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Alba y ocaso
del Porfiriato

Luis González y González


Fondo de Cultura Económica

Primera edición, 2010
Primera edición electrónica, 2012

Esta publicación forma parte de las actividades que el Gobierno Federal organiza en conmemoración del Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana.

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ISBN 978-607-16-0891-8

Hecho en México - Made in Mexico

Colección CENTZONTLE honra con estas páginas la memoria de Luis González y González, uno de los mejores historiadores de México. Íntegro y honesto, don Luis fue un lúcido intelectual que combinó siempre su infatigable labor de investigación con una ilimitada bonhomía; pocos árboles de la cultura mexicana han dado tanta y tan generosa sombra, pues son muchas legiones de alumnos, admiradores, lectores y seguidores quienes pueden dar fe de la sabia orientación y comprometida exigencia que irradiaba don Luis, en pos de recorrer todos los rincones posibles del ancho y amplio pretérito de nuestra historia.

Distinguido con no pocos galardones a su obra y siempre presente en los debates en torno a la conciencia nacional, los enredos de nuestro pasado, las características de nuestra idiosincrasia y maneras de memoriar, González jamás abandonó su ecuménica sencillez y su ecuánime serenidad. Sin embargo, fue un lector apasionado y un incansable gambusino de los datos más minuciosos; contrario a la monumentalidad de las estatuas, supo bajar a los héroes de sus pedestales y procurar conocerlos en carne y hueso; atento a las querencias más entrañables, reveló la grandeza que tienen las cosas mínimas, la trascendencia de lo minúsculo, la voz de los anónimos y el sentir del terruño por encima de los sentimientos del territorio. Don Luis debe su grandeza a la maravillosa historia universal que realizó en torno a su pueblo natal, San José de Gracia, titulada Pueblo en vilo y por la cual es considerado padre de la microhistoria, esa forma de historiar que nada tiene que ver con el acartonamiento de la mnemotecnia o la pedantería, la que se realiza con amor por los habitantes y lugares de determinado espacio historiable, valiéndose por igual del archivo documental y la vasta bibliografía, como del habla y sapiencia que guardamos todos en la memoria.

Habitante de una torre morada que mandó construir en su pueblo natal, González fue —como Quevedo o Montaigne— un hábil conversador con los difuntos, que sabía escuchar con su atenta lectura las voces del pasado. Salvó así de la amnesia a muchos personajes y pasajes de nuestra historia y lo hizo valiéndose de una prosa accesible a cualquier lector. De hecho, pocos historiadores como Luis González merecen ubicar sus obras entre los estantes de la mejor literatura: coetáneo y coterráneo de Juan José Arreola y Juan Rulfo, también los libros de historia de don Luis bien pueden enlistarse al lado de los grandes cuentos y novelas.

Aunque sus recorridos por el pasado de México no tuvieron limitación, pues bien podríamos afirmar que no dejó sin revisión ninguna época de nuestra historia, en estas páginas reproducimos el fiel retrato que realizó sobre el Alba y ocaso del Porfiriato y la semblanza generacional de los llamados «científicos». Se trata de textos que explican con notable claridad y detalladas circunstancias el ascenso y la consolidación del régimen que encabezó el general Porfirio Díaz, régimen que marcó la definición del México moderno con un aura de utopía, y su progresiva decadencia que lo llevó al abrupto desenlace que desencadenó la Revolución mexicana. González realiza aquí un luminoso óleo verbal que muestra tanto el semblante polifacético del México porfiriano, al tiempo que revela la radiografía de sus entrañas: las contradicciones e injusticias, los logros y descalabros, la desigualdad y la omnipotencia que lo fueron minando conforme se apoltronó en el ánimo de la nación.

El lector confirmará que Luis González ha dejado un ejemplo digno de contagio: la sosegada avidez por conocer lo más y mejor posible las razones y los motivos, las circunstancias y los hechos de nuestro pasado, bajo la honesta convicción de rescatar del olvido la memoria que nos justifica.