Massimo Centini
CIUDADES, LUGARES
Y CONTINENTES
DESAPARECIDOS
EDITORIAL DE VECCHI
¿DÓNDE ESTABAN LA ATLÁNTIDA, MU Y LEMURIA?

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1. ESTRECHO DE GIBRALTAR |
11. TIAHUANACO |
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2. ARCHIPIÉLAGO DE LAS AZORES |
12. TROYA |
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3. NIGERIA |
13. BARUMINI (CERDEÑA) |
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4. SANTORINI (TERA) |
14. MALTA |
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5. CRETA |
15. GOLFO DE CÁDIZ |
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6. EGIPTO |
16. BAHAMAS |
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7. LAGO TITICACA |
17. CUBA |
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8. UPSALA |
18. MALÍ |
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9. CHOTT DJERID (TÚNEZ) |
19. ANTÁRTIDA |
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10. MAR NEGRO |
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A pesar de haber puesto el máximo cuidado en la redacción de esta obra, el autor o el editor no pueden en modo alguno responsabilizarse por las informaciones (fórmulas, recetas, técnicas, etc.) vertidas en el texto. Se aconseja, en el caso de problemas específicos —a menudo únicos— de cada lector en particular, que se consulte con una persona cualificada para obtener las informaciones más completas, más exactas y lo más actualizadas posible. EDITORIAL DE VECCHI, S. A. U.
A Edoardo y Danilo, dos exploradores de los misterios de nuestra errante existencia.
Traducción de Gustau Raluy Bruguera.
Diseño gráfico de la cubierta de Design 3.
Fotografías y dibujos del autor (A); dibujos de Michela Ameli (MA); fotografías de Ennio Maffei (EM), salvo donde se indica otra procedencia.
Mapas de Michela Ameli.
Fotografías de L. Parravicini y L. Viazzo.
Fotografías del archivo DVE.
© Editorial De Vecchi, S. A. 2017
© [2017] Confidential Concepts International Ltd., Ireland
Subsidiary company of Confidential Concepts Inc, USA
ISBN: 978-1-68325-558-1
El Código Penal vigente dispone: «Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. La misma pena se impondrá a quien intencionadamente importe, exporte o almacene ejemplares de dichas obras o producciones o ejecuciones sin la referida autorización». (Artículo 270)
ÍNDICE
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN
Mitología de las catástrofes
Una historia que no está escrita
Catástrofe y religión
INDAGAR EN EL TIEMPO ENTRE FENÓMENOS NATURALES Y FANTASÍA
Catástrofes e historia
Erupciones volcánicas
Cometas
Meteoritos
Terremotos
Cuando la naturaleza supera la fantasía
¿Hacia nuevas catástrofes?
SODOMA Y GOMORRA: EL CASTIGO DIVINO
Las ciudades del pecado
Gabaa, una historia paralela
Las interpretaciones desde la Antigüedad hasta nuestros días
LA ATLÁNTIDA: LAS FUENTES PRINCIPALES
Un mito inextinguible
Relación entre ciencia y metáfora
El Mahabharata y la tesis «atómica»
En el origen, Platón
¿Metáfora, símbolo o realidad?
Defensores modernos de Platón
La Atlántida según otros autores antiguos
Hombres de un continente perdido
¿DÓNDE ESTABA LA ATLÁNTIDA?
Una búsqueda por toda la Tierra
Océano Atlántico
Europa y el Mediterráneo central
Mediterráneo oriental y Oriente Próximo
América
Más allá de la Tierra: la teoría del «planeta que estalló»
LA ATLÁNTIDA Y OTROS ENIGMAS
¿Una civilización desconocida en Egipto?
Otras hipótesis sobre la Atlántida
La cultura dogon: ¿un saber de otros mundos?
Nommo, el antepasado civilizador
Frobenius y los herederos de la Atlántida
Mendelssohn y el misterio del ankh
UNA CATÁSTROFE EN SANTORINI
La furia del volcán
¿Es Santorini el origen del mito de la Atlántida?
¿UN MUNDO DESAPARECIDO BAJO LA ANTÁRTIDA?
Un continente de hielo
Antes de los hielos
Entre mito e historia
EDGAR CAYCE, LA ATLÁNTIDA Y LA DESTRUCCIÓN FINAL
El fin del mundo, un tema recurrente
Cayce, un curioso profeta contemporáneo
El hundimiento de la Atlántida
LA MISTERIOSA LEMURIA
Un continente en el océano Índico
La cuna del género humano
Gigantes y divinidades
En busca del origen genético del hombre
Entre las ramas de Madagascar
Los hombres de los bosques
LA HISTORIA DE MU
Las hipótesis de Le Plongeon
Los descubrimientos de Churchward
Mu cambia de nombre
TRIÁNGULOS MALDITOS Y DESAPARICIONES INEXPLICABLES
Un misterio reciente
Una siniestra cronología
El «agujero de la bruja»
Otros enigmas bajo el mar
YS, LA CIUDAD DESAPARECIDA DE LAS DRUIDESAS
Un mito bretón
¿Un lugar de culto de sacerdotisas?
AVALON, THULE Y LYONESSE
Avalon y el mito del rey Arturo
Thule y las «otras» inteligencias
Lyonesse, la Atlántida europea
LOS DILUVIOS UNIVERSALES
El agua destructora
El modelo de los diluvios
Tras la pista del diluvio
De la teología a la ciencia
Tras la pista del arca
LOS MISTERIOSOS HOMBRES-PEZ
El hombre-pez del mar Rojo
Los seres acuáticos desde África hasta California
Las interpretaciones
PRUEBAS IMPOSIBLES
La misteriosa «pila »de Bagdad
Las «piedras de las serpientes»
Extraños mecanismos
Hallazgos sin nombre
ENTRAN EN ESCENA LOS EXTRATERRESTRES
Visitas desde el espacio
El misterio de los ovnis
Un salto en el tiempo
Apocalipsis de otros mundos
CATÁSTROFES E IMAGINARIO
¿El hombre contra la naturaleza?
El valor ambiguo de la inmortalidad
Esperanzas y miedos respecto al futuro
¿Testigos del próximo Apocalipsis?
BIBLIOGRAFÍA
Cuando Platón decidió incluir en el Timeo y en el Critias las informaciones sobre el maravilloso mundo de la Atlántida y su repentina desaparición, nunca pudo imaginar que dos milenios después aquellas descripciones generarían un debate secular que estimularía la cultura, la investigación y la ciencia.
No nos equivocaríamos si afirmáramos que el misterio de la Atlántida es el misterio del hombre, y quizás por esta razón es objeto de la atención de muchas personas, por estar ligada como está a la problemática de los orígenes de esta humanidad que todavía está buscando sus raíces. El debate sobre la existencia de la Atlántida y su ubicación está más vivo hoy en día que nunca, gracias a las nuevas tecnologías, que ofrecen a las actuales generaciones las claves para llegar a donde nuestros predecesores no pudieron llegar.
La ciencia contemporánea, acusada en tantas ocasiones de trabajar solamente a favor del provecho económico, también es el ariete que está derribando los muros de los límites humanos, desvelando una parte de los misterios de nuestro planeta y sus criaturas, entre las que se incluye el hombre. La ingeniería genética está penetrando en los secretos más recónditos del genoma, analizando el mapa invisible y a la vez infalible del ADN, de las relaciones que hay entre los diferentes grupos humanos y de sus regiones de procedencia. La tecnología con infrarrojos ha abierto un nuevo ojo en el subsuelo y ha incrementado los conocimientos geológicos, mientras que el perfeccionamiento de los equipamientos subacuáticos ha hecho que el medio submarino sea menos hostil. Pero todo esto no es suficiente. La Atlántida sigue siendo un mito para la ciencia académica, y el renovado interés suscitado en estos últimos años por los estudios y las operaciones que están relacionadas con ella son fruto exclusivamente del trabajo de investigadores independientes, los cuales, al igual que las generaciones de estudiosos que les precedieron, se han propuesto reexaminar el mito, con la ventaja de trabajar con la ayuda de los nuevos avances científicos, recuperando aquello que otros, arqueólogos incluidos, habían dejado de lado.
Gracias a ellos, la Atlántida ha vuelto a emerger, no de las aguas que la sumergieron una noche de un lejano pasado, sino del olvido al que fue relegada por culpa de un involuntario proceso de amnesia.
Estamos seguros de que los descubrimientos realizados especialmente en la última época obligarán al mundo científico a efectuar una revisión global de la historia del mundo, porque de la manera que se enseña se antoja incompleta, pues le falta lo que está considerado fantasía o leyenda. La ciencia, en efecto, no toma en consideración los mitos antiguos, a pesar de que en varias ocasiones han sido la chispa que ha propiciado grandes hallazgos arqueológicos. En este contexto, los mitos relativos a tierras legendarias sumergidas —a las mil Atlántidas que hay por todo el mundo, como Mu, Lemuria, Ys, Mudalu y Naraikanai— se convierten en el punto de partida para escrutar en aquellos fondos marinos que el análisis geológico considera que se sumergieron en la última etapa posglacial, que terminó hacia el 8000 a. de C. De este modo se han identificado millones de kilómetros de tierras que hoy en día están bajo las aguas, pero que hace 10.000 años estaban a la luz del sol y podían haber acogido poblaciones humanas. Esto significa atribuir una realidad histórica y científica al Diluvio. Hasta el momento, sólo una pequeña parte de estos lugares sumergidos han sido explorados, revelando lo que sólo unos pocos audaces osaban creer: vestigios sumergidos, en algunos casos de apariencia megalítica, dispuestos en los fondos marinos, olvidados por un hombre que ha perdido la memoria de esta preciosa herencia. Quizás este sea el nuevo rumbo de los estudios sobre la Atlántida.
Platón describió esta isla-continente situándola más allá de las Columnas de Hércules, y es allí donde muchos la han buscado. Otros se concentraron en el Mediterráneo, en América, en África e incluso en la Antártida.
Todos estaban equivocados y todos tenían razón, porque estos descubrimientos submarinos indican una misma cosa: que la Atlántida nunca fue un lugar, sino algo que puede interpretarse como el legado mitológico de una cultura olvidada que, como tal, estaba por todas partes, poblando las costas de un mundo de aspecto y clima muy diferentes a los actuales.
Los vestigios sumergidos en los fondos asiáticos, europeos y americanos, en los océanos Atlántico y Pacífico, pese a que son una pequeña parte de todo lo que hay por explorar, representan un enigma desvelado y a la vez un misterio por desvelar. ¿Quiénes eran aquellas gentes? ¿Por qué desaparecieron? ¿Los mitos, los símbolos y las ceremonias relativas a las poblaciones de nuestro planeta —y las distintas religiones, a menudo caracterizadas por rasgos comunes— pueden aclararnos dónde se refugiaron los supervivientes del levantamiento de las aguas y qué papel tuvieron en el renacimiento de la cultura al final del periodo prehistórico?

Los lugares desaparecidos, como la mítica Atlántida, han fascinado desde siempre al hombre con sus misterios impenetrables (EM)
Desde hace años estoy dedicado profesionalmente a la búsqueda de esta cultura madre. A través de HERA, miti, civiltà scomparse, misteri archeologici [HERA, mitos, civilizaciones desaparecidas, misterios arqueológicos], la revista que dirijo, tengo acceso a los últimos descubrimientos, que amplío con expediciones a todos los puntos del planeta. Desde esta posición privilegiada puedo afirmar sin temor a equivocarme que los indicios de esta cultura están en todas partes, expuestos en los museos, mal interpretados, o en sus almacenes, totalmente ignorados, pero capaces de desvelar secretos a quien busca un nuevo horizonte cultural, una visión más amplia de nuestro patrimonio histórico y de nuestros orígenes. La obra que el lector se dispone a leer reúne los saberes que he atesorado, aborda las teorías sobre las causas que generaron aquella remota catástrofe hasta sus consecuencias. También analiza el mito de las tierras mitológicas en las distintas culturas y ofrece una amplia visión que llega hasta el misterio de los «portadores de conocimiento». Massimo Centini nos regala, en definitiva, una visión imperecedera de la Atlántida, en la que destaca la importancia de una cultura olvidada que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía influye en nuestra trayectoria histórica. Creo que a pesar de su historicidad, la Atlántida tiene un componente muy «trascendente»: la advertencia tan actual que Platón eternizó en sus escritos, lanzada como la botella de un náufrago a una humanidad que se ha olvidado de sí misma, de la naturaleza y de todo lo que ocurrió hace 12 milenios. Con el riesgo de que cuanto sucedió en aquel tiempo se repita.
ADRIANO FORGIONE
Director Editorial de «HERA»

Las tradiciones que narran antiguas catástrofes, causantes de la devastación de continentes enteros, «países» y «reinos» felices, a menudo muy evolucionados, forman parte de la mitología de muchas culturas. Detrás de esta idea puede haber explicaciones de orden religioso, pero en la mayor parte de los casos se encuentran experiencias determinadas por la necesidad del hombre de descubrir sus propias raíces atávicas en un pasado indefinido en el plano histórico, parecido al de «érase una vez» de las fábulas. Raíces profundas situadas en un tiempo en el que los hombres vivían en armonía con las divinidades y con sus similares, un tiempo del que luego, por alguna razón —siempre relacionada con una infracción grave por parte de los seres humanos—, aquellos mundos maravillosos y presididos por el equilibrio fueron barridos por la furia de los dioses.
De aquellos mundos ya no quedaría, al parecer, ningún indicio concreto, sino sólo el eco de las memorias de historiadores y escritores. Gracias a ellos han llegado hasta nuestros días los testimonios de la destrucción de continentes, pueblos o ciudades. Dichos testimonios casi siempre carecen de la precisión propia de las crónicas, pero en cualquier caso son las únicas fuentes que permiten al hombre moderno al menos imaginar el esplendor y la extensión de lugares definitivamente perdidos.
Los restos de mundos maravillosos y aparentemente perfectos, como la Atlántida, Mu y Lemuria, de hecho nunca han sido hallados; sin embargo, se han propuesto muchas hipótesis a partir de informaciones limitadas, no siempre demostrables científicamente, que tienden a situar estos indicios en varios puntos del planeta. Científicos y aventureros, arqueólogos y piratas han surcado los mares y han recorrido los lugares más inaccesibles en búsqueda de mundos que la mayor parte de los hombres considera inventados o perdidos para siempre, y armados con la sed de conocer, o con la esperanza de adueñarse de tesoros inmensos, han «descubierto» una y otra vez estos lugares desaparecidos.
Como veremos en los capítulos que siguen, sobre esta cuestión se han pronunciado también los médium, quienes a través de poderes paranormales han intentado dar una ubicación a los lugares que los más escépticos creen que son fruto exclusivo de la fantasía. ¿Es realmente así?
Casi siempre, las tradiciones sobre las grandes catástrofes han sobrevivido al paso de los siglos (o incluso milenios) gracias al canal de la narración oral. Aunque por lo que respecta a la Atlántida tenemos el testimonio escrito de Platón —y en los casos de otros lugares desaparecidos se cuenta con presuntos documentos de distintas naturalezas—, no se debe olvidar que el gran filósofo griego transcribió una tradición llegada hasta nosotros exclusivamente por medio de la narración oral, que es el canal idóneo para contener todos aquellos episodios que perduran principalmente a través de la caja de resonancia del mito.
Como advierte Marcel Detienne: «Reflexionar hoy sobre el mito significa ante todo reconocer, y en parte experimentar, la fascinación que la mitología y su imaginario, en el sentido más común de la palabra, han ejercido siempre y todavía ejercen en nosotros y en la historia de nuestro conocimiento más reciente. Es la fascinación nacida de una lectura que no conoce interrupciones y que, después de los inicios en Grecia, se nutre de todas las analogías ofrecidas por el curso de la historia» (voz «Mito», Enciclopedia delle Scienze Sociali, Istituto dell’Enciclopedia Italiana).
El mito ha sido siempre objeto de atención, ya que es el producto de experiencias y reflejos del imaginario en el que han confluido tradiciones comunes a muchas culturas, pero diferentes entre sí. De hecho, el parecido de forma y de contenido entre los mitos había inducido en el pasado a los primeros estudiosos a dibujar una especie de mitología comparada con casualidades interpretativas poco científicas.
Según una cierta línea interpretativa, la mitología, al contrario que la religión, prolifera en la ignorancia cuando la razón se disgrega; una hipótesis, esta, que actualmente no comparten todos los expertos, puesto que un cierto porcentaje de mito es parte integrante de la razón. Y dejar su espacio dentro de la razón significa abrir la mente a toda una serie de creaciones en el imaginario que, para bien o para mal, tienen su propio papel. El Diccionario de Battaglia define el mito como «concepto o idea que no corresponde a la realidad, o que carece de valor racional o práctico [...]». Sin embargo, ¿es una definición suficiente?
Si nos atenemos al significado «oficial» del término y de sus derivados, constatamos que generalmente indica conceptos ligados a la fantasía, a lo que no existe realmente o no se corresponde con la realidad. Por tanto, para responder a la pregunta tendríamos la tentación de considerar el mito como expresión de una no realidad o, como máximo, como la exageración de la misma.

El concepto de «destrucción del mundo» está representado aquí en el Juicio Final de la catedral de Bourges, en Francia (fotografía de John Pole)
Entre las distintas hipótesis sobre lugares desaparecidos, no han faltado las que tienden a determinar alguna relación entre su presunta destrucción y las creencias religiosas. Algunas catástrofes naturales responsables de la desaparición de territorios de distinta superficie se habrían atribuido a las divinidades para «explicar» sus causas.
El concepto de «destrucción del mundo» ha sido utilizado como indicador muy claro de la intervención de un dios en las actividades de los hombres, que son culpables de haber ofendido a las divinidades o de no haber respetado los preceptos.
La relación entre religión, clima y fenómenos naturales destructivos constituye una clave de lectura para intentar dar un sentido, obviamente desde una óptica muy materialista, a los fenómenos destructores del medio en el que viven los hombres. Es una actitud que se encuentra en religiones muy diversas, entre las que figuran el judaísmo y el cristianismo, en las que el tema de la destrucción del mundo representa una parte muy importante del mensaje teológico recogido en los libros sagrados.
Otro aspecto fundamental hace referencia a la dimensión efectiva de los fenómenos indicados como artífices de las destrucciones de continentes míticos. Resulta creíble, en efecto, que las mitologías en las que se describen catástrofes de entidad cósmica en realidad se refieran a acontecimientos destructivos circunscritos. Así, los ecos de episodios que ciertamente tuvieron lugar, aunque de alcance no universal, han alimentado unas leyendas que han distorsionado desmesuradamente la realidad.
Los acontecimientos naturales que habrían producido fenómenos destructores de gran alcance han estado de algún modo «justificados» en el lenguaje de la mitología y de la religión con el fin de darles una motivación y un origen. El llamado modelo de cataclismo «es sin duda celeste y está basado en la idea arquetípica del Cielo que cae de forma cataclísmica sobre la Tierra: los aspectos tectónicos y volcánicos de algunos mitos griegos son el corolario natural de este modelo celestial. La línea de fondo es que los dioses aparecen como la personificación de estas fuerzas cataclísmicas» (A. F. Alford, Il segreto di Atlantide e delle antiche civiltà sommerse, Roma, 2002, pág. 99).