
La Reforma en España (Siglos XVI-XVIII)
Origen, naturaleza y creencias

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LaReforma en España (Siglos XVI-XVIII). Origen, naturaleza y creencias
ISBN: 978-84-16845-62-0
eISBN 978-84-16845-63-7
Depósito Legal: B 4056-2017
Confesiones cristianas
Historia
Referencia: 225036
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: HISTORIOGRAFÍA DE LA REFORMA DEL SIGLO XVI
1.Historiografía de los siglos XVI al XVIII
1.1.Los autos de fe y su eco fuera de España
1.2.La historia de Juan Díaz y su repercusión europea
1.3.Producción española
2.Historiografía del siglo XIX
2.1.Los clásicos
2.2.Otros autores
2.3.Autores evangélicos
3.Historiografía de los siglos XX-XXI
3.1.Autores extranjeros
3.2.Autores españoles
3.3.Evangélicos hispanos
4.La historiografía en las obras generales
4.1.Autores extranjeros
4.2.Autores españoles
4.3.Obras de referencia
4.4.Evangélicos hispanos
SEGUNDA PARTE: ORIGEN Y UBICACIÓN IDEOLÓGICA DEL REFORMISMO ESPAÑOL
1.Alumbrados o iluminados
1.1.Conceptualización
1.2.Diversas interpretaciones
1.3.Relaciones del protestantismo con los alumbrados
1.3.1.Autonomía cronológica
1.3.2.Mezcla de imputaciones
1.3.3.¿Confusión o simpatía de ideas?
1.3.4.Diferencias doctrinales
2.Erasmistas
3.Reformistas
3.1.Literatura
3.2.Juan de Valdés, el reformista español
4.Teorías del origen ideológico
4.1.Teoría de la sucesión espiritual
4.2.La teoría del parentesco espiritual: la Reforma radical: los anabautistas
4.2.1.Los espiritualistas o inspiracionistas
4.2.1.1.Los revolucionarios
4.2.1.2.Los pietistas
4.2.1.3.Los místicos
4.2.2.Los racionalistas
4.2.3.Los anabautistas
4.2.3.1.Los carismáticos
4.2.3.2.Los contemplativos
4.2.3.3.Los evangélicos
4.2.4.Presencia temprana anabautista en España
4.3.La teoría de la descendencia del separatismo inglés: las iglesias libres
4.4.Un último punto a considerar
5.Comunidades reformistas españolas
TERCERA PARTE: BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA REFORMA EN ESPAÑA
1.La Reforma del siglo XVI
1.1.Las primeras noticias del protestantismo
1.2.Comunidades protestantes españolas, su creación y aniquilación
1.2.1.Valladolid
1.2.2.Sevilla
1.2.3.Resto de España
1.3.La represión de la literatura
1.4.Reforma espontánea y autóctona
1.5.Relevancia y obra de los protestantes en el siglo XVI
2.El siglo XVII
2.1.Acciones políticas: La era de los tratados
2.1.1.Tratado con los comerciantes de la Hansa en 1597
2.1.2.El Tratado de Londres de 1604
2.1.3.El Tratado de Amberes o la tregua de los doce años de 1609
2.1.4.El Tratado de comercio con Dinamarca
2.1.5.El Tratado (o Paz) de los Pirineos de 1659
2.2.Situación general por Tribunales
2.3.La penetración de literatura
2.4.Los personajes y su obra
3.Siglo XVIII
3.1.Los enclaves coloniales ingleses
3.2.Soberanía española
3.3.Situación general por Tribunales
3.4.Censura de la literatura
3.5.Los personajes y su obra
CUARTA PARTE: PRINCIPIOS Y PENSAMIENTO IDEOLÓGICO DE LA REFORMA ESPAÑOLA
1.La hermenéutica de los reformistas españoles
1.1.El estudio del contexto
1.2.Interpretaban el texto desde la intención del autor
1.3.El principio de no agregar y no quitar al texto
1.4.Buscaban descubrir el sentido obvio y llano del texto
1.5.La utilización de la retórica
1.6.Dominio de la filología
1.7.Dominio de la sintaxis
1.8.Uso de figuras literarias
1.9.Dominio de la Patrística
2.Introducción a la ideología reformista española
3.Principios de la Reforma magisterial
3.1.Sola Scriptura (Escritura solamente o Solo la Escritura)
3.1.1.Sola Scriptura en el pensamiento reformista Español
3.1.2.El derecho al libre examen
3.2Sola Gratia (Gracia solamente o Solo la gracia)
3.2.1.Sola Gratia en el pensamiento reformista español
3.2.2.Elección y libre albedrío
3.3.Sola Fide (Fe solamente o Solo por Fe)
3.3.1.Sola Fide en el pensamiento reformista español
3.3.2.Fe/obras
3.4.Solus Christus (Cristo Solamente o Sólo Cristo)
3.4.1.Solus Christus en el pensamiento reformista español
3.5.Soli Deo Gloria (Gloria solamente a Dios o Solo la gloria de Dios)
3.5.1.Soli Deo Gloria en el pensamiento reformista español
4.Principios de la Reforma radical
4.1.Libertad religiosa y de conciencia
4.1.1.Pensamiento español
4.2.Separación Iglesia-Estado
4.2.1.Pensamiento español
4.3.Una membresía regenerada (El principio eclesiástico)
4.3.1.Pensamiento español
5.Principio de ambas reformas
5.1.Sacerdocio universal de todos los creyentes
5.1.1.Pensamiento español
EPÍLOGO
CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA
PRÓLOGO
Manuel Díaz Pineda, además de ser doctor “honoris causa” por la Facultad Teológica Cristiana Reformada de Sâo Paulo, tiene otros cuatro doctorados en Teología “laboris et studii causa”, el último de ellos en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid. Es Ciudadano de Honor del Estado de Oklahoma, de la ciudad de Tulsa en Oklahoma y de la de Sulphur en Louisiana. Es miembro de la American Academy of Ministry, de la Academia de Ciencias de Nueva York, de la Cofradía Internacional de Investigadores (Toledo), de la Asociación de Hispanismo Filosófico, de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones-Universidad Complutense (Madrid), etc.
Ha sido Profesor de Vision International University (California); de California Christian University (California); de The University of Global Religious Studies (Ohio); del Seminario Teológico Bautista Español (Madrid); del Instituto Superior de Estudios Teológicos de España-Isete (Madrid); del Seminario Bíblico Latinoamericano (San José, Costa Rica), etc. Es autor de varios libros, ponencias y artículos y ha pronunciado diversas conferencias sobre temas sociales y teológicos.
La Reforma en España (Siglos XVI-XVIII). Origen, naturaleza y creencias, es el título de su último libro, fundamentado en su tesis recientemente defendida en la Universidad Complutense, y de cuyo prólogo tengo el orgullo de ser autor.
En una primera parte de su libro, el multidoctor Díaz Pineda nos ofrece un análisis historiográfico sobre la Reforma española de lo más exhaustivo que yo conozco. Abarca desde el siglo XVI al XXI su análisis historiográfico de autores españoles y extranjeros.
En la introducción, advierte manifiestamente que tratará de dejar despejado el campo de la autoctonía española de nuestra Reforma, la cual no ha sido debidamente estudiada hasta las últimas décadas. «A imitación del río Guadiana –escribe–, la Reforma en España nace con fuerza como el manantial, continúa su trayectoria, impulsada y obligada por las circunstancias en vida más o menos oculta, para volver a emerger con gran pujanza en el siglo XIX al socaire de los vientos de libertad». Y añade a renglón seguido: «la Primera (y única) Reforma española, en cierto modo, fracasó (aunque no por sí misma) apenas nacer abrasada en las llamas de la Inquisición, pero no murió, le faltó tiempo y quietud para desarrollarse en plena y total libertad».
Tras décadas de dedicación al estudio de la Inquisición y el protestantismo españoles, estoy completamente de acuerdo con lo acertado de esas palabras que acabo de transcribir. Coincido también con su aseveración en el sentido de que, aunque muy significativos, no fueron Valladolid y Sevilla los únicos focos de la primigenia Reforma en suelo peninsular. Reforma primigenia y autóctona la española, pero que comulgará, como manifiestan clara, amplia y repetidamente los documentos de la época, con Lutero, Calvino, Valdés, Musli, Ochino…
Es muy importante la aportación del libro como ampliación y complemento al estudio de la cultura española, que a cuenta de la política antirreformista tanto nos perjudicó y nos alejó de otros países de Europa. Con estudios como el de Díaz Pineda se restañan carencias y se tienen en cuenta aspectos de nuestro devenir que no han sido tratados con el detenimiento y en la justa medida que merecían. Incluso se rescatan «algunos personajes ilustres olvidados de nuestra historia y su legado». Díaz Pineda busca siempre las fuentes primarias de la Reforma española, destapa el material previamente oculto de figuras significativas de hace quinientos años.
En el apartado historiográfico, pone Díaz Pineda a cada uno en su sitio, tanto autores de dentro como de fuera de fronteras. Al final de la primera parte, señala que el creciente interés por la historia de la religiosidad española ha multiplicado últimamente estos estudios, sobre todo en lo que atañe al siglo XVI, pero la excelencia de los realizados por extranjeros contrasta con la pobreza de los llevados a cabo por españoles. Es más, los reformistas españoles continúan siendo harto ignorados en España, al revés de lo que no ha acontecido con otros reformistas europeos.
En una segunda parte de su libro, expone el autor muy atinadamente la etapa inicial de espíritu reformador donde se entremezclaba el alumbradismo (netamente español), el erasmismo y el luteranismo, sin que ni siquiera la Inquisición entreviera situaciones problemáticas. El mismo Juan de Valdés, protestante de fuerte significado, recorre inicialmente sendas alumbradistas y erasmianas para luego ir a parar al luteranismo. Hila el autor un filtiré muy fino para concluir que hubieron de pasar unos años para que el Santo Oficio ya no confundiera de manera tan burda a iluminados y protestantes. En su análisis distingue claramente el autor del libro entre alumbrados y protestantes, estos siempre defensores del cristocentrismo y del apoyo en la Biblia. Y comparte la tesis de Tellechea de que en España hubo un genuino brote de protestantismo rectificando las dubitantes posturas de Bataillon.
En cuanto al erasmismo, suscribe la tesis de Melquíades Andrés en el sentido de que atribuir a Erasmo la interiorización de la espiritualidad española no corresponde a la realidad de la historia de la misma. Díaz Pineda manifiesta expresamente que el erasmismo no representa el origen de esa espiritualidad, sino que se funde con las tendencias que ya existían. Sin embargo el erasmismo floreció sobre todo en la Universidad de Alcalá, impulsó el estudio filológico de la Biblia, rechazó las ceremonias, etc., todo ello muy en consonancia con los presupuestos luteranos. Muchos de aquellos primeros protestantes españoles (no solo Juan de Valdés) se iniciaron en los escritos de Erasmo. La influencia de Juan de Valdés en nuestros primeros reformadores fue inmensa e hizo que el inicial protestantismo español tuviera una fuerte personalidad diferenciadora dentro de la corriente protestante europea general.
Pronto se registraría una influencia del anabautismo y de la Iglesias Libres. El movimiento evangélico español del siglo XVI presenta una amalgama de todos los sectores históricos del protestantismo europeo. Si se repasan los avatares de las comunidades de Valladolid y Sevilla, se comprueba la interconexión con las posturas de Lutero y de Calvino, si bien se advierten rasgos autóctonos de nuestros protestantes españoles del siglo XVI, aspecto que se desarrollará más aún al marchar huyendo al exilio forzoso muchos de los nuestros. Esta particularidad cristalizará en una visión del protestantismo hispano como libre, abierto, tolerante, nada dogmatizador. Hubo otras comunidades aparte de la vallisoletana o la sevillana. No fue tan pequeño como se ha dicho el número de seguidores de la naciente Reforma española.
Díaz Pineda de forma crítica maneja abundante bibliografía, muy pertinente y actualizada. Desde las grandes obras a las más monográficas. Entre las primeras se remite reiteradamente no solo al norteamericano Lea, también al insustituible germano Schäfer, tan escasamente citado, a veces ni siquiera, por otros autores que han escrito y siguen escribiendo acerca de la Inquisición española.
En la parte tercera de la obra, nos ofrece un detallado bosquejo histórico de la Reforma española en los siglos XVI, XVII y XVIII con sus figuras más descollantes en la Península y en los archipiélagos. Ya en la parte cuarta y final, el autor de la obra que prologamos hace un detenido y minucioso recorrido para mostrarnos la pauta de los principios básicos (fundamentales) de la Reforma evangélica de España, tal y como se muestra a través de los escritos de nuestros autores protestantes del gran siglo XVI español: Juan de Valdés, Francisco de Enzinas, Constantino Pérez de la Fuente, Juan Pérez de Pineda, Antonio del Corro, Casiodoro de Reina, Cipriano de Valera.
En un breve pero sustancioso epílogo expresa Díaz Pineda cómo la Inquisición hizo todo lo posible por ahogar en poco menos de medio siglo el naciente protestantismo en la nación española, la cual con tanto apego había acogido a Erasmo y con tanta entrega había bebido y vivido en la Biblia.
Finalmente, en el apartado de conclusiones, comienza afirmando como primer corolario que aquel inicial movimiento evangélico español del siglo XVI se ha venido manteniendo en las centurias siguientes hasta poderse empezar a expresar en libertad en la decimonónica. Tras la barrida inquisitorial del XVI, hubo comunidades estables de habla castellana en Londres y Ámsterdam así como en la Península Ibérica y Canarias. Y continuaron celebrándose en territorio español reuniones formales clandestinas de protestantes en los siglos XVII y XVIII.
Nuestro protestantismo español tuvo su característica propia y singular e independiente tanto en lo ideológico como en lo cultual. Los primeros representantes fueron eminentemente claustrales, docentes y de la alta clerecía, aunque no solo, y al movimiento fueron adhiriéndose personas del pueblo llano. No se admitía el purgatorio, ni la confesión auricular, ni la autoridad del Papa.
Nuestro protestantismo nacido en el siglo XVI era «libre, abierto, tolerante, y ecuménico». Sus seguidores no eran de tendencias separatistas, tampoco eran muy numerosos, con lo cual se deshace la teoría de que representaran una ruptura política.
Si el protestantismo naciente fue acogotado en España con muchísima más dureza que en otros países de Europa, eso caló muy hondo en nuestro país y puede explicar de alguna manera cómo hasta hace poco más de cien años no se empezó a acometer un estudio profundo y fundamentado de su gran significado.
En todo caso, el libro aquí prologado contribuirá a recomponer y reconducir los esquemas estereotipados y escasos de muchos historiadores, por no decir de la mayoría, hasta las últimas décadas del sigo XX o las iniciales del XXI. Con obras como la del Díaz Pineda, el panorama va paulatinamente despejándose y depurándose. Y se va complementando y precisando una lagunosa cartografía muy relevante de nuestra historia española.
Es un reto y un estímulo para las jóvenes promociones de historiadores dentro y fuera de fronteras, las cuales, desde hace unos años, trabajan con ahínco y seriedad en ese campo, del que aún quedan parcelas sin roturar siquiera.
En Ávila, a 31 de octubre de 2016,
a 900 metros de la tumba de Torquemada
Dr. Francisco Ruiz de Pablos,
Premio Unamuno
AGRADECIMIENTOS
Es de justicia compartir el merito de la realización de este trabajo con diversas personas. Debo, en primer lugar, manifestar mi profunda gratitud al finado Dr. Don Antonio Jiménez García, Profesor Titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, Departamento III: Hermenéutica y Filosofía de la Historia, consejero y amigo, y virtual director de la tesis, dado que supervisó y aprobó los tres primeros apartados e inició el último tanto en su índice como en la estructura de sus contenidos, y que lamentablemente no pudo ver terminados, con quien he contraído una profunda deuda tanto intelectual como humana.
Igualmente debo expresar mi consideración más distinguida a los Doctores de la Universidad Complutense, Doña María Elisa Martínez Vega, Profesora Titular de la Facultad de Geografía e Historia, Departamento de Historia Moderna, y a Don José Luis Villacañas Berlanga, Catedrático de la Facultad de Filosofía, Departamento de Historia de la Filosofía, quienes con entusiasmo y sensibilidad asumieron la dirección de la investigación, guiándome con sus sabias y oportunas orientaciones a la conclusión de la misma.
Estoy infinitamente agradecido a los finados Profesores Don Tomás Law, del Seminario Teológico Bautista Español (Madrid), y al Doctor Don Guillermo Roscoe Estep, del Soutwestern Baptist Theological Seminary (Fort Worth, Texas), excelentes mentores, amigos, compañeros y maestros iniciáticos, que me llevaron a amar esta materia y me guiaron en mis primeras investigaciones en el campo de los estudios de la Reforma y especialmente en España.
En el capítulo de agradecimientos, no sería justo silenciar las aportaciones de otras personas, especialmente a los compañeros que no citaré para evitar que algún nombre se me pueda pasar, quienes me apoyaron y facilitaron mi actividad investigadora y la corrección del documento de trabajo. No olvido tampoco al personal del Archivo Histórico Nacional y de la Biblioteca Nacional, y especialmente a los funcionarios y estudiantes becarios de las Bibliotecas de Filosofía y Humanidades de la Universidad Complutense de Madrid, por facilitarme los fondos documentales y bibliográficos a lo largo de estos años.
En cuanto a la edición y publicación de esta obra, debo especial reconocimiento al Dr. Don Alfonso Ropero Berzosa, Director de Editorial Clie, quien con ánimo decidido ha llevado adelante esta publicación, y con sus atinadas orientaciones y sugerencias la ha mejorado.
Estoy sumamente agradecido y honrado por su generoso y excelente Prefacio, al Dr. Don Francisco Ruiz de Pablos, galardonado con el Premio Unamuno 2010, entre otros.
A Editorial Clie, por seguir empeñada en distinguirse en ofrecer al mundo hispano obras de referencia, como en este caso, y presentarla como una aportación al V Centenario de la Reforma Protestante que se celebra en 2017.
Por otra parte, debo reconocer que, sin el apoyo de mi familia todo este trabajo hubiera sido, sencillamente, imposible. Han soportado con paciencia mis ausencias. Lo mejor de esta tesis es por ellos y, de alguna manera, para todos ellos.
PRIMERA PARTE:
Historiografía de la Reforma del siglo XVI
A principios del siglo XX, Maximilian Frederik Van Lennep, afirmaba, no sin cierta perplejidad, que «donde la historia de la reforma alemana, inglesa, francesa y suiza encuentra muchos conocedores e investigadores, nos sorprende que la española sea mas bien pasada de largo o solo considerada superficialmente, y asimismo tenga que contentarse con un lugar modestísimo en los principales manuales. Y, sin embargo, es por demás merecedora de un detenido conocimiento».1
Efectivamente, hemos de reconocer que, comparativamente, el estudio de la denominada disidencia religiosa reformista en España, pocas veces en la vida académica y universitaria constituyó el tema de un estudio detallado, ni ha gozado de la debida atención continuada y metódica, como sin embargo, lo han tenido otros campos de investigación de la historia, aunque si bien es cierto no ha carecido de las debidas aportaciones.
Hasta no hace mucho tiempo las obras de los llamados «heterodoxos españoles» eran ignoradas o mal conocidas en España (olvido, por cierto, decretado intencionadamente por las autoridades inquisitoriales que, movidas por un celo implacable, dictaminaron la peligrosidad de los textos y los incluyeron en el Indice de libros prohibidos), a excepción de la visión parcial, aunque invalorable, que ofreciera Menéndez Pelayo.
Sin embargo, una larga lista de estudios, la mayoría de autores extranjeros, ha sido dedicado al análisis y valoración de los más destacados exponentes de la Reforma española.
Por otra parte, como reconoce el profesor Thomas Werner: «En la historiografía tanto española como universal, “España” y “protestantismo” son dos conceptos completamente antagónicos. Más bien se habla del “rechazo” del protestantismo o del “fantasma” de Lutero y se acentúa la ausencia de un movimiento luterano en la península. En la Europa del siglo XVI, no hubo ningún país donde la reforma de Lutero podía tener menos éxito que en España».2
Y más adelante, este mismo investigador, afirmará: «Nadie pone en cuestión que el protestantismo en España nunca fue un movimiento masivo y popular como lo era en Alemania, Flandes y algunas regiones de Francia. Por sorpresa, entre la enorme cantidad de libros dedicados a la Reforma y su divulgación por Europa, no se encuentra ninguno que realice un análisis de las causas que condujeron al fracaso del movimiento luterano en la península Ibérica».3
No es el propósito de esta sección estudiar las fuentes originales producidas por los propios personajes, sino enumerar y analizar los estudios que sobre ellos se han realizado, su producción literaria, y, más concretamente, sobre la llamada Reforma protestante en España.
Para este intento, se va a realizar un recorrido a través de los siglos, donde en todo momento se intentará seguir el orden cronológico, cuyo itinerario comenzará con el estudio de la producción investigadora escrita y publicada en los siglos XVI a XVIII, continuaremos con los siglos XIX y XX, para finalmente, tras rastrear en las obras generales, llegar a la conclusión.
Nuestro itinerario, podemos sintetizarlo de la siguiente manera: el siglo XVI produjo una multiplicación de obras que publicitaron la situación experimentada por los reformistas españoles, y así mismo se dio a conocer su amplia producción literaria. Los estudiosos de los siglos XVII y XVIII perdieron contacto totalmente no sólo con las fuentes escritas de la época, sino también con las obras originales.
Los eruditos del siglo XIX pudieron lograr un renovado contacto con las fuentes históricas y los escritos de los reformistas, logrando rescatar la producción biográfica y literaria, dieron un impulso fundamental a la investigación y pusieron las bases para los posteriores trabajos.
Los especialistas de los siglos XX y XXI han sido capaces de esclarecer los diversos puntos oscuros y las variadas lagunas históricas y literarias mediante una inteligente reconstrucción, ralentizan el discurso, rastreando en los fondos inquisitoriales.
Se emprende el estudio a través de su historiografía, asumimos la afianzada distinción en historia, entre lo que realmente sucedió y lo que sobre ello se ha escrito, afirmando además lo consabido, que la tarea del investigador no es la de juzgar el pasado, sino la de explicarlo.
1.Historiografía de los siglos XVI al XVIII
Se inicia la tarea investigadora historiográfica con la referencia al trabajo de Johan Gottfried Lessing, La Confesión de Londres, sobre los protestantes españoles exiliados en el siglo XVI, quien ya pudo observar que la historia escrita de la Reforma adolecía de numerosos defectos. Uno de ellos era la ausencia de un registro sobre los reformadores protestantes en España. Lessing creía que investigar la historia sobre el protestantismo español sería de extraordinaria utilidad, a pesar de que supondría un tremendo esfuerzo de investigación y recopilación.
Basando sus investigaciones en algunos libros escritos por los Reformadores, llegó al convencimiento de que sería posible llegar a realizar esta tarea. Los originales de estos libros tan especiales se encontraban fuera de su alcance, pero fue capaz de recopilar información a través de fuentes secundarias, expresando la esperanza de que la luz de sus investigaciones no fuese más tarde despreciada por otros escritores de la historia general de la Reforma.
No conocemos cuáles fueron las fuentes de las que se nutrió Lessing, pero es improbable que únicamente con estos materiales secundarios hubiera podido obtener suficiente información para realizar una obra completa sobre la historia de los Reformistas españoles.4
Varios estudios, en los que se mencionaba España, fueron elaborados en los siglos XVI y XVII; aludian a España, y todos lo hacían, casi exclusivamente, en relación a la Inquisición. Por una parte, los católicos elogiaban a la Inquisición por sus incansables esfuerzos para erradicar la herejía, y, aún tres siglos después, los luteranos que sufrieron la acción de la Inquisición tenían una mala consideración por su impureza racial y religiosa, que había que limpiar (erradicar) a toda costa.
Por otro lado, los protestantes celebraban con igual fervor a las víctimas de la persecución inquisitorial. En todo el continente, a medida que avanzaba el siglo XVI y la disputa doctrinal se transformaba en una cuestión de sangre, el catálogo de mártires (martiriologio) se multiplicaba. En la memoria de las iglesias protestantes, el movimiento evangélico llegó a ser identificado casi por completo con el martirio.
En la historiografía protestante, el martiriologio español de la época de la Reforma fue sintetizado básicamente en dos momentos: 1) los autos de fe en Sevilla y Valladolid, a mediados de siglo, y 2) el asesinato de Juan Díaz.
1.1.Los autos de fe y su eco fuera de España5
Los autos de fe suponían la culminación de los procesos inquisitoriales. Tenían lugar en las iglesias o en las plazas de las ciudades y eran actos públicos en los que las sentencias que recaían sobre las víctimas de la Inquisición eran llevadas a cabo y leídas con la parafernalia de un espectáculo. Los reos eran conducidos a los cadalsos o tribunas ataviados con el sambenito. Debían retractarse públicamente de los errores contra la fe católica, sufriendo las iras del pueblo congregado. Duraban horas y se procedía con toda la pompa y solemnidad que la Iglesia y el Estado podían aplicar a las ejecuciones.

Portada de Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes
El primer escrito protestante de los autos de fe y de quienes padecieron la persecución, fue sin duda, la obra titulada Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes Aliquot Detectae, ac palam traductae, de Reginaldo González Montes (Montanus). No se puede afirmar con absoluta certeza si la página del título proporciona el verdadero nombre del autor o si Montanus es un seudónimo (aunque Vermaseren cree que es un seudonimo que encubriría a Antonio del Corro, ex fraile del convento de San Isidoro del Campo, y Nicolás Castrillo, señala como autores a Antonio del Corro y Casiodoro de Reina mancomunadamente –hipótesis que ya habían sugerido Llorente y el propio Menendez Pelayo).6
Sea como fuere, el autor dice que fue testigo ocular de los procedimientos contra los protestantes en Sevilla, y víctima a su vez de cuanto narra. Testifica que «vino para conocer de cerca los misterios de la Inquisición de Sevilla y, a la misma vez los experimentó».7 Huyó de Sevilla y publicó su trabajo en latín en Heidelberg en 1567 (edición «Princeps»).
El libro tiene tres partes. La primera aborda toda la problemática del proceso inquisitorial; la segunda está dedicada a los «exempla», en que «se ven más claramente las mañas o artes inquisitorias puestas en ejercicio y práctica»; en la tercera parte se examina la trayectoria biográfica de algunos de los procesados sevillanos. Montes unificó, en una sola obra, la historia de la penetración del protestantismo en Sevilla y analizó la sangrienta represión a la que inmediatamente se vio sometida. Casi la mitad del texto esta dedicada a rememorar las vidas de quienes padecieron persecución por la fe evangélica. Es por ello por lo que se le considera, pues, como un martirologio de la Reforma en España.
El autor de las Artes poseía información valiosa. Se propuso dar a conocer todos los procedimientos de la Inquisición. Precisamente llama la atención su conocimiento del derecho procesal inquisitorial. Tiene un gran valor como libro histórico y muchas de las afirmaciones que contiene se ven fehacientemente avaladas por la investigación histórica posterior y contrastable por la documentación conservada en los diversos archivos.
Ruíz de Pablos afirma que «no hay razones objetivas para dudar tanto como dudaron algunos investigadores, tal vez prejuzgantes, sobre el fondo de autenticidad latente en las informaciones que nos suministra el libro de Montes... Aun siendo exagerado e hiperbólico en ocasiones, mucho de lo que cuenta está de acuerdo con la verdad de lo acaecido».8
La publicación pasó desapercibida en España, por razones obvias, pero, en cambio, gozó de gran popularidad en el centro de Europa; lo evidencia el hecho de que, al año de su aparición, ya había sido traducida al francés y al inglés, en 1568 al flamenco y, despues, al alemán, haciéndose múltiples reediciones a lo largo del siglo XVI. Se discute hoy su valor, pero, a pesar del tono apologético, esta obra sigue ofreciendo datos básicos para el conocimiento de los reformistas. También sirvió como fuente principal para los subsiguientes informes sobre los sufrimientos bajo la Inquisición. La obra de Montano fue un duro alegato contra la Inquisición denunciando la crueldad de sus procedimientos.
En la obra de Cipriano de Valera,9 otro fugitivo de la persecución inquisitorial de Sevilla, encontramos referencias y citas de las vicisitudes de los seguidores de la Reforma en Sevilla. Hace un breve resumen de la vida de Valera, Egidio, Pérez, Julianillo, Constantino, y menciona a los monjes de San Isidoro; de Valladolid menciona a Cazalla y alguno más. Realiza una fuerte crítica de la credulidad del pueblo y los religiosos.
Ecos de las Artes los encontramos en John Foxe, exiliado de la Inglaterra de María Tudor en Holanda, que estaba probablemente familiarizado con ella, ya que publicó una «Lista de los mártires españoles» perseguidos por la Inquisición en sus Acts and Monuments, que fue un auténtico best seller del que se realizaron 4 ediciones durante su vida que causaron una profunda impresión, en el que insistiría en la indefensión jurídica de los procesados.10
Hacia finales de siglo, Jean Crespin incluyó un informe sobre la muerte de Juan Díaz y los autos de Sevilla en el octavo tomo de su amplia obra titulada Histoire des martyrs, aparecida en 1573.11 En ella se relata el martirio de 2750 defensores de la nueva fe, entre los que incluye al grupo sevillano, según la relación hecha por Montes.
En el siguiente siglo, Joachim Beringer (seudónimo de Joaquín Ursino),12 nos ofrece en el capítulo XV de su obra una lista de biografías de los mártires protestantes españoles basada en la hecha por Montes; contiene además, una relación del auto de fe de Valladolid de 1558. Así mismo, Edmund Bohun, en la continuación de The General History of the Reformation de John Sleidan, recordaba los eventos de Sevilla y Valladolid, con lo que la popularidad de Foxe permaneció viva en la memoria de las víctimas protestantes de la Inquisición.13

Juan Díaz, grabado de los Iconos de T. Beza
1.2.La historia de Juan Díaz y su repercusión europea
Esta obra fue probablemente mucho más popular en su propio siglo que la historia de la Inquisición española, si se juzga por la cantidad de obras realizadas acerca de él.
Juan Díaz fue un joven protestante español, un notable estudiante, y autor de un pequeño compendio de fe cristiana, titulado Christianae religionis Summa,14 donde solo hay dos sacramentos: bautismo y cena del Señor, rechaza toda jerarquía y solo la Biblia, los cuatro concilios generales y los antiguos Padres son el tesoro de la fe, y la salvación solo es por los meritos de Cristo.
Estudió Teología en la universidad de París. En Ginebra se convirtió a la fe evangélica. En 1545, dejó esta ciudad para marchar a Estrasburgo y desde allí acompañó a Martín Bucero, a petición de éste, al Concilio de Ratisbona.
En marzo del siguiente año, mientras ayudaba a Bucero en Neuburgo, fue asesinado por su hermano Alfonso, quien pensaba que de esta manera defendía el honor de su religión y familia. Este suceso ultrajó a la comunidad protestante especialmente después de que Alfonso fuese de manera especial protegido por las autoridades católicas y nunca llegase a ser procesado. De esta forma, Juan Díaz se convirtió al instante en una celebridad al ser considerado un mártir de la fe, y Alfonso en la encarnación del fanatismo católico romano español.
Los escritos sobre la vida y muerte de Juan Díaz fueron realizados por Claude Senarcle, su amigo y antiguo compañero de estudios en París, quien le acompañó a Ratisbona. Fue con toda certeza editado por Francisco de Enzinas, y publicado en 1546 como Historia vera de morte sancti viri Ioanhis Diazii hispani. Más tarde fue reeditado en el martiriologio de Estrasburgo15 en la De statu religionis (1555) de Sleidan, y en los martiriologios de Ginebra y Basilea (1556, y 1563). En inglés puede ser encontrado en la traducción de Sleidan, General History of the Reformation (1689).16 También aparece de manera extensa en Acta martyrum (1556) de Crespin y en la Histoire des martyrs (1597); en este último trabajo también se reedita el Little summa of Díaz, en francés.
También hemos de hacer referencia a Theodore Beza, Reformista francés, que en su obra Iconos recoge los hechos de Sevilla y Valladolid, así como las biografías de Juan Díaz, Juan Pérez de Pineda, etc. De Juan de Valdés afirma que trabajó en pro de la unidad de la «Iglesia cristiana», y de sus «Consideraciones», que eran muy afines con el espíritu anabautista (esto no lo afirmaba como un elogio).17
A finales del siglo XVII, Philippus van Limborch,18 publica su obra en 1692, en la que entre otros, destaca los actos de fe de Sevilla y Valladolid y exalta las figuras de Egidio y Constantino Ponce de la Fuente como insignes mártires de la verdadera religión.
A principios del siglo XVIII (1702), apareció un pequeño libro en inglés titulado The Spanish Protestant Martyrology, en el cual el autor, Michael Geddes, destilaba la esencia de las Artes de Montes. De hecho, el que este tratado fuese inmediatamente traducido al latín para una más amplia distribución en el continente, ilustra claramente la escasez en ese tiempo de fuentes originales para la Reforma Española.19
Aqui hemos de recoger la investigación realizada para la tesis doctoral del célebre geógrafo y profesor aleman Anton Fiedrich Büsching sobre las pistas o vestigios de la presencia de Reforma en España.20
Estos trabajos representan el único esfuerzo hecho en este siglo para mantener viva la memoria de los aspectos tradicionales de la materia. Lo que una vez había sido de interés general, ahora parece referirse solo a una minoría religiosa. El énfasis en el protestantismo español como un movimiento de mártires fue realizado a expensas de numerosos esfuerzos para recordar y conservar sus producciones literarias.
Al contrario de lo ocurrido en el siglo XVI, en los siglos siguientes se produce una general pérdida de contacto directo con los reformistas y sus obras. Así, lo que encontramos en estos siglos resulta confuso e indirecto, recibiendo en muchas ocasiones un tratamiento rígido y parcial. De todos modos, las referencias a los trabajos de los reformistas españoles vinieron a gozar de nueva vida a través del interés literario despertado en ciertos estudiosos que trabajaron en obras de carácter general.
En Francia y en los Países Bajos, nos encontramos con las enciclopedias literarias de Jacques Le Long y su Bibliotheca Sacra, en la que recoge todas las ediciones publicadas de la Biblia, reseñando las obras de Enzinas, Pérez, Reina y Valera. Pierre Bayle, que entre otros trae un razonado artículo de Juan de Valdés plagado de copiosas notas, pero no ofrece nada nuevo, se limita a popularizar los datos biográficos, bibliográficos e históricos ya conocidos. Pero su carácter científico y enciclopédico influyó grandemente sobre otros enciclopedistas.
También Prosper Marchand, quien trata sobre Enzinas ampliamente dandole diez páginas; y Jean Nöel Paquot, quien, bajo el epígrafe «Calvinistas españoles, traductores de la Biblia», estudia a Enzinas, Reina y Valera. Todos ellos tomaron nota de los reformistas españoles,21 destacando la influencia religiosa de los mismos.
Daniel Gerdes, autor de los trabajos de la historia de la reforma, también recopiló una enciclopedia de libros poco comunes, en la que se hacía referencia a las obras de Valdés, Montano, Enzinas, Corro, Reina y Valera.22 Carlos de la Serna Santander, nos proporcionó más información, y corroboró lo fuera de lo común de los Nuevos Testamentos de Francisco de Enzinas y Juan Pérez en el catálogo de su biblioteca.23
1.3.Producción española
En España, algunos estudiosos españoles añadieron a este interés por los libros poco comunes, un interés por la bibliografía nacional, lo que mejoraba algo sus puntos de vista de las tradiciones religiosas peninsulares. Así, Nicolás Antonio y J. A. Pellicer contribuyeron con trabajos en los que tomaron nota de los escritores de las naciones protestantes.
La monumental Bibliotheca Hispana Nova de Nicolás Antonio Hispalense, abarca toda la bibliografía española en la época cristiana hasta 1689. Nicolás Antonio encuentra un lugar en ella para una pequeña biografía del Dr. Constantino, Enzinas, Pérez, Reina y Valera, recogiendo objetiva y científicamente la relación de las obras escritas, y, en general, evita cualquier oprobio religioso.
A Juan de Valdés, le dedica unas breves líneas. Le llama hereje luterano y sólo menciona de referencia dos de sus obras, sin haberlas visto (t. I, p. 7). Es cierto que se refiere siempre a Cipriano de Valera como un «nombre infame para nosotros (porque) era un hereje calvinista»,24 pero ningún otro escritor es tratado de esta forma.
La Bibliotheca de Nicolas Antonio es un trabajo sobre bibliografía nacional española, y mientras su nacionalismo es coloreado por la religión, lo primero es lo más importante de la obra. Es probable que la ofensividad de Valera surgiera tanto por su pasada profesión literaria en Inglaterra como por el simple hecho de haber sido calvinista.
El bibliotecario Juan Antonio Pellicer y Saforcada, por otra parte, es mucho más franco con sus sentimientos religiosos. En la parte positiva, su Ensayo de los traductores españoles de las Sagradas Escrituras y otras obras eclesiásticas y clásicas, proporciona las únicas biografías para su siglo y anteriores, sobre Francisco de Enzinas, Juan Pérez, Antonio del Corro, Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina.
Pellicer ignora numerosos hechos y yerra respecto de otros. Por dar un simple ejemplo: expone que Juan Pérez predicaba en Venecia e imprimió todos sus libros allí, cuando lo cierto es que Pérez imprimió sus libros en Ginebra, mientras que Venecia, en la página del título, fue designada para despistar a los inquisidores.
Pellicer es vehementemente antiprotestante, exponiendo, por ejemplo que Juan Díaz recibió su merecida recompensa por mano de su propio hermano.25 El trabajo de Pellicer es de utilidad limitada, aunque tiene esporádicos rasgos compensatorios, tales como su concluyente prueba de la exactitud del nom de plume (seudónimo) de Chesne como una traducción al francés de Enzinas.
No se debería extraer la conclusión por esta colección de obras enciclopédicas de que no existió en el siglo XVIII un interés general en la materia de los Reformistas españoles. Podemos decir que indican un crecimiento de la conciencia dentro de ciertos círculos de aquellos hombres como escritores. Para la mayor parte, el resumen de Menéndez Pelayo es preciso: «Nadie dentro o fuera de España ha despertado gran interés al final del siglo XVIII (por los trabajos del siglo XVI de los protestantes españoles). No porque unos pocos fervientes protestantes alemanes y holandeses dejaran de ensalzar el beneficio obtenido en el estudio de aquellos libros y la necesidad de escribir una historia de sus doctrinas en España, sino porque aquellas exhortaciones recibieron como respuesta la indiferencia generalizada, el ardor con que las cuestiones teológicas fueron observadas en el siglo XVI se habían enfriado».26
Esta situación se mantuvo durante el siglo XIX, uniéndose a las preocupaciones religiosas de los siglos XVI y XVII los intereses literarios del XVIII. Solo entonces fue remediado el defecto que Lessing había indicado (y que unos pocos fervientes protestantes lamentaban) por la aparición de la primera historia completa sobre la Reforma española.
2.Historiografía del siglo XIX
2.1.Los clásicos
Enlazando con la producción del siglo anterior, hemos de reseñar finalmente el trabajo del gran bibliógrafo y padre de la crítica española contemporánea Bartolomé José Gallardo. Su ensayo toma nota de un selecto número de únicos, «raros y curiosos» libros españoles. Entre los escritores protestantes, menciona a Enzinas y Valera, de cuyos trabajos realiza un extracto.
A diferencia de Pellicer, Gallardo parece que casi simpatiza con la causa reformista: «(Enzinas) cuenta pasando las persecuciones sufridas en aquellos días por un número de distinguidos hombres, fervientes por la pureza de la verdad contra las sombras de la ignorancia...».27
Esta actitud no se debe simplemente a la diferencia de noventa años de los anteriores autores. Gallardo albergaba los sentimientos propios del ser romantico y liberal exaltado (la mayoría probablemente no protestante) y, además, mantuvo relacion en su etapa de exilio en Londres (en la época de Fernando VII) con el bibliógrafo Richard Heber, en cuya biblioteca investigó. Una conjetura consistente es el más lento desarrollo que en España siguieron los cambios intelectuales del resto de Europa Occidental.
Aunque realmente el siglo XIX, para lo que nos ocupa, se iniciará con la aparición en francés, en 1817, de la Historia crítica de la Inquisición española escrita por Juan Antonio Llorente,28 agotada rápidamente; de inmediato se sacó una segunda edición de 2.000 ejemplares. Se hicieron cuatro ediciones en alemán (1819, 1822, 1824 y 1825), una en italiano (1820), una en holandés (1829), cinco en inglés (1826-1828) y la primera en español (1822), que se publicó en 10 volúmenes, reeditándose en 1835, 1836 y 1870. No se volverá a editar hasta 1980.
Esta obra señaló una nueva etapa en los estudios sobre la Inquisición y su relación con la Reforma protestante en España. A Llorente le cabe el mérito de haber sido el primer autor en desbrozar la compleja historia de la Inquisición en España. Esta publicación es un intento consciente de trabajar crítica e históricamente el gran acopio de actas, procesos y documentos inquisitoriales volcados en ella que había ido recogiendo en su calidad de secretario general de la Inquisición para nutrir y documentar su historia. Por consiguiente, la documentación que aporta es preciosa y a veces tan única para completar algunos datos, por lo que resulta material indispensable para el estudio e investigación sobre el tema.

Juan Antonio Llorente
Es un texto erudito y testimonial a la vez, aún teniendo en cuenta sus juicios parciales y erróneos sobre hechos y personas y aunque fracasará en su afán expreso de imparcialidad. En el capítulo que dedica al auto de fe de 1560 en Sevilla, Llorente cita los nombres de los tres condenados en efigie. Se detiene en el Doctor Constantino, pero su relación no ofrece ninguna novedad con respecto a la obra de Reinaldo de Montes, a quien sigue. Reseña algunas noticias de varios heterodoxos condenados por la Inquisición.
Tras la obra de Llorente, se multiplicarán los trabajos apologéticos sobre la Inquisición y la martiriología, con mayor o menor extensión y éxito. Aquí sólo reseñaremos unos cuantos. Como ejemplo de autores españoles, Joaquín del Castillo y Mágone realizó un trabajo sobre la Inquisición en el que con amplitud de detalles recoge los autos de fe de Sevilla y Valladolid, relacionando a los condenados y diversos datos de los mismos.29 Genaro del Valle,30 en su trabajo, destacará los diversos procesos, la relación de los encausados y los autos de fe de los protestantes españoles y otros datos de interés en casi cien páginas.
En Inglaterra, hubo una proliferación de estas obras apologéticas que denunciaban las atrocidades de la Inquisición. Así, de autores ingleses, destacamos a Henry Stebbing31 en su obra general sobre la Reforma; al tratar de la Reforma en España lo hace desde la persecución de la Inquisición. Por su parte, John Sunding Stamp32, con su monumental obra, volvia a reeditar el tema de los martirologios provocados por la inquisición, que tanta importancia tomaron en los siglos XVI-XVII.
También William Harris Rule,33 quien fuera misionero en España, escribió sobre la Inquisición ocupando tres capítulos de su obra al estudio de los autos de fe del siglo XVI. James Carlile McCoan,34 en su trabajo, se ocupa de estudiar la Reforma Española, la expansión de su doctrina, y los personajes más destacados, desde sus orígenes hasta final del siglo XVI desde la optica de su persecución por la Inquisición. Por su parte, William Henry Giles Kingston35 realizará una historia novelada sobre la persecución de los reformistas españoles por la inquisición sevillana.
De los autores franceses destacamos a M. Chapuis,36 que, en su obra Los mártires españoles, sigue el mismo camino que hiciera el ingles Stamp, incidiendo en los martirologios de los españoles que siguieron la Reforma. E. La Rigaudiere37 estudia a la mayoría de los protestantes españoles del siglo XVI, tanto dentro como fuera del país, desde su inicio, progreso, persecución, huida, autos de fe, etc., en sus más de noventa páginas. Igualmente hemos de hacer mencion de Madame de Suberwick, que escribe con el seudonimo de Victor de Fereal38 una historia novelada de los protestantes españoles y la persecución por la inquisición.
Coincidiendo en el tiempo, a la misma vez que se realizaba la historia de la Inquisición en este siglo, también se escribía la historia de la Reforma y sus protagonistas (junto con la divulgación de sus obras) con una intención y un criterio más liberal y moderado.

Thomas M’Crie
El trabajo de Thomas M’Crie, es en realidad la primera historia de la Reforma en España, publicado en Edimburgo en 1829, con el título: History of the Progress and Suppression of the Reformation in Spain in the Sixteenth Century (la historia del progreso y supresión de la Reforma en España en el siglo XVI), era y permanece como el único libro en inglés de erudición por la visión general que da al asunto. Su traducción está entre los mejores informes que se realizaron en español.39
Pero el libro de M’Crie padece la misma limitación que obstaculizó a Lessing (aunque no en la misma forma y amplitud) en esto él se restringió en buena parte en el uso de fuentes secundarias (especialmente del siglo XVI), o en la utilización de extractos de fuentes principales en trabajos posteriores.
No obstante, M’Crie tuvo acceso a unos pocos materiales originales: los Dos tratados de Valera, el informe de la muerte de Juan Díaz, las traducciones de los prólogos de la Biblia de Enzinas, Valera y Reina, y las Artes de Montes. También hizo uso de la Historia de los mártires de Crespin y de unas pocas epístolas manuscritas. M’Crie creó un nuevo mundo con su uso de fuentes originales en la recreación de una historia completa del reformismo español, pero es lamentable que tuviese acceso a tan poco material original. La edición española del libro de M’Crie, traducida mucho más tarde, no fue el primer trabajo publicado de su clase a este idioma.

Adolfo de Castro y Rossi
Este honor pertenece a Adolfo de Castro y Rossi, con su Historia del Protestantismo en España (1847)40, refundida poco después en su Historia de los protestantes españoles y de su persecución por Felipe II (1851). El autor, de Castro (fallecido en 1898) leyó la edición original en inglés de M’Crie, y concibió la idea de escribir un informe incluso más detallado y completo. Si tuvo éxito o no es debatible. Un afamado crítico español cree que el trabajo de M’Crie está «en general mucho mejor escrito que el de Adolfo de Castro, y contiene muchas notas omitidas por El».41
El trabajo de de Castro contiene rasgos atrayentes. Él escribe como un español católico cuyos sentimientos liberales le llevan a condenar con durísimos términos los excesos de la Inquisición y la severidad del carácter religioso nacional que prefería la fuerza a la persuasión de la razón.
Hacia este fin él trabajaba, para así probar que no todos los españoles compartían ese carácter duro. Utilizó para este propósito fuentes y documentos de primera mano, usando abundantes citas de la literatura hispánica. Su acceso a estos y otros materiales que no estaban al alcance de M’Crie, y su diferente enfoque, hace de este trabajo un digno material de consulta.42

Benjamín Barron Wiffen
Benjamín Barron WiffenLuis Usoz y Río