Bajo la luz
del
Silencio
R.M. JADA

1ªEdicion: Marzo 2016
©2016 by R.M. Jada
©2016, de la presente edición en castellano para todo el mundo: Ediciones Coral Romántica (Group Edition World)
Direccción: www.edicionescoral.com/www.groupeditionworld.com
ISBN digital: 978-84-946137-8-4
Diseño de cubierta: © by EDICIONES CORAL
Fotografías de cubierta: ©shutterstock
Todos los derechos reservados. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación, u otros medios, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art.270 y siguientes del CODIGO PENAL). Diríjase a CEDRO (Centro Español De Derechos Reprográficos)

CONTENIDO
Dedicatoria
Agradecimientos
Prólogo
Capítulo 01. La Generala
Capítulo 02. Cadenas
Capítulo 03. ¿Jugamos?
Capítulo 04. Impaciencia
Capítulo 05. Confesiones
Capítulo 06. Carita de Ángel
Capítulo 07. Descenso
Capítulo 08. Mensajes desvelados
Capítulo 09. Reloj de cadena
Capítulo 10. ¿Cómo?
Capítulo 11. El cumpleaños
Acerca de la autora
A mis hijos Nacho y Hugo, a mi razón de vivir, a mi luz en las noches más negras, por vuestros ratos sin mi compañía, porque sois lo mejor que tengo, porque os quiero más que a nada en este mundo, porque sois mi vida y mi muerte, sin vosotros no sería yo y, por supuesto, tampoco hubiera sido posible esto. Aquí os dejo un trocito de mi alma, que os acompañará por siempre.
Quiero dar las gracias a mi familia, por su apoyo, su afecto, sus ánimos, por creer en mí a pesar de vivir momentos amargos, a pesar de los empeños de terceras personas en intentar hacer ver lo contrario, para ellos siempre fue mi verdad, jamás me juzgaron, por demostrar también que esa palabra no es solo un nombre... la FAMILIA, esto... encierra mucho más y doy las gracias al cielo porque no podría haber nacido en un lugar mejor.
A mis amigas y protagonistas del libro, por estar ahí siempre que os necesité, habéis reído y llorado conmigo, habéis unido vuestras manos para levantarme cuando caí, demostrando una vez más quienes son los verdaderos.
A una persona muy importante en mi vida, gracias a él este libro ha sido posible y pude poner la palabra fin en la última página. Tú has sido mi mayor apoyo y tú has insistido para que emprendiera este proyecto. Me has demostrado confianza ciega haciéndome ver que era más que capaz de hacerlo, poniendo a mi alcance todo lo necesario para ello, animándome cuando la duda me asaltaba, por tu persistencia, ánimo y amistad... gracias.
A toda mujer que pueda verse en una situación igual o parecida a la mía.
Espero que esta Trilogía pueda serviros de ayuda a la hora de dar un paso, aprended de mis errores y no cometáis la locura de sentiros culpables, porque NO lo sois. He necesitado mucho tiempo para creerlo y entenderlo, mucho tiempo de conversaciones con amigas y profesionales que no conseguían convencerme por más que lo intentaban. Pero llega un día en que abres los ojos; si alguien se cruza y nos sentimos bien y felices con él... es que en tu matrimonio no hay nada. NUNCA dejéis que el sentimiento de culpabilidad os ciegue. PELEAD con uñas y dientes por lo que es vuestro. NUNCA dejéis vuestro hogar, a menos que vuestra vida corra peligro, tenéis derecho a él, aunque vuestro nombre no figure en escrituras. NUNCA cedáis gustosas a la custodia. NUNCA repartáis cuentas antes de firmar y sobre todo NUNCA firméis nada sin poneros en manos de un buen abogado.
17 LIBERTADES puede serviros de precedente porque, además de ser una bonita historia, podréis aprender mucho. Mi historia Real, mi verdad, la lanzo al mundo con la esperanza de poder evitar un caso más como el mío. Me daría por satisfecha y me sentiría orgullosa si con ello evito vivir a una mujer los momentos de angustia y dolor que yo he pasado. Por favor... NUNCA, nunca aguantéis insultos ni vejaciones, el maltrato no es solo físico. El psicológico es mucho peor porque nadie ve los morados ni las heridas, deja una cicatriz que es imperceptible a los ojos de los demás y, por lo tanto, más difícil de probar y de demostrar.
Vivid, corred, bailad, saltad, sonreíd, ¡disfrutad! pero siendo siempre vosotras, en vuestra esencia, siendo auténticas, que nadie pretenda cambiaros. Todas somos especiales y eso... eso lo vamos a vivir con quien quiera compartir la locura a nuestro lado, pero No por encima.
No tengo más que deciros, lo demás está escrito en la historia.
*****
Hay momentos en la vida en los que una decisión, una palabra, un instante o una vivencia pueden cambiar el curso de nuestra vida.
Una vez leí que las emociones son la respuesta del cuerpo a los pensamientos. Nuestras emociones surgen de inmediato y algo tan simple como tu esencia, se ve envuelta en una encrucijada en la que te ves obligada a cerrar los ojos... respiras, y te preguntas:
¿Está bien?
¿Está mal?
¿Por qué caminar si puedo volar?
Tal vez es porque salga caro plantearse esto o porque es más fácil y más útil adaptarte a la vida que llevas, aunque a menudo pienses que ningún precio es demasiado alto por tener el privilegio de ser tú misma o quizás no… pero los ojos son las ventanas del alma y a veces se oye más alto y más fuerte que la propia voz.
Capítulo 01. La Generala📧 10:00 pm
¿Lena? Nena, es el segundo correo que te mando, por favor, contesta.
📧 10:20 pm
¡Nena, por Dios, contesta! No sé nada de ti... sé que no debo escribirte aquí, pero estoy muy preocupado.
📧 10:32 pm
¡Me estoy volviendo loco! ¡Como se le ocurra hacerte algo... como te haya pasado algo yo... lo mataré con mis propias manos, lo juro!
📧 10:50 pm
Por Dios, que estés bien vida mía… ¡que estés bien!
No aguanto más... ¡voy a ir, voy a ir!
Un mes antes…
Abro los ojos de golpe, sobresaltada, el corazón me bombea a mil por hora, Dios... tengo que cambiar la alarma del móvil, que manía me daría de poner el estribillo de “Bailando” del ¡Enriquito! La verdad es que me gusta, muchos la ven cansina, pero yo no entro en el cliché de las personas normales, aun así... cuando suena a estas horas y de esta manera, juro que yo misma lo mataba a zapatazos.
Me pongo mi bata de casa cortita de lunares que me regaló mi madre para mi cumpleaños, a mí... y a mis dos hermanas por supuesto, como dice ella, nada más práctico que esto. Me dirijo donde todos los días. Mi cuerpo va impulsado por una fuerza extraña. A esta hora no soy dueña de él. Voy directa a la cocina en busca del café que muy inteligentemente dejé preparado la noche anterior. Conociéndome como me conozco, he de hacerlo si no quiero que mis hijos vean una versión a lo bestia de la niña del exorcista. Mmm qué rico…me siento en la pequeña barra de la cocina y me enciendo un cigarrillo... he de plantearme seriamente dejar este vicio. Mientras, miro el teléfono y abro el WhatsApp quiero ver qué se cuentan mis chicas del grupo de lectura, ¡234 mensajes!
«¡Buenos días petardas! ¿Vosotras no dormís?»
Toñi: «¡Buenos días, Lena! sabes... este grupo no para por la diferencia horaria, te pierdes las ¡mejores!»
«Ya veo que anoche estaba la cosa animada».
Mayte: «Buenos días chicas... ¿un café?»
Toñi: «Lo tengo delante y ya mismo levanto a la niña».
«Y yo también voy. Luego seguimos chicas».
Las sumisas de Grey, así se llama el grupo. Desde que leí esos libros, empecé a mirar si había más de ese estilo. Nos conocimos en un foro ya que todas buscábamos lo mismo. Y así surgió el grupo de WhatsApp. Comentábamos libros y nos los recomendábamos. Ahora hacemos lo mismo pero, además, nos contamos todo. Pasamos de ser meramente lectoras a ser amigas. Sabemos casi el día a día de todas, problemas y alegrías de cada una... la verdad es que las quiero un montón...
*****
Me dirijo a la habitación de Nacho a despertarlo. Él se levanta primero porque va al instituto. ¡Dios, cómo crecen! Aún recuerdo cuando se ponía en la puerta del baño con el andador, estiraba el bracito y cogía el extremo del papel higiénico. Entonces, comenzaba la carrera por toda la casa. Llegué a plantearme varias veces si podía existir algún eslabón perdido con el labrador del Scottex. Mi campeón ya tiene 16 años. Voy a mi dormitorio, me preparo la ropa y me encamino al baño. Dejo el pijama en la cesta de la ropa sucia antes de meterme en la ducha. Abro el grifo del agua caliente y me sumerjo bajo la lluvia de agua. Mis manos van de un lado a otro de mi cuerpo disfrutando el momento de relax, cierro los ojos...
—¡Booooooooo!
Un estremecimiento me golpea por todo el pecho y un grito desgarrador sale solo de mi garganta.
—¡Aaaaaaaaayyyy! —Veo a Hugo en medio del baño y a Nacho apoyado en el marco de la puerta tronchándose de risa —. ¡Por Dios Santo! ¡Hugo! ¡Un día de estos caliento el horno y os guiso a los dos!
Desaparecen de mi vista aumentando la intensidad de las risotadas si cabe. A estas alturas, entre el despertador y Hugo, no sé como sigo con vida, quizás por la tableta de aspirinas infantiles que me comí de niña como si fueran caramelos. ¡Es que estaban buenísimas! Y dicen que son muy buenas para el corazón... no sé de qué me quejo. Yo era peor que ellos.
Son las 7:45 cuando salgo del baño.
Nacho lleva puestos unos vaqueros claros, unas zapatillas deportivas y una camiseta de manga larga. Su pelo moreno con flequillo de punta deja ver mejor sus preciosos ojos castaños rasgados. Sus pestañas son la envidia de toda mujer: negras, largas y rizadas.
Hugo tiene 9 años. Físicamente es muy parecido a Nacho aunque su pelo es más claro y sus ojos, quizá, son más alegres. Su personalidad es la diferencia. Él es más extrovertido y juguetón, no para de inventar todo el tiempo, al contrario de Nacho que es introvertido, organizado y responsable. Qué guapos están los dos...
Me da tiempo a un café rápido... ya mismo vienen a buscar a Nacho para llevarlo al instituto. La madre de su amigo y yo nos turnamos para llevarlos.
Chequeo el reloj, mientras le doy un sorbo a mi café y miro los WhatsApp... cinco mensajes. Esta vez es el grupo que tengo con mi hermana Gloria y dos de sus amigas. Gloria es la pequeña y vive en Ciudad Real. La última vez que la visité, las cuatro estuvimos todo el día en la calle y acabamos en un karaoke. Tengo pocas oportunidades para estar así. La verdad es que nos lo pasamos genial. ¿La intención? quedar otra vez lo más pronto posible, de ahí el grupo.
«Buenos días, locas. ¿Tan temprano despiertas?»
Sandra: «Buenos días, Lena. Me despertó la loca de Viki... un día de estos me la cargo».
«¿Te has levantado guerrera? Por cierto, ¿se ha salido mi hermana del grupo?»
Sandra: «Eso parece, igual se confundió y salió sin querer».
«¡Veo que hay otro fichaje!»
Viki: «Síííí, es un amigo mío, ¡te lo presento! Es Joel».
«Ok, hola, Joel. Voy a preparar el desayuno a Hugo. Nos hablamos después, ya sabéis cómo voy a estas horas».
Viki: «Ok».
Le preparo el desayuno a Hugo y despido a Nacho. Mientras, unos retoques en el baño. No quiero salir muy tarde. Úbeda no es muy grande, pero se forman buenos atascos a la hora del cole.
Son las 8:40 cuando salgo con mi Seat León camino del cole y Hugo con la retahíla de casi todos los días...
—Mami... ¿me explicarás alguna vez porque tengo que ir al cole todos los días?
—Pues... ¡porque tienes que ir!
—Eso ya lo dijiste ayer... y también porque todos los niños van...
—¡Exacto! ¿Música?
—¡Dale!
Aquí no hay tema de discusión. La única posible es la de El Barrio. Nacho y yo somos fans suyos desde hace tiempo. No escuchamos otra cosa... así que, a Hugo de tanto oírlo, ha terminado gustándole tanto o más que a nosotros. Pero, en el coche de su padre es otro cantar. Ahí vale todo, menos nuestro ídolo. Basta con que nos guste algo para llevarnos la contraria. Aún recuerdo cómo voló el CD por la ventana en uno de nuestros viajes. Así es Roberto.
—Ya sabes cuál, ¡eehh! ¡Fuerte! —grita Hugo desde atrás.
—Los dos juntos ¡vamos!
Naaaaana na na na naaaaa na na.
El amor ha querido que piedras ondeen el camino,
que no exista arcén ni cuneta donde estacionar,
que cada calle te lleve por siempre al mismo destino,
aquí no multan porque ya no importa la velocidad.
Que si tú quieres te doy el consejo de algún pobre amigo
el amor es el peor enemigo que hay en el verbo amar,
que en el aire yo palpo si es bueno, o falso un cariño,
porque la cara es el espejo del alma como dice el refrán.
Naaaa...na na...na na naaaaa na...
—Jajajaja anda abajo, campeón... pásalo genial, cariño.
Me quedo embobada mirando cómo se aleja. Me parece mentira cómo puede transcurrir el tiempo tan rápido y que cierto es que la vida pasa sin que apenas nos demos cuenta. Otra canción de El Barrio suena y un sonido me hace salir bruscamente de mis pensamientos... es el móvil, rebusco por el bolso, miro la pantalla y veo (Ali hermana).
—Dime, Ali.
—¿Dónde estás?
—Robando en un banco, ya he hecho un buen boquete.
—¿Tú sola? ¿Necesitas ayuda?
—Sí... yo solita. Así no reparto, pero si traes otro coche nos llevaremos más.
—Olvídalo... fijo que en cuanto llegue me pillan.
—No lo dudo, con tu suerte...
—¿Ya has dejado a Hugo en el cole?
—Sí, ya lo llevé, ¡no me lo iba a traer al robo!
—Así me gusta, ante todo responsabilidad, jaja, ¿nos vemos entonces en el café? Hoy nos llega el pedido de nuestros vestidos de gala desde Barcelona.
—Claro, termino de cargar y voy para allá. Yo invito.
—Vale... ladronzuela.
Alicia es mi hermana mayor. Nos llevamos 12 años y también vive aquí en Úbeda. Trabajamos juntas en una tienda de ropa que montamos entre las dos. Los cuatro hermanos nos llevamos genial, pero con ella tengo una complicidad especial. Será por la cantidad de horas que pasamos juntas. Gloria y ella se parecen un montón, tanto físicamente como en personalidad. Las dos son de pelo rubio fino y muy liso, sus temperamentos fuertes les hacen
arrojar cualquier cosa cuando se cabrean, pero se les pasa muy rápido y luego no son nadie. Yo soy todo lo contrario: pelo castaño, abundante y rizado, tranquila, paciente y es muy difícil hacerme enfadar, eso sí, cuando lo hago es mejor dejarme sola porque no se me pasa tan fácil como a ellas.
Arranco el coche y pongo rumbo a la cafetería Rufus. Es ahí donde quedamos todos los días para desayunar mi hermana y yo antes de abrir la tienda. El bar es de nuestra amiga Andrea. Nos conocimos hace unos tres años. A pesar del corto tiempo, tenemos una gran amistad. Ella está divorciada desde hace dos años y a raíz de su calvario, como ella siempre dice, nos unimos más. Siempre que podemos, quedamos para hablar y desahogarnos.
Aparco el coche lo más cerca posible, eso para mí es a casi ¡medio kilómetro! No sé cómo lo hace la gente… con lo poco que me gusta andar. Es una de las luchas que mis hermanas tienen perdida conmigo. No entienden que no haga ejercicio y que andar cinco minutos sea un cabreo para mí. Lo que yo no entiendo es cómo después de trabajar 8 horas y atender las cosas de la casa, aún les queden fuerzas y ánimos para irse al gimnasio y como si no estuvieses lo suficientemente cansada, ahí ya te terminas de agotar. Esto es como con los niños pequeños que si al final del día no se han llevado leña, se la buscan… sé que es muy sano y lo recomiendan los médicos y bla, bla, bla, pero realmente creo que eso y la flagelación van en la misma línea. Y si lo miras desde mi punto de vista, descansar es salud y también lo recomiendan los médicos. Esta es la contestación que les doy cuando me insisten, casi cada semana, en que me apunte al gimnasio porque ya la edad lo requiere. ¡Serán pellejas!
—¡Ya era hora! Ya creía que iba a tener que verte en la cárcel —, dice Ali desde nuestra mesa de siempre.
Andrea desde la barra me tira un beso al aire mientras se gira para ponerme el café.
—Buenos días, Lena. Por lo que veo no has aparcado cerca, ¿no? —Mi cara de pocos amigos les hace soltar una carcajada.
—No sé a qué hora sale la gente para coger esos aparcamientos, ¿no tenéis nada que hacer? ¡Dejad de meteros conmigo! —Mi hermana pone cara de disgusto.
—Deberías hacer algo urgente para cambiar de vestuario —. Sugiere.
Me miro los pies. Llevo mis cómodas botas, unos vaqueros y un jersey liso.
—¿Qué tienes tú qué decir de mi ropa? —Gruño.
—Vamos Ali, déjala, ¿no ves que tiene que venir cómoda para la caminata? —Dice Andrea entre risas.
Me siento junto a Ali después de dejar el abrigo y el bolso. Rebusco en él y cojo el móvil mientras espero mi desayuno. Una llamada al móvil de Ali hace que me libre de seguir contestando a sus bromas. Al cortar la llamada, abro el WhatsApp a ver que se cuece... 30 mensajes del grupo de lectura y 25 de cuatro sombras. Ese es el grupo de mi hermana. No preguntéis el porqué del nombre, solo decir que se lo puse yo... ahora con Joel tendría que ser cinco sombras. Leo el saludo que me devolvió Joel y los respectivos desayunos de cada uno.
Sandra: «A mí me gusta con mantequilla, pero por desgracia no puedo
Joel: «Vamos... seguro que no se te notaría si lo haces de vez en cuando, de todo moderado no hace daño».
«Hola, chicos ¿hablando de desayunos o de cómo mantener la línea?»
Sandra: « ¡Hoolaaaaa, Lenaaa! Pues, las dos, aunque tú en dietas no podrías opinar».
« ¿Por qué no? Por cierto, yo tostadita de mantequilla y mermelada y un cafelito».
Sandra: « ¡Perrraaaaa!»
Joel: «Jajajaja hola, Lena, no es por nada, pero yo tengo el mismo».
Sandra: «Gggggg dejadlo ya, ¡anda! Mi esfuerzo se verá recompensado. Veremos quién se ríe cuando encuentre a mi Grey…»
Viki: « ¿Quién hablo de Grey?»
«Jajajaja Hola, Joel. Hola, Viki».
Joel: «Por Dios, ¿alguien aquí que no haya leído a Grey?»
«Yo noo, es más, lo leí 3 veces».
Viki: «Lo siento, yo también».
Sandra: «Y yoooo».
« ¿Qué pasa? ¿No te gusta?»
Viki: «Por cierto, Lena, ya me estás recomendando otro».
Joel: «Bueno... la verdad es que sólo lo leí una vez y sí, me gustó».
«Sin dudar, Pídeme lo que quieras, sigue con esos».
— ¡Lenaa! ¿Aún tienes así el desayuno? —Doy un bote sobre la silla del sobresalto al oír la voz de mi hermana.
—Uuppss, ya voy ¿y tú cuándo lo has hecho?
—Mientras hablaba, oye... ¿crees que llegará el traje de la señora Rodríguez? Nos va a matar si no es así. La boda de su hijo es el sábado que viene y es ¡viernes!
—Lo sé, eso espero. Si no, llamaré y me van a oír.
Miro otra vez el móvil.
«Chicos, me marcho, hora de trabajar».
Joel: « ¿Pídeme lo que quieras? Ok ya me explicarás de qué van esos».
Viki: « ¿Me los pasarás?»
«Claro, chao a todos».
— ¿Y bien? ¿Nos marchamos?
Cojo mi bolso, el abrigo, y guardo el móvil mientras le dirigimos a Andrea, que está en la barra, una mirada, un guiño, un saludo y salimos de Rufus.
Nuestra tienda está en la calle peatonal junto a otras muchas. Ocupa la mayor parte del bajo del edificio y según entras, a la izquierda, está el mostrador, al fondo, unas escaleras donde se encuentran los vestidores y un despacho donde organizamos nuestros papeles, pedidos y cómo no…hay una máquina de café para nuestros descansos y un pequeño almacén.
Nada más entrar en la tienda, suena el teléfono y me dirijo apresuradamente a contestar. Puede que sea de la casa del vestido de la señora Rodríguez.
— ¿Sí?
—Hola, soy yo. Era para avisarte de que hoy me iré a Jaén, por si pudieras salir antes, ya sabes por los niños... —Es Roberto. Siempre que tiene que viajar, da por hecho que yo puedo hacerme cargo de los niños sin más, así que para qué discutir. Me quedo callada por un momento y suelto el bolso, mientras recupero el aliento.
—Sabes que hoy llega el pedido, ¿no puedes posponerlo?
—Mujer, como poder... pero sabes que lo mío también es importante. He de poner unos test y si no tengo el nuevo libro no puedo sacarlos.
—Haré lo que pueda, está bien.
—Gracias—. Suena el pitido de la línea cortada.
—Es increíble.
Ali, que entra en el despacho en ese momento, ve mi cara y me hace un gesto hacia el teléfono.
— ¿Estás bien?
—Es Roberto, se va de viaje.
—Lo estaba esperando, tranquila. Sabía que hoy algo se inventaría. Vives prácticamente sola, hermanita. Solo espero que algún día de estos te des cuenta y le cantes las cuarenta.
En cierto modo es así. Llevo casi veinte años casada y apenas he sentido que vivo con alguien. Siempre he sido yo la que se ha encargado de todo: reuniones del colegio, entrega de notas, fiestas y deportes de los niños, tareas de la casa, coladas, si se ponen enfermos, ya adivináis a quien le toca pasar la noche en vela... En fin, la lista es larga. Me acuerdo que siempre decían que tener un marido y un compañero haría que todo resultara más fácil, pero esto, en mi caso, jamás ha sido así; ni tan siquiera el detalle tan simple y típicamente viril como subir una bombona de butano dos tramos de escaleras, ya que eso también lo he hecho yo.
No es que no esté de acuerdo en ser independiente. Si digo de hacer algo, lo hago sin ayuda de nadie, pero el hecho de que me tenga que salir del trabajo para las reuniones del colegio estando Roberto en casa descansando, la verdad, me mosquea. Según él, tiene que descansar porque madruga y otras veces porque está hecho polvo por haber estado de juerga con los compañeros de trabajo. Este, sin lugar a dudas, es el más serio de los problemas. Al principio, era divertido, nos íbamos de marcha y nos lo pasábamos genial. Después de tantos años, vi que gracia tenía poca. Discusiones y más cosas son la consecuencia de la insistencia en el alcohol, pese a los consejos de médicos y psiquiatras.
Muchas veces me planteo mi vida y llego a la conclusión de que me siento estancada y confusa. No es que no sepa tomar decisiones ni que tenga miedo, simplemente es que no sé qué hacer. Puede ser que haya cumplido mis metas o tal vez me haya acomodado en una situación y ya no me motive nada, pero echo la vista atrás y me pregunto cómo hubiera sido mi vida sola o con otra persona, esa persona que todos hemos soñado, esa que te acompaña y te ayuda en esa investigación que te traes entre manos. Y cuando tú le dices: ¿salimos hoy?, no te contesta: “otra vez estás con esa tontería”, “siempre pensando en lo mismo”. O cuando venimos de cenar con los amigos, nos reímos y nos besamos, y no te dice “tortillera de mierda, no creas que no te he visto mirar a la mujer de mi amigo”... Esa persona que se acuesta por las noches a tu lado, que enrosca sus piernas con las tuyas y te dice que eres lo más bonito en su vida y que te quiere como jamás querrá a nadie, y no te dice “dormiré abajo como siempre, duermo mejor solo”. ¿El amor es solo un rumor?
— ¡Leni! ¡Llegó el camión vamos! —grita desde el otro lado de la tienda.
Salgo de golpe de mi ensoñación. La pierna que tan glamurosamente tenía cruzada, cobra vida propia y sube enérgicamente por debajo del tablero de la mesa, que para su trayectoria avisándole de que por ahí no puede seguir.
—¡Ooooooohh, Dios! —rápidamente pongo mis dos manos en la rodilla, más que por el dolor, para asegurarme que aún sigue ahí y no haya atravesado la tabla y vaya camino de chocar con el nuevo satélite de la NASA.
Estos sobresaltos acabarán por pasarme factura. Recupero un poco la respiración y salgo del despacho. Mi intento por no cojear y fingir normalidad se ve traicionado por mi cara, aún me llora el ojo y me tiembla el labio.
—Llévate estas cajas al almacén, pero, ¿qué te pasa? —Dice con cara de espanto al verme la cara.
Cojo las dos cajas y mis labios hacen solos una O gigante
—¡Nada! Me emocioné al ver que llegó el pedido —No me convenzo ni yo... pero volverá a decirme que soy una despistada o que mis 40 ya no perdonan. Así que, mejor calladita.
Capítulo 02. CadenasDespués de varias horas de poner alarmas y colocar vestidos, nos merecemos un descanso.
—¿Ali, te apetece un café?
—Tómalo tú. He de salir al banco. Tan solo queda una caja por colocar y solo pido que sea ahí donde está el vestido dichoso —Dice a modo de ruego.
—Vete tranquila. Yo lo coloco cuando termine mi café —La giro animándola a salir.
—Vale, intento no tardar mucho.
Me dirijo al despacho a saltitos deseando ese café, cuando oigo el móvil. Acelero los saltitos que terminan en una carrera abierta y, a pesar del sprint, no consigo cogerlo a tiempo.
No conozco el número, por lo que si quieren algo que llamen más tarde. Me preparo el café, me pongo cómoda dispuesta a tomar mi merecido descanso y ver qué se cuentan mis chicas. Estas están comentando fotos de chicos que, según cada imaginación, podrían ser los protagonistas de los libros que nos gustan. Estamos fatal de la cabeza y menos mal que somos todas iguales.
Lidd: «Dios, este me encanta, ese tatuaje».
«Que hacéis so marranas, ¿no os da vergüenza hablar así?»
Rocío: «Yo se lo borraba a lengüetazos».
Lidd: «¡Lena! Hola, perdía, son unas pervertidas y yo estoy poniendo orden».
Ana: «¡Leniiii! Amos, sargenta, pon orden que estas se nos desmadran. No me dejan tranquila y ¡le voy a sacar al paciente la muela que no es!»
Así es, soy la sargenta del grupo y la que reparte latigazos a diestro y siniestro para poner orden. Una vez entré con un cabreo monumental y tenía que descargar adrenalina. Alguien tenía que pagarlo y les tocó a ellas. Llegué como un elefante en una cacharrería y cobró todo dios que estaba en línea. Aún recuerdo lo que nos acabamos riendo porque todo era: aaaii, uuii, corred, huid de aquí que Lena está cabreada... Desde entonces, fui bautizada como la generala oficial del grupo.
«Pero, vamos a ver... Ana, ¿tú no estás trabajando? ¡Qué haces aquí!»
Nieves: «Eso mismo le he dicho yo, pero no se va ni con agua caliente».
«¡Ansia viva! Que te puede la curiosidad, seguro que tienes ahora mismo un paciente sentado delante y le has dicho que tiene que hacer efecto la anestesia».
Iris: «Jajajaja apuesto por eso, todo al rojo».
«¿Y tú? ¿No tenías que estar peinando?»
Mira que me decía mi abuela veces lo de la sartén y la alcuza (apártate que me ensucias) pero, por lo visto, no me quedó bastante claro.
Cierro y abro el grupo de las sombras. Solo está Viki pidiendo ideas para la comida. Busco la llamada perdida. ¿Es el número de Joel? Vuelvo a abrir para comprobarlo y, en efecto, es el suyo. ¿Me ha llamado? Guardo el número en la agenda para poder preguntarle por privado. Mirando su chat en la pantalla de móvil, dudo. ¿Qué voy a decirle? No lo conozco de nada. Tal vez, se equivocó. Abro el grupo de las chicas.
Lore: «Leniiiii ¡mi Leni de mi alma! Te estábamos esperando para repartirnos los hombretones que nos llevaremos a las islas o al castillo».
«No quiero trampas, ¡eehh! Repartimos a partes iguales, pero tendrá que ser esta noche».
Toñi: «¿Trampas nosotras? ¡Mal pensá, por Dios!»
Hemos comenzado un juego en el que todas han escogido un escenario donde vivir y su líder. Toñi será la jefa de su castillo en tierras escocesas, donde nos ofrecerá a sus fieles hombres con falditas. Eso gustó mucho. Aquí la menda, o sea yo, seré la líder y generala. Escogí como escenario una perdida isla paradisíaca de aguas verdes cristalinas, arena blanca fina y suave, unas cabañas de madera unidas por pasarelas dentro del mar, accesos directos desde el dormitorio al agua y unos espectaculares muchachos en bañador que se desvivirán para que a mis princesas no les falte de nada. Eso también gustó mucho. La cosa quedó compensada entre los dos escenarios. Solo quedaba repartir a nuestros muchachos favoritos.
Armándome de valor, vuelvo a abrir el chat de Joel. Me puede la curiosidad y no puedo evitarlo. Estoy decidida a preguntarle. Qué tontería, solo es una simple pregunta... pero me sudan las manos, ¡seré tonta!
«Hola, Joel. Tengo una llamada perdida tuya, ¿me has llamado?»
La contestación no se hace esperar mucho.
Joel: «Parece que sí, lo siento. Estaba guardando tu número en la agenda y le di sin querer».
«Ok, vale, pensé que querías algo».
Joel: «Aún no domino el móvil nuevo, un Samsung que nada tiene que ver con el anterior. En serio, lo siento».
«Tranquilo, no pasa nada. No te preocupes. Yo tengo un Samsung también. Si te puedo ser de ayuda, solo dilo».
Joel: «Perfecto, gracias. Creo que no me vendría mal».
La música de El Barrio y el cambio brusco de pantalla de llamada entrante casi me hace tirar el móvil. ¡Por Dios Santo... estas tecnologías están hechas para eliminar gente del planeta! Seguramente, somos muchos y quieren matarnos a base de infartos.
—¡Hola, cuchufleta!
Es mi hermana Gloria. Desde que leímos “Los Pídeme” somos las cuchus. Nos pareció gracioso que las hermanas se llamaran así en el libro y ya sabéis, cada tontería que nos hace gracia, la adaptamos a nosotras.
—¡Hola, mi cuchuuuu! ¿Qué tal estás?
—Pues, bien, hermanita, ¿y tú?
—Genial, salí de compras y me acorde de ti, ¿qué tal Ali?
—Bien, salió al banco, ¿Qué tal mi sobrino?
—Genial, haciéndose adulto. Por cierto, un saludo para Hugo de su parte.
Carlos, el único hijo de mi hermana, y mi hijo Hugo se llevan fenomenal.
—¿Y qué vas a comprarte esta vez?
—Pues, tengo una boda la semana que viene. Son unos amigos de Luis. Le puse mala cara pero, ya sabes, para él todos son importantes.
Luis, el marido de mi hermana, tiene por norma acudir a todos los eventos. Por lo visto, prometió filtrar sólo los importantes, pero parece que es difícil para él.
—¿No vienes esta semana? Nos llegó el pedido nuevo y hay uno que te va a encantar.
—¿En serio? Si hace falta voy, aunque sea solo para eso.
—No lo dudes, oye... ¿te saliste del grupo? ¿Qué paso?
—Sí, tengo el teléfono fatal y quite los grupos, la batería ya sabes...
—Pero, ¿tus amigas?
—Tranquila, ellas ya me conocen, no se asustarán Jajajaja... Oye te dejo que voy a entrar en el parking.
—¿Vas conduciendo? Estás loca ¿lo sabes?
—Sí, desde hace mucho. Esto ya no tiene remedio. Un beso para ti y otro para Ali, ¡chauuu!
Se cierra la pantalla de llamada y se vuelve abrir el chat de Joel.
Joel: «Por cierto ¿me explicarás lo de Pídeme lo que quieras?»
«Perdona, me llamó mi hermana».
«Esos libros están genial. Si te gustó Grey, deberías leer estos».
Joel: «Tranquila, sé que estás trabajando. Pero, entonces, ¿son del estilo?»
«Sí... bueno... eehh... peor que el Grey diría yo Jajajaja».
Joel: «¿En serio? Creo que iré después a comprarlos. Me has picado».
«No te vas a arrepentir, ya lo verás».
Cierro el móvil. Voy a terminar de colocar el último paquete. Coloco los vestidos, pongo las alarmas y veo entrar a Ali con la señora Rodríguez. Mi hermana intenta tranquilizarla, pero sin éxito. La clienta agita efusivamente las manos y pongo los ojos en blanco, señor... me doy la vuelta e intento poner mi mejor cara de alegría y me dirijo a ella.
—¡Señora Rodríguez! Qué alegría verla, ahora mismo iba a llamarla. Vamos, acompáñeme.
—¿En serio? ¿Para decir que aún no ha llegado mi vestido?
—No, todo lo contrario, para decirle que ya ha llegado.
Mi hermana y yo nos miramos con cara de alivio.
—Vamos, tiene que probárselo. Le daremos los últimos retoques para que todo este perfecto y no se preocupe por nada. Acompáñeme al probador.