Cover
image
Title
image
Copyright © 2018 Kakadu, LLC
Publicado por Wellspring
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de este libro puede ser usada o reproducida
de ninguna forma sin previa autorización,
excepto en el caso de citas breves en artículos de prensa
o revisiones críticas.
Los versos de la Escritura han sido traducidos directamente del texto en inglés.
Tapa blanda ISBN: 978-1-63582-047-8
Design by Madeline Harris
Para más información visite:
www.MatthewKelly.com
10987654321
Impreso en los Estados Unidos de América
Para el Padre Ron Rieder
Mucho antes de que gozara de popularidad, usted reconoció que Dynamic Catholic podía ser algo único y de gran impacto.
Usted anticipó las increíbles posibilidades que se desencadenarían del trabajo colaborativo entre los pastores y Dynamic Catholic.
Sé que ha orado y sufrido incesantemente por la misión de Dynamic Catholic, y por mí, a nivel personal.
Que Dios lo bendiga y le retribuya mil veces por su generosidad.
Gracias por todo el amor y el apoyo que me ha brindado.
Nunca sabrá cuanto su estímulo ha significado para mí.
Para Kathy Aull
Por quince años usted me ha apoyado desinteresada y abnegadamente y cada cosa que hace me permite hacer un poco más de lo que hago. Simplemente no habría podido realizar todo lo que he logrado sin su contribución.
Espero entonces que pueda ver algo de usted misma y de su contribución en cada libro, en cada discurso, en cada programa y en todo lo que Dynamic Catholic ha hecho, está haciendo y hará en el futuro.
Gracias. Que su vida continúe colmada de amor, de risas y de sueños hechos realidad.
image
Ninguno de ustedes sabrá el impacto que han tenido en mi vida o en el ministerio que Dios nos ha conferido a mí y al equipo de Dynamic Catholic.
Es para mí un gran honor conocerlos y la fuente de un profundo sentimiento de humildad.
m.
Contenido
PRÓLOGO
PARTE UNO
1. Mi recorrido con el rosario
2. Una perspectiva singular
3. Orando con cuentas
4. Oración dinámica
PARTE DOS
5. Los misterios gozosos
6. Los misterios luminosos
7. Los misterios dolorosos
8. Los misterios gloriosos
PARTE TRES
9. Un rosario escritural
PARTE CUATRO
10. Toda familia necesita un gran orante
11. Bellamente consciente
APÉNDICES
Las bases: ¿Cómo rezar el rosario?
Citas, oraciones e himnos acerca de María y del rosario
Fiestas marianas
Prólogo
El mapa de un tesoro no pierde valor por el hecho de ser antiguo. No hay nadie que encuentre uno y lo descarte por el simple hecho de que su apariencia revela muchos años de uso. Su valor no depende de cuán viejo o nuevo este sea. El valor de un mapa está determinado por dos factores: ¿Conduce el mapa al tesoro? ¿Cuán grande es el tesoro?
La edad no le resta valor a algo ni lo hace irrelevante. Pero ese es el disparate de nuestra era. Hay un legendario vino australiano llamado Grange Hermitage. Un vino de la cosecha de 1951 vale unos $40.000 la botella y ciertamente no es menos valioso por el hecho de ser añejo. Ningún coleccionista de vinos en el mundo diría: «No es bueno, pues es muy viejo».
Cada era muestra su arrogancia de diversas formas. La gente de esta época suele menospreciar lo viejo y considera particularmente la sabiduría antigua como algo irrelevante en la vida moderna. La fe católica y el rosario han sido lamentablemente objetos de este disparate. Muchas personas, católicas o no, desestiman el catolicismo y sus prácticas, como la misa y el rosario, considerando que no aportan nada y que son irrelevantes, simplemente por el hecho de que son antiguos. Esta es una de las manifestaciones de la ignorancia ciega que afecta nuestra era.
El catolicismo es el mapa de un tesoro. Estoy de acuerdo, es un mapa muy antiguo, pero aún así conduce a un tesoro —y el tesoro es inmensurable. No hay necesidad de excusarse por su verdad, belleza y sabiduría. Estos tiempos carecen de las tres.
El rosario, de la misma manera, es también un mapa de un tesoro antiguo que todavía conduce al tesoro. Es un tesoro escondido, inagotable. Toma de él todo lo que puedas hoy y si regresas mañana, descubrirás que los tesoros que el rosario ofrece son aún mayores que los de ayer.
image
image
Mi recorrido con el rosario
Soy un hombre práctico. Quienquiera que me conozca te lo dirá. Me gustan las cosas que funcionan. No tengo nada en contra de las teorías, pero prefiero las ideas que de hecho sirven. Me inspira la gente que ayuda a otra. Las organizaciones que agregan un enorme valor a las comunidades me inspiran. Hay algo fabuloso en aquello que funciona.
Sabemos mejor esto cuando algo deja de funcionar. Sorprende ver cómo un teléfono o un ordenador que deja de funcionar nos puede volver la vida al revés. Tenemos el hábito de apreciar las cosas mayormente cuando se han ido. Cuando estaba muy enfermo, decidí que nunca más daría mi salud por sentada, pero por supuesto lo hago.
Y tenemos esta gran expectativa de que las cosas simplemente funcionarán. Por supuesto que hay cosas quebrantadas en nuestra nación y en nuestra cultura, pero aun lo que está averiado funciona bastante bien. ¿No están la salud y la educación quebrantadas? Absolutamente, pero no demos por hecho el bien que estos sistemas proveen a pesar de su quebrantamiento. ¿No necesita nuestro sistema político una buena reforma? Probablemente, pero aún gozamos de un notable orden si consideramos las fisuras que parece tener todo en estos tiempos.
Visita cualquier país no tan desarrollado y rápidamente verás que hay muchos lugares en el mundo en donde muchas cosas no funcionan del todo. Es probable que vayas preguntándote: ¿Cómo puede vivir la gente en estos lugares?
Tal vez por eso tiendo hacia lo práctico, una fuerte tendencia hacia las cosas que de hecho sirven. El punto es: me gusta lo que funciona. Me encanta lo que funciona.
Con cierta frecuencia la gente me hace preguntas sobre el rosario. ¿Reza usted el rosario? ¿Por qué? ¿Cada cuánto? ¿Lo rezó cuando era niño con su familia? ¿De verdad el rosario tiene importancia? ¿Cuánta? ¿Adoran los católicos a María? ¿Por qué le rezamos?
Hay una y mil variaciones relativas a estas preguntas, pero hay tres cosas que siempre comparto al hablar del rosario:
1. Funciona.
2. Te llenará de una increíble sensación de paz.
3. No te conformes con lo que te digo. Tienes que experimentarlo.
El rosario funciona. Hay algo en él que asienta nuestra mente y nuestro corazón. Pone todo en perspectiva y nos permite ver las cosas según lo que realmente son. Llega a las profundidades de nuestra alma y nos calma, generando una paz que es inusual y bella.
¿Cuántas cosas puedes hacer que puedan lograr lo que acabo de describir? Devuélvete y lee ese corto párrafo una vez más. Cuando digo «inusual y bella», no estoy simplemente usando palabras. Lo digo con gran conocimiento de causa. Y ha sido mi experiencia que los únicos que no valoran esta clase de paz son aquellos que nunca la han experimentado. Si esa persona eres tú, me siento emocionado por ti. El rosario va a cambiar tu vida.
Pero he aquí el reto: no aceptes este argumento solo porque yo lo digo. Compruébalo por ti mismo. Desarrolla el hábito de rezar el rosario.
No espero que reces el rosario una vez y te digas: «Matthew tenía toda la razón. El rosario realmente funciona. Mi corazón y mi mente se han apaciguado. ¡Tengo ahora todo en perspectiva! Puedo ver con claridad lo que más importa y lo menos relevante. Mi alma está a gusto y tengo una paz intangible, profunda y permanente».
No, requiere un hábito. Puede ser algo que rezas los viernes por la noche. Así es como empecé yo. Puede ser algo que rezas los primeros sábados de cada mes. Puede ser que sea algo a lo te sientes llamado a hacer a diario. Hablaremos de la frecuencia con qué rezar el rosario y de las diferentes etapas de nuestra vida espiritual un poco más adelante. Lo que quiero dejar claro de acuerdo a mi experiencia es que para experimentar realmente los magníficos frutos del rosario necesitas establecerlo como un hábito espiritual en tu vida.
Llevamos una vida agitada en un mundo caótico. Todo esto nos puede llevar a una confusión que nubla la mente, inquieta el alma y nos conduce a tomar decisiones inadecuadas. En medio de este caos y confusión nuestras almas añoran paz y claridad. ¿Tienes paz? Yo no. No ahora que estoy sentado escribiendo estas líneas, pero tampoco en mi vida, en estos momentos. He tenido un mal día. A todos nos pasa de vez en cuando. Ha sido una semana dura. Parece que algunas cosas relacionadas a tres o cuatro situaciones se han salido de control, todo al mismo tiempo. Ha sido un mes largo y difícil. Sin esperarlo, tuve que añadir un par de viajes a mi agenda, mi esposa tiene siete meses de embarazo, uno de mis negocios está en transición, Dynamic Catholic continúa creciendo de una forma fabulosa, pero con ello surgen retos, no me he ejercitado y me encuentro tomando atajos en mi vida de oración.
Entonces no, realmente no tengo paz en este momento. He caído en lo que parece ser mi problema perenne: me comprometo más de la cuenta. Cuando mi vida se torna así, sé que estoy dedicándole tiempo a algunas cosas que Dios no quiere que yo haga. Cada vez que sucede tengo que adoptar una actitud de humildad, refrenarme y decirle a Dios: «Dime de nuevo qué quieres que haga ahora». Este es siempre un buen momento para rezar el rosario y dejar que Dios me llene de nuevo con paz y claridad.
¿SABES ESCUCHAR?
Toda oración es un intento de hablar y escuchar a Dios. Pero escuchar es mucho más difícil de lo que creemos. Requiere paciencia y atención. Escuchar a otras personas es suficientemente difícil, pero escuchar a Dios lleva el reto a un nivel completamente nuevo.
La mayoría de la gente cree que escucha mejor de lo que realmente hace. Los estudios indican que la persona promedio escucha solamente con un 25 por ciento de eficiencia. Eso implica que perdemos mucho. Si estoy dentro del promedio, significa que pierdo el 75 por ciento de lo que me dice mi esposa. Es realmente sorprendente. Si tienes un hijo adulto y escuchas como el promedio de la gente, a lo largo de la vida has perdido las tres cuartas partes de lo que tu hijo te ha tratado de decir. Aun si eres dos veces mejor que el oyente promedio, has perdido la mitad de lo que tu hijo ha tratado de compartir contigo. No es de extrañarse entonces que no nos entendamos ni logremos ponernos de acuerdo.
Si quieres escuchar mejor, puedo decirte: muestra empatía, elimina las distracciones de tal forma que estés presente, recuerda que no eres perfecto, haz preguntas para lograr una mayor comprensión, no huyas al sentirte incómodo, no cambies el tema, trata de no juzgar, no interrumpas, y haz una pausa antes de responder. Pero todo esto radica en salirse de uno mismo.
¿Por qué la mayoría de la gente no sabe escuchar? ¿Cuál es la clave para llegar a ser un gran oyente? Las respuestas a estas dos preguntas están relacionadas.
Nos ponemos en primer plano. Pensamos en nosotros, en lugar de pensar en la persona que está hablando. Nos concentramos en elucidar cómo se relaciona lo que alguien dice con nosotros, en lugar de tratar de ver cómo se relaciona con la persona a la que escuchamos. Cuando estamos ensimismados, no podemos escuchar lo que otros nos quieren decir. Cuando somos capaces de poner de lado nuestras necesidades y enfocarnos en la otra persona, nuestras habilidades de escucha se incrementan exponencialmente.
Escuchar a los demás es difícil, pero escuchar a Dios lo es aún más. Son muchas las cosas que se interponen al escuchar a otras personas y muchas también las que entorpecen nuestra capacidad de escuchar a Dios. Todos los pensamientos, sentimientos, experiencias, temores y ambiciones que tenemos generan ruido y nos distraen, previniendo que podamos escuchar claramente la voz de Dios en nuestras vidas.
Los ejercicios espirituales han sido concebidos para ayudarnos a escuchar la voz de Dios más claramente. No tengo la más mínima duda de que el rosario nos ayuda a escuchar la voz de Dios con mayor claridad. Pero para poder escuchar la voz de Dios claramente, necesitamos permitirle traer un nuevo orden a nuestras vidas. Dios ama el orden.
Podemos llevar vidas muy agitadas en un mundo caótico y confuso, pero aún así anhelamos paz y orden. Hay un orden natural y es en ese orden que encontramos paz. Nuestras vidas pueden desordenarse con facilidad. Nuestra espiritualidad católica ancestral nos invita incesantemente a establecer las profundas raíces de orden en nuestras vidas.
Cuando voy a misa los domingos, sé que Dios va a tratar de reorganizar mis prioridades. La pregunta es: ¿le permitiré hacerlo? Cada domingo, al escuchar el Evangelio, me percato de que debo cambiar mi vida y me digo: «Estoy aun muy lejos de ser la persona que Dios quiere que yo sea» o «tengo todavía mucho trabajo por hacer». Me he dado cuenta de que Dios está constantemente tratando de reordenar nuestras prioridades.
Cuando nos enamoramos de alguien, nuestras prioridades cambian. El amor reacomoda nuestras prioridades. ¿Cuánto amamos? Una manera de medirlo es explorar nuestra disponibilidad para reorganizar nuestras prioridades y poner las cosas en orden. Si le permitimos hacerlo, seremos más felices de lo que jamás habríamos imaginado fuera posible en esta vida y finalmente entonces conoceremos la paz que todos, hombres y mujeres, anhelan, pero que tan pocos encuentran.
No obstante, Dios no nos impondrá estas prioridades. Él nos extiende una invitación para que nosotros elijamos. Una buena parte de la vida se reduce a las decisiones que tomamos. Desde que pasé cinco años de mi vida trabajando en PUNTO DECISIVO: La experiencia de confirmación con Dynamic Catholic, la toma de decisiones ha sido uno de los temas centrales en mis presentaciones. Estoy absolutamente convencido de que Dios quiere que nos convirtamos en excelentes tomadores de decisiones. Es una habilidad vital que incrementa sustancialmente las posibilidades de vivir una espiritualidad vibrante y una vida auténtica. La vida se compone de decisiones y constantemente las estamos tomando. Nuestras vidas son una colección de las decisiones y de las alternativas por las que hemos optado.
Estoy igualmente convencido de que es casi imposible so-brestimar la importancia de la escucha como una habilidad para la vida y una disciplina espiritual. Hace unas semanas, un estudiante de secundaria me preguntó: «Si usted estuviera en mi lugar, cuáles son las dos habilidades que se esforzaría en mejorar? » Le respondí: «La toma de decisiones y la escucha. Estas dos habilidades impactan cada aspecto de nuestra vida diaria».
El rosario te enfocará. Calmará tu corazón, tu mente y tu espíritu para que puedas escuchar la voz de Dios. Abrirá tu corazón para reconocer que Él trabaja en tu vida. Te llevará a tomar mejores decisiones, te enseñará a escuchar y te dará la claridad que necesitas para discernir lo que es más importante y lo que importa menos, e inundará tu corazón de paz y de orden.
EL ROSARIO EN MI VIDA
Si todo esto es cierto, ¿por qué no toda la gente reza el rosario mucho más? Las razones son muchas y simples. Primero que todo, tendemos a ser egoístas, y nos atrae lo que no es bueno para nosotros. A veces nos enamoramos con lo que es bueno y correcto, con lo que es justo y responde a un cierto orden, y otras veces buscamos ansiosamente aquello que creó un desorden obvio en nuestras vidas. Estamos en conflicto.
En mi próximo libro Vuelve a descubrir a los santos, escribo acerca de cómo los santos han estado siempre con nosotros, a nuestro alrededor en todo momento de nuestras vidas. Los hayamos reconocido o no, ahí han estado. De la misma forma, pienso que el rosario ha estado siempre con nosotros, circundándonos. Puede ser que hubieras visto a tu abuela rezarlo cuando eras niño, o tal vez notaste que el papa de un amigo tuyo lo tenía colgado del espejo retrovisor de su auto. Quizás rezaste el rosario con tu familia durante tu niñez, o tal vez viste a alguien en un taxi o a una estrella de cine usarlo como collar. Simplemente estaba ahí.
No sé si mi recorrido con el rosario ha sido más o menos interesante que el de alguien más. Mis papás me criaron como católico, pero nunca rezamos el rosario en familia. Recuerdo muy vivamente que mi maestra de cuarto grado nos dio un rosario a cada uno en la clase y nos contó una historia acerca del poderoso rol que había tenido en su vida. No recuerdo los detalles, pero sé que me conmovió y treinta años después, aún tengo ese rosario.
Mi maestro de quinto grado, el señor Greck, solía rezar el rosario todos los días en la capilla, a la hora del almuerzo. Cada mañana escuchábamos el aviso: «El rosario se rezará hoy en la capilla a la una de la tarde. Todos son bienvenidos». Todos los días él extendía una invitación personal a la clase para que se uniera. Nadie iba. A veces si alguien era reprendido por conducta, él lo obligaba a ir. Toda la escuela podía asistir: mil doscientos varones, los maestros y el personal administrativo. Sin embargo, usualmente solo había cinco o seis personas ahí. Lo sé porque varias veces me reprendieron. El señor Greck era un tanto diferente. En ese momento no lo entendíamos porque él tenía distintas prioridades. Él nos quería preparar para ser hombres que en el mundo viven para Dios, pero nosotros no escuchábamos.
Muchos años después, le pregunté por qué había rezado diariamente el rosario e invitado por años y años a la escuela entera y continuado haciéndolo a pesar de que nadie llegaba. Me contó una historia sobre su hijo, quien había estado enfermo cuando era niño. Le rogó a Dios que lo sanara. Le rogó a María que le pidiera a Dios que lo sanara. Llevó a su hijo a Lourdes y rogó por su sanación, y su hijo fue sanado. Curado. La enfermedad se fue. Fue algo milagroso, increíble. Algo extraordinario. Me dijo que simplemente estaba dando las gracias. Entre más edad tengo, más pienso que mi maestro de quinto grado, John Xavier Greck, era probablemente un santo.
No fue hasta que tenía quince años que recé a conciencia el rosario. En ese tiempo formaba parte de un grupo juvenil en nuestra parroquia y fuimos a un retiro y rezamos el rosario. Como la mayoría de los adolescentes, andaba inquieto en esa etapa de mi vida. Pero rezar el rosario me impactó y me generó paz. Recuerdo vivamente cuánto eso me sorprendió entonces.
Unos meses después uno de mis mejores amigos me invitó a un grupo de oración. Nunca había oído de un grupo de oración. Pero él era un buen amigo mío, y como sucede frecuentemente, la amistad se convirtió en el puente hacia la nueva etapa de mi crecimiento espiritual. El grupo de oración se reunía los miércoles por la noche, se rezaba el rosario, se leía la Biblia y se discutía la lectura. Fui la primera vez porque en realidad no quería decirle que no a mi amigo. Y la segunda vez fui porque descubrí en el grupo de oración a una joven que realmente me gustó. Dios usa lo que sea para lograr nuestra atención.
No sé cómo sucedió, o incluso exactamente cuándo sucedió, pero fue por aquel entonces que empecé a rezar el rosario a diario, por mi propia cuenta. Cuando pienso en eso, me resulta incomprensible. Si considero cómo es cualquier joven a los quince años y cómo era yo en mi adolescencia, simplemente no tengo ninguna explicación que justifique cómo esto aconteció y continuó. Pero así sucedió.
Cuando empecé a dar conferencias y a viajar a principios de los noventas, yo tenía diecinueve años y estaba rezando tres rosarios al día, todos los quince misterios (la inclusión de los misterios luminosos se dio en 2002). En muchos sentidos fue un período maravilloso en mi vida. Todo lo que hacía era leer, escribir, orar y dar conferencias. Fue un tiempo de intenso silencio, aislamiento y reflexión.
He estado escribiendo y dirigiéndome a las audiencias por veinticinco años ya. ¿No transcurre la vida en un abrir y cerrar de ojos? La gente me dice con frecuencia: «Me encantó su primer libro». Y les pregunto: «¿Y, específicamente, qué les gustó?». Rápidamente me doy cuenta de que no se refieren a mi primer libro. Muchas personas creen que mi primer libro fue A Call to Joy (Un llamado al gozo), pues fue el primer libro publicado por una editorial importante. Incluso más gente cree que mi primer libro fue The Rhythm of Life (El ritmo de la vida), pues fue el primero en ser certificado como un éxito de ventas. Mi primer libro de hecho fue uno muy corto, Prayer & The Rosary (La oración y el rosario). ¿Cómo un joven a los diecinueve años se sienta y escribe un libro sobre la oración? No lo sé. Después de veinticinco años he dejado de intentar entenderlo todo. La aceptación me genera más paz.
LAS ESTACIONES DE LA VIDA
Nuestra existencia transcurre por diferentes estaciones. Son distintas etapas en nuestro peregrinaje espiritual. A lo largo de estas últimas tres décadas, el rosario ha tenido diferentes roles en mi vida y en mi espiritualidad, pero siempre ha tenido un lugar. Ha habido momentos en que lo he rezado con menos frecuencia porque me sentía llamado a explorar otras formas de oración, y ha habido momentos en que lo he rezado menos por pereza o porque simplemente no quise hacerlo. Pero cuando he tenido el deseo, la disciplina o la gracia de rezar el rosario, siempre ha dado fruto.
Cuando he tenido la tentación de dejar el rosario a un lado, siempre recuerdo que la mayoría de las personas a las que me gustaría parecerme en este mundo lo rezan. Tantos santos y personas comunes y corrientes que han nutrido mi vida espiritual son fieles a esta devoción.
Algo tiene el rosario. Es una forma de oración muy poderosa. En cierto sentido puedo explicarlo, y he tratado de hacerlo de la mejor manera posible en estas páginas. En otros sentidos no puedo explicarlo; guarda un cierto misterio que cada quien tiene que experimentar por sí mismo.
Simplemente funciona. Cuando rezo el rosario, soy una mejor persona. Me hace un mejor hijo, hermano, esposo, padre, patrono, vecino, ciudadano y un mejor miembro de la familia humana. Me trae una paz inexplicable; me enseña a tomar las cosas con más calma, a serenarme, a dejar lo que haya que dejar, a renunciar a mí mismo y entregarme, y a escuchar. El rosario nos enseña cómo simplemente ser y esa no es una lección pequeña ni insignificante. De alguna forma es la oración perfecta para la gente con múltiples demandas en un mundo caótico, confundido y agitado.
image
Una perspectiva singular
María es la mujer más famosa de la historia. Ella ha inspirado más arte y música que cualquier otra mujer y aun en los tiempos modernos, fascina la imaginación de hombres y mujeres de todos los credos. En nuestra época, María ha aparecido en la portada de la revista Times más a menudo que cualquier otra persona.
Intuyo que si vamos a reconciliar la falta de armonía que existe entre el rol del hombre y de la mujer en la sociedad moderna, necesitaremos la perspectiva y la sabiduría del modelo femenino por excelencia. ¿Sería posible entender la dignidad, el valor, el misterio y lo maravilloso de las mujeres sin comprender primero a esta mujer?
Al mismo tiempo, a pesar de su fama y de la fascinación que ella suscita en la gente, María ha sido rechazada como un modelo a seguir para las mujeres en la edad moderna. Más aun, ha sido rechazada a gran escala como modelo en cualquier ámbito. ¿Qué nos dice eso acerca de estos tiempos? ¿Estamos confundidos? ¿Valoramos cosas distintas que la gente de otra época? ¿Valoramos lo equivocado? Y si fuera así, ¿qué estamos dispuestos a hacer al respecto?
Más allá de su fama y atributos personales, la importancia histórica de María y su relevancia como modelo femenino es medular en la vida cristiana. Los primeros cristianos se congregaban en torno a ella en busca de guía y consuelo, pero a pesar de ello muchos de los católicos modernos la tratan como que si fuera a contagiarnos de una enfermedad. Y por supuesto, nuestros hermanos no-católicos generalmente minimizan el rol de María y su importancia. Uno de los grandes retos que como católicos enfrentamos actualmente es encontrar un lugar genuino para ella en nuestra espiritualidad.
Cuando mi esposa dio a luz a nuestro primer hijo, Walter, mi espiritualidad se transformó de maneras inesperadas. El ser padre por primera vez me llenó de apreciaciones espirituales totalmente nuevas. Hoy por hoy he sido bendecido con cinco niños maravillosos, cada uno especial y singular a su manera. Amo tanto a mis hijos, y si puedo amarlos a pesar de mi quebrantamiento y todas mis limitaciones, ¿cuánto más me ama Dios? A través de mis hijos yo he experimentado el amor de Dios de una forma totalmente nueva.
Añoro estar con mis hijos. Cuando ando de viaje o aun en la oficina durante el día, deseo llegar a casa y abrazarlos, jugar con ellos, estar con ellos. Me impacta pensar que quizás por encima de todo, Dios anhela estar con nosotros.
El nacimiento de mis hijos ha renovado y elevado mi relación con María. Se me ha ocurrido varias veces que no importa cuán grande es el amor que siento por mis hijos, mi esposa tendrá siempre una perspectiva única en sus vidas. No quiere decir esto que ella los ame más o que yo los ame menos. Simplemente quiere decir que una madre ve la vida de su hijo de una forma que nadie más puede ver. Si ocasionalmente no me tomara el tiempo para invitarla a compartir esta perspectiva de madre, de seguro me perdería una parte de la vida de mis hijos.
Una madre tiene una perspectiva única. Nadie ve la vida de un hijo de la misma manera que su madre, ni siquiera su padre. Esta es la perspectiva de María respecto a la vida de Jesús. Ella tiene una perspectiva única. Me parece que todos los cristianos genuinos, no solo los católicos, deberían estar interesados en esta perspectiva —y no solo interesados, sino fascinados. En el rosario reflexionamos sobre la vida de Jesús a través de los ojos de su madre. Esta es una experiencia increíblemente poderosa si nos compenetramos en ella.
¿ADORAN LOS CATÓLICOS A MARÍA?
Me impacta que María, quien fue instrumental en la vida de Jesús, es tan fácilmente dejada de lado y olvidada por tantos cristianos. A muchos claramente les incomoda cualquier tipo de espiritualidad mariana. Por cientos de años este malestar estuvo relegado a los cristianos no-católicos, pero durante los últimos cincuenta años con el pasar de cada década, más y más católicos se sienten incómodos ante la espiritualidad mariana y se sienten cómodos ignorando el papel de María en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia.
Esto se debe en gran parte al incesante cuestionamiento por parte de los cristianos no-católicos respecto al lugar de María en la espiritualidad cristiana. La pregunta que han planteado una y otra vez por quinientos años es: ¿por qué los católicos adoran a María?
¿Por qué no hemos respondido a esta pregunta al mundo entero de una vez por todas? Es asombroso cuando das un paso atrás y te pones a pensar en el daño que esta única pregunta ha hecho en la fe de millones de católicos y de la Iglesia como un todo. La respuesta es que nos hemos dejado hipnotizar por lo complejo. La fe católica es tan rica, profunda y extensa que al católico promedio le cuesta reconocer qué es lo esencial o tan siquiera por dónde empezar. La gente necesita puntos de partida de fácil acceso.
¿Por qué los católicos adoran a María? Aun la manera en que esta pregunta está formulada asume que lo que ellos cuestionan es un hecho aceptado. No es un intento de buscar la verdad o el entendimiento, es un intento de atrapar. La pregunta empieza con la suposición de que los católicos adoran a María. No comienza con la búsqueda de la verdad por curiosidad, preguntando: «¿Los católicos adoran a María?».
Cuando te ataquen con preguntas, la primera regla es siempre: no aceptes la premisa de la interrogante.
Este cuestionamiento constante por quinientos años, que empezó con la reforma protestante y sigue siendo planteado en estos tiempos por el cristianismo evangélico, ha venido erosionando lenta pero indudablemente la fe de los católicos.
Hoy día hemos llegado a un punto en donde la mayor parte de los católicos no tienen una relación dinámica con María, se sienten incómodos o recelosos del papel que ella desempeña en la liturgia y en la espiritualidad y desestiman el rosario, como que si algo que proviene de otra época y lugar no tuviera relevancia en la complejidad de sus vidas modernas.
Por cientos de años, nuestros hermanos separados nos han acusado de adorar a María (y a los santos) y creo que no hemos respondido adecuadamente a esta pregunta. Es impresionante, inquietante y trágico que no hayamos podido articular y divulgar una respuesta corta y convincente. Este fallo por sí solo ha alterado la historia del catolicismo moderno al sembrar dudas que erosionan la fe. Deberíamos equipar a todo católico en el planeta con la respuesta a la pregunta: ¿adoran los católicos a María?
No. Le rezamos a María, pero no de la misma manera que lo hacemos con Dios, y no para adorarla como una divinidad.
Piénsalo de esta forma: si te enfermaras y me pidieras rezar por ti, yo lo haría. Esto no me define como católico, ni siquiera como cristiano. Existen muchos no-cristianos que creen en el poder de la oración. Si les pregunto a mis amigos cristianos no-católicos si ellos oran por sus cónyuges o por sus hijos, me dicen siempre que sí. Si les pido que recen por mí, me contestarán afirmativamente.
Nuestra relación con María opera bajo el mismo principio. Creemos que María y los santos han muerto, humanamente hablando, pero también creemos que siguen vivos con Dios por toda la eternidad en el mundo venidero. Y creemos que sus oraciones son tan poderosas —incluso más poderosas ahora—que cuando ellos estaban en la tierra. Básicamente les estamos diciendo: «Tenemos problemas aquí abajo. Ustedes saben lo que estoy pasando, pues ya han estado aquí. ¡Por favor, oren por nosotros!».
Nuestros amigos cristianos no-católicos no creen que las personas todavía pueden orar después de esta vida. Nosotros sí. Nuestro universo espiritual es más extenso que el de ellos. De hecho, unos de los aspectos más increíbles de nuestra fe católica es la inmensidad de nuestro universo espiritual.