
RAFAEL NAVARRO-VALLS (ed.)
JOAQUÍN NAVARRO-VALLS,
EL PORTAVOZ
Testimonios de sus amigos
EDICIONES RIALP, S. A.
MADRID
© 2019 by RAFAEL NAVARRO-VALLS (ed.)
© 2019 by EDICIONES RIALP, S. A.
Colombia, 63. 28016 Madrid
(www.rialp.com)
Realización ePub: produccioneditorial.com
ISBN (versión impresa): 978-84-321-5089-0
ISBN (versión digital): 978-84-321-5090-6
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ÍNDICE
PORTADA
PORTADA INTERIOR
CRÉDITOS
PRESENTACIÓN
UN HERMANO AMIGO DEL PAPA
MÉDICO Y PERIODISTA
PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA EXTRANJERA EN ROMA
DIRECTOR DE LA OFICINA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE
ENVIADO ESPECIAL DEL PAPA
AMENAZAS DE INVASIÓN
INDEPENDENCIA, VALENTÍA, LEALTAD
REVOLUCIONARIO DE LA COMUNICACIÓN
ABRIENDO CAMINO
HOSPITAL POLICLÍNICO GEMELLI, 17 DE OCTUBRE DE 1978
LOS VIAJES. UN FAVOR RECÍPROCO
UN CAMBIO DE PLANES: ENVIADO A EUROPA
UN PONTIFICADO ITINERANTE
EL HOMBRE DE LOS GESTOS
COMBATIR CON ALEGRÍA
LA DISCRECIÓN PERSONIFICADA
LAS BATALLAS DE LA ONU Y LA DIPLOMACIA PAPAL
LA CONFERENCIA SOBRE EL DESARROLLO SOCIAL, COPENHAGUE 1995
EL PODER DE CREAR EL FRAMING Y DEFINIR
LA CONFERENCIA SOBRE LA MUJER, PEKÍN 1995
EL NUEVO FEMINISMO
LA “CABEZA DE PUENTE”
VALOR Y HONOR
VOCACIÓN DE SERVICIO
EL ÁRTICO
DE PAPEL A DIGITAL
UN HOMBRE APUESTO, HÁBIL CON IDIOMAS Y CÁMARAS
MEMORIAS INÉDITAS
SU FIRME OPINIÓN SOBRE MARCIAL MACIEL DEGOLLADO
UN GRAN PERIODISTA Y SERVIDOR DE LA IGLESIA
EN LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA EXTRANJERA
NOMBRAMIENTO
LA RELACIÓN CON LOS COLEGAS
DE DIRECTOR A PORTAVOZ
ALIADO
SU CERCANÍA AL PAPA
NO TODO FUE FÁCIL
AL SALIR DE LA OFICINA DE PRENSA
EN LA CONSTELACIÓN DE JUAN PABLO II
SÍNTESIS DE PROFESIÓN Y FE
PASAR EL TESTIGO
INTÉRPRETE FIDEDIGNO
LA FELIZ ELECCIÓN DE UN LAICO
LUZ Y TRANSPARENCIA
UNA VISIÓN COMÚN
AMPLITUD DE MIRAS Y CREDO
LA RELACIÓN DIALÉCTICA
CICERÓN LAICO Y ESPAÑOL
LA MEDICINA DEL HUMOR Y LA VISIÓN GLOBAL
DIPLOMACIA INUSUAL
ESTRATEGIAS Y SERVICIOS
EL PORTAVOZ
AFABILIDAD Y CARÁCTER
LA SINTONÍA DEL INTÉRPRETE
LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS LLEGAN AL VATICANO
COMUNICADOR REDONDO Y ESTRATEGA
LA FUERZA DE LA VULNERABILIDAD
LA CUESTIÓN ANTROPOLÓGICA
INTENTAR LO IMPOSIBLE
LA ORACIÓN INOLVIDABLE
UN LÍDER QUE CONOCÍA SU OBJETIVO
UN RECUERDO
JEFE Y MENTOR
EL VIS
TRABAJANDO EN LA OFICINA DE PRENSA
DEL DR. NAVARRO A JOAQUÍN
ENSEÑAR CON EL EJEMPLO
PORTAVOZ DE BENEDICTO XVI
UNA GRAN ELECCIÓN
ES “TU TIPO”
SUBIR A LA RED SOLO CUANDO EL PUNTO ESTÁ ASEGURADO
UN UNIFORME DE TRABAJO
DEBER DE INFORMAR VS. PRIVACIDAD
PARTE DE MI AUTOBIOGRAFÍA
EL BÁLSAMO DEL ALIVIO
MAMMA
EL TESORO DE LA AMISTAD
LOS AMIGOS DE JOAQUÍN Y LA HORA DE LA VERDAD
LA ÚLTIMA CHARLA
RODEADO DE AFECTO
¿CÓMO ESTÁ MI AMIGO?
MI AMIGO QUICO
HOMBRE DE LO “ESENCIAL”
ATENTO A LAS PERSONAS
COMUNICADOR DE LA VERDAD
AMIGO DE SUS AMIGOS
MÉDICO Y PACIENTE
DISTINCIÓN INNATA
EL COMPROMISO CON LA UNIVERSIDAD CAMPUS BIOMÉDICO
LA FUNDACIÓN
COGER EL TORO POR LOS CUERNOS
PARA HACER UNA TORTILLA HAY QUE ROMPER LOS HUEVOS
HOMBRE DE CONFIANZA
HOMBRE DE FE
CONFIANZA CON EL PAPA
ESPONTANEIDAD EN SUS RELACIONES
EPÍLOGO
ARCHIVO FOTOGRÁFICO
AUTOR
PRESENTACIÓN
Rafael Navarro-Valls
ESTE ES UN LIBRO DE TESTIMONIOS. Testimonios de personas que conocieron y trataron a mi hermano Joaquín y desean dejar constancia de sus recuerdos, como manifestación de un homenaje in memoriam a una persona que admiraron y apreciaron en vida.
Este sencillo homenaje ha tenido un antecesor: el estupendo libro editado por Paolo Arullani y publicado en Italia por la Editorial Ares. Aprecié en su día que los amigos italianos de Joaquín fueran los primeros en homenajearle, pues no en vano vivió allí sus últimos cuarenta años. Ahora les agradezco también que me hayan permitido incluir en este libro que tiene entre manos algunos de aquellos testimonios, en concreto los escritos por Arullani (casi al final del libro, por respetar en lo posible el orden cronológico), el empresario Sergio Marchionne, y la política italiana Beatrice Lorenzin, ministra de Sanidad de Italia entre 2013 y 2018.
No ha sido fácil seleccionar, entre los innumerables amigos de Joaquín, a unos pocos, y pedirles que escribieran sus recuerdos. Es más, es probable que algunos se enojen, y con razón, por haberme olvidado de ellos; y pronto tengamos que hacer otra edición aumentada. Pero tenía prisa por sacar el libro, pues mucha gente me lo ha pedido, y lo considero un deber de gratitud hacia mi hermano.
Son amigos “de los dos lados” de la Oficina de prensa: personas que le trataron cuando era portavoz del Papa, y Joaquín atendió sus peticiones informativas, y de ahí nació una amistad: por ejemplo, el patriarca de los vaticanisti, Luigi Accattoli; Victor Simpson, de la principal agencia de noticias del mundo, y su mujer, Daniela Petroff; Ezio Mauro, director de dos de los principales diarios italianos, Repubblica y la Stampa; Valentina Alazraki, corresponsal de la cadena de televisión mexicana Televisa; o George Weigel, el principal biógrafo de Juan Pablo II, que acudía en busca de datos, documentos, interpretaciones y contactos. También he incluido una breve reflexión de Luis María Anson, que fue director de ABC algunos de los años en que Joaquín fue corresponsal para ese diario.
Otros trabajaron con él en distintas circunstancias: la Prof. Janne Haaland Matlary, que compartió esfuerzos en la delegación vaticana para las conferencias internacionales sobre la población y sobre la mujer; el P. Federico Lombardi que, como director de la Radio Vaticana, compartió la tarea de informar sobre el Papa; y dos personas que trabajaron para él, el P. Ciro Benedettini, subdirector de la Oficina de prensa durante muchos años, y Yago de la Cierva, que le trató en la creación del Vatican Information Service y en relación con la facultad de comunicación de la Iglesia, de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.
Junto a esos testimonios por así decir profesionales, en los que las relaciones por trabajo dieron lugar a una relación de amistad, he incluido otros más de ámbito privado. Hablan su médico, la doctora Rossana Alloni, el mencionado Paolo Arullani, que habla también de la dedicación profesional de Joaquín tras dejar la Oficina de prensa; y Norberto González Gaitano, que hila recuerdos de muchos amigos de a pie.
El último de los testimonios —dulcis in fundo— es el significativo recuerdo del cardenal Stanisław Dziwisz, secretario de Juan Pablo II por más de cincuenta años, y luego sucesor suyo en la arquidiócesis de Cracovia.
Para terminar, he incluido una larga entrevista que concedió a “su” ABC, que sin duda arroja luces acerca de cómo vivió su trabajo, al tiempo que muestra el talento que tuvo para dar información y contexto sobre acontecimientos transcendentales en la historia reciente del mundo. Es casi como un “auto-testimonio”, que nos pone en contacto directo con lo que hacía, cómo lo hacía y por qué lo hacía.
Agradezco a todos ellos el tiempo que han dedicado, y el enorme cariño —sin perder la objetividad— que han puesto en su empeño. También quiero manifestar mi aprecio a la Dra. Lydia Iovane, por la eficaz colaboración en la estructuración de este libro y su brillante tarea como traductora de los textos originales.
Les dejo con los amigos de Joaquín. Ojalá disfruten de su lectura tanto como yo en la preparación de estas páginas.
Rafael Navarro-Valls, Editor
UN HERMANO AMIGO DEL PAPA
Rafael Navarro-Valls[1]
NO ME RESISTO A ESCRIBIR ALGUNOS recuerdos y consideraciones personales sobre mi hermano Joaquín, que sirvan de pórtico de entrada a esta colección de testimonios.
MÉDICO Y PERIODISTA
Joaquín Navarro-Valls fue un excelente médico, psiquiatra de especialidad, que se convirtió en un magnífico periodista. Lo primero explica que dedicara los últimos años de su vida a promover estudios de medicina como presidente del Consejo asesor de la Universidad Campus Biomédico de Roma. Pero su capolavoro, como dicen en Italia, fue la dirección de la Oficina de prensa de la Santa Sede durante 22 años y su labor como portavoz de san Juan Pablo II y de Benedicto XVI.
Todo comenzó con su fichaje por ABC en 1977. No fue una sorpresa, porque su interés por el mundo de la comunicación y de la política internacional le habían llevado a estudiar también periodismo. Desde ese momento, hasta 1984, fue corresponsal para Italia y el Mediterráneo Oriental (Egipto, Grecia, Israel, Argelia y Turquía), cubriendo, entre otros acontecimientos, el asesinato de Sadat y, como enviado especial, la crisis en Varsovia y la implantación de la ley marcial en diciembre de 1981, bajo la amenaza de los tanques rusos sobre Polonia.
Escribía muy bien: era un gran contador de historias. Y lo hacía deprisa: en pocos días fue capaz de escribir Fumata blanca, donde cuenta cómo se vivió en Roma el verano de 1978, el “verano de los tres papas”: la muerte de Pablo VI, la elección de Juan Pablo I, su muerte a los 33 días de subir a la sede de Pedro, y el cónclave que eligió a Juan Pablo II, el primer papa eslavo de la historia. Han pasado 40 años, y el libro sigue conservando la frescura de una crónica periodística apasionante.
PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA EXTRANJERA EN ROMA
Su calidad humana y profesional llevó a sus colegas, los corresponsales extranjeros en Roma, a elegirlo en dos ocasiones presidente de la Asociación de la Prensa Extranjera en Italia. Su prestigio se agrandó entre sus compañeros periodistas cuando dos colegas fueron detenidos en una base militar italiana, al intentar hacer un reportaje. El gobierno italiano reaccionó con la amenaza de un juicio por espionaje. Joaquín se plantó en el Ministerio correspondiente haciendo notar lo desmesurado de la medida. El tema se diluyó cuando el futuro portavoz de la Santa Sede amenazó, amable pero firmemente que, si no les liberaban, movilizaría a la prensa mundial ante una reacción anómala y desenfocada contra dos excelentes profesionales.
Su nombramiento como director de la Oficina de prensa de la Santa Sede y portavoz del Papa sucedió así: Joaquín estaba moderando una rueda de prensa del magnate italiano Giovanni Agnelli, presidente de la Fiat, en la sede romana de la Asociación de la Prensa Extranjera, la Stampa Estera. En medio del acto, su secretaria le pasó una escueta nota: «Han llamado del Vaticano: el Papa le invita hoy a comer a la una y media». Creyendo que se trataba de una broma, escribió a su vez en el mismo papel: «Confirme la invitación».
Tras confirmar que la invitación era auténtica, Joaquín se encontró en la necesidad de dar por terminada la rueda cuanto antes y salir corriendo al Vaticano, evitando menospreciar a Agnelli. Joaquín detuvo la reunión con estas elegantes palabras: «Sr. Agnelli, lo que está usted diciendo y lo que nos hacen intuir sus palabras es tan interesante, que bien merecerá organizar una nueva rueda de prensa lo más pronto posible». Y a continuación clausuró el acto y salió lo más deprisa que le permitió la buena educación.
Joaquín llegó a tiempo a ese almuerzo. Lo que el Papa quería era escuchar el punto de vista de Joaquín sobre el proyecto de reestructurar la Oficina de prensa del Vaticano. Joaquín, sin tener ni idea de lo que se escondía detrás de aquellas preguntas (el Papa estaba más interesado en él que en el mismo proyecto), emitió su sincera opinión: «No hace falta una reestructuración, sino una revolución», le vino a decir. Y ahí quedó la cosa.
DIRECTOR DE LA OFICINA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE
Días después, el secretario de Estado, el cardenal italiano Agostino Casaroli, le rogó que fuera a verle. Le propuso ser el director de la Oficina de prensa de la Santa Sede. Joaquín, sorprendido, le dijo que tenía que pensárselo, y le pidió un tiempo para meditarlo. El secretario de Estado le contestó: «Piénselo usted, pero recuerde que, si no acepta, será la primera vez que alguien conteste negativamente a una petición del Papa».
En su testimonio, Alberto Michelini cuenta los interesantes prolegómenos de aquella conversación. Lo que vino después también lo es: recuerdo escucharle a mi hermano que no agotó los días solicitados; después de pasar una noche sin dormir, se dio cuenta que no podría conciliar el sueño hasta que tomara una determinación, y decidió aceptar inmediatamente. Solo puso una condición: tener hilo directo con el Papa en todo momento. Y Juan Pablo II se lo concedió.
Con su aceptación, Navarro-Valls se convirtió en el primer laico español que desempeñaba esa responsabilidad. Que ciertamente resultó larga: durante casi un cuarto de siglo bregó con los cuatrocientos periodistas acreditados establemente ante el Vaticano, y con los miles que cubrían informativamente los grandes eventos del Papa: canonizaciones y beatificaciones, sínodos de los obispos, Jornadas Mundiales de la Juventud, y una larga retahíla de acontecimientos, hasta culminar con la enfermedad y muerte del Pontífice, y la elección de Benedicto XVI como su sucesor.
Acompañando a Juan Pablo II —y luego a Benedicto XVI— dio varias veces la vuelta al mundo en sus más de 100 viajes a 128 países. Se ocupó también de “misiones especiales” en momentos estelares del pontificado: por ejemplo, fue él quien se ocupó y resolvió los nada fáciles problemas relacionados con el protocolo de la primera visita de un obispo de Roma a la Sinagoga de Roma, invitado por el rabino Elio Toaff.
ENVIADO ESPECIAL DEL PAPA
Además, saliéndose del rol habitual de un comunicador, fue enviado especial del Papa a Moscú, La Habana (donde preparó con Fidel Castro la visita de Juan Pablo II a Cuba) y, como miembro especial de la delegación de la Santa Sede en la Conferencias Internacionales de la ONU, en El Cairo (1984), Copenhague (1995), Pekín (1995) y Estambul (1996).
Fue en la Conferencia de El Cairo donde Navarro-Valls se enfrentó directamente con el vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore. Se estaban debatiendo temas cercanos a la llamada “salud reproductiva”. Gore había lanzado una explicación sobre el significado de los textos en discusión que no coincidía con lo que se discutía a puerta cerrada en los grupos que escribían los textos, y achacaba a la población todos los males habidos y por haber.
Joaquín pensó que era intolerable manipular el debate y promover decisiones equivocadas de manera turbia. Tras aconsejarse con toda la delegación sobre cómo decirlo de manera inteligible, asumió esa responsabilidad —todo hay que decirlo— con enorme coraje personal. Desde el podio, reprochó a Al Gore que, en su discurso de defensa de control de la natalidad, hubiera sugerido que el genocidio en Ruanda estuviera conectado con los índices de natalidad de ese país africano. Y añadió: «Tenga en cuenta que la densidad de población de Japón es mucho más alta que la de Ruanda, y que allí no hay peligro alguno de que la gente se mate entre sí».
Siguió un debate duro. Al Gore había dicho explícitamente que «los Estados Unidos no han buscado, no buscan y no buscarán en el futuro establecer internacionalmente el derecho al aborto». Joaquín replicó: «El borrador de documento sobre la población, cuyo promotor principal son los Estados Unidos, contradice la afirmación del Sr. Gore».
Por si hubieran quedado dudas, cuando un periodista norteamericano preguntó al portavoz vaticano: «¿Afirma usted que el vicepresidente de Estados Unidos miente?», la respuesta fue más de comunicador que de diplomático: «Sí, esto es lo que digo», respondió Navarro-Valls sin inmutarse. Y añadió: «El Cairo corre el riesgo de convertirse en una sesión llamada a sancionar un estilo de vida en círculos minoritarios de ciertas sociedades opulentas, e imponer esos valores a las culturas emergentes y menos desarrolladas de nuestra sociedad».
AMENAZAS DE INVASIÓN
Recuerdo también su vigorosa reacción cuando el general Manuel Noriega, huyendo de las tropas americanas que habían invadido el país del istmo para deponer al dictador, se refugió en la nunciatura vaticana, creando tensión entre las tropas americanas y las autoridades de la Santa Sede. De hecho, fueron cortadas por las fuerzas norteamericanas las líneas de comunicación de la Nunciatura, y desde los tanques americanos se comenzaron a emitir estruendosos sones musicales, ruidos de altísimo volumen y amenazas de invasión de la sede de la Nunciatura.
La enérgica intervención del portavoz de la Santa Sede fue decisiva para frenar el acoso norteamericano. Dijo que Estados Unidos no tenía derecho a exigir la entrega de Noriega (desmintiendo directamente los derechos que aducía el presidente George H. Bush), y calificó de muy grave la “guerra psicológica” desencadenada por el ruidoso acoso militar de la Nunciatura.
La confianza mostrada funcionó. Poco después, Bush adoptaba un tono conciliador, hablando de “mis amigos del Vaticano”, y ordenó una actitud “pacífica” a las tropas que rodeaban la Nunciatura. La crisis concluyó cuando Noriega accedió libremente a salir de la Nunciatura y a entregarse a las fuerzas norteamericanas.
Desde luego, Joaquín Navarro-Valls fue un hombre valiente y leal a su misión en la Santa Sede. Pero también destacaba por su gran corazón. Cuando el 2 de abril de 2005 tuvo que confirmar la muerte de Juan Pablo II, su voz entrecortada por las lágrimas conmovió a una audiencia de millones de personas en todo el mundo. La misma reacción de afecto —de la que yo fui testigo— manifestó cuando el Papa nos telefoneó durante el velatorio de mi padre en Cartagena, para decirnos que rezaba por nuestro padre, y especialmente por la mamma, nuestra madre.
INDEPENDENCIA, VALENTÍA, LEALTAD
Su independencia y estrecho contacto con Juan Pablo II se vieron facilitados por su nulo deseo de hacer carriera en la curia. De hecho, cuando dejó el puesto, eludió cualquier cargo en la Santa Sede, y prefirió dedicarse a la promoción de la medicina, en el Campus Biomédico, una Universidad especializada en ciencias de la salud con pocos años de vida, pero con una identidad innovadora y de vanguardia que le cautivaron.
Unía una probada capacidad de conversador brillante, con el dominio de idiomas y la afición por la música clásica, el tenis y la pesca submarina. Yo le he acompañado durante una verdadera batalla submarina para sacar a la superficie un mero de 25 kg, que arponeamos en las costas de Cabo de Palos. Naturalmente, estoy hablando de años en los que no existían zonas con Reserva Marítima... Era, además, lector de aventuras de viajes por el océano de navegantes audaces. De ahí, por ejemplo, su amistad con Thor Heyerdahl, el explorador de la Kon-Tiki que navegó por el Pacífico en una balsa de juncos.
Cuando estábamos en familia y le preguntábamos por Juan Pablo II, a Joaquín se le iluminaba la cara, y contaba multitud de historias. Le fascinaba, en primer lugar, el “lado humano” de Juan Pablo II: su alegría profunda, nada temperamental, fruto de sus sólidas convicciones; su capacidad de escuchar; su valentía y coraje; su gusto por la poesía y el teatro; su capacidad de seguir tratando a sus amigos; su armonía de espíritu; su reciedumbre…
A propósito de esa sobriedad, recuerdo que en uno de esos periodos veraniegos perdidos en los Alpes italianos, llegó el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Virgen. Las personas que preparaban la comida al Papa y a las cinco o seis personas que le acompañaban ofrecieron un menú como el de cualquier jornada. A Joaquín esto no le convenció, y al ver que de postre había una simple pieza de fruta, se disculpó y salió de la habitación. Después, pidió al gendarme las llaves de un coche, y a toda velocidad se fue al pueblo más cercano.
Volvió al rato con unos sencillos polos helados, que distribuyó a los comensales, diciendo: «¡Hay que celebrar a la Virgen!». El comentario del Papa fue algo así como: «¡El Dr. Navarro siempre tiene buenas ideas!». A mi hermano le conmovió la chispa de alegría en los ojos del Papa ante un helado de esos industriales, en la tierra de los sabrosísimos gelati hechos de manera artesanal. A Juan Pablo II se le ganaba con un polo.
Evidentemente, del papa polaco le deslumbraba el aspecto sobrenatural: cómo Juan Pablo II rezaba, como si no hubiera otra cosa en la tierra. Notaba a un hombre enamorado de Dios. A Joaquín le parecía trabajar con un santo. Le había visto rezar en innumerables ocasiones. Por ejemplo, nos contó que, durante un viaje a un país de América del Sur, Joaquín fue al terminar el día a la capilla de la Nunciatura, a hacer el examen de conciencia antes de acostarse. Estando allí, agotado y bostezando después de un día intensísimo, entró el Papa. Joaquín se levantó e hizo ademán de marcharse, como para dejar al Papa rezar a sus anchas. Juan Pablo II le detuvo y le dijo que siguiera rezando, por lo que Joaquín volvió a sentarse. Mientras, el Papa se postró en el suelo, con la cabeza hacia el sagrario.
El tiempo pasaba y pasaba. Al final, tras casi una hora, Joaquín se levantó silenciosamente y se marchó a su habitación. A la mañana siguiente preguntó a las religiosas que preparaban los ornamentos de la Misa, y le dijeron que el Papa había pasado toda la noche en oración…
Además, era un santo que confiaba en él: le daba informaciones y luego le decía: haga usted lo que crea oportuno. Le contaba todo: desde la conversación con Ali Agca, el turco que intentó matarle y luego fue a verle a la cárcel, a sus coloquios con jefes de Estado como Ronald Reagan, Mijaíl Gorbachov o Fidel Castro, o con personas normales. Además, la curiosidad de mi hermano era enorme: quería saberlo todo, entender por qué el Papa hacía o decía algo, para poder comunicarlo. No recordaba ninguna ocasión en que le hubiera dado indicaciones precisas sobre qué decir y cómo hacerlo. Eso era tarea de Joaquín. Se ve que se había ganado su confianza.
REVOLUCIONARIO DE LA COMUNICACIÓN
Una persona que le trató mucho, Juan Manuel Mora, vicerrector de comunicación de la Universidad de Navarra, escribió de Joaquín algo que me parece muy acertado: «Cuando algún profesional que comenzaba un trabajo de este tipo [comunicación institucional] le pedía orientación solía decir, muy sencillamente: lo importante es que te lleves bien con tu jefe. La comunicación está al servicio de las instituciones y depende mucho del tipo de liderazgo. Navarro-Valls no solo se llevaba bien con Juan Pablo II, sino que se creó entre ellos una extraordinaria complicidad: Juan Pablo II era “la voz”, el mensaje, el discurso, las actitudes, con una sensibilidad exquisita hacia el periodismo y la comunicación en general. Navarro era “el portavoz”, daba cauce, encontraba el momento, el enfoque, la metáfora, para que la voz fuera escuchada».
No es extraño que en mi familia estuviéramos orgullosos de que nuestro hermano fuese colaborador directísimo del Papa y hasta su amigo, aunque él inmediatamente decía que no, y citaba a Platón, que decía que para haber amistad tiene que haber igualdad, y entre Juan Pablo II y él la distancia era enorme. Pero la verdad es que era su amigo. Basta ver algunas de las fotos que se recogen en este libro, para descubrir la complicidad entre ambos. Platón no tenía razón: cabe la amistad entre desiguales.
Ese entenderse con una mirada se manifestó, por ejemplo, en un viaje africano. El avión sufrió una avería y tuvo que hacer una parada técnica en un país cuyo nombre no recuerdo. Avisaron a las autoridades, y al bajar del avión, vieron que un grupo muy especial esperaba al Papa: el rey rodeado de sus treinta mujeres y casi un centenar de hijos e hijas. Otro tipo de persona habría pensado inmediatamente en el lío de tipo protocolario, o en las consecuencias de una foto de ese “grupo familiar” rodeando a un obispo de Roma. Juan Pablo II no: y cuando Joaquín se le acercó, el comentario del Papa en voz baja fue el siguiente: «Vaya, parece que aquí seguimos en el Antiguo Testamento»…
Pero no solo se había ganado el respeto del Papa, sino también de los vaticanisti. Las muestras de afecto de sus colegas fueron innumerables. Me quedo en particular con una: el testimonio del Greg Burke, también director de la Oficina de prensa del Vaticano. Burke, que durante veinte años fue corresponsal en Roma para distintos medios norteamericanos, escribió: “Joaquín Navarro encarnó lo que Ernest Hemingway definió como coraje: ‘Grace under pressure’, elegancia bajo presión. Traté mucho a Navarro cuando trabajaba para Time, y la revista nombró al Papa “Hombre del Año”. Esperaba encontrar en él a un hombre de fe, pero encontré un hombre ciertamente de fe pero que al mismo tiempo era un profesional de primera clase”.
Estoy persuadido de que la “revolución de la comunicación” que le pidió Juan Pablo II no se quedó en él, y que ha creado escuela en el Vaticano y en la Iglesia. Por eso, me alegró descubrir lo que el flamante nuevo director de la Oficina de prensa, Alessandro Gisotti (nombrado en enero de 2019), había escrito al comentar el fallecimiento de Joaquín, cuando trabajaba en la Radio Vaticano.
Gisotti trajo a la memoria una entrevista que dio Joaquín a su emisora, con motivo de la canonización de Juan Pablo II. A la pregunta de cuál era el secreto comunicativo de Karol Wojtyła (en el que su portavoz algo tuvo que ver), Joaquín respondió: «Cuando la gente decía ‘tiene razón’ no lo decía por dar razón a una bonita voz o a una expresividad comunicativa magnífica; ¡se le da la razón a una persona que dice la verdad! En él me parece que lo bello, lo bueno y lo verdadero aparecían en su comunicación con tan unidad entre sí que se entendía claramente la calidad de la comunicación por el contenido de lo que estaba comunicando. En definitiva, comunicaba a Dios, hacía amable la virtud, hacía proposiciones que podían llenar una existencia. Pienso que esa era la virtud de su comunicabilidad, no tanto el aspecto puramente formal». Ese es quizá el legado de Joaquín: haber contribuido a que un portador de la Verdad comunicara mejor y llegara a más personas.
Por otra parte, Joaquín fue un hombre de profundas convicciones religiosas. Su pertenencia al Opus Dei le facilitó incrementarlas y conferirles mayor solidez. También en este aspecto fue un hombre privilegiado al tratar y conocer con cierta profundidad a tres santos: san Juan Pablo II, san Josemaría y el beato Álvaro del Portillo.
[1] Catedrático y Profesor de Honor de la Universidad Complutense. Presidente de la Conferencia Permanente de las Academias Jurídicas Iberoamericanas.