando a cualquier persona de color que estuviera violando “el toque de queda”. Esta ley durará sesenta años más, con ligeras variaciones. En 1856, se proporcionó un pase a aquellos que trabajaban en el mercado y el puerto, y el escuadrón de vigilantes se dedicó a perseguir a cualquier negro sin pase, de la forma más expeditiva. “Negro hunting, negro catching, negro watching and negro whipping” (“a la caza del negro, atrapar al negro, vigilar al negro y dar una paliza al negro”); tal era, finalmente, el cometido de estos escuadrones de vigilantes, que los esclavos negros los consideraban como los escuadrones del terror.
– La Ley Seca es la prohibición de la venta de alcohol en todo el territorio estadounidense, incluido Hawai, propuesta inicialmente por un grupo de senadores cuáqueros, que se conocen como el Acta Volsted, muy respetada por el presidente Harding. La prohibición entró en vigor en 1919 e, irónicamente, se brindó con el mejor whisky. La Ley Seca convirtió a EEUU en la capital del hampa y el mercado negro, pero también surgieron extraños personajes radicales que luchaban contra el alcohol, como Carry A. Nation y su hacha, que se mencionará posteriormente en el texto y que, junto a los “Defensores de los hogares”, arrasaron todos los salones o bares de Kansas, inspirados por acción divina; o la Asociación de Mujeres Cristianas Abstemias, que escribieron la lápida de Nation, “Fiel a la causa de la abstinencia, hizo lo que pudo”. La ley fue derogada en 1933.
– Winfield Scott Schley (1839-1911), marino de guerra estadounidense. Estuvo al mando de la flota que derrotó a la escuadra española en Santiago de Cuba durante la guerra de 1898, aunque la victoria fue atribuida oficialmente al almirante Sampson.
– Thomas Jefferson (1743-1826) fue el tercer presidente de Estados Unidos y autor principal de la Declaración de Independencia, además de todo un personaje. Arquitecto aficionado (no en vano, construyó él mismo la Universidad de Virginia, de la que fue fundador), luchador por la democracia y la libertad individual, mostró ciertas tendencias anti-capitalistas al atacar la idea de latifundio y abogar por la auto-sostenibilidad: de hecho creía que la sociedad anarquista, si era pequeña, podía ser plausible y, en ese sentido, le interesaban mucho las tribus nativas americanas. Fue también un abolicionista acérrimo y parece que mantuvo relaciones con su propia esclava y que, incluso, debió ser el padre de alguno de sus hijos. Sus ideas crearon toda una corriente de pensamiento en el ideario político americano; como autor de la Declaración de Independencia es, sin duda, el hombre que definió el sentido de América. Su filosofía es la de la razón, el individualismo, la libertad y un gobierno limitado. El epítome de la visión liberal de Jefferson es el Jefferson Memorial, dedicado por el presidente Roosevelt en 1943 y cuyas inscripciones son, directamente, una apropiación rooseveltsoniana de los ideales jeffersonianos. En su apoteosis, Jefferson se une a Washington y Lincoln en el panteón americano y se transforma en el padre de América. Lewis le llama demócrata de andar por casa porque procedía de una familia aristocrática de grandes hacendados del Sur y sus ideas anarquistas eran, cuanto menos, curiosas.
– Entre las publicaciones de Doremus encontramos títulos muy reveladores, que conforman el paisaje literario y periodístico de la época: New Masses, continuación de The Liberator y The Masses, la publicación marxista americana más importante de la época, que contaba con colaboradores como Upton Sinclair, Dorothy Parker o Hemingway. La revista era conocida por sus artículos e ilustraciones radicales, que comentaban la economía americana con ira, ironía e irreverencia, ofreciendo un foro de sátira gráfica muy violento, que las publicaciones normales no se atrevían a publicar. Artistas que luego serían célebres, como John Sloan, Stuart Davis, Robert Minor y Fred Ellis, hicieron buen provecho de esta plataforma y sus imágenes ejercerían una fuerte influencia en la profesión, incluso hoy en día. Muchas de las tiras cómicas de New Masses aparecerán citadas posteriomente en el texto. The Nation, publicación semanal fundada por los abolicionistas en 1865, como apoyo al Norte victorioso en la guerra de Secesión. En 1918, su editor era Garrison Villard, que le dio una orientación liberal, hasta tal punto que el FBI vigiló la revista durante cincuenta años; todos los editores, desde Villard hasta los de los años setenta, fueron considerados por el FBI como subversivos. The New Yorker, que era una publicación humorística bastante sofisticada donde, además de debatir temas políticos, se publicaron historias de los mejores escritores del siglo XX. También se encuentra El libro del Mormón, que dice ser una traducción de los escritos de hombres santos de la antigua América. Según parece, contiene los registros de dos grandes civilizaciones que poblaron el continente americano y que fueron conservados por sus profetas, hasta que uno de ellos, Mormón, los compiló en un solo volumen, grabado en planchas de metal. Joseph Smith, fundador de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días e ilustre vermontés ya mencionado anteriormente, afirmó que un ángel le mostró las planchas y que él mismo las tradujo con ayuda divina. Ciencia y salud, la obra magna de Mary Baker Eddy, fundadora del movimiento de la Ciencia Cristiana, Mother Eddy, ya mencionada. Además de exponer sus consejos de curación, hace una reescritura de la Biblia. El libro, que aún se sigue reeditando hoy en día, lo han leído ya más de 8 millones de personas.
También hay obras de otra serie de autores muy de la época que gozaron de fama en EEUU en su momento: Carl Sandburg (1878-1967), escritor y editor, más conocido por su poesía y por una biografía sobre Lincoln. Su estilo era una mezcla de poesía pastoral rural que ensalza los encantos de América. Robert Frost, su poesía refleja el sentir del americano medio, su sencillez y amor por la naturaleza, su individualismo, el sentido de la ironía y el humor, pero también el valor del pueblo americano, fundamental en la independencia del país. Aunque no era natural de Vermont, se instalaría allí en la década de los años veinte en una granja en Shaftesbury, hoy convertida en museo. La poesía de Frost reflejaba el sentir de muchos norteamericanos, hasta el punto de que, poco después de su muerte, Robert Kennedy dijo en una conferencia que: “la muerte de Frost deja un vacío en el espíritu de América”. Su poema El camino no elegido ha sido memorizado por generaciones de estadounidenses; Edgar Lee Masters (1869-1950), nacido en Illinois, poeta, novelista y autor de Spoon River Antology, una serie de “auto-epitafios o monólogos en verso libre que contradicen a menudo los epitafios optimistas y religiosos que suelen escribirse en las tumbas. John Robinson Jeffers (1887-1926), gran poeta americano muy conocido en su época y recordado por su canto a la naturaleza y su enorme cultura. Educado en casa por su padre, profesor del Antiguo Testamento, empezó a estudiar griego a la edad de cinco años y, tras numerosos viajes, se dedicó a la filosofía, la literatura y, finalmente, ciencias forestales. Se instaló en Carmel, California, con su mujer y sus hijos gemelos, donde construyó una casa y una torre increíble de piedras irregulares de granito, que él mismo seleccionó una a una, y transportó con un sistema de planchas y tacos de madera; el aspecto brutalista de la torre no desmerece en nada a su nombre, The Hawk Tower (la torre del Halcón). La casa, The Tor House, figura en gran parte de su poesía y en ella también se hospedaron muchos literatos y artistas de la época, entre ellos Charlie Chaplin y el propio Sinclair Lewis. La poesía de Jeffers ensalza el paisaje y la naturaleza frente al carácter depravado del ser humano moderno. Es, sin duda, otro de los iconos literarios del movimiento medioambiental tan propio de la América del momento. Hoy en día, Tor House es una fundación que puede visitarse. Frederic Orden Nash (1902-1971), poeta americano muy popular por sus versos ligeros, con gran aprecio por la rima y de gran sentido del humor. De hecho, Nash cultivaba cierto gusto por los trabalenguas y juegos de palabras, refranes y dichos, como el propio Lewis. Edgard Albert GuestOmar KhayyamRubayyatMiltonEl Paraíso perdido