Nota

Siguen cuatro páginas en blanco para que el lector incluya sus sonetos preferidos, si no los encuentra en este libro Así lo hacemos entre todos.

El soneto en Colombia Jaime Jaramillo Escobar Compilador

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El soneto en Colombia / Abel Marín…[et al.]; Jaime Jaramillo Escobar, comp.-- Medellín: Fondo Editorial Universidad EAFIT, 2016.

246 p.; 19 cm. (Colección Otramina)
ISBN 978-958-720-366-0

1. Poesía colombiana - Antologías. I. Marín, Abel. II. Jaramillo Escobar, Jaime, comp. III.Tít. IV. Serie.

C861.8 cd 21 ed.
S698

Universidad EAFIT- Centro Cultural Biblioteca Luis Echavarría Villegas

El soneto en Colombia

Colección Otramina
A cargo de Darío Jaramillo Agudelo

Primera edición: septiembre de 2016
© De la compilación: Jaime Jaramillo Escobar
© Fondo Editorial Universidad EAFIT

Carrera 49 No. 7 sur - 50
Tel.: 261 95 23, Medellín
http://www.eafit.edu.co/fondoeditorial
e-mail: fonedit@eafit.edu.co

ISBN digital: 978-958-720-367-7

Diseño de ePub: Hipertexto

Nota del compilador
Se han respetado los usos ortográficos y las licencias poéticas que se encontraron en las fuentes consultadas.

Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio o con cualquier propósito, sin la autorización escrita de la editoral.

De principio a fin

Propios del soneto desde sus orígenes han sido los temas del amor, el sentimiento afectivo y la introspección filosófica. Los poetas en general han cumplido con esos fines, mas también, en las mejores manos, el soneto presenta joyas de variada temática. Así, por ejemplo, la catedral de Colonia en Juan Lozano y Lozano, o Erasmo de Rotterdam del Maestro Valencia.

El propósito antológico ha sido seleccionar los mejores sonetos con criterio exclusivo de calidad literaria y conceptual, a fin de mostrar su trayectoria en los diversos cultores. Como referencia temporal se incluyen ejemplos de las primeras épocas y de comienzos del siglo XXI, que burla burlando desfiguran la forma con intención vanguardista.

Entre los muchos libros y archivos consultados sobresalen cuatro obras básicas: La Antología crítica de la poesía colombiana (1874 - 1974) por Andrés Holguín, el volumen XIX de la Historia Extensa de Colombia y Horas de literatura colombiana por Javier Arango Ferrer, y Ajuste de cuentas por Harold Alvarado Tenorio, subtitulado La poesía colombiana del siglo XX, las cuales constituyen resúmenes históricos y antológicos.

Obras hay de análisis literario –siempre discutibles– que también hubieran podido ilustrar esta selección, mas no se programó como antología crítica, sino solo como muestra selectiva que no requiere explicaciones técnicas y debe sobresalir por sí misma. “La poesía más auténtica –señala Arango Ferrer– es la que menos soporta la disección de sus elementos”.

En cuanto a la obra de Javier Arango Ferrer, inconclusa por falta de presupuesto del editor (la Academia Colombiana de Historia), debe anotarse que comprende solamente desde los comienzos hasta el modernismo. El volumen que no se escribió debía llegar hasta mediado el siglo XX, “donde la poesía comienza a no ser el verso”.

Andrés Holguín concluye con esta afirmación:

La mayor parte de la poesía que hemos analizado es de tendencia intimista: la que el poeta crea para decir su amor, su melancolía, su soledad o su deseo, o para acercarse a temas que, como la nada, la muerte y el tiempo, le angustian en lo más recóndito de su ser. Los poetas colombianos han escrito más sobre ellos mismos que sobre la naturaleza o la historia. Ese intenso subjetivismo es su nota distintiva.

Como libro ameno de lectura, 202 composiciones de 75 autores pueden dar una idea suficiente acerca del soneto en Colombia, desde los comienzos hasta los confusos inicios del siglo XXI. Dado el sonsonete del soneto, un mayor número lo convertiría en uno de esos pesados libros de consulta académica.

Por su obra sobresaliente, algunos autores aparecen con mayor número de páginas que otros muy afamados. El soneto tiene la desventaja de ser un molde que, con cierta habilidad, puede producir centenares de piezas idénticas, diferenciadas por el esmalte y algún detalle que identifique al autor, como en cualquier pieza de bisutería comercial.

Por último, debe anotarse que los textos fueron corregidos porque las fuentes consultadas aparecen plagadas de errores de toda clase, por distintos motivos, especialmente en la puntuación.

Jaime Jaramillo Escobar

El soneto en Colombia

Fray Luis de Jodar y San Martín

Santa Fe de Bogotá, 1594 - Cartagena, 1658

EMULACIÓN DE APOLO, sacra lira
tocas dichoso con gallardo instinto,
cuyo acento sonoro, por distinto,
el mismo Apolo que le escucha admira.

Como Amphion erijes bella pira
con manos excelentes de jacinto
al llagado cherub, que en sangre tinto
en brazos de su amante dulce espira;

El músico de Tracia peregrino
rinde destreza a tu valiente mano,
que él es humano, pero tú divino:

A Francisco celebras soberano,
divino si mortal, y así convino
tú le cantases si divino, humano.

Hernando Domínguez Camargo

Santa Fe de Bogotá, 1606 - Tunja, 1659

SONETO

A don Martín de Saavedra y Guzmán, caballero del Orden de Calatrava y presidente que fue en la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada.

Tu Espada, con tu Ingenio esclarecido,
tu Sangre, con tu Dicha han fabricado
cuatro partes a un mundo, rebelado
al tiránico imperio del olvido.

Sólo podrás de ti ser excedido,
si, rompiéndole el margen a tu hado,
a lo imposible investigares vado;
y habrás, de humano, dudas admitido.

Estrecho es a tu luz nuestro hemisferio,
al mundo del obrar le das columna,
contigo tus oficios acreditas.

El rey te sobra en tu amoroso imperio,
mayor eres en ti que tu fortuna;
cuando eres más que tú, mejor te imitas.

A GUATAVITA

Una iglesia con talle de mezquita,
lagarto fabricado de terrones,
un linaje fecundo de Garzones
que al mundo, al diablo y a la carne ahíta.

Un mentir a lo pulpo, sin pepita,
un médico que cura sabañones,
un capitán jurista y sin calzones,
una trapaza convertida en dita.

El Argel de ganados forasteros,
fustes lampiños, botas en verano,
de un Cómo estáis? menudos aguaceros.

Nuevas corriendo, embustes de Zambrano,
gente zurda de espuelas y de guantes,
aquesto es Guatavita, caminantes.

Pedro Solís de Valenzuela

Bogotá, 1624 - 1711

SILGUERILLO INFELIZ que amaneciste
cantando amores en la selva umbrosa,
donde bebiendo el ámbar de la rosa
el pico de oro de coral teñiste.

Suelto y libre cantabas, pero ¡ay! triste,
que apenas el aurora viste hermosa,
cuando en los contrapuntos de una rosa
la muerte hallaste y el compás perdiste.

No hay en la libertad segura suerte,
tu misma voz al gavilán convida
para que el golpe en ti su pico acierte.

Oh clausura dichosa, aunque temida,
pues hoy la libertad le da la muerte
a quien diera la jaula larga vida.

Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara

Santa Fe de Bogotá, 1721 - ¿1782?

SONETO

Aunque hielo tu pecho, fiera ingrata,
para matarme a mí no necesita,
no te admires que hielo te remita
quien de pagarte en tu moneda trata.

Con hielos tu desdén hoy me maltrata,
cuando mi amor más fino se acredita,
mas ya vengarse en nieve solicita
porque a ella muera quien con ella mata.

Con eso advertirás, noble madama,
que ha vencido a mi fuero ya tu hielo.
Mas ¡ay!, que en el que envío va la llama

y es incendio la nieve que congelo:
porque también en nubes, cuando brama,
rayos oculta entre granizo el cielo.

José María Salazar

Rionegro (Antioquia), 1784 - París, 1828

DESCRIPCIÓN DEL AMOR

Manifestarse mudo y elocuente,
falto de juicio y de razón dotado,
atrevido y a veces moderado,
circunspecto y a veces imprudente.

Ya maldecir la situación presente,
ya complacerse del actual estado,
llamar ángel al bien idolatrado,
y luego darle el nombre de serpiente.

Vivir entre el tormento y la esperanza
en medio de la ira y la ternura,
ya en borrascoso mar, y ya en bonanza.

Dar exclusivo elogio a una hermosura,
temer a todos, creer que nada alcanza.
Esto es amor. Yo tuve tal locura.

SONETO

Si el corazón sus votos alcanzara,
si feliz el amor tanto pudiera
que la mano del tiempo detuviera
y al objeto querido eternizara,

si la vida que el cielo te prepara
por mi sensible afecto se midiera,
de duración eterna yo la hiciera,
de perpetua fortuna la llenara.

Un trasunto feliz de Citerea,
divinamente del amor armado,
y en cuyos ojos el amor pelea,

un modelo de gracias adornado,
que sea inmortal mi corazón desea,
como el cariño tierno que ha inspirado.

EL AMOR

Amor es todo, lo demás es nada.
El sensible universo amor respira,
el niño tierno por amor suspira,
amor anima la vejez cansada.

Es por amor la fiera dominada
y al imperio de amor cede su ira.
Al pajarillo amor sus flechas tira,
y enciende amor el pez en agua helada.

Mas no siente de amor el dulce fuego
el alma fría que el amor cultiva
por pura reflexión. Amor es ciego,

y ciego por amor quien se cautiva.
Es libre y niño amor sin artificio,
y no existe el amor sin sacrificio.

A LA TRISTEZA

Cuando baja la luz del claro día,
alegra el corazón de los mortales,
mas yo comienzo a padecer los males
que me ofrece la triste fantasía.

El sol aumenta más la pena mía
corriendo los espacios celestiales,
y prorrumpo en suspiros desiguales
cuando llega la noche húmeda y fría.

Y aunque se aclare el alto firmamento
con la luz de la luna y las estrellas
derramando la dicha y el contento,

aunque se adorne de lumbreras bellas,
no se calma el rigor de mi tormento
ni logro ver el fin de mis querellas.

José Joaquín Ortiz

Tunja, 1814 - Bogotá, 1892

GALILEO

En alta torre alzado, en noche umbría,
el ojo armado de su activo lente,
revuelta a Venus la serena frente,
a Galileo absorto se veía.

El astro en tanto en su órbita corría
de vivísima luz entre un torrente,
y el viejo, en su balanza omnipotente,
su volumen y fuerza audaz medía.

Los ángeles del cielo que lo vieron
del planeta seguir las claras huellas,
por un simple mortal no lo tuvieron;

y él dobló su rodilla a las estrellas,
porque sus ojos de águila leyeron
el nombre del Señor escrito en ellas.

José Eusebio Caro

Ocaña (Norte de Santander), 1817 - Santa Marta, 1853

HÉCTOR

Al sol naciente los lejanos muros
de la divina Troya resplandecen;
los griegos a los númenes ofrecen
sobre las aras sacrificios puros.

Ábrese el circo: ya sobre los duros
ejes los carros vuelan, desparecen;
y al estrépito ronco se estremecen
de la tierra los quicios mal seguros.

Al vencedor el premio merecido
imparte Aquiles: el Olimpo sueña
con el eco del triunfo conmovido:

y Héctor, Héctor, la faz de polvo llena,
en brazos de la muerte adormecido,
yace olvidado en la sangrienta arena.

Julio Arboleda Pombo

Timbiquí (Cauca), 1817 - Sierra de Berruecos (Nariño), 1862

RESTO DEL BOSQUE INMEMORIAL

Resto del bosque inmemorial; testigo
de mil y unicazos que la ciencia ignora,
roble imperial de bóveda sonora,
tiende en la plaza su ondulante abrigo.

En rumorosas pláticas consigo
sus muertas hojarascas rememora:
¡cuánta fugaz generación canora
labró colonias en su techo amigo!

Pasaron esos nidos y esas aves;
vinieron otras aves y otros nidos
y otras hojas y cantigas suaves;

y en los gajos del céfiro mecidos,
vagar parecen con cadencias graves
ecos dolientes de los tiempos idos.

A LA MUDANZA DE LA FORTUNA

Yo vi del rojo sol la luz serena
turbarse y que en un punto desparece
su alegre faz, y en torno se oscurece
el cielo, con tiniebla de horror llena.

El Austro proceloso airado suena,
crece su furia, y la tormenta crece,
y en los hombros de Atlante se estremece
el alto Olimpo y con espanto truena.

Mas luego vi romperse el negro velo
deshecho en agua, y a su luz primera
restituirse alegre el claro día.

Y de nuevo esplendor ornado el cielo
miré, y dije: Quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía.

Rafael Pombo

Bogotá, 1833 - 1912

SUEÑOS

I

Si cuando amamos es verdad que amamos,
¿Cómo es verdad que luego aborrecemos?
Si cuando vemos es verdad que vemos,
¿Cómo ha de ser de veras que olvidamos?

Si no es mentira el bien que disfrutamos,
si es realidad el mal que padecemos,
¿Quién nos roba ese bien que poseemos?
¿Quién nos roba ese mal que nos forjamos?

Cinco sentidos a la par mintiendo
bien claro y sin cesar me están probando
que aquí es mentira cuanto estoy sintiendo.

Atormentada el alma delirando
sólo en lo que no siente está creyendo,
que es Dios, pues sólo a Dios no está negando.

II

De lo que sueño en el soñar del día,
luego, al soñar de noche, me despierto,
y de un sueño a otro sueño me convierto
cuando sueño que el sol mi sueño espía.