Capítulo 2


Le resulta imposible a Itziar dejar de mirar la fotografía y lo único que puede hacer es memorizar todos los rasgos de Alex. Lo primero que le llama la atención es el color turquesa de sus ojos, un verde azulado que la hipnotiza. Su mirada intensa, llena de calor y fuerza, es impactante. Itziar no puede dejar de suspirar mientras resigue los rasgos.

—¿Es posible que exista un hombre más guapo? —piensa en voz alta. Para nada esperaba que el niño regordete de tres años que vio en la primera fotografía que le envió meses atrás fuese esa persona. Ya no queda nada del niño en el adulto.

Alex es la personificación de la belleza masculina. Ni siquiera sabe cómo empezar a describirlo. Su mandíbula es ligeramente cuadrada, atributo que lo hace masculino sin ser severo. Además de sus labios gruesos y una perfecta nariz recta, los ojos culminaban la intensidad y perfección del rostro y hacen que el conjunto sea espléndido. Itziar está encantada. Al contemplar la fotografía tiene la sensación de observar un modelo.

De no conocer la personalidad de Alex, Itziar se comportaría como una adolescente hormonada. Pero como lo respeta como persona, se obliga a comportarse. Decide descargar la foto y la guardar celosamente. Consciente de que debe enviarle una foto suya, busca hasta encontrar una en la que sale sentada en el parque con las gafas de sol sobre su cabeza. No solo se trata de una foto natural y reciente, sino también es una de sus preferidas. Así que decide adjuntarla al correo y abajo escribe:


Esta soy yo ahora =3

P.D. Me encantan tus ojos.


Besos,

Itziar.


Después de enviarlo, vuelve a contemplar la fotografía de Alex. Se fija en que los ojos y la sonrisa del chico tenían un deje travieso. La tela de la camiseta azul oscuro, que destaca el color de sus ojos, se engancha a su cuerpo musculoso. La foto muestra como conserva todavía la picardía de los niños pequeños, a pesar de todo lo que ha sufrido. A Itziar le encanta esa parte de él, porque no había nada que le gustara más que un hombre ligeramente infantil.

Al cabo de un rato, Itziar apaga el ordenador y se mete en la cama para ir a dormir. No puede pasar toda la noche embobada con la fotografía de Alex, tiene que ir a dormir para descansar lo suficiente y poder idear el modo de librarse de los niñeros de las vacaciones. Sin embargo, la imagen del chico de los ojos turquesa atraviesa su mente justo antes que se duerma.


***


Ha quedado con Tyler y los demás en menos de diez minutos y su coche ha elegido el momento ideal para dejar de funcionar: en medio de la nada, a dos metros de su destino. El problema de vivir en un pueblo es que para ir al centro comercial tiene que conducir durante un buen rato y, a veces, los coches podían estropearse y dejar a sus propietarios en medio de la nada.

Resignada, Itziar abre las ventanas porque ni siquiera funciona el aire acondicionado. Entre su pueblo y el centro comercial hay un desierto, y el coche había dejado de funcionar a medio camino, así que la temperatura es terriblemente alta. Aburrida, coge el portátil del asiento del copiloto y lo coloca sobre sus muslos. Cuando le propusieron ir de compras estaba en la biblioteca, por eso tanto sus apuntes como el portátil la acompañaban en el viaje. Gracias a eso, estará entretenida durante un rato y hablará por Skype. Al conectarse, sonríe al ver que Alexander está conectado.


«Hola, diablillo =)», la saluda.


Itziar sonríe. Al poco tiempo de empezar a hablar, él decidió llamarla «diablillo» porque dijo que piensa que es un poco traviesa. Razón no le falta, alguna travesura ha hecho, aunque seguramente no tan terrible como él creía.


«Hola Alex, ¿cómo estás?»

«Muy aburrido jajajaja No tengo nada interesante que hacer hoy, ¿y tú?»

«Friéndome como un huevo», teclea y suspira.

«Jajajaja ¿Cómo que friéndote?»

«Mi coche ha decidido morir en medio del desierto, a veinte minutos de la ciudad, así que estoy torrándome mientras espero que llegue alguien», contesta mientras ve como el sol y el aire caliente crean el efecto de que el paisaje está ondulado. Hace tanto calor que incluso empieza a sentirse deshidratada. 

«¿Y dónde estás?»

«En la carretera del desierto, en mitad de la nada»

«Si quieres puedo ir a por ti»

Roja como un tomate, Itziar teclea rápidamente la respuesta con miedo de que la oportunidad se le escape entre los dedos. 

«¿En serio vendrías a buscarme? ¡¡Me harías un verdadero favor!!»

«Aguanta unos minutos, no estoy muy lejos de la carretera»

«De acuerdo, te esperaré»

«Tampoco creo que puedas ir demasiado lejos :P»

«Tonto xP» escribe Itziar, agradecida de tener un salvador. De golpe, se pone a pensar y se da cuenta de que está apunto de conocer a Alex. No esperaba que el momento llegara tan pronto, y mucho menos que sucediera de esta manera. Sin embargo, todo esto es indiferente, lo importante es que está a punto de convertirse en su héroe. Preocupada por su apariencia, se mira en el espejo del retrovisor para comprobar si está decente para el encuentro.

«¿Necesitaremos una grúa?» pregunta Alex.

«Seguramente sí» responde resignada Itziar. Es consciente que una vez lleve el coche al taller la factura será tan larga que le saldría más barato comprarse un coche nuevo.

Itziar intenta respirar sin ahogarse por culpa del polvo que hay en el aire del desierto. Lo cierto es que no le gusta demasiado el verano, aunque sea la época de vacaciones más larga. De hecho, ella no había votado ir a Miami para el viaje de fin de curso, si va es porque fue el sitio que votaron el resto de sus amigos.

«Estoy llegando» le dice Alex, «aguanta un poco más»

Segundos después del último mensaje, Alex se desconecta de Skype y ella hace lo mismo. Apaga el ordenador, lo guarda en la mochila y sale del coche para abrir el maletero y sentarse en él para resguardarse en la sombra mientras espera a su héroe.

Itziar sabe que sus amigos se van a enfadar al ver que no llega a la hora y ni siquiera les haya llamado. De la misma manera que el coche, la batería de su móvil también había visto mejores días. No podía ni llamar ni pedir ayuda. Solo tenía la tarifa plana del portátil. Ha sido realmente una suerte que Alex estuviera conectado… Pero igualmente hay algo raro en todo aquello… ¿Cómo ha hablado con ella si supuestamente está en un coche? ¿Con el móvil? ¿Y cómo es posible que esté tan cerca? Itziar no deja de dar vueltas a las preguntas hasta que ve que una camioneta, un quad y una grúa se acercan a ella y todas las preguntas desaparecen de su mente. 

La grúa aparca delante de su coche, la camioneta al lado y el quad detrás. De la grúa baja un hombre mayor con una larga barba blanca, de la camioneta un enorme tipo moreno y con tatuajes por todo su cuerpo. Y, del quad, Alex con una sonrisa en la cara.

—Hola, diablillo. —Itziar sonríe mientras baja del maletero.

Alex es enorme. Un metro noventa musculado y ojos traviesos. Cuando llega a su lado, la abraza tan fuerte que Itziar siente como si fuera el abrazo de un oso.

—Hola, Alex —dice la chica a duras penas mientras continúa el abrazo.

—¿Se puede saber qué le has hecho al coche? —pregunta divertido ante la cara de ofensa que pone ella.

—Yo no he hecho nada. Simplemente ha muerto sin avisar —se queja y señala el coche con un dedo acusador de tal forma que Alex y el hombre mayor ríen.

—¿Qué le ha pasado al coche, viejo? —pregunta Alex al acercarse a la parte del motor, donde el hombre con barba está metido en el capó.

—Parece que ha muerto y no hay forma de intentar revivirlo. —responde el hombre una vez fuera del coche.

—¿No hay forma de arreglarlo? —pregunta Itziar desesperada.

—Lo siento, chica —dice el hombre mientras niega con la cabeza—. Te saldrá más barato comprarte uno nuevo que arreglar este.

Itziar suspira decepcionada tras escuchar el veredicto final. Sin coche tendrá que pedir favores a sus padres durante una buena temporada y significará una considerable reducción de su independencia.

—¿Quieres que te lleva a algún lado, diablillo? —pregunta Alex preocupado.

—Por favor. Cualquier sitio es mejor que este calor infernal. —Itziar le sonríe y Alex la vuelve a abrazar, gesto que confunde a la muchacha impresionada con la naturaleza cariñosa de su amigo. Además, sus ojos eran incluso más impresionantes que en la fotografía.

—No sabes cómo me alegro de conocerte, Itziar —susurra en su oído. Para Itziar el abrazo es como estar en una prensa hidráulica, aunque muchísimo más cómodo.

—Yo igual, aunque nunca pensé que nos conoceríamos así.

—¡Alex, deja de holgazanear y ayúdanos! —grita el hombre de la camioneta que en ese momento está en la grúa. Alex la suelta y pone los ojos en blanco mientras va a la ayuda del hombre tatuado. Itziar se da cuenta de que intentaba librarse de hacer el trabajo sucio y por eso arrastra los pies en su camino para ayudar a colocar las cadenas para remolcar el coche.

Itziar se aleja un poco del coche mientras observa cómo colocan las cadenas al coche para subirlo a la plataforma de la grúa. Ofrece su ayuda, aunque no tiene ni idea de qué podría hacer. Pero el hombre mayor le asegura que no necesitan ayuda. Al escuchar esas palabras, Alex y el chico de los tatuajes lanzan una mirada asesina. Itziar, aunque no tiene ni idea de qué tipo de relación tienen Alex y Steve, el hombre de la barba, supone que hay buena relación entre los tres hombres, así que se relaja.

Una vez el coche está subido en la grúa, Alexander devuelve la mochila que estaba dentro del vehículo estropeado a Itziar y la guía hacia la camioneta. En el momento en el que entra, se estremece ante la diferencia de temperatura entre fuera en el desierto y dentro con el aire acondicionado.

—¿Estás bien? —le pregunta preocupado Alex.

—Sip —responde Itziar—, ha sido el brusco cambio de temperatura.

Él asiente a la vez que arranca el coche para salir del desierto. Antes de que el coche empiece a moverse, Itziar baja la ventanilla, sonríe a los hombres que han ayudado a rescatar el coche y les agradece su ayuda con un grito. Steve le sonríe y se despide con la mano.

—¿Dónde ibas antes que tu coche decidiera morir? –pregunta Alex en el momento que Itziar baja la ventanilla.

—Al centro comercial.

—¿Sería impertinente si te preguntara para qué querías ir allí?

—Para nada. Quería ir a comprar las últimas cosas para el viaje —responde sonriente.

Alex sabe que Itziar y sus amigos se van de fin de curso a Miami, además de conocer cuánto han tardado a planear el viaje. Aquello que él no sabe es que van a tener niñeros, aunque les queda poco para acabar de planear cómo deshacerse del problema durante el vuelo o al llegar al hotel.

—¿Quieres que te acerque? Ellos llevan el coche al desguace para que no te tengas que preocuparte.

—¿No será una molestia? —pregunta preocupada. Él sonríe de manera cautivadora mientras niega con la cabeza.

—¿Qué me dices, te llevo?

—¡Claro! —contesta tan entusiasmada que él empieza a reír. Itziar se siente estúpida ante la reacción del chico, sobre todo no quería ponerse en evidencia.

—Gracias —dice Alex después de unos minutos en silencio. Itziar lo mira confusa porque ella es quién debería estar dándole las gracias.

—¿Gracias por qué?

Alex mantiene la vista fija en la carretera. Itziar lo observa y piensa que es mucho más que un chico guapo. Es consciente de que guarda muchos secretos y, ahora que lo conoce en persona, las ganas de conocerle mejor aumentan.

—Gracias por preocuparte por mí. Eres la primera persona que se preocupa tanto por mi lesión y la única que siempre me desea que me mejore. 

—Pero eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Preocuparse los unos por los otros.

—Sí, supongo que sí.

—¿Supones? —pregunta extrañada Itziar.

—Nunca he tenido amigos —responde y se encoge de hombros.

Itziar se sorprende ante la declaración. Le resulta imposible que un hombre como él no tenga un grupo de amigos. Aunque sabe que no todo el mundo tiene la suerte de tener ese tipo de relación, esperaba que Alexander, con su personalidad, tuviese un gran número de amigos.

—No me lo creo —responde Itziar—. Con lo bueno y divertido que eres.

—La gente con la que me relaciono no se fija precisamente en eso.

—Eres más que una cara bonita, Alex. —Justo acaba la frase y el coche frena de golpe. Itziar se gira para preguntar por qué había hecho eso y se encuentra con una mirada desconcertante. —¿Qué pasa?

—Repítelo.

—¿Eres más que una cara bonita? —repite confusa porque no sabe cómo interpretar la intensidad de su mirada.

—¿Has visto más allá de mi físico? —pregunta Alex de manera cautelosa, como si no se fiase de ella.

—Sí —afirma Itziar, segura de sí misma. Desde el principio supo que Alex era un buen chico, sin importar su apariencia.

—¿En serio? —insiste Alex. Itziar asiente y lo mira fijamente a los ojos para demostrar que no miente ni oculta nada.

—Sí, Alex. Eres atractivo y divertido, una buena persona que se preocupa por los demás, aunque escondas secretos. Eres protector y un poco gruñón a veces, y estás un poco ido de la cabeza, pero eso no es malo. Yo estoy pero que tú. —Tras las últimas palabras Alex empieza a reír y pone el coche en marcha de nuevo.

—Esta es la razón por la que me gusta hablar contigo, diablillo.

—Tampoco soy tan mala, eh —se queja Itziar refiriéndose a su mote. Si bien le gusta hacer ocasionalmente alguna trastada con sus amigos, especialmente con Tyler, por lo general es una chica muy tranquila. No obstante, sabe que Alex la ve como una chica revoltosa. No le molesta, más bien le parece divertido.

Pasan todo el viaje entre risas y anécdotas y, aunque es cierto que acababan de conocerse en persona, ambos tienen la sensación de ser amigos desde hace mucho tiempo. Claramente, no les cuesta estar juntos y reír. Itziar está tan cómoda que cree que se dormirá.

—No estaría mal si coincidiéramos alguna vez en el mismo sitio —dice Itziar.

—No estaría nada mal —asiente Alex—. Ya llegamos. ¿A qué centro comercial tienes que ir?

Cuando Alex hace la pregunta, Itziar ve pasar la entrada a la cuidad. Y, aunque sabe que la separación se aproxima, el centro comercial al que tiene que ir es bastante céntrico, así que todavía estará un buen rato con él.

—A Snow.

—De acuerdo.

—Alex. —Itziar lo llama seria.

—¿Si?

—¿Cómo te lesionaste? —pregunta Itziar con un poco de vergüenza. Desde que empezaron a hablar y Alex le explicó que está lesionado, ella ha tenido mucha curiosidad por saber cuándo, cómo y dónde, pero no se ha atrevido a preguntar. No cree que sea un tema para tratar de forma ligera, así que, ahora que están cara a cara, piensa aprovecharse y saciar su curiosidad.

Alex se gira para mirarla durante un momento antes de volver a clavar la vista en la carretera. Como el buen tiempo ha sacado a la gente de sus casas, las calles y las terrazas de las cafeterías están llenas. Sin embargo, Itziar está demasiado concentrada en Alex para fijarse.

—Estaba en una misión. Creo recordar que teníamos que hacer de apoyo para otro grupo. Íbamos por una carretera y nos atacaron. Fui quien salió mejor parado. 

Itziar lo mira con muchísima atención desde el asiento del copiloto y, con la boca abierta, pregunta:

—¿Eres militar?

—Sí, señorita. Sargento Alexander Acker a su servicio. ¿Sorprendida? —responde con una sonrisa en los labios. No es que Itziar estuviera sorprendida, sino alucinada. Nunca se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que Alex fuera un militar.

—No… sí… —Alex se ríe ante su duda—. Es que hay quien tiene una imagen preconcebida de los militares, ¿sabes? —Es cierto que había gente, entre la cual se incluye ella, que piensa que los militares son muy serios y estrictos. Sin embargo, Alex no parece ser así en absoluto.

—¿Y cómo pensabas tú que eran los militares, diablillo?

—Gente muy seria que no sabe divertirse. —La respuesta hace que Alex empiece a reír.

—Bueno, diablillo, debo confesarte que algunos sí que son así. Pero, en general, solemos tener un espíritu joven, como yo.

—Vaya. Lo entiendo —Saber a qué se dedica, hace que Itziar comprenda muchas cosas que le ha contado hasta el momento.

—¿Qué entiendes?

—De dónde sale tu inmensa madurez. Además de que, a veces, en tu mirada veo sufrimiento. —Alex aparca delante del centro comercial. Cuando Itziar lo mira, sabe que está sorprendido.

—¿Cómo puedes leerme tan bien? —pregunta perplejo.

—Ah… no te lo pienso decir —dice Itziar, burlona—. Muchas gracias por rescatarme y traerme hasta el centro comercial. —Se desabrocha el cinturón de seguridad y lo besa en la mejilla.

—De nada, diablillo. Si quieres te ayudo a encontrar a tus amigos. —Alex sonríe y rodea el coche para abrirle la puerta. Tampoco es tan bajita, pero la camioneta es demasiado alta para ella, así que para bajar Alex la agarra por la cintura.

—Pequeñaja.

—No soy tan bajita. Mido 1.63 —se queja y se cuelga la mochila del hombro.

—Es cierto. Es la altura ideal.

—¿Ideal para qué? —pregunta Itziar.

—Para poder ayudarte a bajar. —Ante la respuesta Itziar hace una mueca ofendida y él se ríe.

En el interior del centro comercial buscan a los amigos de Itziar por las tiendas pero, al no encontrarlos, deciden ir a la segunda planta. Cuando Itziar está a punto de poner un pie en las escaleras mecánicas, es arrollada.

—¡Estás viva! —Itziar se ríe al escuchar la voz infantil de su amiga Gloria. Que le grite en la oreja no le molesta demasiado, el problema es el fuerte abrazo que le impide respirar—. ¡Pensé que tendríamos que llamar al FBI o a la CIA!

—Gloria, suéltate. Me ahogas —implora Itziar mientras empuja a su amiga para volver a respirar.

—¿Se puede saber por qué demonios no has llamado? Hace dos horas que deberías haber llegado. —Itziar pone los ojos en blanco. Gloria es la más infantil de todos sus amigos, aunque es la mayor.

—Mi coche ha decido morir en medio del desierto y, como Tyler y tú me enganchasteis a juegos para el móvil, no tenía batería. Alex me salvó —dice y se gira hacia el susodicho, quien parece divertido y asustado. No sabe cómo actuar ante Gloria, pero Itziar le sonríe para tranquilizarlo—. Es inofensiva.

Mientras todo esto ocurre, Itziar mira en todas direcciones para buscar a los demás, pero parece que la única que la ha encontrado es la loca de Gloria. Busca al resto con la mirada, pero Gloria la reclama de nuevo en la conversación.

—Perdono tu impertinencia porque eres la mente de todos nuestros planes.

—Vaya, ¿así que ahora soy yo la que lo planea todo? —pregunta Itziar mientras Gloria hace como si le contara un secreto a Alex.

—Itziar es una estratega fantástica. Un día nos colamos en la piscina del colegio y ella sola consiguió que escapáramos sin que la policía ni el conserje nos descubrieran. Otro día nos ayudó a escapar de casa para ir de fiesta. Todo esto sin olvidar de la vez en la que nos libró de hacer los exámenes al poner somníferos en los cafés de los profes.

—¡Gloria, para! ¡Creo que ya se ha hecho una idea! —grita Itziar avergonzada antes de cubrir con la mano la boca de Gloria, quien continúa con las anécdotas. Todo lo que le importa es que Alex no se entere de más cosas.

—¿Así de mala eres, diablillo? —pregunta Alex divertido.

—No soy así normalmente, solo lo soy si es necesario.

—Exactamente como pasa con el viaje. Tyler me ha contado lo de los niñeros —dice Gloria afligida.

—Algo se me ocurrirá —responde Itziar—, los somníferos nunca fallan. Y si no funcionan, siempre nos quedarán los laxantes.

—No seas mala —inquiere Alex—, esos hombres van para asegurarse de que no os metáis en líos y para que vuestros padres estén tranquilos. —Itziar asiente rápidamente para tranquilizarle, pero sin la mínima intención de portarse bien con ellos—. Y ahora que estoy seguro de que te has encontrado con tus amigos, me marcho. Hablamos, ¿sí?

Itziar le da a Gloria su mochila para abrazar de nuevo a Alex.

—¡Claro! Y muchas gracias.

—A ti, diablillo. Cuídate y sé buena.

Alex la besa en la mejilla y se va. Itziar permanece quieta y observa cómo desaparece entre el gentío. Todavía intenta asimilar la profesión del chico. No todos los días una se encuentra con un héroe. Es como si Alex hubiera nacido para hacer el papel de héroe, aunque eso supusiera un gran peso sobre sus hombros.


Capítulo 3


Finalmente, llega el día del viaje a Miami. Itziar, emocionada y expectante por todo aquello que el viaje significa, llega una hora antes al aeropuerto, así que espera a que sus amigos aparezcan. Sin embargo, la felicidad queda adulterada por la idea de que también aparecerán los tres niñeros. No le gusta viajar con vigilancia, así que se encargará de que se trate de un viaje memorable para los amigos de su padre. Con Tyler ya ha planeado cómo hacer que el viaje fuera inolvidable para sus niñeros: compraron somníferos y laxantes fuertes, unas pelucas y un par de cosas extra por si ven obligados a idear planes alternativos. Itziar sonríe ante la idea. «Va a ser un viaje divertidísimo», piensa al ver a Tyler llegar con sus maletas.

Hace un rato que esperan a los niñeros cuando Itziar se encuentra con lo impensable. En pánico, piensa que ve un espejismo, que sus ojos la engañan y todo eso es una visión. Sin dejar de mirar al grupo de hombres que se acercaban hacia ellos, Itziar se marea. ¡Alex se acerca a ellos junto a dos hombres muy parecidos a él! De golpe, Itziar se siente furiosa ante la idea que Alex había sabido durante todo el tiempo que él iba a ser el niñero de su viaje.

Itziar pensaba que trataría con tres idiotas y, sin embargo, le acaba de tocar el premio gordo. Mientras se acercan, ella duda su capacidad de llevar a cabo sus planes. No está segura de poder luchar contra las sonrisas radiantes de Alex. Además, va guapísimo con unos vaqueros blancos, una camisa con las mangas remangadas hasta los codos y una sonrisa arrebatadora. Sonrisa que se intensifica al parar ante Itziar. En ese momento se da cuenta de que él sabía desde el principio que iba a ser el odiado niñero.

Sin embargo, las sorpresas no acaban con Alex. A su lado aparece Kevin, el novio de Gloria, que se parece sospechosamente a su compañero de viaje.

—¿Sois vosotros el grupo de Miami? —pregunta Alex. Ninguno de los adolescentes está contento con la situación, así que la pregunta la responde el silencio que provoca hasta que Gloria se muerde el labio y asiente, gesto que Itziar interpreta como signo de culpabilidad. Gloria lo sabía todo.

—Soy Alexander, y ellos mis hermanos Kevin y Héctor. El padre de Itziar nos pidió que os acompañáramos en vuestro viaje para que no os metáis en líos. —La presentación impacienta a Itziar, quien se siente incómoda porque los hermanos de Alex no dejan de mirarla.

Ella no sabía que tenía hermanos. Y, ni mucho menos, que iban a ser sus niñeros. Aunque es incapaz de enfadarse con él, Itziar está molesta. Le había dicho en uno de sus correos que le gustaría que se encontraran en el viaje justamente porque sabía que se encontrarían.

—Seremos vuestros…

—Niñeros —dice Tyler tajantemente. Alex lo mira con indiferencia, como si el chico no fuera más que un muñeco con cuerda.

—¿Tú quién eres? —pregunta sin mucho interés.

—Lorenzo Tocapelotas —responde Tyler mientras pasa un brazo sobre los hombros de Itziar. Un par de chicos se ríen de la gracia, pero Itziar piensa que Tyler es muy infantil—. Y esta es mi amiga Mariví Queteví.

Alex la mira, se acerca, la besa en la mejilla y dice:

—Hola, diablillo. —El suave saludo casi hace que suspire. Y, aunque siente cómo Tyler se tensa a su lado, lo ignora y se centra en el color intenso de los ojos de Alex.

—Buenos días, Alex. —saluda, todavía en estado de shock, mientras ve a Gloria lanzarse sobre Kevin como si llevaran años sin verse y lo llama por su apodo cariñoso, «Osito».

Todos los que no saben que está con Kevin la miran desconcertados, como si estuviera todavía más loca. Algunos ríen ante el mote tan infantil. Itziar, que comprende que el apodo bobo nace del amor que siente su amiga, ni se ríe ni parece confundida. Aunque no lo conoce demasiado, nunca le había caído demasiado bien porque se come las golosinas que ella esconde en casa de Gloria. Alexander, sin embargo, parece tan confundido como muchos de los compañeros.

—Esta es mi novia, Gloria —dice Kevin a sus hermanos. Itziar, de fondo, mira a su amiga con el ceño fruncido—. Ella es la razón por la que me apunté al viaje. Cuando dijiste que ibas a cuidar de la hija de Joseph, Itziar, me apunté sin pensarlo dos veces para poder estar con Gloria.

—Espera —dice Alex mientras mira fijamente a Itziar—, ¿conoces a mi hermano?

—Gloria me lo presentó hace unos meses —responde ella con el ceño fruncido—, no sabía que es tu hermano. Ni siquiera sabía que tenías hermanos.

—Y tú, cabrón, ¿no podías decirme que conocías a Itziar? —pregunta Alex enfadado, quien cruza los brazos y espera una respuesta que lo satisfaga. En ese momento, Itziar no sabe qué le pasará a Kevin, pero tampoco le importa. Alguien debe castigarlo por comerse sus chuches.

—Prometí a Gloria que no lo haría —responde convincentemente. Si Gloria le había pedido que no lo hiciera, no tenía ninguna duda de que no lo hubiese dicho de no encontrarse en esta situación. Gloria, por muy infantil que pueda ser, sabe asegurarse de que las cosas vayan como espera.

—¡No os enfadéis! Lo hice por vosotros —asegura la chica escondida detrás de su novio. Itziar pone los ojos en blanco. Gloria es demasiado dramática para ella, pero la quiere tanto que está acostumbrada a soportar cosas del estilo—. Es que al ver las fotos de Alex en casa de Kevin pensé que haríais muy buena pareja… —Itziar mira a su amiga, intrigada. ¿Qué quiere decir? ¿Por qué quiso juntarlos? ¿Y qué relación tiene con el hecho que se conocieran?

Sin poder terminar la conversación, Tyler separa a una Itziar cansada y confundida de Alex. Poco después, embarcan en el avión donde empiezan a cambiarse los sitios para estar junto a sus amigos o para conseguir el asiento con ventanilla. Itziar acaba al lado de Tyler, con Alex y Héctor tras ellos. Molesta por la situación, coge de su bolso el IPod y antes que el avión despegue ya escucha música con el volumen alto. Le parece imposible que Alex sea su niñero. Y el comportamiento de Tyler también la molesta. Pero lo que más la enfada es haber conocido a Alex a partir de las maniobras y los juegos de Gloria, y hace que dude de todo lo leído y escrito. Se siente defraudada, y el viaje apenas empieza.

La música la relaja y, al cabo de unas horas, se duerme. Segundos antes, Itziar piensa que preferiría sentarse junto a Alex para poder recostarse en su pecho. Al saludarse puedo oler la colonia que usa y pensar en ella hace que se derrita como el chocolate.


***


Alex está cabreadísimo. Aunque normalmente es muy paciente, la situación lo enfada tanto que está a punto de empujar a la otra punta del avión el energúmeno que se sienta junto a Itziar. Héctor intenta mantenerlo calmado, pero cada vez que ve cómo Tyler la acaricia, se enfada más y más. No solo se ha tomado la libertad de quitarle los cascos y desabrocharle la sudadera, sino que, además, la recuesta en él. Alex está a punto de levantarse y estrangularlo, seguro de que su mano cubre el cuello del crío.

Gruñe por enésima vez cuando Tyler besa la cabeza de Itziar y Héctor, para controlarlo, le pega en el hombro y le susurra:

—Él es quien está sentado a su lado y tú no eres más que su niñero. Estás aquí para asegurar a sus padres que no se meten en líos, no para causarlos ni para impedir que se hagan novios.

—Ella no será su novia. Itziar no… —gruñe sin ser capaz de terminar la frase.

—¿Te ha dicho que le gustas o que le gusta otra persona? —Alex niega la cabeza ante la pregunta de su hermano—. Entonces no te extrañes si empiezan a salir juntos. Ella es muy joven, Alex.

Alexander ya lo sabía. Itziar acaba de cumplir dieciocho años y, aunque ya es mayor de edad, él tiene unos cuantos años más. Pero es algo que no puede remediar. Itziar es como un ángel para él, dulce y tierna, se preocupa por él, le gusta tenerla cerca y, además, es la única mujer que no se le ha insinuado con solo verlo. Piensa que, para Itziar, él es un hombre cualquiera, sin nada en especial. Le da igual su físico, está más interesada en su interior. Y eso es lo que adora de ella.

—Itziar no es así —asegura Alex, más para convencerse a sí mismo que para contestar a su hermano. Debía creer firmemente en esas palabras, de lo contrario, acabaría volviéndose loco. Aunque siempre podía quitársela al energúmeno, pensó sonriente.

—Haz el favor de comportarte como un adulto —gruñe Héctor y mira al pasillo.

Alex sigue la mirada de su hermano. Dos asientos más adelante, en el otro lado del pasillo, dos amigas de Itziar charlan e intentan reír sin hacer un espectáculo. De vez en cuando, miran atrás para observarlos. Una de las dos parece avergonzada, como si su amiga la obligara a hacerlo. Alex se da cuenta de que su hermano mira a una de ellas en especial.

—Se llaman Katherine y Anabella. Ambas tienen dieciocho años —susurra para que solo Héctor lo escuche.

—No me interesan —responde malhumorado e intenta mentir —, solo me molestan sus risas.

—Claro, hermano. Claro.

Alex, harto de ver al energúmeno acariciar a Itziar dormida, se recuesta en su asiento, cierra los ojos para descansar y se duerme. Despierta confuso al cabo de un rato al notar algo que se mueve a su lado. Al abrir los ojos ve a Héctor sentado delante de él e Itziar dormida a su lado, con la cabeza apoyada en su hombro. Alexander sonríe y acaricia su cara.

Después observarla durante un rato, la recoloca para que esté más cómoda e intenta dormir de nuevo. Respira hondo para captar el dulce olor del perfume y la piel de la chica. Al cabo de un rato, Alex se despierta con unas suaves caricias.

—Arriba dormilón —murmura Itziar divertida.

—No seas mala, Itziar —responde mientras se libera de sus caricias. Quiere dormir, ¿tan terrible es?

—El piloto acaba de decir que pronto llegaremos al aeropuerto. Es hora de prepararse.

—No quiero —masculla Alex y cierra los ojos de nuevo para poder dormir un rato más. Sin embargo, Itziar le hace cosquillas y no puede evitar reír y retorcerse en su asiento.

—Para… —le pide antes de estallar en carcajadas—. ¡Detente, Itziar!... ¡Tengo muchas cosquillas!

Itziar para en el momento en el que Alex empieza a llorar de la risa. Le besa las mejillas como disculpa. Alex, que intenta recuperar la compostura, se abraza el estómago y respirar hondo

—Eres malvada.

—¿Yo? —pregunta inocentemente—. Pero si soy una excelentísima persona. Solo intentaba despertarte. Y lo he conseguido.

—Como para continuar dormido.

—Bueno, ya has dormido durante todo el viaje —responde ella como defensa.

—No soy el único. Tú te dormiste antes que yo y, cuando a medio viaje me he despertado, dormías a mi lado.

—Sí, pero ya me había despertado antes. ¿Cómo explicas si no que esté aquí? —Alex se incorpora en el asiento y la mira. Algo había pasado para que cambiara de asiento.

—¿Qué ha pasado, diablillo? —pregunta suavemente y la mira a la cara. Espera que la posición lo ayude para saber la respuesta, pero no responde e insiste—. Por favor.

—No —responde finalmente Itziar.

—¿Por qué no me lo cuentas?

—No puedo.

—Pero los amigos no se ocultan cosas, Itziar. —Aunque lo intenta con todas sus fuerzas, Alex no consigue la respuesta. Sabe que es duro con ella, pero la cara seria de Itziar fuerza la situación.

—Eso es un golpe bajo —responde dolida. Alex le coge las manos y la acerca a él. Aunque el apoyabrazos está en medio, siente el calor de su cuerpo y espera que eso la calme un poco.

—No pretendía ser brusco, solo quiero saber qué ha sucedido para que te entristezcas. —susurra cerca de su oreja en medio del abrazo. Es consciente de que lo mejor que puede hacer es disculparse.

—Mientras dormía tuve una pesadilla sobre ti y me desperté porque Tyler me empujó.

—¿Qué pasaba en la pesadilla?

—Era extraño…

—¿Prefieres no contármelo?

—En el sueño paseábamos por un parque. Era un día soleado y te pedía un helado, pero al girarme para llamarte, estabas en el desierto cubierto de sangre. —Su voz es tan floja que Alex tiene que acercarse más a ella. Al principio el sueño le parece tan dulce que sonríe, pero, al terminar de explicarlo la abraza con fuerza para que no vea su expresión. Ella sabe que es sargento, pero no le había explicado que la mayoría de sus misiones se desarrollaban en desiertos. La coincidencia le provoca un escalofrío.

—Tranquila, Itziar. Solo ha sido una pesadilla. Estoy aquí y estoy bien. —susurra al escuchar que Itziar empieza a llorar.

—Lo sé, pero fue un sueño tan vívido que… Héctor me vio tan mal que me preguntó qué pasaba y… —Sorbe por su nariz—, …me dejó cambiar los asientos. 

—Escúchame. Si en el hotel tienes pesadillas, ven a mí, ¿vale? Sea la hora que sea. No te preocupes y entra en mi cuarto.

—Pero no quiero molestarte…

—No me molestas. De hecho, quiero que vengas a mí si la única forma de que te calmes es que veas que estoy bien.

—De acuerdo —susurra Itziar escondiéndose en el abrazo. Mientras dura el abrazo, Alex se da cuenta de que su hermano Héctor les observa a través de los asientos. Molesto, frunce el ceño.

—¿Cómo estás, enana? —pregunta Héctor.

—Mejor —responde después de suspirar.

«Para estar en un avión, hace lo que le da la gana» piensa Alex mientras mira a su hermano, quien se ha puesto de cuclillas sobre el asiento para ver los ojos de Itziar.

—Si vuelve a pasar algo así, búscanos a Alex o a mí… no creo que Kevin te sea de mucha ayuda, él ya tiene las manos llenas.

—¡Menos, eh! —se queja Kevin. A su lado, Gloria mira a Itziar preocupada, pero Alex niega con la cabeza y ella se relaja—. Yo soy quién la conoce mejor de los tres, así que yo sería de muchísima más ayuda que vosotros.

—¿Y cuándo me conociste tan bien? ¿Mientras te liabas con Gloria o mientras jugabas con el perro en el jardín? —pregunta Itziar y rompe a reír al ver que Kevin empieza a sonrojarse. De la nada, Gloria se incorpora en su asiento y le tira con fuerza una almohada a Itziar.

—¡No seas perra, Itziar! —grita completamente ruborizada—. ¡Ya me gustará verte cuando tengas novio!

—Pero si no digo nada —responde—. Solo es que se la debía a Kevin, por comerse mis chuches.

Alex y Héctor se miran y empiezan a reír descaradamente. Solo Itziar es capaz de llevar tan lejos una venganza porque alguien se ha comido sus golosinas.

—No ponía por ningún lugar que fueran tuyas —gruñe Kevin en respuesta.

Eso enfada tanto a Itziar que empiezan a discutir. Las azafatas miran impresionadas el espectáculo y se ríen divertidas. Nadie las culpa. Alex ríe tanto que tiene que inclinarse hacia delante para que el estómago deje de dolerle.

—¡Para ya! —grita Kevin—. ¡Al bajar del avión te compraré una puñetera bolsa de chuches!

—Más te vale —responde victoriosa y amenazante. Gloria, consciente de que la amenaza incluye llevar a cabo alguno de los planes que habían ideado, frunce el ceño y mira amenazante a Itziar.

—No te atreverás. —Frase que hace que Itziar ría malvadamente.

—Ya veremos

—Kevin cómprale las golosinas o no será divertido, cariño. —ruega Gloria mientras lo mira y él asiente.

—¿Veis como hablando se entiende la gente? —Alex ríe de nuevo con fuerza. Itziar es terriblemente malvada y le encanta.

Alex besa la cabeza de Itziar. Nunca antes había conocido a una chica como ella. Lo tiene todo en uno y, además, es preciosa. Aunque es más pequeña que él, lo ha ayudado muchísimo sin apenas conocerlo y le había dado tanta fuerza que él no sabe cómo agradecérselo. De golpe, mira a Héctor y le dice:

—Quédate con ella mientras voy al servicio. —Su hermano mayor asiente para responder.

—¿Seguimos con nuestro juego, Itzi? —Alex arquea una ceja al ver la familiaridad con la que Héctor la trata, como si hiciera años que se conocen.

—¡Claro! Pero no seas tramposo, antes te he pillado cuatro veces mintiendo —responde sonriente Itziar mientras Héctor empuja a Alex fuera de su asiento.

Alex llega al lavabo, se lava los dientes y se cambia la camisa por una camiseta negra. Mientras lo hace, sonríe. No puede dejar de pensar en Itziar. Que Héctor la trate como si la conociera de siempre hace que se sienta seguro de haberla dejado con él, pero, a la vez, se siente algo celoso. Quiere que solo se fije en él, por eso, al volver a su asiento y encontrarlos divertidos, pregunta enfadado:

—¿Me devuelves mi sitio?

—Lo siento —responde Héctor—, nos lo estamos pasando muy bien.

—Héctor —gruñe molesto Alex.

—¿Qué?

—Me gusta cómo te queda el negro —dice Itziar sin venir a cuento y hace reír a Alex.

—Héctor, sal de ahí. —Vuelve a insistir. Esta vez Héctor se levanta con un suspiro resignado después de besar la frente de Itziar.

—Cuídala, Alexander —dice. Alex no lo esperaba, pero le gusta ver como su hermano mayor aprueba a Itziar. Alex se desploma en el asiento cansado, a pesar de dormir durante la mayoría del vuelto. Tiene sueño y quiere darse una ducha caliente y una cama para dormir. O un buen masaje. O las tres cosas.

—Solo queda media hora para aterrizar. Prepárate, porque en cuanto lleguemos… ¡Nos vamos a la playa!

—¡¿Te has vuelto loca?! —Alex mira a Itziar como si dos cabezas acabaran de crecerle de repente. Sonriente, ella niega con la cabeza mientras se deshace la trenza y deja suelta una cantidad de cabello que Alex no esperaba.

—Ahora vuelvo —dice Itziar y se pone de pie, lo que permite que Alex vea como las puntas de la melena le caen sobre su redondo y hermoso trasero. Con esas vistas, a Alex le entran ganas de alargar las manos y acariciarlo. Sin embargo, se contiene. Si Itziar había visto a través de su físico, él debe hacer lo mismo.

—¿Dónde vas?

—A por mi móvil. Tyler lo secuestró hace un rato. —Alex la ve irse a la fila de delante y, de golpe, desaparece de su vista. Alex aprieta los dientes, tenso de solo pensar lo cerca que está Itziar de Tyler. Aguanta unos minutos en silencio hasta que la ve levantarse con una sonrisa triunfal en el rostro.

—¿Estás bien? —pregunta Alex para asegurarse de que el otro no le haya dicho nada que la entristezca.

—¡Claro! ¿Te quieres hacer una foto conmigo? —pregunta y le enseña el móvil.

—¡Por supuesto!

Itziar suelta un grito de la emoción y se recuesta en él para que ambos puedan salir en la fotografía. Alex agradece terriblemente la cercanía. La piel de Itziar es suave y cálida, y su olor, a pesar de llevar casi un día en avión, es tan dulce como en los días ordinarios.

Está a punto de hacer la foto cuando Alex la agarra y la sienta en su regazo porque dice que así la foto saldrá mucho mejor. No es más que una excusa, pero a Itziar no le importa en lo más mínimo. Se hacen una foto abrazados, otra en la que Itziar lo besa en la mejilla, y unas cuantas más mientras hacen el tonto.

Minutos después, el capitán anuncia el aterrizaje y pide, amablemente, que todos los pasajeros vuelvan a sus asientos. Itziar se baja de la falda de Alex, se sienta en su sitio y se calza las zapatillas antes de abrocharse el cinturón de seguridad. Alex sonríe a Itziar mientras esta se hace de nuevo la trenza. Está preciosa de todas las maneras.


Capítulo 5


Tras descalzarse para entrar en la arena, Alex observa a su diablillo caminar por la arena con expresión pensativa, sumida en pensamientos tristes. No sabe qué hacer para sacarla de su cabeza, él quiere que los momentos en los que están juntos sean los mejores para que recuerde el viaje con cariño e ilusión. Alex quiere que Itziar lo recuerde al recordar el viaje.

Al llegar a la orilla, Itziar mira el cielo lleno de estrellas.

—No me gustan las playas —dice Itziar y sorprende a Alex, quien nunca lo hubiese adivinado.

—¿Y eso?

—Hay piedras, algas y todo tipo de cosas asquerosas en el agua. Y es salada. Además, odio la arena, se mete en todos lados. Sin embargo, me gusta la playa por la noche, es tranquila y romántica. Y se puede ver las estrellas y disfrutar del frescor del agua del mar y su brisa. —La lógica de Itziar provoca una sonrisa en Alexander. Le encanta que ame y odie una misma cosa a la vez.

—¿Quieres que nos quedemos sentados? —le pregunta suavemente al oído, inclinándose sobre ella.

—Sí, por favor —responde como súplica.

Alex asiente tranquilo y se sienta en la arena. Itziar lo sorprende al sentarse entre sus piernas y recostar la espalda contra el pecho de él. Mira al horizonte, aunque Alex duda que vea algo porque todo está terriblemente oscuro.

—¿Te molesto? —pregunta Itziar. Alex niega con la cabeza y sonríe. Piensa que es imposible no sentirse protector con ella, con lo indefensa y frágil que parece en ese momento.

—Para nada, pequeña.

Alexander se siente de maravilla teniéndola tan cerca de su cuerpo, sintiéndola tan cerca. Lo relaja. Puede rodearla con los brazos y ocultarla del mundo para protegerla. Nadie la alcanzaría allí, está seguro.

—¿Qué te gusta a ti, Alex? Yo ya te lo he dicho.

—Veamos… me gusta hacer barbacoas con amigos donde todo el mundo ríe y se lo pasa ben. Y odio el tráfico. —La respuesta hace reír a Itziar, tal y como Alex había planeado.

—A nadie le gusta el tráfico.

—Cierto. Ahora te toca a ti, dime algo sin lo que no serías capaz de vivir. 

—Un libro. —A Alex le sorprende tanto la elección como la rapidez con la que lo dice. Pensaba que respondería que no podría vivir sin su teléfono o sin su portátil, pero no... ella prefiere leer.

—¿Un libro?

—Sí. Un libro de muchas páginas y lleno de romance y acción.

—¿Qué clase de libros sueles leer, pequeña?