«Te levantaste mucho más deprisa de lo que caíste, ese es el valor de lo que aquí está escrito.»
FERNANDO ALONSO, piloto de Fórmula 1
«María es una persona que te puede llevar a engaño. Detrás de esa sonrisa inocente se esconde una mujer con una determinación inigualable, una fuerte disciplina y una capacidad para trabajar brutal. La gente opina que el accidente la ha cambiado, la ha hecho todavía mejor. Es mentira. Lo único que ha pasado es que ahora la conocen más. María siempre ha sido una máquina que no se detiene ante nada porque nada es un problema para ella. No sé a vosotros, pero a mí siempre me convence con su sonrisa.»
PEDRO DE LA ROSA, piloto de Fórmula 1
«Tuve el placer de hacer equipo contigo en el Trofeo Maserati como soporte del GP de España de F1 del año 2005. Disfruté mucho compartiendo coche contigo, vi que eres extremadamente competitiva, rápida y con una gran determinación. Es una de las carreras de las que tengo mejor recuerdo.»
MARC GENÉ, piloto de Fórmula 1
«Querida María: siempre has sido un ejemplo por tu tesón y empeño en llegar a lo más alto, tienes toda mi admiración. Pero nos has sorprendido aún más con tu valentía y fortaleza, al superar esta prueba que el destino ha querido ponerte en tu camino.
Gracias por tu ejemplo y estoy muy orgulloso de encontrarme entre tus amigos.»
CARLOS SAINZ, piloto de automovilismo
«Ser capaz de transformar una tragedia personal en energía positiva y llegar a estar más radiante que antes requiere de un increíble espíritu que merece respeto y admiración. María es un ejemplo maravilloso para todos nosotros y realmente es un privilegio para mí conocerla.»
MICHÈLE MOUTON, presidenta de la Women in Motorsport Commission de la FIA
«Volver a ganar. Siempre he creído que todos aprendemos cada día, y nunca dejamos de hacerlo hasta el día en que dejemos este mundo. Mi propia experiencia con María me ha enseñado que en la vida tener menos o tener más no es ninguna ventaja o ningún obstáculo, sino que tengamos lo que tengamos estamos destinados a luchar como súper hombres para llenar nuestro estado de felicidad. Soy fan de María de Villota antes y después del accidente, porque ella nos ha dado una clase magistral de lucha, de sufrimiento y de trabajo en cualquier momento de su vida. Una carrera profesional en el automovilismo y un accidente son solo hechos para una ganadora de su vida que con más o con menos siempre intentará volver a ganar.»
JAIME ALGUERSUARI, piloto de Fórmula 1
«Tantos años dejándose la piel para conseguir una décima de segundo y en una décima estuvo a punto de perderlo todo. No sabía el destino que María estaba acostumbrada a ir siempre contracorriente y se burló de él. Ahora su vida ya no se mide en milésimas, se mide en sonrisas, las suyas y las que deja a su alrededor.»
ANTONIO LOBATO, periodista, director de las retransmisiones de Fórmula 1 en Antena 3 TV
«María de Villota es un ejemplo de cómo un ser humano en momentos de tremenda dificultad puede hacer aflorar una valentía, una fuerza y una grandeza que a todos nos conmueve. María nos inspira a creer en nuestro verdadero potencial y en nuestra capacidad para hacer frente con éxito a los desafíos que la vida nos presenta.»
DR. MARIO ALONSO PUIG, cirujano general y del aparato digestivo y autor de Reinventarse
«Querida María, desde la cercanía en la que nos han puesto las lesiones, no puedo sino darte mi enhorabuena por el ejemplo de madurez y superación que nos has dado a todos durante este tiempo que has pasado en ”boxes“. Ahí también se ganan carreras y está claro que tú estás ahora mismo en la ”pole“ para ganar la carrera de tu propia vida. Gracias, tienes todo nuestro apoyo.»
JUAN JOSÉ PADILLA, torero
La vida es un regalo
María de Villota

Primera edición en esta colección: octubre de 2013
© María de Villota, 2013 (texto y fotografías)
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2013
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99 – Fax: (+34) 93 419 23 14
www.plataformaeditorial.com
info@plataformaeditorial.com
ISBN:
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
Y un día te das cuenta de que vivías dormido, pasabas a ciegas y sentías a medias. Si un accidente no ha parado en seco tu vida, vive soñando, pasea observando y ama apostando. Si un accidente ha parado por un momento tu vida, sabes de lo que estamos hablando. Este libro es para vosotros.
Contenido
Citas
Portadilla
Créditos
Dedicatoria
Preámbulo
Introducción
El accidente
Mi carrera profesional
La vida es un regalo
Epílogo
Carta a mi hija María
Agradecimientos
Fotografías
La opinión del lector
OTROS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN
¿Dónde está el límite?
Yo era piloto. Corría mucho, a gran velocidad. Tan rápido que apenas calaban en mí las gotas de las miserias de la vida. Y no porque no las tuviese cerca, sino porque solo quería correr, avanzar, lograr ese objetivo, cumplir mi sueño. Y entonces no ves, no miras, tu corazón apenas siente porque no le das tiempo tras las capas que has forjado en tu vida y que te hacen más fuerte, más ciego, más torpe e inerte.
Tener un accidente en el que pende tu vida puede ser algo terrible, pero, si logras salvarte para poder vivir dignamente, puede ser un regalo tan grande como devolverte a la niñez, quitarte años de encima y la armadura, redirigir la vista hacia el alma y volver a sentir como si acabaras de nacer. Y es así, porque acabas de nacer.
Y lloras más, sí, te vuelves agradecidamente débil, aunque a veces duele tanto que te gustaría volver a correr, pero no pienso dejar de lado a los que ahora gritan en silencio por mi ayuda. Porque no muchos les oyen, como yo antes; pero ahora, desde que yo fui uno de ellos, no puedo ni quiero quitar este dolor y solo deseo ser mejor, y doy gracias por poder sentirles. A enfermos y sanos.
Introducción
Si tengo la oportunidad de compartir con vosotros parte de mi historia en este libro es por ser una mujer muy cabezota. Dejadme que me ría de esta broma macabra, ya que gracias a esta cabeza dura que tengo pude salvar mi vida, pero más todavía por la cantidad de veces que escuché durante mi niñez, y ya no tan pequeña, aquello de: «¡Mira que eres cabezota, hija mía!». Y menos mal que tenían toda la razón.
Quiero escribir este libro porque tengo un mensaje importante que daros. Y también porque, egoístamente, no quiero olvidar nunca los momentos que me ha dado este accidente. No es tremendo ni morboso: es como la vida; increíble, sorprendente, dura, bonita…Que te regala un momento tan al límite, tan aquí y allá, con una línea tan delgada que no sabes en qué lado estás. Sí, amigos, te regala volver a sentir su pulso como si te acabasen de parir. Te regala sentir cada latido como el primero y vivir más despierto, más alegre, con más sentido, más consciente.
Pero esta noche no me he levantado de la cama para contaros esto. Me he levantado de la cama porque, como muchas otras noches, siento un dolor en el pecho que no calman mis medicinas. A lo largo de este día, como de tantos otros, vivo, leo, siento desgracias que, sean o no de personas que conozco, me agitan de una forma brutal y me desvelan. Son historias de otros que antes de mi accidente también estaban ahí pero que yo solo veía de pasada, como si estuvieran encerradas tras un escaparate y a mí no me llegasen. Ahora siento sus tristezas casi como mías, y siento un dolor amargo, pero sano, cuando intento descansar y dejar mi mente en blanco.
Entonces es cuando intento concentrarme en el ritmo del pecho de Rodrigo, que coge el sueño dulcemente, para intentar calmar mi respiración y dormir. Pero hay días que es imposible, mi cabeza no quiere.
Y pensaréis: «¡Qué duro debe de ser!», y si no lo pensáis, os lo digo yo. Lo es, porque ahora estoy en la piel de todos los enfermos que comparten conmigo su sufrimiento, y además les siento y les respeto tanto que de ellos ya he hecho mi nuevo equipo: la Escudería de Enfermos Valientes. Es un Campeonato del Mundo que no cuenta con la competitividad de los que existen, pero que es genuino y asombroso y del que se aprenden las mejores lecciones de la vida.
Qué pena que las palabras no nos hagan justicia: enfermos, tuertos, tullidos… Yo diría: luchadores, fuertes, valientes…
Pero lo mejor de mi Equipo es que somos seres especiales porque tenemos la capacidad de parar el tiempo, de sentir cada latido como el primero, y de ver más con un solo ojo y sonreír aunque nuestro problema pueda ser mayor que el mayor de los problemas. Y lo mejor: sentir la empatía de toda la «planta», porque allí, sí, todos somos iguales: enfermos antes y de ahora en adelante, valientes y elegidos por el destino.
Y desde aquí nos conectamos con el resto de vosotros que estáis sanos pero que quizá tenéis vuestro propio accidente –desahucio, bancarrota, divorcio, tristeza insuperable– para deciros que somos más fuertes de lo que pensamos, que si nosotros podemos ganar la carrera a la vida y seguir en la pista, vosotros también podéis. Estamos juntos en este empeño.
Algunos dicen que estoy tan sensible porque mi accidente es aún muy reciente. Apenas ha pasado un año… Pero por eso precisamente escribo este libro ahora, porque no quiero que el tiempo borre cómo siento, veo y pienso en este momento. Porque no quiero que este dolor y esta alegría de vivir se pasen como pasa todo en la vida. No, este accidente no se puede pasar. No quiero que se decolore.
El mensaje tan importante que quiero contaros y que creo que no solo lo he vivido yo, sino también amigos que han pasado situaciones parecidas en sus vidas, es que hasta cuando te estás muriendo puedes decidir si sigues luchando o abandonas el barco. Yo no vi un túnel, ni una luz. Soy creyente, pero no vi a nadie que me dijera nada. Sin embargo, estaba peleando en aquella sala de quirófano hasta sentir una fatiga indescriptible. Y sí, decidí seguir luchando. No es fácil porque no sabes que estás batallando por vivir, ¡qué va!, mi cerebro me soñó en otra realidad. Pero ¿sabéis qué?, ese sueño era mi vida, quien yo soy, y tenía la certeza de que la gente que quiero estaba conmigo. Siento mucho respeto al decir esto, no estoy diciendo que alguien que se fue pudo quedarse, no; solo digo que yo podría haberme ido, que siento que podría haber abandonado, pero mi esencia, mi alma, decidió seguir combatiendo.
Así que no solo vivir es decidir. Yo diría, desde mi vivencia, que morir hasta cierto punto también es decidir.
Este libro es para mí un grito a la vida, porque, como os he dicho, siento que tengo la cabeza de un adulto con la sensibilidad de un niño. Ahora no me gusta ver la violencia en las películas, me impacta más que antes, valoro mucho más una mirada que un diamante, rezo cada noche por los que han sufrido como yo y no se sienten fuertes, y siento que la vida es un ratito, un regalo, que no hay que tomársela muy en serio porque ni siquiera nuestra vida es nuestra. Somos tan pequeños…
Así que, con toda esta mezcla en mi motor, voy a hacer explotar mi historia, y espero que mi gasolina os sirva de combustible también a vosotros. Deseo que, sin pasar por un accidente como el mío, podáis sentir la alegría de estar vivos y disfrutar del regalo de la vida.