COMITÉ CIENTÍFICO de la editorial tirant humanidades

Manuel Asensi Pérez

Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada

Universitat de València

Ramón Cotarelo

Catedrático de Ciencia política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

Mª Teresa Echenique Elizondo

Catedrática de Lengua Española

Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria

Catedrático de Teoría e Historia de la Educación

Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba

Catedrático de Ciencia Política y de la Administración

Universitat de València

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Catedrático de Geografía Humana

Universitat de València

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones

Universidad Carlos III de Madrid

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Los tiempos cambian. Historia de la Economía

Autores:

Concepción Betrán Pérez

Salvador Calatayud Giner

Pablo Cervera Ferri

Antonio Cubel Montesinos

Joaquim Cuevas Casaña

Alfonso Díez Minguela

Julio Martínez Galarraga

María Ángeles Pons Brías

María Teresa Sanchis Llopis

Daniel A. Tirado Fabregat

Jordi Palafox (Ed.)

Valencia, 2014

Copyright ® 2014

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DEPÓSITO LEGAL: V-994-2014

ISBN 978-84-16062-19-5

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Introducción

Jordi Palafox

En el año 2012 Noruega contaba con una renta bruta media de 48.688 dólares en paridad de capacidad de compra y ocupaba el primer lugar entre el conjunto de los países del mundo por el nivel de bienestar económico de sus habitantes. En el extremo opuesto, algunas economías del continente africano con los 319 dólares de la República Democrática del Congo en la última posición de los casi doscientos países considerados por Naciones Unidas para la elaboración de su Informe sobre el Desarrollo Humano 2013.

Desde la perspectiva del cociente entre producto y población, el indicador más utilizado para medir el bienestar material de una sociedad, la situación media de los cinco millones de noruegos multiplicaba por 152 la de los 65 millones de habitantes del país africano. Entre ambos extremos, se sitúan el conjunto de países en donde residen los más de 7.000 millones de habitantes del planeta. Entre ellos son una mayoría abrumadora los que lo hacen en países de baja renta per cápita, con más de 1.000 millones de seres humanos viviendo en la pobreza extrema (menos del equivalente a la capacidad de compra de 1,25 $ diario). No es el caso de España por más que los problemas para asegurar el bienestar tengan una relevancia no discutible. Con 25.947 dólares en paridad de capacidad de compra el país ocupaba en 2012 un lugar destacado dentro de los avanzados aunque su posición esté alejada de los que encabezan la lista. Pero está mucho más próximo a ellos que a la mayoría de los que la integran.

La enorme disparidad en los productos por habitante que se acaba de enunciar no es nueva. De hecho, el número de personas que viven en la pobreza extrema así definida ha venido reduciéndose desde finales de siglo XX. Por tanto, en el pasado las diferencias han sido probablemente incluso mayores. No es el caso de la desigualdad dentro de las sociedades avanzadas, otro indicador importante para evaluar el bienestar, que ha aumentado sustancialmente en la mayor parte de ellas durante esta misma etapa.

Ante esta desigualdad no puede sorprender que durante al menos los dos últimos siglos, economistas e historiadores se hayan interesado por conocer las razones que la explican; por desentrañar por qué unas economías crecen más que otras; por comprender qué factores son responsables de las espectaculares desigualdades en los niveles de renta entre unos países y otros, o entre individuos dentro de un mismo país.

Desde la aportación fundamental de Adam Smith en 1776, Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, hasta los más recientes análisis, no siempre rigurosos, una pléyade de investigadores, principalmente economistas, han tratado de responder al enigma del origen de tan descomunal diferencia. Y es que como escribiera el historiador económico Nobel de Economía en 1993, Douglas North “El enigma central de la historia humana es explicar los procesos tan divergentes del cambio histórico. ¿Cómo divergieron las sociedades? ¿Qué explica las disparidades tan amplias en su desarrollo? Al fin y al cabo, es evidente que todos descendemos de grupos primitivos de cazadores y recolectores.”

El que el grupo de países que ha alcanzado niveles de renta por habitante elevados sea tan reducido, como lo son sus habitantes sobre el total de la población mundial, demuestra que no se ha encontrado una explicación robusta al interrogante. Al menos no una capaz de ser transformada en un conjunto de medidas que, llevadas a la práctica, impulsen el crecimiento económico sostenido. Porque éste es el único proceso que puede acabar con la situación dominante, ayer como hoy, de bajos niveles de ingreso, de modesto o inexistente bienestar, para la mayor parte de la población mundial. Pero para entender qué explica una heterogeneidad tan amplia en las trayectorias que han llevado a la situación actual y, sobre todo, qué rasgos diferenciales dominan la evolución de aquellas economías que han tenido éxito en este desafío, la mirada retrospectiva, el análisis desde la historia económica, es de utilidad.

La historia económica se dedica precisamente al estudio de la evolución de las economías a lo largo del tiempo. Y el objetivo de gran parte de la investigación que realizan los especializados en ella no pretende sólo mejorar el conocimiento sobre el pasado; también quiere contribuir a proporcionar un marco explicativo para comprender el crecimiento económico de las diferentes sociedades en el largo plazo asociado a la mejora del bienestar, o el estancamiento como reverso del mismo. Y si es cierto que, como se acaba de señalar, no contamos con una teoría del desarrollo económico transformable en medidas que permitan generalizarlo al conjunto de los países, la historia económica sí puede realizar una contribución decisiva: ayudar a comprender, al menos, algunos de los factores cruciales tanto en el éxito como en el fracaso de los incontables intentos que han tenido lugar para impulsarlo.

Analizando las principales características de la economía en el pasado, examinando su evolución en momentos diferentes en el tiempo, destacando qué procesos dominan la de los países que han logrado un aumento del bienestar material más elevado y durante más tiempo, o qué diferencias presenta respecto a las que han tenido un éxito menor, podemos llegar a entender mejor la posición que ocupa una sociedad dentro del contexto mundial. La cual nunca ha sido en la historia, ni lo es en el presente, ni, se puede afirmar que lo será en el futuro, resultado de la casualidad. Todo lo contrario: las decisiones adoptadas en una etapa del pasado han tenido en todo momento una relevancia indiscutible para explicar la situación en la que se ha encontrado en un momento posterior. Como indicara uno de los economistas que con mayor empeño trató de estrechar la colaboración entre teóricos de la economía e historiadores de la misma, el austrohúngaro de nacimiento Joseph Schumpeter, la situación de una economía en un momento dado no es sólo el resultado de las decisiones económicas adoptadas previamente, sino de la situación pasada de esa sociedad tomada en su conjunto.

La historia económica, al diagnosticar las causas de las diferencias entre trayectorias, también ayuda a comprender un aspecto que ha cautivado el interés de un buen número de investigadores: el auge y decadencia de las naciones. Un fenómeno cuya principal concreción es el cambio de las economías líderes a lo largo de la historia, aun cuando el cambio de posición afecta a casi todas ellas. Un rasgo sobresaliente de la historia de la economía, independientemente de que se aborde ésta con una perspectiva milenaria o considerando sólo lo ocurrido desde 1800, una fecha importante en la evolución de las economías. Ha sido desde ella, durante los dos últimos siglos, cuando en un grupo reducido de economías el aumento de la cantidad de bienes y servicios producidos se ha expandido a un ritmo incomparablemente superior a la de cualquier etapa anterior de la historia de la humanidad.

Esta modificación de liderazgos, o de posiciones relativas de las diferentes economías, tiene gran actualidad en este comienzo del siglo XXI dominado por las transformaciones en un mundo que, hoy sí, podemos afirmar que es un único mercado global. Y, sin embargo, la posición relativa de cada país, y de forma destacada la de las primeras potencias, es considerada habitualmente un parámetro. Como si fuera inalterable, permanente, ajena a la posibilidad de experimentar modificaciones. La historia económica demuestra que no ha sido así. Enseña, antes al contrario, que aquellas sociedades que han dado sus logros por consolidados, o no han sabido o podido adaptarse a los cambios, han acabado empeorando su posición relativa.

Como se acaba de señalar, la divergencia en el nivel de vida entre países es la característica dominante de la historia económica del período que se inicia con la Revolución Francesa, lo que se denomina historia contemporánea. Tanto durante el siglo XIX como durante el XX la renta por habitante de las diferentes áreas del mundo que hoy se corresponden con los países “en vías de desarrollo” (un eufemismo para no referirse a ellos como países pobres) ha quedado muy por detrás de los hoy desarrollados. No fue así antes de 1800 cuando la importancia económica de países como China, o el continente asiático en su conjunto, parece haber sido mucho más relevante de la que habitualmente se les concede desde la aproximación eurocéntrica, dominante, como por otra parte es explicable, entre nosotros. U otros países o civilizaciones si centramos la atención en épocas más alejadas del presente.

En cualquier caso, resulta incontrovertible que desde el inicio de lo que se denomina el crecimiento económico moderno, consolidado con la Revolución Industrial en Gran Bretaña a comienzos del XIX, Europa —en realidad su parte noroccidental— junto, primero, a Estados Unidos y, después ya en el siglo XX, Japón han constituido el reducido grupo de economías (con Canadá, Australia y Nueva Zelanda) donde el crecimiento económico ha sido mayor. Y como consecuencia, mayor el bienestar económico de sus habitantes hasta consolidar la enorme diferencia constatada al inicio.

Así, el resultado de esta trayectoria expansiva del producto y del producto por habitante desde la Revolución Industrial ha sido unos niveles de vida que, en términos del conjunto de la población mundial, deben ser valorados como excepcionales. Y ello a pesar de que la desigualdad dentro de esas sociedades sea un rasgo relevante y esté aumentando en gran parte de ellas desde comienzos del siglo XXI. Una dimensión también importante del bienestar, la desigualdad, que, como ha indicado Branco Milanovic, plantea enormes desafíos en dimensiones muy distintas. Unos pueden parecer filosóficos como la reflexión acerca de en qué medida es aceptable que el lugar de nacimiento de un ser humano pueda condicionar de tal manera su trayectoria vital, concediéndole en los países hoy desarrollados el carácter de derecho al disfrute de la acumulación de riqueza realizada por generaciones pasadas. Pero otros son de índole puramente práctica. Porque en tanto que el desarrollo y el bienestar se refieren a los seres humanos, o bien los pobres tienen posibilidades de llegar a ser más ricos allí donde residen hoy, o se desplazarán mañana a otros lugares para intentar alcanzar este objetivo. Como indica el economista serbio, “Observadas en abstracto no hay diferencia entre las dos opciones. Pero sin embargo desde el punto de vista de la política real hay todo un mundo de diferencias entre ellas”.

El hecho es que aún con etapas de recesión muy destacadas, las tasas de crecimiento de largo plazo de este reducido número de países que hoy cuentan con mayor nivel de producto por habitante han sido elevadas (en términos históricos anteriores y en comparación con el resto). De nuevo en términos comparativos con los que han quedado fuera, éstas han sido muy similares aunque algunos de los miembros inicialmente más pobres del grupo expandieron el producto total y por habitante lo suficientemente rápido como para dar lugar a un proceso de convergencia y/o de modificación de las posiciones relativas de cada uno de ellos dentro del grupo de los avanzados. Pero al mismo tiempo, la mayor parte del territorio del globo, la inmensa mayoría de los países, ha quedado fuera hasta ahora del crecimiento económico, ampliándose de esta manera la distancia entre ambos grupos.

Este libro está centrado en el análisis de las principales causas que explican la evolución excepcional del limitado grupo de economías que han tenido éxito en la mejora del bienestar de sus habitantes, aunque no por ello la evolución de las demás haya quedado al margen. Una excepcionalidad que, como se intenta mostrar en los primeros capítulos, no es el resultado de la casualidad sino de la combinación de un conjunto de variables que se han demostrado significativas para expandir de forma sostenida el producto a un ritmo superior al crecimiento de la población. Y una excepcionalidad que, como se analiza en sus capítulos finales, puede estar experimentado modificaciones relevantes desde finales del siglo XX con la irrupción de nuevos países en la economía internacional. Algunos de ellos, como China o India, con unos rasgos como su tamaño económico o su población sin posibilidad de comparación con los restantes, lo que modifica el marco en el que actúan todos los demás.

El que la trascendencia final de estos cambios en el rediseño de la estructura de la economía mundial sea todavía incierta, no deja de ser otra razón para dotar al análisis del presente de un mejor conocimiento de la perspectiva histórica. Porque ésta ofrece ejemplos destacados que pueden ser útiles para comprender qué está ocurriendo en la actualidad. Desde la óptica de la posición de España no es necesario remontarse a la Época Moderna cuando el Imperio de la Corona de Castilla, entonces en manos de la dinastía de los Habsburgo, fue un actor decisivo del mapa económico mundial. En fechas mucho más recientes, a mediados del siglo XIX, los niveles de renta por habitante de España eran similares a los de Suecia, y ambos estaban alejados de los alcanzados por Gran Bretaña, entonces fábrica del mundo. Hoy el país nórdico supera el 50 % de la cifra española.

Sin necesidad de sumar más ejemplos sobre una economía hoy secundaria en el contexto mundial, hay un hecho que muestra que las modificaciones de las posiciones relativas, o los cambios en la supremacía, no deben descartarse: a lo largo del siglo XX Gran Bretaña ha perdido su hegemonía económica y financiera, mantenida desde más de cien años atrás, en favor de Estados Unidos. Muy pocos contemporáneos fueron capaces de percibirlo y la mayoría de los británicos se negaron a reconocerlo incluso cuando era evidente. El título del libro, Los tiempos cambian entronca con un texto bien conocido de Bob Dylan que nunca ha perdido actualidad: The times They Are A-Changin y pretende destacar la permanente actualidad de los cambios económicos; de ahí la atención prestada a las transformaciones a lo largo del tiempo. Porque en no pocas ocasiones la historia de la economía muestra que, como él cantaba, se ha hecho cierto el que “The slow one now/Will later be fast/ As the present now/ Will later be past/ The order is Rapidly fadin’/ And the first one now/ Will later be last”.

La principal intención del volumen es ofrecer una síntesis breve y didáctica de la evolución de la economía mundial articulada en torno a las bases que permitieron el surgimiento del crecimiento económico en ese modesto grupo de economías. Un proceso que hizo posible romper definitivamente en algunas áreas del planeta la inestable tensión entre población y recursos que durante milenios había hecho imposible el aumento sostenido del bienestar material de los seres humanos. Aunque como se muestra en sus dos primeros capítulos, ya al menos cien años antes las transformaciones resultantes de una combinación favorable de instituciones, innovación técnica y ampliación del conocimiento habían empezado a modificar el panorama previo dominado por los obstáculos tecnológicos e institucionales al crecimiento. El libro está pensado, por tanto, como un texto de introducción para quienes desean ampliar la corta perspectiva temporal con la que demasiado a menudo se aborda hoy el análisis de la situación económica y de manera muy destacada los problemas a los que se enfrenta el logro de una senda de crecimiento sostenido por parte de una economía.

Su origen y su destino más inmediato es, con todo, mucho más específico: disponer de un manual para desarrollar la actividad docente de la parte teórica en las asignaturas de Historia Económica que sea adecuado para las características de las generaciones que se incorporan en el inicio del siglo XXI a la enseñanza universitaria en España. Unas generaciones que tienen rasgos específicos en sus conocimientos y en sus formas de aprendizaje, muy diferentes a los de hace sólo pocos años. Y éstos sí que son un parámetro, un dato inmodificable, para los dedicados a la docencia de la historia económica. Porque, en todo caso, si la situación actual se modificara en el futuro lo previsible es que profundice la tendencia actual. Con lo cual la sima del cambio de esas formas de aprendizaje respecto a las tradicionales será todavía más profunda.

Es cierto que, afortunadamente, hoy se ha superado la excepcionalidad que presentaba la docencia de la historia de la economía en España hace unos años cuando los textos básicos para la labor docente en las aulas eran escasos. En los últimos años se han publicado un buen número de textos, algunos excelentes, destinados a complementar el aprendizaje de los rasgos básicos de la historia económica por parte de quienes se matriculan en los primeros cursos de la enseñanza universitaria y específicamente en los grados de Economía y Administración de Empresas, en donde mayoritariamente se concentra su docencia. Unos estudiantes que en su inmensa mayoría tienen limitados conocimientos de historia o de economía, y menores todavía de historia económica. Pero dada la velocidad a la que está teniendo lugar la modificación de los conocimientos y las formas de aprendizaje de los nuevos estudiantes, los textos publicados no satisfacen plenamente las necesidades actuales ni menos aún, cabe suponer, las futuras. Al menos en vertientes muy destacadas.

Los ejemplos de esta inadecuación son en mi opinión muy numerosos pero dos, de contenido radicalmente diferente, pueden servir para ilustrarla. El primero, el nivel de entrenamiento de los estudiantes en el uso de conceptos habituales en economía y a la hora de establecer las interrelaciones básicas entre variables. Aun cuando a los dedicados a su estudio nos parecen obvios los primeros y evidentes las segundas, el hecho es que la práctica docente demuestra que no lo son. Y en los textos publicados hasta ahora no siempre está solucionada esta discordancia. Y, un segundo ejemplo de los posibles a destacar, es la excesiva extensión de la mayor parte de los manuales existentes que no cuentan, además, con el apoyo que brindan las tan mencionadas, como limitadamente integradas en la docencia, nuevas tecnologías de la comunicación y la información.

En relación con el primero de ellos, la situación recuerda, aunque sea aplicada a otro contexto, la constatación que hiciera J.M. Keynes en la introducción de La Teoría General cuando resaltaba que las ideas allí expuestas, aquí los procesos descritos, eran extraordinariamente simples. En este caso sin duda lo son pero… para los que nos dedicamos a la economía o la historia económica o contamos con conocimientos previos suficientes sobre ellas. No, según mi experiencia, para los estudiantes que acaban de finalizar sus estudios de Bachillerato. De ahí que en el libro, además de haber intentado una descripción simplificada de los principales acontecimientos y procesos de la historia de la economía en sus diez primeros capítulos organizados cronológicamente, se incluyan dos apéndices: el primero dedicado a la explicación de algunas herramientas básicas del análisis económico de uso común en historia económica (básicamente los relacionados con el cálculo de macromagnitudes y la contabilidad del crecimiento) y el segundo con un compendio de términos básicos. Uno y otro deben considerarse sólo un primer intento para afrontar el rasgo mencionado. Será la práctica diaria, y la interacción con los usuarios del volumen, las que mostrarán qué modificaciones deben introducirse en su contenido. Porque el libro nace con la intención, al menos por parte de su editor, de ser actualizado periódicamente si bien esta tarea se demostró en una iniciativa similar anterior mucho más ardua de lo imaginado.

En relación con la extensión de los manuales, el segundo de los ejemplos indicados, se puede debatir cuanto se desee sobre las causas y consecuencias de la limitada capacidad de la mayoría de los estudiantes españoles de primeros cursos de universidad para estudiar a partir de textos básicos de extensión considerada adecuada hace sólo pocos años. Pero la realidad es tozuda: demuestra que éste es uno de sus rasgos destacados y probablemente con tendencia a aumentar en el futuro inmediato. Frente a ello, mi opinión es que los historiadores económicos no debiéramos abrazar el axioma tan querido para algunos de nuestros colegas de que si la realidad no se adapta a la teoría tanto peor para la realidad. El objetivo es conseguir, aun en un marco académico generalmente adverso en sus incentivos a la dedicación docente, mejorar la formación de los futuros egresados universitarios fomentado con ello su competitividad frente a los que cursan sus estudios en otros países, de la Unión Europea o de fuera de ella. Por lo tanto, la situación debiera haber llevado ya a una reflexión colectiva general y la elaboración de propuestas claras para su solución.

No ha sido así y la superación de este problema está circunscrito al esfuerzo individual. De ahí, que en este volumen se haya realizado un esfuerzo reseñable, seguramente sólo a medias coronado por el éxito, para concentrar la atención en las argumentaciones centrales a costa de su extensión. Lo cual ha llevado a prestar atención especial a dos aspectos colaterales. Por un lado, a destacar en apartados separados puntos relevantes pero cuya inclusión en el texto podía hacerle perder claridad expositiva. Por otro, se ha cuidado la información de cuadros y gráficos, una labor en cuya homogenización y presentación ha sido decisiva la rigurosa dedicación entusiasta de Alfonso Díez Minguela, el más joven de los autores. A ello se añade, la intención de vincular la docencia, y por tanto su contenido, con la web del área de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Valencia (www.ehvalencia.es), una herramienta poco utilizada todavía hoy en España y que todo indica que debiera transformarse en fundamental en un futuro si se desea alcanzar los objetivos docentes señalados. Como en el caso del primer ejemplo, será el uso del texto conectado con la información en red el que guiará las modificaciones a introducir en las ediciones revisadas que se realicen.

Por tanto, el libro es el resultado del esfuerzo conjunto de sus autores, de formación y preferencia metodológica muy diversa, para contar con un texto adecuado a su labor docente dentro de la realidad universitaria española actual. La organización y contenido de los diez capítulos, tres de ellos dedicados a las modificaciones en la organización empresarial para adaptarse e impulsar este proceso de cambio y transformación permanente de la realidad económica, es inseparable del contenido de las diferentes asignaturas en la Universidad de Valencia y de los programas de Historia Económica que imparte el área de Historia e Instituciones Económicas de la misma. Los cuales, sin embargo, son muy similares cuando no iguales a los vigentes en el resto de las universidades españolas.

Como, por otra parte, se indica al inicio de los capítulos cada uno de los profesores participantes en el proyecto se ha encargado de redactar una parte específica del volumen. De esta forma, los capítulos primero y tercero, así como el apéndice sobre las herramientas de análisis, son resultado de la labor conjunta de Alfonso Díez Minguela y de Julio Martínez Galarraga, aun cuando en el apéndice varios hemos realizado correcciones diversas sobre su primera versión. El primer capítulo es un largo recorrido por la historia, mostrando sus principales hitos y la profunda ruptura que implicó la consolidación del crecimiento económico a partir de la Revolución Industrial en Gran Bretaña que es analizada con detalle en el capítulo tercero. El segundo de los capítulos está dedicado a la economía preindustrial y ha sido redactado por Pablo Cervera, mientras el autor del cuarto, el primero centrado en la adaptación de las formas de organización empresarial a las transformaciones económicas e institucionales de la economía de los siglos previos a la Revolución Industrial es responsabilidad de Joaquim Cuevas.

Los dos siguientes cubren la translación de la hegemonía económica y financiera de Gran Bretaña a Estados Unidos desde finales del siglo XIX al final de la Segunda Guerra Mundial. Son obra de Daniel Tirado y María Teresa Sanchis respectivamente. A su vez, la parte relativa a la segunda mitad del siglo XX y a la expansión de nuevas formas de organización de las empresas nacidas durante la Segunda Revolución Industrial, ha sido el resultado del trabajo de tres autores. Por el orden de los capítulos son Salvador Calatayud, Concha Betrán y María Ángeles Pons. Mientras el primero ha sido el encargado del capítulo centrado en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Concha Betrán ha redactado el segundo de los capítulos dedicados a las transformaciones empresariales y María Ángeles Pons el de la etapa que se inicia con la denominada crisis del petróleo y se prolonga hasta el inicio del siglo XXI. Finalmente el capítulo décimo, dedicado a la trascendencia del surgimiento de nuevos tipos de empresas (o de asociación entre ellas) ante las posibilidades que brindan los cambios tecnológicos y el avance de Globalización es responsabilidad de Antonio Cubel.

Mi función como editor ha sido principalmente coordinar el esfuerzo de los autores. Aun así, también he intentado mejorar la coherencia entre el contenido de los sucesivos capítulos y entre los diferentes enfoques tratando de moderar solapamientos y duplicidades y matizando, sin pretender anularlas, las diferencias en el estilo de redacción o de carácter metodológico. También he elaborado el breve epílogo y el compendio de términos con que finaliza el volumen. La intención primordial ha sido realizar una función que permitiera moderar las lagunas o reiteraciones propias de un libro en el que intervienen diez autores pero respetando, en ocasiones no sin esfuerzo, su diversidad de estilos y enfoques. El objetivo en todo caso ha sido subrayar los elementos comunes vinculados a ese interrogante de reflexión y análisis indicado al comienzo: por qué algunas economías han crecido mucho más que las demás, dando como resultado las enormes divergencias en renta por habitante que dominan, hoy y han dominado al menos desde hace dos siglos, la economía mundial.