portada

SECCIÓN DE OBRAS DE HISTORIA
Fideicomiso Historia de las Américas
Serie Ciudades

Coordinada por
ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ
y
EDUARDO MATOS MOCTEZUMA

Cempoala

FÉLIX BÁEZ-JORGE
SERGIO R. VÁSQUEZ ZÁRATE

CEMPOALA

 
 

Fondo de Cultura Económica

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
EL COLEGIO DE MÉXICO
FIDEICOMISO HISTORIA DE LAS AMÉRICAS

Primera edición, 2011
Primera edición electrónica, 2016

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

contraportada

Índice

Presentación

Introducción

I.    Estudios arqueológicos previos

Las bases de la arqueología regional

La “nueva arqueología”

II.    El Totonacapan y Cempoala en las crónicas

1. Perspectiva arqueológica

Primeros pobladores de la costa del Golfo de México

Los pueblos teocráticos

El periodo Posclásico

2. Visión etnohistórica y etnológica

Configuración cultural,

III.  Entorno geográfico de Cempoala

El hinterland

El agua, clave del desarrollo

IV.   Paisaje urbano

La fisonomía de la ciudad

Los jardines, acueductos subterráneos y canales

V.    Organización social y política

Certidumbres y controversias

La ordenación social y el control hidráulico

Regulaciones matrimoniales

Naturaleza y estructura del poder

VI.    Los gobernantes del Totonacapan

La hegemonía tenochca y Cempoala

La sucesión política y el calendario totonaca

VII.    La religión en Cempoala

Atributos e indumentaria de los sacerdotes

Elección, jerarquías y poder sacerdotal

Sacrificios humanos

Otras prácticas rituales

Cuidado de las imágenes sagradas

VIII.    La condición axial de Cempoala en la conquista de México-Tenochtitlan

La imposición de la fe

Cempoala, origen de la conquista

IX.    El abandono de la ciudad y su repoblamiento durante el siglo XIX

El paisaje transformado

El Agostadero

A manera de conclusión

Bibliografía

Créditos de imágenes

Presentación

POR MÁS DE TRES LUSTROS, el Fideicomiso Historia de las Américas de El Colegio de México ha presentado proyectos de investigación y divulgación de alto nivel, accesibles al estudiante y al gran público. A la fecha hemos publicado en coedición con el Fondo de Cultura Económica cerca de 80 estudios originales, merecedores de varias reimpresiones, traducciones y algunos premios.

Iniciamos la Serie Ciudades —con la generosa colaboración del doctor Eduardo Matos Moctezuma— porque pensamos que la historia de México no se comprende sin el conocimiento del mundo prehispánico. Elegimos la ciudad como unidad de estudio porque arroja luz en torno al desenvolvimiento y función de las urbes prehispánicas con respecto a su territorio y a otras urbes mesoamericanas.

La ciudad es la expresión evidente de sociedades complejas que llegaron a reunir a miles y miles de personas en un determinado espacio. En ella se asentaban los poderes y se manifestaban la división social y las relaciones que establecían sus habitantes, además de que en su distribución interna se incluían espacios específicos de gobierno, de administración, habitacionales, de intercambio, religiosos, de vialidad, defensivos.

Desentrañar en lo posible la compleja función de las ciudades como centros religiosos, cabezas de reinos, centros de acopio y tránsito y goznes de grandes redes comunicantes y complementarias con jurisdicción sobre pobladores y amplios territorios es uno de los objetivos de esta serie.

Las urbes seleccionadas poseen diferentes características, determinadas por su lugar de asentamiento: Tenochtitlan es una ciudad lacustre; Teotihuacan se encuentra en medio de un pequeño valle; Monte Albán está en lo alto de cerros cuyas laderas fueron aprovechadas intensivamente; Palenque nace en la selva, Paquimé en el árido norte, El Tajín en los trópicos, vecina al mar; Xochicalco, sobre el cerro, vigila el valle y el cruce de caminos de abasto de las ciudades-Estado en los extremos del mundo maya; Chichén Itzá se desarrolla en planicies calcáreas y Tula en las goteras del valle de México.

Confiamos en que el lector recibirá este nuevo libro, Cempoala, con el mismo entusiasmo que los anteriores.

ALICIA HERNÁNDEZ CHÁVEZ
Fundadora y presidenta del Fideicomiso Historia de las Américas

EDUARDO MATOS MOCTEZUMA
Instituto Nacional de Antropología e Historia

A la memoria de
Francisco del Paso y Troncoso,
José García Payón
y Jürgen Brüggemann

Introducción

REPRESENTA UN GRAN RETO escribir una obra de divulgación que reseñe la historia cultural de la antigua ciudad de Cempoala. A pesar de la abundancia de menciones sobre esta zona arqueológica, buena parte de los estudios que hasta ahora se han realizado son fragmentarios y, en muchos sentidos, repetitivos, además de no atender a la comparación crítica de las crónicas coloniales con las evidencias arqueológicas. Con frecuencia se ha recurrido a enfoques que subrayan la magnitud de su arquitectura o su participación en la alianza pactada con los conquistadores españoles, en vez de plantear estudios procesuales sobre su economía, la vida cotidiana, la cosmovisión, la organización social, etcétera.

El lector hallará en las páginas de este ensayo una serie de reflexiones construidas desde una visión que pretende trascender los enfoques que priorizan el análisis de los materiales arqueológicos desligándolos de sus referentes culturales y sociales. En este sentido, las crónicas coloniales han operado como instrumentos analíticos privilegiados, al abordar algunas de las temáticas, examinando siempre la pertinencia de su utilización. Nuestro acercamiento revisa los estudios arqueológicos sobre Cempoala realizados a partir del siglo XIX, los evidentes vacíos cognoscitivos.

Pretendemos de tal manera contribuir a las futuras pesquisas en la zona arqueológica y en su entorno cultural y ecológico. Cempoala guarda todavía ricas evidencias para entender el complejo desarrollo civilizatorio de Mesoamérica. Pero es necesario superar las añejas miopías arqueográficas; es decir, los enfoques meramente descriptivos que, afectados por pretendidas “razones de objetividad”, asumen de manera acrítica postulados de las ciencias de la naturaleza. Esta tendencia arqueológica, paradójicamente, no se ocupa del pasado sino del presente; es decir, de las características y detalles del monumento pétreo que se describe, y no de lo que su estructura y conformación significan, como bien lo apuntara A. Goldenweïser en su ya clásico libro Anthropology, hace más de siete décadas.

Al escribir este ensayo hemos tratado de contribuir a responder algunas preguntas que se articulan plenamente entre sí: ¿Desde cuándo inicia la presencia humana en Cempoala? ¿Qué condiciones favorecieron esta ocupación? Una zona tan rica en recursos debió de haber sido, desde tiempos remotos, un entorno atractivo para el asentamiento humano, de manera que es necesario entender cómo se originó el proceso de urbanización en la región.

La identidad totonaca de la ciudad no puede plantearse en términos de continuidad cultural desde el Horizonte Formativo. Al respecto, vale la pena recordar que de una zona arqueológica cercana llamada El Viejón procede una gran estela con definido estilo olmeca, tallada en bajo relieve, que muestra a dos personajes en actitud de diálogo. Uno de ellos, con tocado, porta en su diestra una planta de maíz. En el mismo sentido, hay sitios casi contemporáneos, como Chalahuite y El Trapiche, que presentan complejos culturales claramente distintos. Si se reconoce la diversidad cultural en tiempos muy tempranos, ¿desde cuándo podemos decir que Cempoala es un asentamiento totonaca? ¿Cómo se manifiesta la presencia del Altiplano Central y las diferentes influencias y antecedentes culturales? Las diferencias obvias en cerámica, el estilo arquitectónico, la presencia de la lengua náhuatl, el panteón y las prácticas sugieren un contexto de interculturalidad.

Si la ciudad llamada Cempoala (náhuatl) tiene un sustrato totonaco, ¿cuál era el nombre original?, ¿es posible saberlo?, ¿o no existió tal precedente toponímico? ¿se trata acaso de una urbe prehispánica formada bajo la hegemonía náhuatl? Una vez que alcanzó la magnitud propia de una ciudad, ¿fue sede de un altepetl constituido? ¿A qué causas puede atribuirse su notable crecimiento en el Posclásico? ¿Hasta dónde llegaba su esfera geográfica de dominio? Incluso, cuando hablamos de una sede de poder local, ¿éste era impuesto, pactado, hegemónico? Por otra parte, ¿cómo era sutrazo o conformación urbanística? ¿Se organizaba socialmente en función de los calpullis? En términos de su producción, ¿cómo se sostenía una población numerosa? Desde luego, tan complejos interrogantes no logran despejarse plenamente en este volumen, si bien se enuncian algunas hipótesis de orden general, que esperamos sean ampliadas o confrontadas en estudios posteriores.

Considerando el papel que le tocó cumplir a Cempoala en la intrincada red de alianzas y disensos políticos que, en buena medida, definieron el curso de la conquista de México, hemos dedicado un capítulo a la presentación sucinta de tales hechos. En relación con esta temática, en el apartado final se explican las variables que incidieron en el despoblamiento de la antigua ciudad, así como los factores que concurrieron en la configuración de un nuevo asiento poblacional (El Agostadero) en el área ocupada por la zona arqueológica que, hasta fines del siglo XIX, permaneció cubierta por la exuberante vegetación tropical.

FÉLIX BÁEZ-JORGE
SERGIO R. VÁSQUEZ ZÁRATE
Noviembre de 2010