Tras despedirse de Alex con nada más que un pequeño beso, Itziar se siente muy mal. Sabe que volverá a verlo, pero también es consciente de que será duro pasar otra noche sin él a su lado. De hecho, no sabe cómo podrá aguantarlo, porque está acostumbrada a tumbarse al lado del cuerpo del soldado y a la protección de sus gruesos brazos cuando la abraza. Además, ella ama dormir haciendo la cucharita, sentirse pequeña entre todo el mar de piel suave y músculo duro. A Alex, por el contrario, le gusta sentirla sobre su torso mientras duerme. Acostumbraba a usar uno de los anchos hombros como almohada, ocultaba la cara en el cuello del hombre, y sus manos y brazos siempre terminaban abrazados a él. Cuando dormían así, se convertía en una especia de koala, y a él le gustaba.
Observa su ancha espalda hasta que no es más que un pequeño punto en la distancia. Entonces entra a casa y se encuentra con su padre, sentado en el mismo lugar donde les ha vigilado durante las dos horas que Alex ha estado. Durante toda la visita solo han podido permanecer el uno al lado del otro, acariciándose las manos y con las cabezas apoyadas. Nada de besos ni de caricias más allá de las manos, por lo que se siente frustrada por haberlo tenido tan cerca pero no haber podido darle lo que él necesitaba. No solo eso, también está preocupada porque si Alex ha ido tan pronto a visitarla con una expresión decaída, es porque se siente muy mal por la separación. Lo conoce y sabe que es así, por lo que no poderlo consolar la mata por dentro.
Sin embargo, todo es culpa de su padre por no dejarlos solos. No es una mocosa y sabe que debe respetar la casa de sus padres. No pensaba llevar a Alex a su habitación y mantener relaciones con él, solo quería tumbarse en la cama y calmarlo. Se trata de algo inocente y comprensible para alguien que no sea tan terco como su padre. De hecho, sabe que si su madre hubiese estado allí, otro gallo habría cantado.
Al pasar por delante de su padre mientras vuelve a la habitación, él la agarra del brazo y la detiene.
—Espero que entiendas por qué he puesto estas normas.
—La verdad es que no, no entiendo nada. —Itziar piensa que si él cree que puede entenderlo, es que está mal de la cabeza.
Lo único que piensa es que él no confía en ella. Por suerte o por desgracia, tienen un carácter muy parecido, por lo que ambos están enfadados.
—Eres mi hija —dice Joseph como si eso lo explicara todo.
—Lo sé.
Su padre suspira.
—Tienes dieciocho años. Eres una niña joven que nunca ha tenido novio, y eso puede influenciarte de mala manera. Cariño, lo hombres son bestias con un solo pensamiento, así que puede que te…
—¡Quieto ahí, papá! —dice Itziar mientras alza las manos para que su padre deje el estúpido discurso. él no necesita saber ciertas cosas sobre su hija, pero sí necesita saber que no es tan ingenua como él piensa—. Mi noviazgo con Alex no es ninguna mala influencia para mí. Sé muy bien que muchos hombres, sobre todo los de mi edad en adelante, suelen tener dos cerebros y no siempre usan el que tienen sobre los hombros. Pero no soy influenciable, ni nunca haría algo que no quiero. Y Alex siempre me ha respetado, papá.
—Itziar…
—Sé que odias que este con él y que no quieres que crezca, ¡pero ya no soy tu niñita, papá! Soy joven, pero no idiota. Amo a Alexander, aunque deseas con todas tus fuerzas que no lo haga.
Joseph parece sorprendido, pero solo hasta que ella acaba de hablar. Entonces frunce el ceño, se le empiezan a marca las venas del cuello y se dispone a discutir.
—¿Y no podías haberte echado un novio más joven? ¿Alguien a quien conozca bien y que yo sepa que cuidará de ti? ¿No podías haberte enamorado de alguien como Tyler? ¿Qué tiene Alex? Es un hombre adulto, con una carrera peligrosa y una personalidad distante. Tiene mal genio y grita constantemente. ¡Por dios, Itziar! Ni siquiera quería ir a terapia física después del accidente porque…
—¡Tú no lo conoces como yo! Él te considera su amigo, pero veo que tú no lo haces. No sabes nada de él, ni de su pasado, ni de su accidente, ni de su profesión, así que deja de hablar de él de esa forma. — dijo Itziar en un estallido.
Sabía que tenía las mejillas rojas por el enfado y que su cuerpo protestaba por la tensión que la mantenía quieta como un roble.
—¡Solo quiero protegerte! Soy tu padre, maldita sea, no quiero que ningún tipo te haga daño. Quiero lo mejor para ti, y Alex no lo es —grita su padre y da un paso adelante con el rostro encendido por la furia y las venas a punto de estallar bajo la piel.
Itziar sabe que ella debe tener un aspecto similar, pero le da igual. Esperaba no tener que enfrentarse a su padre, pero le ha resultado imposible ignorar el elefante rosa de la habitación. Sus padres se enteraron de su relación con Alex cuando apenas habían comenzado las vacaciones y sabe que ha debido ser duro para ellos. Sin embargo, no tienen por qué preocuparse, porque Alex se ha comportado como un caballero con ella. Quizá hubo un momento en el que se comportó como un capullo integral, pero tenía motivos.
—¿Por qué no lo es? ¿Qué te hace decir que él no es bueno para mí? No sabes nada de Alex, absolutamente nada, papá. Lo juzgas injustamente del mismo modo que el abuelo te juzgó a ti. Aun así, mama te eligió y no ha ido tan mal, ¿no?
Itziar está cansada de gritar y no quiere seguir la discusión con su padre para escuchar una y otra vez los mismos argumentos. Lo único que le apetece es subir al dormitorio para meterse en la cama e intentar descansar mientras piensa en Alex.
—No es lo mismo.
Itziar está cansada porque esa respuesta significa que, si fuese por su padre, ella no tendría voz ni voto a la hora de elegir novio. De hecho, seguramente sería virgen durante el resto de su vida y con el hábito de monja, o estaría encerrada en algún cuarto, lejos de todo ser viviente que tenga pene entre las piernas. Y sabe que, si hubiera vivido en otra época, probablemente habría terminado así. Por suerte, ella es libre para tomar las decisiones que quiera.
Itziar está a punto de dar por concluida la discusión cuando escucha que su madre entra por la puerta principal.
—¿Qué, exactamente, no es lo mismo? —pregunta Jenna, que acaba de volver de la compra con dos enormes paquetes. Itziar la mira y niega con la cabeza mientras se acerca a ella para coger una de las bolsas. El padre de Itziar no responde, por lo que ella insiste—: ¿Joseph?
—No es nada, querida.
—Claro, por eso no estabais discutiendo hace un momento, ¿verdad, querido? —Itziar la adora, especialmente en este tipo de momentos en los que mamá osa saca las garras, y mira con satisfacción cómo su padre no dice ni pio—. ¿De qué hablabais? —insiste con voz dulce.
—Alexander —responde Itziar.
Jenna mira a Joseph de manera acusatoria. A Itziar le encanta la situación y sabe que su madre está a punto de sermonear a su padre. De hecho, no le sabrá para nada mal si lo hace dormir en el sofá durante un par de días.
—Ya veo…¿Por qué no me ayudas a sacar las bolsas del coche, Josh?
—Claro, Jenna.
El suspiro de resignación de su padre es música para los oídos de la chica. Sabe que no debería haberse chivado, pero su padre se lo merece. No sabe nada sobre Alex, nada en absoluto, y aun así lo juzga de mala manera. Pero en realidad su soldado ha sido un cielo con ella, incluso cuando esperó hasta que estuviera preparada para mantener relaciones. Fue tierno y cariñoso, y la trató como a una reina para no hacerle ningún tipo de daño.
Después de dejar las bolsas que le ha cogido a su madre en la cocina, Itziar va hacia las escaleras para subir a su habitación, pero antes mira hacia fuera para ver a sus padres mantener una conversación bastante calmada delante del maletero del coche. Una vez llega a la habitación se tumba en la cama y suspira cansada. Lleva un día bastante movido. Había regresado de Miami y se sentía cansada y triste por no estar en compañía de Alex. Aunque agradecía que el soldado no hubiese escuchado nada de la conversación con su padre. No quería que se cuestionara su relación por culpa de un padre sobre protector.
Le gustaría cerrar los ojos y despertar en un nuevo día, pero su cuerpo no parece querer lo mismo. Mientras tanto podía entretenerse en algo. No sabía si hacer más copias de fotos, navegar un rato por internet o leer algún libro. Pero su mente sólo pensaba en ciertas ideas de cómo pasar la noche, y la que más atractiva le parece es ir con Alex cuando sus padres estén dormidos. Sabe que será bien recibida y si sus padres se despiertan pronto y no la ven siempre podría decir que se ha levantado temprano para ir a correr con Gloria. No sería la primera vez que su amiga se pone en modo deportista y le toca acompañarla, por lo que sus padres se lo creerían. Sin embargo, hacerlo la primera noche es muy arriesgado, sobre todo después de haber discutido con su padre. Tendrá que esperar por lo menos una semana hasta que su padre se calme y ella pueda escabullirse.
***
Al llegar a casa, Alexander huele el indiscutible olor a pizza hawaiana, su preferida. Camina hasta la cocina, atraído por el olor, y allí se encuentra a Héctor, sentado en un taburete frente la isla. Había dos cajas de pizza de tamaño familiar y dos cervezas bien frías. Una es mitad barbacoa, mitad cuatro quesos, y la otra, hawaiana.
—Supuse que después de ver a Itzi y calmarte, tendrías hambre. Así que como soy un buen hermano mayor. —Alex alza las cejas, incrédulo—. Siéntete agradecido, te doy pizza en vez de una paliza.
Alex se lava las manos y se sienta al lado de su hermano, quien lo conoce tan bien que no ha necesitado preguntar para saber que cinco horas antes ha ido en busca de Itziar. Su intención era tranquilizarse al verla, y lo ha conseguido. Itziar era la única que podía conseguir que tuviera una vida mucho más sencilla y pacífica. En cuanto la vio aparecer por la puerta de su casa con esa enorme sonrisa, Alex mejoró considerablemente. Mostró claramente que ella también lo echaba de menos con ese apretado y dulce abrazo. Hubiera preferido que el padre no les hubiera vigilado, pero eso era mejor que nada. Si se veían en casa de Itziar habría ese problema, pero tenía solución.
—Eres todo un samaritano, hermano.
—Lo sé —dice Héctor antes de suspirar dramáticamente.
—La verdad es que pensé que te quedarías más tiempo.
—Joseph estaba allí —dice Alex mientras coge una porción de pizza y la prueba.
Su hermano silva como respuesta, y seguidamente da un gran mordisco a una porción de pizza.
—¿Te ha echado?
Alex piensa que casi fue así. Cree que si el hombre no lo hubiese visto tan afectado no lo hubiera dejado entrar. Niega con la cabeza y lleva la cerveza a sus labios para dar un largo trago.
—No, pero seguro que no ha sido por falta de ganas.
De hecho, Alex está seguro de eso. Cree que cuando Joseph abrió la puerta su voz inicial era la de un padre autoritario, pero que al ver el estado en que venía, cedió y bajó su tono. Antes nunca le hubiera hablado de forma ruda, porque eran amigos. Pero ahora el novio de su hija, y aunque podría haberlo echado sin más, decidió llamar a Itziar para que viniera. No tuvieron un momento a solas, pero pudo estar con ella, y eso era más que suficiente.
—Bueno, hermano, te toca ganarte a los suegros. Joseph será un hueso duro de roer, pero caerá.
Quizás fuera cierto y sólo tenga que ganárselo, pero sabe que con Joseph no será sencillo. El hombre se siente traicionado. Se ha fijado en su única hija, y eso era un delito a los ojos del afectuoso y protector padre. Lo entiende, pero no puede hacer nada. Está enamorado de Itziar y no se arrepiente de nada, ni de su relación, ni de amarla, ni de haberla conocido. Se había convertido en su ángel, a pesar de llamarla diablillo. Gracias a ella y a las conversaciones por chat y por correo, ha podido seguir adelante y darse cuenta de lo mal que se había comportado. Ahora no piensa dejar pasar la oportunidad de ser feliz solo porque Joseph no pueda ver cuánto ama a su hija.
Los hermanos comen tranquilos y conversan de cosas sin importancia mientras se toman un par de cervezas más con la pizza ya fría. Después migran al salón y se ponen la televisión. Ninguno de los dos está de buen humor, aunque Héctor aparentemente tiene el suficiente ánimo como para ver un partido de fútbol americano en la gran pantalla. Quizá no es el mejor plan, pero es lo que hay. Y, como no quiere ponerse a pensar ni dar vueltas sobre la cama como un desesperado, Alex se queda en el salón con su hermano y se traga dos partidos y un episodio repetido de NCIS: Los Ángeles.
Después de todo eso, harto de ver la televisión, se despide de su hermano y sube a la habitación. Se ducha con rapidez, se pone unos bóxers y se tumba en la cama. Mete las manos detrás de su cabeza a modo de almohada y mirando al techo respira hondo. Echa de menos a su diablillo, pero el cansancio lo vence y acaba dormido, entrando en un mundo de sueños que lo acogen con los brazos abiertos.
***
Tyler descansa con la espalda apoyada en la pared de la cama y el portátil sobre la almohada de su regazo. Mira la pantalla sin fijarse en nada en particular, solo ojea fotos de sus amigos y compañeros de viaje que han subido a las redes sociales. Aunque ve algunas de amigos y otras de conocidos, no comenta en ninguna. En ese momento le gustaría que Itziar tuviera una cuenta, pero a ella no le gustan demasiado estas cosas. Sabe que chatea en lugares creados para eso, pero no tiene ningún perfil en ninguna red social. A Tyler le gustaría que no fuera así para ver alguna de las fotos que ha hecho durante el viaje.
Él también ha hecho fotos, mayoritariamente del paisaje para que su madre lo pudiera ver. Quería que admirase lo bonito que es todo por allí, como la playa, los parques, los amaneceres y atardeceres… De hecho, al llegar de Miami su madre se apoderó de la tarjeta llena de fotos y todavía no la ha vuelto a ver. Sin embargo, le da igual. Esas fotos son de ella.
Tras un rato, Tyler sale de su perfil, apaga el portátil y lo deja sobre las sábanas arrugadas en las que ha dormido profundamente. El sueño le ha resultado reparador, porque se ha despertado de mejor que al salir del avión. Le alegra haber descansado porque no quiere preocupar a su madre más de lo necesario y sabe que con lo de su comportamiento con Itziar en el coche ya ha habido suficiente.
Podía aceptar a medias que Itziar tuviera novio, pero eso no significaba que lo superara. Eso llevaría más tiempo.
—¿Ty? —Los golpes suaves que siguen a la voz de su madre lo hacen sonreír.
—Pasa, mamá.
—Creí que aún dormías —dice Teresa tras asomar la cabeza por el hueco de la puerta.
Lo miraba con ojos maternales y preocupados. No quería preocupar a la mujer que le había dado a luz, la que luchó por él desde que lo tuvo en los brazos.
—No, me he despertado hace un buen rato.
—¿Quieres cenar? Te invito a un mexicano. Va, que sé que lo estás deseando. — dice ella abriendo aún más la puerta.
Tyler sale de la cama para abrazar a su madre con una sonrisa en los labios, y ella le devuelve el abrazo y lo aprieta fuerte contra ella.
—Gracias por intentar animarme, mamá, pero estoy bien —dice Tyler honestamente antes de besar a su madre en la frente.
Estaba bien, pero por supuesto le molesta no haber podido declararse como debía, y saber que no iba a tener la contestación que esperaba, dolía. Todo el mundo se lleva alguna decepción en la vida. A él le había tocado en el amor y en su juventud. Seguramente habría más, pero eso hacía que maduraras y aprendieras de los errores. Mira por un momento a su madre y la besa en la frente.
—Aun así, acepto tu generosa invitación. —Teresa se ríe ante la respuesta.
Tyler pasa por su lado para sacar una camiseta limpia del armario.
—Te espero abajo, cielo.
—Vale, mamá.
En el transcurso de su vida, muchos amigos le han dicho a Tyler que tienen envidia de la relación que mantiene con su madre, y él se siente afortunado. Sabe que no todo el mundo puede presumir de una madre tan buena y enrollada como la suya. Aunque es su amiga, también marca las distancias, por lo que la trata con respeto. Da gracias a dios todos los días por haber nacido de esa mujer.
A la mañana siguiente, Itziar permanece sentada en las escaleras del porche de su casa, con los pies descalzos y el trasero dormido, aunque no sabe qué espera. Lleva allí un par de horas sin que se sienta mejor, pero no tiene otra cosa mejor que hacer. Desde que discutió con su padre las cosas estaban un poco tensas en su casa. Su madre estaba en medio, y era la única que intentaba mediar entre ambos para que arreglaran las cosas. Itziar sabe que su madre está de su parte y quiere que haga su propia vida, pero que su padre no deje de picarla y ponerle normas estúpidas la cabrea. Sabe que su padre sería el hombre más feliz del mundo si ella le dijese que va a dejar a Alex, pero no piensa hacerlo. Reconoce ser joven e inexperta en muchos campos, pero no es idiota y sabe qué quiere. Y por mucho que diga su padre, Alex no la mangonea, de hecho, lo que tiene con él es increíble y no piensa separarse de su soldado. Que su padre no quiera aceptar todo esto no es su problema, ella es mayor y puede tomar sus propias decisiones.
—Los planes no aparecen por el simple hecho de permanecer quieta como una estatua, hija —dice Jenna riendo mientras se sienta a su lado. Itziar la mira con cara de estar aburrida y hace reír más a su madre—. ¿Por qué no llamas a tus amigos y sales?
—Ya lo he hecho, pero están todos ocupados —dice Itziar mientras piensa lo fácil que se ve todo desde la perspectiva de su madre.
— ¿Todos? —pregunta su madre arqueando las cejas con incredulidad y diversión.
—Anna y Gloria están con sus novios. —contesta mirando al frente.
—¿Y Tyler? —Itziar debe forzarse para no poner los ojos en blanco al escuchar la pregunta.
Quizá su madre no lo sabe, pero acaba de meter el dedo en la llaga.
—No me habla —responde con un suspiro mientras se abraza las piernas.
—No me creo eso, Ty y tu sois uña y carne. No digas bobadas.
Observa a su madre y comprueba que ambas tienen los mismos rasgos.
—Llevo un mes sin hablar con él, mamá. No habla conmigo porque salgo con Alex y no con él.
—Oh, hija… siento mucho oír eso. ¿Se ha roto vuestra amistad o es un pequeño parón para que él se recupere?
—No lo sé, por ahora limita sus palabras conmigo.
—Eso no está bien, Itzi, deberías quedar con él y charlar del asunto.
—¡Cómo si fuese tan fácil, mamá! —grita Itziar enfadada.
Ella no decidió enamorarse de Alex ni que su amistad con Tyler se resintiera, sin embargo, había pasado y ya no hay vuelta atrás. Ahora solo puede esperar que su antiguo mejor amigo entienda que ella no tiene la culpa y que él es muy importante, que es el hermano que nunca ha tenido. Por todo el cariño que le tiene, respeta la distancia que ha decidido mantener, por mucho que le duela.
—Cariño, las cosas no se solucionan sin hacer nada, tienes que ir y enfrentarte al problema.
—Pero no puedo agobiarlo, mamá. Ya debe odiarme lo suficiente por no haberlo elegido.
—Si conozco algo de ese chico, es que nunca podría odiarte. Él te adora —le dice su madre mientras le pasa una mano por la mejilla.
—Ese es el problema, me quiere, pero como algo más que su amiga y yo no puedo responder a sus sentimientos.
—De acuerdo, pero Tyler sigue siendo tu mejor amigo, más que Gloria o Anabella, ¿verdad? —Itziar asiente en silencio con una simple cabezada.
Son amigos desde bien pequeños, así que es muy duro para ella no tener su apoyo y compañía. Tyler es como de su familia, y él lo sabe, y precisamente por eso debe estar tan dolido.
—¿Por qué no lo llamas y quedáis para tomar un refresco? Así podréis hablar de todo lo que necesitéis.
Itziar piensa que no se trata de una mala idea, pero cree que lo mejor es dejarlo tranquilo durante un par de semanas más. Cree que si le da el suficiente espacio Tyler podrá tranquilizarse lo suficiente como para no discutir con ella si algún día se encuentran.
—Lo haré, pero un poco más adelante. —Jenna sonríe con orgullo antes de levantarse.
Le gusta que su hija le haya asegurado que no dejará este cabo suelto y que intentará arreglarlo.
—En ese caso… ¿por qué no te vistes y vas a ver a Alex? Estoy segura de que estará encantado de verte.
—¿Puedo? —pregunta la hija sorprendida.
Pensaba que su madre no la dejaría ir hasta que hiciera las paces con su padre.
—Cariño, eres libre de ir donde quieras. Aprovecha ahora que tu padre ha ido a la ferretería a comprar unos soportes para tu nueva estantería.
Itziar se pone en pie llena de felicidad y abraza a su madre con fuerza antes de correr al interior de la casa con la risa de su madre como telón de fondo. Se vistió rápidamente y, tras coger el bolso y las llaves, sale corriendo para ir a ver a su chico. Cuando pasa al lado de su madre le da las gracias y, con cuidado para evitar a su padre, Itziar saca el móvil y busca entre los contactos el número que Alex le dio. Quedaría con él, y con suerte podrían pasar un poco más de tiempo que el que pasaron ayer. Tras dos tonos, la voz de Héctor la saluda.
—Hola, Itzi.
Ella sonríe y se siente más tranquila caminando por la acera.
—Hola, Héctor ¿Y Alex?
—Durmiendo. No ha pegado ojo durante toda la noche, así que ahora sigue frito.
—Entonces nada. —Saber esto cambia los planes. Su pobre soldado no ha podido dormir y ella cree saber el porqué.
—¿Necesitas algo? —Se nota la preocupación en la voz de Héctor y la hace sonreír.
—No, nada.
Durante un par de minutos no se escucha nada al otro lado del teléfono que no sea la respiración de Héctor.
—¿Por qué no vienes? Anna y yo hemos improvisado un cine en el sofá y tenemos películas de chicas.
Desde luego es una buena propuesta, podría pasárselo bien y después ver a Alex justo después de despertar.
—Creo que voy a aceptar —dice tras sentarse en la parada del autobús.
—¿Quieres que vaya a recogerte?
—No, tranquilo, voy a coger el bus.
—Te esperamos aquí.
—Hasta ahora. —se despidió ella, finalizando la llamada para guardar el móvil en el bolso.
En menos de diez minutos, Itziar está en el autobús. Durante el trayecto observa por la ventana como la gente y los coches pasan a su lado. Por suerte, dentro del bus se está bien gracias al aire acondicionado. Al llegar a la parada correcta, Itziar baja y camina hacia casa de su chico, donde le abre la puerta Héctor y la abraza con fuerza.
—Pasa, Anna está en el salón.
—¿Hace mucho que Alex duerme? —pregunta Itziar tras saludar a su amiga.
—Sí, lleva un buen rato durmiendo —responde tras mirar el reloj de muñeca.
—¿Cuál es su habitación?
Al escucharlo, Héctor se ríe y le explica cómo llegar al cuarto de Alex. Ella sube por las escaleras y entra sigilosamente en el cuarto, donde deja el bolso y se acerca a la cama. Tumbado boca arriba, con una mano sobre el estómago y la otra colocada arriba, Alex duerme plácidamente. Le da pena despertarlo, pero necesita besarlo todas las veces que no pudo hacerlo cuando estuvo en su casa la tarde anterior.
Apoya la rodilla en el colchón y se inclina hacia él con cuidado. Se acerca poco a poco al rostro de él hasta besarlo con suavidad. La respuesta es un poco lenta, pero innegable. En cuanto Alex siente que lo besan, poco a poco se despierta y abraza el cuerpo de Itziar para atraerla más. El roce sutil se convierte en un furioso y pasional beso que la deja temblando. Itziar sonríe al ver como la pasión ha reemplazado la somnolencia en los ojos de Alex.
—Buenas —susurra la chica.
Solo han pasado dos días desde que se despertó por última vez a su lado y ya echaba de menos verlo adormilado y confuso. Cuando ella lo despertaba, era todo pasión Desliza las puntas de los dedos por el mentón de Alex y disfruta al sentir la barba que empieza a crecer en su piel.
De repente, Alex se mueve tan rápido que la sorprende y grita mientras las sandalias se le caen al suelo. Él la mueve con fuerza y la coge para meterla en la cama y después dejarla encerrada bajo su cuerpo. En cuanto la tuvo presa bajo su peso y entre sus brazos, Alex baja la cabeza y la hunde en su cuello. Con una sonrisa en los labios, Itziar rodea los anchos hombros de Alex y hunde las manos en el pelo corto del soldado.
—No quería despertarte, pero no me he podido resistir. Lo siento.
Él niega con la cabeza y frota el rostro contra el cuello de Itziar, quien espera quieta a que acabe de despertarse. Espera durante un rato, dejando que las manos de su chico vaguen libres por su cuerpo, dejando que la sintiera. Cuando alza su rostro y la mira con sus preciosos ojos claros, Itziar está segura de que debe hacer algo para que el hombre ante ella pueda dormir tranquilo por las noches y no tenga pesadillas. Recordaba que uno de los motivos por los que tenía esos terribles sueños, fue porque ella no estaba a su lado cuando despertó de una de las pesadillas. Y desde ese día empezó a tenerlas todas las noches.
Héctor no necesita mirar a Anabella para saber que está muy nerviosa ante la presencia de su padre y la esposa de este. Por lo visto su padre no sabe que cuando alguien va de visita lo normal es llamar para evitar incomodar, pero parece darle exactamente igual. Quería pillar a Alex de improvisto para intentar que de una vez por todas acepte su matrimonio con Kate. Pero, después de tantos años, sigue tan terco como el primer día y sigue sin hacerle mucha gracia la presencia de la segunda esposa de Damián. Héctor lo entendía.
—No está aquí y, probablemente, no aparezca para no tener que verte —dice Héctor mientras aprieta la mano de Anabella.
Su padre lo mira desde la butaca en la que se ha sentado mientras rodea con un brazo la cintura de su mujer, que está sentada sobre el brazo de la butaca.
—¿Estás diciendo que no puedo quedarme a esperar a mi hijo?
—Tu hijo no vendrá —dice Héctor con los dientes apretados—. No quiere verte ni en pintura, así que preferirá dormir en cualquier lugar antes que acercarse por aquí y toparse contigo.
La relación con su padre se extinguió en el momento en el que se separó de su madre, así que para él no es más que el donante de esperma. La verdad es que su relación se resintió mucho en cuanto apareció Kate.
—¿Estás echándome? —pregunta Damián con el ceño fruncido.
Héctor tiene ganas de decirle que sí, pero como no quiere discutir con él se pone de píe y tira de Anna para levantarla del sofá. En cuanto la chica se levanta, apoya una mano en la parte baja de su espalda y la guía hasta la puerta de casa. Coge el bolso de ella, su cartera y las llaves.
—Quédate todo el rato que quieras, nosotros nos vamos.
—Algún día tendréis que aceptar que rehíce mi vida, Héctor. Ya sois adultos para hacer pataletas porque vuestros padres no están juntos.
Normalmente, y dado que es el mayor de los hermanos, él suele ser el más tranquilo y tiene mucha más paciencia, pero en este momento no contaba con la necesaria y se vuelve para encarar a su padre.
—¿Crees que todo esto es porque te casaste de nuevo? Baja de tu nube, Damián, porque no tiene nada que ver con eso.
—Soy tu padre, así que trátame como tal —dice Damián indignado después de mirarlo con firmeza, como si fuera un niño pequeño que debía ser castigado.
—Dejaste de ser mi padre en el momento en el que fue más importante para ti llevarla a cenar o a comprarle cualquier mierda que venir al cumpleaños de tu hijo. Ni siquiera fuiste al hospital cuando ingresaron a Alex de pequeño con aquella fiebre. —Héctor ríe amargamente y niega con la cabeza mientras mantiene los ojos clavados en su padre. — No apareciste porque, según tú, estabas muy ocupado. Así que no vengas ahora a mi casa para hacerte el indignado porque no te llamo papá, porque tú nunca, escúchame bien, ¡nunca has sido un padre para mí!
Héctor ve como los ojos de su padre se abren como platos en el mismo momento en el que Anna apoya la mano en su pecho para retenerlo. Él la mira, pero ella niega con la cabeza mientras presiona la mano contra el pecho y comprende que mientras gritaba a su padre se ha inclinado sobre él de un modo amenazador. Se recompone mirando a su chica y agradece que esté ella allí en ese momento. No piensa pegar al hombre, pero no se siente seguro de él mismo en esa circunstancia.
—Tu madre y yo… —dice Damián tras aclararse la garganta con un carraspeo.
—Cuidado con lo que dices sobre mi madre —advierte el hijo con tono peligroso.
—Héctor.
El suave regaño de Anna hace que respire profundamente para intentar calmarse. Sabe que necesita algo a lo que agarrarse para mantenerse firme, por eso alza el brazo y rodea los hombros de la chica para pegarla a su lado. Ella lo abraza por la cintura y apoya la mejilla sobre el pectoral mientras deja descansar la mano sobre sus abdominales.
— ¿Por qué me odias tanto?
Por el modo en el que hierve su sangre, no puede evitar contestar.
—Por todos los días en los que rompiste la ilusión de mi hermano de poder ver a su padre el día de su cumpleaños. O por los días que jurabas y perjurabas que irías a los partidos del equipo de fútbol americano, en el que Alexander entró porque sabía que eres un forofo de ese deporte. O por cómo lloró y preguntó durante horas por su padre cuando estaba en la cama del hospital con casi cuarenta de fiebre. Rompiste las promesas e ilusiones de Alex, y eso no te lo perdonaré nunca. Así que si te importa algo Alex, déjalo tranquilo.
—¿No crees que Alexander ya es mayorcito para cuidarse solo? —pregunta Kate, quien abre por primera vez su boca de silicona.
—¡¿Y quién narices eres tú para opinar en esto?! —grita Héctor mientras la fulmina con la mirada—. Mantente en tus malditos asuntos. Esto no te concierne en absoluto. Es mi hermano pequeño y pienso cuidarlo siempre. Y si tengo que alejarlo de gente como vosotros, lo haré.
—Soy la esposa de tu padre y la madre de Kevin, así que…
—¿La madre de quién? —pregunta Héctor tras soltar una carcajada. Ella frunce los labios para contestar, pero no le deja—. Ni en tus mejores sueños. Mi hermano no comparte nada contigo. Solo eres la esposa de su padre, no la mujer que le dio la vida, no te confundas. Y ahora Damián y tú ya podéis iros o quedaros aquí hasta que se os aplane el culo, a mí me da igual.
Héctor se gira para irse con Anne a su lado.
—Este culo nunca se va a aplanar —responde Kate.
—¡Claro que no! —grita Héctor sin girarse mientras cierra la puerta de la casa—. Tienes al idiota de tu esposo para que pague un culo nuevo cuando ese comience a caerse.
En cuanto se aleja de la casa y de las estresantes personas que se encuentran en ella, empieza a encontrarse mejor paulatinamente.
—Siento que hayas tenido que presenciar esto. De verdad… lo siento.
Anna lo mira durante unos segundos antes de alzar sus manos y acunar su rostro con las palmas.
—¿Sabes que es lo que yo siento? Que hayas pasado por un momento así. No quiero verte tan disgustado nunca más.
Héctor piensa en lo adulta que es Anna con sólo dieciocho años y lo agradecido que está de haberse enamorado de ella. Sin dudarlo, se mueve con rapidez para abrazarla y apretarla con fuerza contra su cuerpo. Ella suela un grito de sorpresa y se ríe contra su hombro.
— Te amo, Héctor.
Agradecido por esas palabras, da un pequeño apretón a Anne a modo de respuesta. Parece entenderlo a las mil maravillas, sin necesidad de palabras. Héctor agradece el momento en el que su hermano le pidió que lo acompañara a cuidar a los adolescentes a Miami porque gracias a él ha encontrado a Anna y se ha enamorado de ella.
***
Itziar observa como Alex está se mantiene en silencio desde el encuentro con Sofía, de la agencia de modelos. Están terminando la visita, y luego buscarán un lugar en donde puedan llenar sus vacíos estómagos. Sin embargo, ella está más pendiente de Alex. Hace rato que no se siente absorta por toda el agua que los rodea y el sinuoso deslizamiento de los elegantes animales. Durante las dos o tres horas que han estado dentro del acuario, Alex no ha dicho ni una sola palabra, y no acostumbra a ser tan silencioso. Después de despedirse de la representante de modelos, le ha cogido la mano y ha caminado junto a ella. Al principio pensado que sólo necesitaba un poco de espacio para calmarse, pero no ha sido así. Quiere llamar su atención para sacarlo de sus pensamientos porque la está empezando a poner nerviosa, pero no cree que esa sea una buena idea.
No sabe si esto tiene que ver algo con lo de su padre, pero le gustaría ayudarlo. Ha intentado estar presente en todo momento, entrelazando los dedos y apoyando la cara contra su brazo, pero nada de eso ha llamado su atención. Él simplemente tiene los ojos puestos al frente. Ni siquiera se inmuta cuando pasan de la semioscuridad del acuario a la brillante luz del exterior, solo entorna los ojos y continúa el camino. Ni siquiera reacciona cuando el móvil de Itziar suena. Lo descuelga sin mirar quien es y escucha a Héctor al otro lado de la línea.
—Hey, Itzi, hazme un favor, ¿quieres? Ponme con Alex —dice preocupado el hermano mayor.
Itziar arquea las cejas, pero hace lo que su cuñado le pide y tira de la mano de Alex para llamar su atención y hacer que deje de caminar. En cuanto los ojos claros del chico se fijan en ella, le tiende el móvil.
—Es Héctor.
Alex frunce el ceño y responde. No habla mucho y, antes de que Itziar se dé cuenta, el soldado ya le ha devuelto el móvil tras colgar la llamada.
—¿Todo bien? —pregunta ella mientras guarda el móvil y Alex asiente sin decir nada más.
En ese momento Itziar se harta de la situación. Si piensa que puede hablar de sí mismo como ha hecho en el coche y luego cerrarse en banda, va a descubrir que su novia puede patearle el culo hasta que él le explique qué le pasa.
—¿Podrías, por favor, dejar de parecer un mimo y hablar conmigo? Llevas horas callado y ausente. Estás pero no estás, y eso no me gusta porque yo sí estoy aquí, ¿sabes?
—¿Desde cuándo tienes tan mal genio, diablillo? —pregunta con las cejas levantadas por la sorpresa. Ella entrecierra los ojos.
—Siempre he tenido genio, que no lo usara en tu contra no quiere decir nada.
Alex sonríe y se inclina para besarla.
—Mi padre sigue en mi casa, así que tengo que buscarme un lugar donde dormir porque seguramente se quede allí para ver si puede pillarme.
—¿Tienes algún lugar donde ir? —pregunta Itziar preocupada.
En ese momento no puede dejar de pensar que, aunque no conoce al padre de su chico, ya lo odia por lo poco que sabe de él. Se pregunta qué clase de padre puede hacer que su propio hijo no pueda volver a casa por puro capricho suyo. Itziar reconoce que su padre es especial en algunos ámbitos, pero sabe que nunca impondría su voluntad si sabe que ella está enfadada con él. Más bien todo lo contrario, le dejaría espacio y permitiría que ella fuese quien se acercara.
—Buscaré algo en cuanto te deje en casa.
—¿Por qué no te quedas en mi casa?
—¿En tu casa? —Alex se ríe cuando ella asiente.
—Podría hablar con mi padre.
—No, gracias, pero no me apetece tener dos rayos láser puestos en mi nuca a la espera de un movimiento equivocado para poder pegarme un tiro.
—¡Qué exagerado eres! —exclama ella mientras pone los ojos en blanco.
Alex la rodea con un brazo y la empuja para que se mueva.
—Tengo las llaves de la casa de mi madre, iré allí y esperaré a que Héctor me dé luz verde para volver mañana a mi propia casa. No te preocupes, pequeña, estaré bien.
A Itziar le habría gustado que considerara su oferta, pero como su padre es un obstáculo muy grande, comprende que haya dicho que no. Y, a decir verdad, se queda más tranquila al saber que tiene un sitio al que ir durante la noche hasta que las cosas vuelvan a la normalidad. Quizá incluso podrá volver a casa esa misma noche. Itziar espera que el padre de su chico comprenda que no puede forzarlo a un encuentro cuando él no quiere saber nada de él.
—¿Me llamarás si hay algún problema? —pregunta Itziar mientras lo mira a los ojos.
Él sonríe y planta un tierno beso sobre su frente.
—Tengo una idea mejor. Iré a tu casa si no estoy bien.
Eso es algo que Itziar puede aceptar, por lo que asiente y se acurruca a su lado mientras caminan por la calle iluminada por el sol en lo alto del cielo azul, que calienta y brilla con fuerza. Caminan juntos hasta el coche, donde el aire acondicionado les refresca. Alex conduce con lentitud, como si quisiera extender lo máximo posible el paseo. Después de su momento isla —y por el modo en el que no quiere que ella aparte su mano del muslo mientras conduce— tiene miedo de que, durante la noche, pase por uno de esos momentos en los que lo único que necesita es un lugar seguro al que aferrarse. Espera que si lo necesita vaya a buscarla, aunque tengan que acampar en el porche de su casa para poder estar junto a él y calmarlo.
El trayecto hasta la casa es silencioso, pero no hacen falta palabras. Ambos están metidos en sus propios pensamientos y no dejan de dar vueltas a la infinidad de cosas que rondan por sus mentes. Probablemente él no deje de pensar en su padre, ya que mantiene la mandíbula fuertemente apretada y las manos tan tensas en el volante del coche que tiene que haber imprimido sus huellas en él. Ella sólo piensa en él, está preocupada por lo que le puede deparar la noche.
Alex la acompaña hasta el porche y una vez ha subido un par de escalones, la gira de un tirón para mirarla de frente y rodea su cintura con las manos. Ahora están a la misma altura, por lo que no hace falta forzar el cuello para perderse en los ojos claros que la tienen locamente enamorada. Ella rodea el cuello del soldado con los brazos para acercarse a él un poco más.
—Te llamo después, ¿vale? No te preocupes.
—Pero llámame. Si no lo haces, te vas a enterar.
Alex ríe suavemente y le roba un rápido beso.
—Te lo prometo, diablillo.
Cree en las promesas que él le hace, así que se queda mucho más tranquila tras escucharlo. Lo abraza con un poco más de fuerza y lo besa en los labios con lentitud para disfrutar de la suave caricia y la presión que ejercen sus labios. Al separarse, mira a Alex a la cara y desea poder pasar la noche en sus brazos, pero entiende que él necesita un poco de tiempo para él y sus pensamientos. Antes de despedirse, apoya la mano sobre la mejilla de él y lo vuelve a besar antes de que él la inste a entrar a casa. Él le asegura que estará bien, y ella entra resignada a casa. Observa cómo Alex se aleja por la carretera, rumbo a casa de su madre. O, al menos, eso espera.
Para colmo, tiene que empezar los preparativos para ir a la universidad porque queda poco para que se marche, y eso lo empeora todo. Tiene miedo de que la relación se resienta, pero procura no mostrar que se siente así por Alex, que ya tiene bastante con evitar constantemente a su padre, quien parece no cansarse de hacer visitas sorpresa. Aunque no le haya dicho nada del asunto de su padre ni sobre lo de la universidad, lo pasa mal. Sin embargo, Itziar no sabe qué hacer para calmarlo y ayudarlo a seguir adelante. Además, él no le dice nada de lo que le preocupa, lo que en cierta forma le recuerda a la semana infernal de Miami, y eso la estresa todavía más porque no quiere volver a pasar por eso.
Con el bolso colgado del hombro y la lista con los materiales que necesitará para la universidad en la mano, Itziar sale de casa. Debe esperar que Gloria aparezca con su madre para que las lleve al centro comercial. La situación la tiene tan nerviosa que ni siquiera ha querido guardar el móvil en el bolso, sino que lo lleva en el bolsillo de los vaqueros por si Alex la llama. Si mete dentro el pequeño y plano aparato, se perderá entre las miles de cosas que tiene ahí guardadas.
Sin embargo, en vez de llegar el pequeño coche de la madre de Gloria, aparece un precioso e impresionante Mustang negro. La puerta se abre y el hombre que se apoya en el asiento del copiloto para mirarla hace que se le abran los ojos como platos. Alex está increíblemente sexi con una chupa de cuero negro, vaqueros oscuros, camiseta roja con gafas de sol y el collar que ella le regaló en Miami.
—¿Te llevo a algún lado, diablillo? —pregunta con una traviesa sonrisa en los labios. Ella se ríe mientras se inclina hacia delante para verlo mejor.
—¿Has dejado libre tu lado malvado?
La sonrisa traviesa se hace más grande y hace que las rodillas de Itziar tiemblen. La chica se encomienda a cualquier dios misericordioso porque sabe que más tarde pecará con Alex con alevosía.
—Me apetecía salir a jugar un rato… ¿Me acompañas?
—Pretendes meterme en un lío, ¿verdad? —pregunta ella con una ceja arqueada.
—¡Vamos, será divertido! Te lo prometo.
Itziar suelta una carcajada y coge el móvil para enviarle un mensaje a Gloria. Después entra en el coche dispuesta a ser una chica mala y pasárselo genial con Alex y, con un poco más suerte, hacer algo más. Después de dos semanas necesita sentir la piel de Alex contra la suya. Deja el bolso a sus pies y se inclina sobre él para besarlo rápidamente. Él hace rugir el motor del coche mientras hunde una mano en el pelo de ella y aplasta sus bocas para llegar más allá el pequeño beso de ella, dejando claro que no solo ella necesita sentir la piel de él.
Tras apartarse con un ruidoso jadeo, Itziar se muerde el labio mientras mira a Alex. No puede ver los ojos de su chico por culpa de los cristales tintados, pero siente su ardiente mirada puesta en ella. Vuelve a colocarse en su asiento y se pone el cinturón de seguridad antes de que él ponga en movimiento el vehículo, el cual hace rugir una vez más antes de ponerlo en marcha. En ese momento se enamora del sonido del motor. No tiene ni idea de hacia dónde van ni qué le espera, solo sabe que por fin están solos y eso es una bendición. La lleve donde la lleve, lo único que le importa es estar a solas con él, y eso, después de dos semanas, es algo que ambos desean.
Después dos horas en el coche, llegan a un pueblo que está en pleno apogeo por la celebración de sus fiestas. Desde las ventanas ven a la gente ir y venir por las calles, parando en distintos puestos y tiendas con una sonrisa permanente en sus caras. Todo parece estar lleno de vida. Alex lleva el coche por distintas calles hasta que llegan a una pensión pintoresca. Él baja, rodea el coche y abre la puerta de Itziar para ayudarla a salir, como un caballero. La rodea por la cintura con el brazo y la besa en la frente mientras la conduce hacia la puerta de la que cuelga un cartel de «Bienvenidos».
Una vez llegan a la recepción, Alex pide las llaves de su reserva. Itziar está alucinando y no puede evitar sonreír. La lleva arriba, a la habitación que tienen alquilada, y, en cuanto Alex cierra la puerta tras su espalda, la atrapa entre los brazos, se quita las gafas de sol y la mira totalmente serio.
—Te he traído aquí con un único propósito —dice él y ella le golpea de modo juguetón uno de sus bíceps.
—Travieso —bromea ella.
Alex sonríe, pero enseguida se pone serio de nuevo.
—Dentro de nada tú irás a la universidad e, inevitablemente, eso nos distanciará. Pero no quiero eso suceda, te amo y quiero que nuestra relación sea cada día más fuerte. Quiero pasar tiempo contigo y no preocuparme por los días que vienen. Te he traído para pasar una semana juntos sin nadie que nos interrumpa y sin llamadas. Solos tú y yo.
Desde luego se trata de un buen plan, pero Itziar piensa que podría haberla avisado de que iban a pasar una semana de escapada romántica, y así podría haber metido un par de cosas en la mochila. Pero no se quejará, porque con artículos o sin ellos, la cuestión es que pasarán días juntos en los que podrán abrazarse, besarse y dormir en los brazos del otro. Una de las cosas que más había echado de menos era despertarse junto al cuerpo caliente de Alex.
—Te quiero solo para mí durante esta semana. ¿Crees que puedas darme eso?
—No tienes que pedirlo, Alex, estoy aquí y soy toda tuya —dice Itziar mientras lo mira a los ojos y le acaricia las mejillas recién afeitadas.
Alex sonríe antes de besarla con suavidad.
Itziar sabe que la distancia que se creará cuando ella entre en la universidad será una dura prueba para su relación, y espera que su noviazgo sobreviva porque ama a Alex con todo su corazón. Él es su chico, su amado soldado, y no quiere que su corazón termine roto. Pero podrán solventarlo y encontrar alguna manera para que las cosas fluyan y no se vean afectadas por la distancia.
Sin prisas y cogidos de las manos mientras sus cuerpos se mueven al mismo compás, dejan que el tiempo pase sobre ellos mientras hacen el amor. Se miran a los ojos y se besan la piel expuesta que tienen más cerca de sus respectivos labios. Se deleitan con el suave roce de la piel, y escuchan las respiraciones jadeantes del otro. Las palabras que se susurran al oído crean una atmósfera mágica. Todo es perfecto y se da cuenta de cuánto ha echado de menos sentir así a Alex. Antes sabía que echaba de menos pasar tiempo a solas con él, pero no sabía de qué modo.
Cuando la oleada de pasión se apaga poco a poco, y el sudor se enfría sobre sus cuerpos desnudos, se quedan abrazados en silencio. Durante una semana esa habitación iba a convertirse en su. Itziar cierra los ojos y respira hondo en el cuello de Alex. Sonríe al sentirse finalmente en los brazos de su soldado. Podía sentir el latido de su corazón y cómo la suave caricia de la respiración del hombre llega a su piel. Amaba cada minuto que pasaba así.
No se da cuenta en qué momento se queda dormida, pero al despertar, los largos dedos de Alex se mueven sobre su espalda desnuda de arriba abajo. Se estremece y sonríe al oír la suave risa de Alex contra su oído.
—¿Estás despierta, diablillo? —susurra mientras desliza los dedos por su cadera.
Ella murmulla algo y se gira para poder mirarlo a los ojos, esos ojos que brillan como las estrellas y que solo la miran a ella con amor.
—Eres preciosa, ¿sabías eso? Y me tienes loco por ti. ¿Qué me has hecho? Has hecho algo de magia en mí, porque me tienes como un bobo. Soy un loco enamorado.
Ella sonríe y le besa en los labios.
—No he hecho magia, Alex. Sólo te amo, nada más.
—¿Segura? —pregunta con los ojos entrecerrados y juguetón.
—Te lo prometo.
Ella ríe y planta un beso en la frente de su hermoso soldado. Rodea la cintura de Alex y acaricia con la mano abierta la musculosa espalda mientras se deleita con su piel.
—¿Quieres salir y divertirte? El pueblo está de fiesta.
—Me encantaría.
Itziar piensa aprovechar todo el rato que pase con él y no piensa desperdiciar ni un segundo. Simplemente quiere estar con Alex y recuperar las dos semanas perdidas de caricias y besos. Cualquiera que pueda oír sus pensamientos creería que es una pervertida, pero la verdad es que ha estado a punto de saltar al cuello de Alex y devorarlo a besos más de un par de veces. Después de todo, Alex es un hombre por el que cualquier mujer perdería la razón y ella tiene la suerte de poder estar con él. Es su novio, y podía disfrutar de él del mismo modo en que él disfrutaba de ella cada vez que podía.
Alex se levanta de la cama, completa y gloriosamente desnudo, e Itziar observa su magnífico cuerpo. Su piel dorada es increíblemente lisa y suave, y recubre pada parte de ese enorme y musculoso cuerpo que la abraza y la protege. Recoge por la habitación la ropa, que ella ha tirado sobre su hombro a medida que lo desnudaba unas horas antes, y se viste. Cuando ya tiene toda la ropa puesta de nuevo, se acerca a la cama y la besa rápidamente.