Gracias a todos los que han participado en mi investigación sobre el aburrimiento a lo largo de los años, espero que no les haya resultado demasiado aburrido. Gracias también a mi encantadora agente, Chelsey Fox, que ha soportado mi obsesión por el aburrimiento durante muchos años, ¡sin decirme nunca que la aburría!
«Cuando estoy aburrido me siento frustrado, como que debería estar haciendo algo útil, pero simplemente no puedo motivarme a mí mismo.»
«Cuando estoy aburrido, creo que no vale la pena hacer nada.»
«Estoy más aburrido cuando estoy cansado… ¡y, sin embargo, estar aburrido hace que me sienta cansado!»
«Cuando estoy aburrido mi mente vaga. No puedo concentrarme en nada, al menos en nada en lo que deba pensar. Simplemente es demasiado esfuerzo.»
«Cuando estoy aburrido solo quiero irme a dormir.»
«Me aburro cuando no tengo suficientes cosas para mantener la mente activa. Me aburro en las colas, o cuando leo a mis hijos el mismo libro una y otra vez. Tengo la sensación de que mis neuronas caen dormidas.»
«Cuando estoy aburrido me deprimo.»
«Cuando estoy aburrido pierdo el tiempo.»
«El aburrimiento es la sensación de no tener nada que hacer.»
Sabemos lo que es estar aburridos. ¿Quién de nosotros no se identifica con todos o al menos con algunos de los comentarios anteriores que han compartido conmigo los participantes de mi propia investigación? Algunos investigadores creen que más de la mitad de la población se aburre «a menudo»,1 mientras que un estudio afirma que normalmente pasamos una media de seis horas a la semana «completa y absolutamente aburridos de la vida»2 (un hallazgo que llevó a un comentarista a observar con sequedad: «¿Solo seis horas?»).3 Es evidente, entonces, que la mayoría tenemos un conocimiento muy íntimo del hastío, una condición que ha sido parte integral de la vida, probablemente desde el principio de los tiempos. Filósofos, científicos, periodistas y religiosos han observado el aburrimiento y sus efectos durante siglos, sobre todo viéndolo como una fuerza profundamente negativa. Los investigadores incluso han identificado el día más aburrido de la historia (el lunes 11 abril de 1954, cuando, al parecer, no pasó casi nada),4 el momento más aburrido del año (enero, de acuerdo tanto con una encuesta a estudiantes5 como con mi propia encuesta extraoficial a personas, de las cuales el 44 % afirmó que enero es, en efecto, el momento más tedioso del año) e incluso los museos más aburridos del mundo (véase el recuadro 1.1).
Recuadro 1.1: Los museos más aburridos del mundo
- Museo Británico de la Cortadora de Césped, Southport, Merseyside, Reino Unido.
- Museo del Collar de Perro, castillo de Leeds, Maidstone, Kent, Reino Unido.
- Museo del Lápiz, Keswick, Cumbria, Reino Unido.
- La Casa del Cerrajero, Willenhall, West Midlands, Reino Unido.
- Museo del Edredón, York, Reino Unido.
- Museo de la Baquelita, Williton, Somerset, Reino Unido.
- Museo de la Asociación Óptica Británica, Londres, Reino Unido.
- Museo del Correo Basura, Austin, Minnesota, Estados Unidos.
- Museo del Corcho, Palafrugell, Girona, España.
- Museum Cemento Rezola, San Sebastián, España.
- Museo del Salero y del Pimentero, Gatlinburg, Tennessee, Estados Unidos.
- Museo del Papel Pintado, Rixheim, Francia.
- Museo del Pelo de Avanos, Capadocia, Turquía.
- Museo de las Alcantarillas de París, Quai d’Orsay, París, Francia.
- Museo del Jabón, Sidón, Líbano.
- Museo de la Catana, Tokio, Japón.
- Museo de Etnografía, Ankara, Turquía.
- Museo de las Conchas de la India, Tamil Nadu, India.
Para muchas personas, el trabajo es totalmente aburrido, mientras que para otras solo hay algunos elementos de su trabajo que les aburren, tales como el papeleo o asistir a reuniones. Muchas personas también pasan una gran parte no laboral del día en un estado de aburrimiento: en el tren durante el viaje a la oficina, en casa escuchando a su cónyuge hablar de cómo le ha ido el día o en aburridas fiestas durante el fin de semana. Nuestros hijos se quejan regularmente de que se aburren: la escuela es aburrida, los días en familia son aburridos (si son adolescentes), los deberes son aburridos…, la lista es interminable. Hombres y mujeres tienen aventuras extramatrimoniales porque se aburren con sus parejas, la gente se engancha a las webs de póquer en Internet o al canal de compras de la televisión con el fin de combatir el aburrimiento y los adolescentes roban coches, destrozan paradas de autobús, toman drogas y tal vez incluso participan en disturbios organizados –como ocurrió en el Reino Unido en el verano de 2011– para aliviar el tedio que se ha apoderado de sus vidas. Pero, aunque podemos saber exactamente qué es el aburrimiento, cuando se trata de explicar ese estado, nadie llega a una descripción definitiva.
En mi investigación,6 en la que entrevisté a cientos de personas del noroeste del Reino Unido, los sujetos de estudio informaron que cuando están aburridos se sienten «apáticos», «desmotivados», «cansados», como si no pudieran «concentrarse», o dicen que su «mente vaga». Muchos respondieron a mi encuesta afirmando que cuando se aburrían, «no tenían nada que hacer» o, quizá más pertinente, que lo que tenían que hacer no les llamaba la atención, y ni mucho menos la mantenía. Las personas no tienen claro si están aburridas porque no tienen nada que hacer, o porque están cansadas, distraídas, desmotivadas, o si, de hecho, todos estos estados son parte de la experiencia del aburrimiento. En pocas palabras, el aburrimiento ¿depende de la tarea en cuestión (es decir, estamos aburridos porque la tarea en sí es aburrida) o depende de la persona (estamos aburridos porque somos personas aburridas)? Y, si se trata de que la tarea es aburrida, ¿qué hace que esa tarea sea tan tediosa? Si somos nosotros los que somos aburridos, ¿qué aspectos de nuestra personalidad contribuyen a hacernos más propensos a experimentar el aburrimiento? Estas cuestiones se abordarán con más detalle en los siguientes capítulos.
Recuadro 1.2: ¿A qué se parece el aburrimiento?
Harald G. Wallbott, profesor de psicología de la Universidad de Salzburgo, Austria, mostró que es fácil reconocer cuándo una persona parece estar aburrida. En su estudio de 1988 aquellos actores que tenían el torso colapsado (es decir, hundido), que inclinaban la cabeza hacia atrás y que compartían una serie de movimientos corporales fueron reconocidos por los participantes como personas que estaban aburridas.7
Según el Oxford English Dictionary, la palabra «aburrimiento» (boredom) apareció por primera vez en inglés en 1750, pero no fue hasta 1852 cuando apareció en la literatura el primer registro escrito de la palabra: en la novela Casa desolada, Charles Dickens se refiere al estado de lady Dedlock como a «una enfermedad crónica». La expresión «ser un fastidio», sin embargo, ya se usaba en el sentido de «ser tedioso o aburrido» desde 1768. Sin embargo, incluso antes de usarse el término actual, el concepto ya había sido bien documentado a partir de la palabra «acedia» (tedio), que domina las descripciones antiguas sobre la monotonía.
Recuadro 1.3: ¿Cuántas palabras?
Hay varias palabras que se pueden utilizar para describir el aburrimiento: tedio, hastío, monotonía, insipidez y posiblemente incluso apatía.
Expresiones comunes que hacen hincapié en un estado de aburrimiento agudo pueden ser: aburrirse como una ostra, morirse de aburrimiento, aburrido hasta la saciedad, aburrido a más no poder y mortalmente aburrido.
No fue hasta la década de 1920, sin embargo, cuando los investigadores, por lo general psicólogos, comenzaron a estudiar el aburrimiento, concentrándose inicialmente en los aburridos trabajadores de las fábricas. Uno de los primeros estudios sobre el aburrimiento en un entorno de laboratorio se realizó a finales de la década de 1930, cuando Joseph Barmack, del City College de Nueva York, propuso que el aburrimiento era un «una sensación de sueño».8 El estudio de Barmack era fascinante, no solo por lo que revelaba sobre el aburrimiento, sino también por lo que desenmascaró acerca de la falta de ética en la investigación en aquella época: dio a los participantes drogas como las anfetaminas para ver si así podía reducir el aburrimiento (que sí, por supuesto). Una investigación como esa nunca pasaría el examen de los comités de investigación ética de hoy en día.
Desde aquellos primeros días muchos investigadores han llegado a la conclusión de que el aburrimiento es una emoción diferenciada. Cynthia Fisher, psicóloga laboral norteamericana, que fue una de las primeras investigadoras modernas sobre el aburrimiento (y alguien que me encuentro a menudo en el circuito de las conferencias internacionales sobre el aburrimiento), señala que «el aburrimiento es un estado afectivo desagradable y transitorio en el cual el individuo siente una falta generalizada de interés y dificultad para concentrarse en la actividad actual [de modo que] necesita un esfuerzo consciente para mantener o dirigir la atención a esa actividad».9 Por lo tanto, dice, el aburrimiento es una emoción, aunque muy desagradable, quizá similar a la ansiedad o a la tristeza. Al tratar de comprender el aburrimiento, entonces, debemos primero entender qué son las emociones y qué funciones desempeñan en nuestras vidas.
Según Abraham Maslow, el psicólogo responsable de gran parte de nuestra comprensión acerca de la motivación, la emoción es la «medida de la humanidad».10 Es decir, la experiencia de las emociones de los seres humanos es lo que nos distingue de otros animales de orden inferior. Mientras que en los tiempos modernos es discutible hasta qué punto los demás animales experimentan emociones (algo que no nos compete dilucidar en este libro), es muy poco probable que experimenten la misma gama de emociones que los seres humanos.
Muchos investigadores creen que existen una serie de emociones universales y diferenciadas que todas las personas, sea cual sea su cultura, exhiben y reconocen; estas incluyen la ira, el miedo, la tristeza, la alegría, el disgusto y la sorpresa (pero no el aburrimiento). A veces se denominan «emociones primarias» y se cree que son innatas; en otras palabras, no es necesario aprender a expresar o a reconocer dichas emociones, ya que de alguna manera nacemos con la capacidad de tener estas experiencias emocionales. Si necesitas alguna prueba de ello, trata de alimentar a un bebé con un nuevo grupo de alimentos no dulces por primera vez; mi propio bebé mostraba a los seis meses de edad una expresión que era claramente distinguible como de disgusto, e incluso su hermana, de seis años, era capaz de reconocer la emoción en su rostro (que le divertía enormemente). La razón de estas emociones primarias innatas y universales es evolutiva, es decir, sirven a nuestra propia supervivencia, un punto al que volveremos en breve.
La mayoría de los investigadores opinan que las emociones están formadas por cuatro componentes distintos, y algunos opinan que, para experimentar verdaderamente una emoción, deben darse esos cuatro componentes. Estos son:
Por lo tanto, para experimentar el fenómeno de una emoción con la que todos estamos tan familiarizados, el catalizador emocional o estímulo debe penetrar en nuestra conciencia, debe darse algún tipo de reacción en nuestro cuerpo, debe producir algún tipo de cambio de comportamiento, y entonces lo etiquetamos todo como una «emoción».
Es importante recordar que todas las emociones, sin duda, son experimentadas por una razón, incluso el aburrimiento. Es decir, son parte de nuestra respuesta evolutiva, diseñada para ayudarnos a adaptarnos y a sobrevivir en el mundo. Así, por ejemplo, la función de la ira es prepararnos para una respuesta (como la lucha) contra la persona que nos ha provocado el enfado. Además, nuestros rostros enfadados indican la intensidad de nuestros sentimientos a nuestro enemigo y, con un poco de suerte, este huirá antes de tener que ensuciarnos las manos. El aburrimiento, aunque no se reconoce como una emoción «primaria» (en otras palabras, es una emoción más compleja), también, posiblemente, tiene fines adaptativos similares, y esto se expondrá con más detalle en el capítulo 11.
No hay una respuesta clara a esto, y psicólogos e investigadores llevan estudiándolo desde hace años. ¿Qué es lo que nos hace experimentar una emoción? ¿Cómo podemos distinguir una emoción de otra? ¿Cómo sabemos que sentimos miedo y no ira? ¿O aburrimiento y no solo cansancio?
Los primeros investigadores sobre la emoción en el siglo XIX, James y Lange,11 pensaban que las emociones se desencadenan porque nos damos cuenta de nuestras respuestas fisiológicas y las identificamos como emociones. Por ejemplo, imagina que vas caminando por un callejón oscuro por la noche. Oyes pasos detrás de ti y empiezas a temblar, el corazón te late más rápido y tu respiración se acelera. Notas los siguientes cambios fisiológicos (que son diferentes de los cambios fisiológicos derivados de, por ejemplo, la felicidad o el disgusto) y los reconoces como la preparación de tu cuerpo para una situación de miedo. A continuación, experimentas miedo. Por lo tanto, es la retroalimentación de nuestras reacciones corporales lo que nos permite experimentar una emoción, y emociones diferentes producen diferentes reacciones físicas en el cuerpo.
Explicaciones más recientes se centran en el papel desempeñado por nuestro cerebro en la interpretación de las sensaciones físicas como las emociones. No es suficiente experimentar las reacciones físicas de nuestro cuerpo, también hay que tener razones para interpretar y etiquetar estos cambios como una emoción particular. Ahora se reconoce que los cambios físicos reales que experimentamos pueden ser los mismos para todas las emociones; es nuestra interpretación del medioambiente, etcétera, la que nos lleva a etiquetar estas sensaciones como una emoción en particular.
Imagina qué podría suceder si te dieras cuenta de que tienes calor y estás sudoroso. La forma de interpretar estas sensaciones físicas dependerá de lo que haya ocurrido antes de que te fijaras en ellas:
Por lo tanto, nuestras experiencias emocionales dependen de que notemos cambios físicos en nuestros cuerpos y les atribuyamos una etiqueta emocional apropiada. Para algunos estudios interesantes que ilustran esto, véase el recuadro 1.4.
Recuadro 1.4:
1. El estudio del puente tambaleante
Los psicólogos Dutton y Aron12 visitaron el cañón de Capilano de Canadá, cruzado por una serie de puentes. Uno en especial es un puente colgante endeble y aparentemente inestable que tiende a balancearse, inclinarse y oscilar, dando a los usuarios la impresión de que podrían caer desde los 70 metros de altura que hay hasta el fondo del cañón. Hay otro puente, de madera sólida, que se encuentra aguas arriba y a solo tres metros por encima de la parte menos profunda del cañón. Las personas que cruzan por el puente endeble tienden a estar bastante excitadas por el miedo, sudan y se les acelera la frecuencia del pulso. De hecho, esa puede ser la causa de que elijan ese puente. No sienten tal excitación cruzando por el puente más sólido que está corriente arriba.
Los experimentadores entrevistaron a un grupo de hombres que cruzaron ambos puentes y comprobaron qué atracción experimentaron por la mujer que estaba al otro lado del cañón. Lo que encontraron fue que los hombres que pasaron por el puente colgante endeble se sintieron más atraídos por la mujer que los que cruzaron por el puente robusto. La razón dada por los psicólogos fue que los hombres del puente endeble experimentaron un estado de excitación que, en presencia de una mujer, interpretaron como atracción por ella. Sin embargo, los hombres del puente robusto no tuvieron esas sensaciones físicas y, por tanto, no las malinterpretaron.
El estudio muestra por qué los compañeros de trabajo que han pasado juntos por alguna experiencia emocional intensa (como cumplir con un plazo límite prácticamente imposible, o conseguir un gran contrato, etcétera.) pueden acabar teniendo un romance: ¡malinterpretan las emociones que sienten, creyendo que es amor!
2. El estudio de la adrenalina
Los psicólogos Schacter y Singer13 llevaron a cabo un interesante estudio (aunque éticamente dudoso para los estándares de hoy en día) para demostrar que nuestras experiencias emocionales pueden ser manipuladas mediante la alteración de la manera en que se etiquetan los cambios físicos que acompañan a las emociones.
Les dijeron a los sujetos del estudio que estaban estudiando los efectos de las vitaminas en el rendimiento. A la mitad de los participantes se les administró una inyección, no de una vitamina, sino de una sustancia similar a la adrenalina. La adrenalina provoca calor y sudoración y acelera el ritmo cardíaco. La otra mitad recibió una inyección de solución salina (placebo).
A los participantes se les dijo entonces que la inyección podría hacer que se sintieran de tres maneras diferentes: a un grupo se le dijo que experimentaría una aceleración del ritmo cardíaco y sudoración en las palmas de las manos (el grupo correctamente informado), a un segundo grupo se le dijo que empezaría a sentir picazón (el grupo incorrectamente informado) y a un tercer grupo no se le dijo nada en absoluto (el grupo no informado). A continuación, un sujeto cómplice de los investigadores actuó de un modo agresivo e irritante, con el objetivo de inducir cólera en los participantes experimentales. Así que… ¿qué grupo reportaría sentirse más irritado?
Encontraron que aquellos sujetos a los que se les había administrado adrenalina, pero se les había dado la información incorrecta fueron los que más se enfadaron. Esto se debe a que experimentaron sensaciones físicas en su cuerpo que no podían atribuir a la inyección (a diferencia del grupo correctamente informado). En lugar de ello, concluyeron que sus reacciones físicas debían de estar causadas por su experiencia iracunda. Los otros grupos dieron otras explicaciones (o no experimentaron cambios corporales físicos en absoluto, en el caso del grupo de placebo), así que no etiquetaron su excitación como ira.
Estos mismos errores de interpretación pueden ocurrir con la experiencia del aburrimiento. Imagínate que estás haciendo algo que no es particularmente atractivo, tal vez algo repetitivo como la entrada datos o de documentos. Echas un vistazo al reloj de vez en cuando, tal vez esperando que pronto sea la hora de irte a casa y puedas hacer algo más divertido. Pero el tiempo parece que se mueve muy lentamente, y cada vez que miras el reloj te da la impresión de que las manecillas apenas se han movido. Piensas: «¡Cielos, este trabajo es tan aburrido!».
Ahora, imagina que estás en la misma situación, pero esta vez, cuando te fijas en el reloj, el tiempo parece volar. Ahora piensas: «¡Uau, esto de introducir datos parece mucho más entretenido de lo que pensaba!».
Esto es lo que realmente ocurrió en un estudio realizado en la década de 197014 que mostraba cómo el hecho de cambiar el entorno puede influir en la sensación de aburrimiento de las personas. Los investigadores demostraron que si el reloj de pared se manipulaba de manera que se moviera más lentamente de lo que debería, los participantes del experimento reportaban que sus tareas eran muy aburridas, mientras que los participantes cuyo reloj de pared se movía a un ritmo normal reportaban niveles de aburrimiento normales o inexistentes. Los primeros malinterpretaron el paso del tiempo aparentemente lento como aburrimiento.
En otro estudio se dio a los participantes tareas repetitivas cuya realización era muy aburrida. Algunos participantes tuvieron que realizarlas en condiciones ruidosas y otros en una habitación tranquila. Los que las llevaron a cabo en condiciones ruidosas interpretaron que su incapacidad para concentrarse se debía al efecto de distracción del ruido, pero los de la habitación tranquila atribuyeron su dificultad de concentración a la naturaleza aburrida de la tarea.15
Estos estudios muestran cómo nuestra experiencia en cuanto a emociones como el aburrimiento depende en gran medida de nuestra interpretación de los hechos y de las señales ambientales. En los capítulos 4 y 5 examinaremos una serie de factores que contribuyen a nuestra experiencia del aburrimiento (así como a las causas de que algunos de nosotros seamos más propensos al aburrimiento que otros).
Recuadro 1.5: Los calendarios más aburridos del mundo
¿Por qué tener un calendario emocionante cuando podrías tener colgado de la pared uno de estos?
- Buzones de Gales, 2015.
- Las rápidamente desaparecidas cabinas telefónicas rojas de Gales, 2014.
- Cabras en árboles, 2012.
- Rotondas de Redditch, 2003 (que vendió 100.000 copias en todo el mundo).
- Ganado de montaña, 2015.
- Lavabos de todo el mundo, 2015.
- Silos de grano de América del Norte, 2015.
- Pollos de ciudad y sus gallineros, 2014.
- Hombres sosos de Gran Bretaña, 2015.
El aburrimiento, descrito como una «plaga de la sociedad moderna»,16 solo es uno de una serie de estados emocionales que podríamos experimentar. Contrariamente a la opinión popular, el aburrimiento no es el resultado de no tener nada que hacer, sino más bien de no tener nada que hacer que nos atraiga en ese momento. En realidad, es muy difícil pensar en situaciones en que las opciones de una persona sean tan limitadas como para que, literalmente, no tenga nada que hacer (con la probable excepción del régimen de aislamiento de una prisión), aunque todos podemos pensar en situaciones en las que la gama de actividades disponibles no incluye nada de lo que en realidad nos gustaría hacer.
Es muy posible que te encuentres con la misma tarea o situación, y que en algunas ocasiones te aburras y en otras no. Es decir, la misma tarea, situación o persona, incluso, puede resultarnos atractiva un día, pero aburrida al siguiente. Claramente, el aburrimiento no es un concepto unidimensional que hace que esa tarea X sea aburrida o no; los elementos de la tarea interactúan de alguna manera con las características del individuo (por lo tanto, lo que es aburrido para una persona es el epítome de la emoción para otra) y con las características de la situación (por lo tanto, yo podría disfrutar escribiendo este libro el lunes, pero una mala noche combinada con la distracción de la soleada tarde del martes conspirarían para relegar la tarea a un nivel plúmbeo). Todos estos elementos serán explorados en capítulos posteriores de este libro.
Entonces, el aburrimiento es, en parte, independiente de la tarea, situación o individuo. Se describe como un estado emocional en «que el nivel de estimulación se percibe como insatisfactoriamente bajo».17 Esta falta de estimulación externa es lo que conduce al aumento de la excitación neuronal en busca de variedad, y si eso no se cumple, conduce a la experiencia del aburrimiento. En otras palabras, por la razón que sea, la tarea no nos estimula. Tanto si esta falta de estimulación se debe a otras distracciones en competencia como si se debe a la naturaleza de la tarea en sí (tal vez es repetitiva y requiere poco esfuerzo mental; hablaremos más sobre esto en capítulos posteriores), lo que está claro es que, de alguna manera, es poco estimulante. Así que a continuación realizamos un esfuerzo para buscar la estimulación que nos falta, y si la encontramos, todo va bien. Pero si buscamos y no encontramos la estimulación, eso nos conduce a la experiencia de la emoción que hemos denominado «aburrimiento». Cuanto más esfuerzo dediquemos a tratar de mantener nuestra atención en algo que no nos proporciona una estimulación adecuada, más probable es que nos sintamos aburridos.
Por lo tanto, la emoción del aburrimiento se siente cuando:
Por lo tanto, el aburrimiento es un estado de baja excitación: no puedes estar excitado al mismo tiempo que aburrido. La gente prefiere estar en su nivel óptimo de excitación y ese nivel preferido será diferente para cada persona: algunos prefieren un nivel de excitación bajo, sin mucho que los estimule, mientras que a otros les gusta una atmósfera mucho más entretenida (esto se relaciona con los rasgos de personalidad de extroversión / introversión, sobre los que se profundizará más en el capítulo 5). Si la excitación supera la comodidad (por ejemplo, mediante la sobrecarga de información), la persona estará motivada para hacer algo que reduzca dicha excitación (huir, etcétera). Del mismo modo, si la excitación es demasiado baja, entonces la persona tomará medidas para aumentar su nivel de excitación mediante la búsqueda de una situación menos aburrida. De esta manera, el aburrimiento es a menudo visto como una emoción evasiva, ya que motiva a la huida. Desafortunadamente, en muchas situaciones (reuniones, tareas aburridas, trabajo tedioso, etcétera), no podemos aumentar nuestros niveles de excitación con facilidad, aunque usemos técnicas como hacer garabatos, dibujar, escribir la lista de la compra, etcétera. En otras circunstancias, los intentos de aumentar nuestros niveles de excitación pueden conducir a comportamientos de riesgo o a respuestas no saludables (como el uso de drogas, la conducción temeraria, los juegos de azar, etcétera). Para más información sobre esto véanse los capítulos 2 y 3.
El aburrimiento es, pues, un estado negativo o incómodo. Como dicen los eminentes investigadores del aburrimiento William L. Mikulas y Stephen J. Vodanovich, «para que sea aburrimiento, a la persona no tiene que gustarle».18 Puedes estar en un estado de baja excitación, pero sentirte cómodo, relajado y satisfecho, no aburrido. Del mismo modo, a algunas personas les gusta estar «aburridas», saboreando el placer de no tener nada que hacer: según un informe publicado en The Guardian en 2007, el entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, tenía más ganas de «aburrirse» una vez que renunció a la presidencia en enero de 200919 (los frutos de su recién descubierto ocio incluyen su libro Decision Points y una serie de retratos de líderes mundiales, perros y él mismo en la bañera). Una vez más, esto no es realmente aburrimiento, ya que el término tiene que implicar una insatisfacción con el statu quo.
El aburrimiento es, por lo tanto, un fenómeno atencional y lo contrario al compromiso o lo que el gurú de la felicidad Mihály Csíkszentmihályi llama «fluir»,20 que cosiste en mantener la atención sin ninguna dificultad en absoluto. Cuando estamos en el fluir, estamos totalmente inmersos en lo que hacemos y es improbable que las distracciones nos molesten. El aburrimiento es diferente al desprecio o a otros estados de insatisfacción, como la frustración. También es una emoción, a diferencia de la mayoría de las demás, «que no tiene la intensidad de corta duración de los sentimientos más tangibles como la ira o el miedo».21 En efecto, aunque la mayoría de las emociones han sido reconocidas en toda la historia humana (la ira, los celos, la decepción, etcétera, todas ellas mencionadas desde en la Biblia a las obras de Shakespeare), el aburrimiento parece ser una emoción completamente moderna, y el sustantivo en sí solo data desde mediados del siglo XIX. El aburrimiento, al parecer, es el azote de la modernidad, causado por nuestra mayor exposición a la rutina, a la repetitividad, al trabajo de oficina, a la burocracia, a la automatización y a la regimentación. (Para más información sobre las causas del aburrimiento, véanse los capítulos posteriores.) Sin embargo, eso no quiere decir que el aburrimiento tenga siempre consecuencias negativas: por el contrario, como se indica en el capítulo 11, la búsqueda de la excitación con el fin de reducir el aburrimiento puede ser una fuerza positiva y motivadora.
Recuadro 1.6: El estudio de investigación más aburrido del mundo
Cuando la gente oye que estudio el aburrimiento, a menudo asume que debe de ser una ocupación aburrida (¡que no lo es!). ¡Hay investigaciones mucho más aburridas que las del aburrimiento! Por ejemplo, en el estudio científico de más larga duración del mundo, los científicos llevan más de 85 años, desde 1927, observando alquitrán para tratar de detectar la caída de gotas con el fin de demostrar que el alquitrán, a pesar de que parezca un sólido, es de hecho un líquido. (El estudio fue dirigido por Thomas Parnell, 1881-1948, profesor de física en la Universidad de Queensland, en Australia.) Solo han caído 8 gotas en los últimos 75 años. La primera gota cayó en 1937, pero pasaron otros diez años de observación antes de que cayera la siguiente, en 1947. Desde entonces, han caído gotas en 1954, 1962, 1970, 1979, 1988 y, por último, en el año 2000. Ahora el estudio tiene una cámara web (<http://smp.uq.edu.au/content/pitch-drop-experiment>) para que los aficionados de todo el mundo también puedan observar el alquitrán, con la esperanza de detectar la próxima caída (que podría ser en cualquier momento de los próximos cien años). Y dicen que el estudio del aburrimiento es aburrido.
Otros investigadores que sin duda son contendientes cercanos a tener el honor de haber llevado a cabo el estudio científico más aburrido del mundo son:
- Henrietta Swan Leavitt: fue una investigadora del Observatorio del Harvard College de Massachusetts que desde 1895 pasó veinte años examinando placas fotográficas para catalogar el brillo de las estrellas.
- George Ungar: este eminente farmacólogo de la Escuela de Medicina de Baylor entrenó a 17.000 carpas doradas en 1968 para que distinguieran los colores para luego diseccionarlas una por una para examinar sus cerebros.
El aburrimiento no siempre se experimenta de la misma manera. De hecho, investigadores del aburrimiento como Richard Farmer y Norman Sundberg, en 1986 (que desarrollaron la Boredom Proneness Scale, «escala de propensión al aburrimiento», que se nombra en el capítulo 5), y Stephan Vodanovich, en 2003,22 sugieren que hay dos tipos principales de aburrimiento:
Lugares aburridos, sosos y monótonos donde vivir
La ciudad de Boring («Aburrida») en los Estados Unidos, cerca de Portland, fue bautizada así por su fundador, William H. Boring, que fue el primero en cultivar las tierras de la zona en la década de 1870. Recientemente se ha hermanado (no de un modo oficial, no es lo suficientemente grande como para acceder a un hermanamiento oficial) con la ciudad de Dull («Sosa») en Escocia, 121 kilómetros al norte de Glasgow. Ambas ciudades celebran su hermanamiento con grandes carteles en sus límites geográficos («Bienvenido a Dull, emparejada con Boring», y viceversa) y con el día oficial de Dull y Boring (el último fue el 9 de agosto de 2015). Los organizadores también tienen previsto emparejarse con la ciudad australiana de Bland («Tediosa»).
En 2014, Thomas Goetz, de la Universidad de Constanza, y algunos colegas de la Thurgau University of Teacher Education de Constanza, Alemania, ampliaron esta dicotomía. Recogieron datos en tiempo real de estudiantes universitarios y de secundaria varias veces al día durante un período de dos semanas.23 Hicieron que 63 estudiantes universitarios y 80 estudiantes de secundaria respondieran a encuestas en sus teléfonos móviles inteligentes acerca de sus actividades y experiencias, y los investigadores utilizaron los resultados para identificar cuatro tipos diferentes de aburrimiento (y más adelante, un quinto). Mientras que algunos experimentamos distintos tipos de aburrimiento en diferentes momentos, muchas personas solo experimentan un tipo en sus vidas.
Aburrimiento indiferente: esta es la forma más agradable de aburrimiento, experimentada como relajante e incluso positiva. En este tipo de aburrimiento, el sujeto simplemente se desconecta y deja vagar su mente sin la necesidad de buscar deliberadamente la estimulación.
Aburrimiento calibrado: este es un tipo menos satisfactorio de aburrimiento, que implica una ocasional búsqueda de maneras de minimizar el sentimiento de tedio. Se trata de una búsqueda poco entusiasta de estimulación, pero que nunca llega a satisfacer del todo, ya sea porque el individuo aburrido no sabe muy bien cómo encontrar la estimulación, o bien porque no está ahí para ser encontrada (por ejemplo, en una reunión aburrida, cuando otras opciones más interesantes se ven realmente limitadas). En este estado, las personas dejan vagar la mente, pero por lo general sienten que no saben realmente qué quieren hacer. Están abiertas a otras opciones, pero no necesariamente las buscan de un modo activo.
Aburrimiento escrutador: las personas que experimentan el aburrimiento escrutador están mucho más motivadas para encontrar una actividad más interesante que en el estado de aburrimiento calibrado. Este tipo de aburrimiento también es más desagradable y puede conducir a un comportamiento inocuo, como enviar mensajes de texto a un amigo o hacer garabatos. También puede, por supuesto, conducir a opciones creativas, que trataremos en el capítulo 11.
Aburrimiento reactivo: este es el más negativo de todos los tipos de aburrimiento. El individuo está inquieto y furioso por estar aburrido. Busca maneras de salir de su estado de aburrimiento mediante la reacción contra la situación que cree que le ha provocado los sentimientos negativos que experimenta. El aburrimiento reactivo puede conducir a comportamientos hostiles o agresivos, como el vandalismo o la violencia.
Aburrimiento apático: este tipo de aburrimiento fue añadido posteriormente por los investigadores. El aburrimiento apático es una forma muy desagradable de aburrimiento acompañada de falta de motivación. Parece similar a la depresión o a la indefensión, y puede tener consecuencias más negativas que los demás tipos. Se calcula que el 36 % de los estudiantes del estudio original experimentaron aburrimiento apático.
También hay una distinción entre el aburrimiento crónico (o existencial) y el aburrimiento situacional. El aburrimiento situacional es lo que experimentamos en una reunión aburrida o cuando un amigo te enseña su enorme álbum de fotografías de las vacaciones. El aburrimiento crónico se da cuando estamos aburridos de la vida. A menudo se relaciona con la significatividad: varios estudios muestran que tener un sentido de la vida predice ciertos niveles de aburrimiento, y que el cambio de las percepciones del sentido de la vida puede dar lugar a cambios en los niveles de aburrimiento.24 El sentimiento de que la vida no tiene ningún propósito o significado conduce a un «vacío existencial»,25 que se manifiesta como un aburrimiento crónico caracterizado por la apatía y la indiferencia. Como escribió el investigador J. M. Barbalet en su informe de 1999 titulado «Boredom and Social Meaning»,26 «una ausencia de sentido en una actividad o circunstancia conduce a una experiencia del aburrimiento». Más tarde, los investigadores fueron más allá, señalando que la percepción de las actividades como carentes de sentido es fundamental para experimentar aburrimiento.27 El aburrimiento nos empuja a una búsqueda de sentido: se ha demostrado que las personas que se aburren con frecuencia tienen mucho más interés en la búsqueda de sentido de la vida que aquellas que se aburren menos.28
El concepto de significación en relación con la experiencia del aburrimiento será tratado de nuevo en los capítulos siguientes.
¿Cuánto te aburres? Test (*)
Marca la respuesta que más se acerque a tus reacciones:
1. Cuando esperas en la cola del supermercado, generalmente:
Disfrutas de un descanso del ajetreo (1).
Te impacientas (4).
Sueñas despierto (3).
Examinas el contenido de los carros de otras personas (2).
2. Durante las reuniones de trabajo:
Te desconectas (4).
Te concentras y disfrutas de la plena participación en la reunión (1).
Haces garabatos, coloreas las letras de los informes, etcétera (2).
Miras el reloj constantemente (3).
3. Durante el trayecto al trabajo:
Lees el periódico (2).
Adelantas un poco de trabajo (1).
Miras por la ventana (3).
Tamborileas con los dedos con impaciencia (4).
4. Al hablar con otras personas:
Escuchas con atención (1).
Tiendes a terminar sus frases (2).
Interrumpes mucho (3).
Lanzas miradas subrepticias al reloj / teléfono (4).
5. En una mañana laboral:
Te enfrentas a los desafíos del día (1).
Quieres volverte a la cama (2).
Luchas por encontrar cualquier cosa a la que enfrentarte (3).
Temes el día (4).
6. Cuando lees un periódico:
Lo lees de principio a fin (1).
Lees los anuncios de trabajo en primer lugar (2).
Lees por encima sin absorber en profundidad (3).
Encuentras poco interés en la lectura (4).
7. Cuando tu pareja te habla de cómo le ha ido el día:
Desconectas (4).
Haces preguntas pertinentes (1).
Haces otra cosa al mismo tiempo (3).
Tratas de sofocar los bostezos (2).
8. Si le leyeras un cuento a un niño:
Te darías cuenta de estás pensando en otra cosa (3).
Sentirías que estás totalmente implicado en la historia (1).
Disfrutarías de estar con el niño (2).
Le leerías lo más rápido posible (4).
9. Por lo general, te sientes…
Letárgico (4).
Lleno de energía (1).
Desmotivado (3).
Entusiasta (2).
10. Crees que el aburrimiento es:
Algo raro en tu vida (2).
Algo que debes evitar (4).
Algo bueno (1).
Muy común en tu vida (3).
Ahora, cuenta cuántos unos, dos, tres y cuatro has obtenido.
Si has obtenido mayoría de unos
El aburrimiento no es un problema significativo para ti. Tiendes a ser bastante bueno encontrando disfrute y placer, incluso en las actividades más mundanas. Tienes habilidad para encontrar cosas que te interesan. Utiliza este libro para perfeccionar esas habilidades.
Si has obtenido mayoría de doses
El aburrimiento es parte de tu vida, pero lo llevas bastante bien. Por lo general, buscas maneras de hacer frente a cualquier experiencia del aburrimiento, tal vez mediante la búsqueda de los aspectos interesantes de las situaciones, siempre que sea posible.
Si has obtenido mayoría de treses
El aburrimiento es un problema para ti. ¡La vida es a menudo aburrida, aburrida, aburrida! Tienes dificultades para encontrar maneras constructivas de llenar el tiempo, y a menudo te resulta difícil concentrarte en la tarea en cuestión. Es necesario que aprendas los mecanismos de supervivencia para los episodios aburridos de tu vida, ¡este libro te mostrará el camino!
Si has obtenido mayoría de cuatros
¡Oh, querido, estás aburrido de la vida! El tedio devora grandes porciones de tu tiempo. Te resulta difícil encontrar placer e interés en las tareas rutinarias y tratas de despacharlas enseguida, o miras el reloj hasta que pasa la monotonía. Puede que este libro no sea capaz de suprimir todo el hastío en tu vida, pero te ayudará a reducirlo mediante el aprendizaje de estrategias muy útiles.
(*) Este cuestionario no pretende ser una herramienta de diagnóstico, sino una manera divertida de ayudarte a pensar en cómo tratar con el aburrimiento.