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Las autoras


Marta Fdez. Herráiz


00. Marta

Es fundadora de LesWorking, la primera red profesional internacional para mujeres lesbianas, y codirectora general de REDI, la Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI+ en España. Además, forma parte de la Junta Directiva de la European Lesbian* Conference, es codirectora del Área de Investigación junto a Kika Fumero y embajadora de It gets better Spain. Doble licenciada en Derecho y Administración y Dirección de Empresas y MBA por el Instituto de Empresa, cuenta con una experiencia de diez años en consultoría estratégica y de negocio en empresas multinacionales. Actualmente se dedica a la consultoría en diversidad e inclusión LGBT para empresas y al desarrollo del mercado lésbico, participando como ponente en diversos foros nacionales e internacionales en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Es considerada por algunos medios como una de las personas LGBT más influyentes de España y ha sido seleccionada como una de las Top100 Mujeres Líderes de España, entre otros reconocimientos.

Kika Fumero


00. Kika

Es feminista y activista lesbiana. Profesora de Secundaria y traductora jurada en Lengua Inglesa. Especialista en coeducación, violencia de género y diversidad LGBTI. Cuenta con varios títulos de posgrado vinculados al estudio de políticas públicas, violencia de género, educación y diversidad, así como una experiencia de diez años impartiendo formación en estas áreas en centros de profesorado, universidades y a personal técnico de instituciones públicas y privadas, institutos de la mujer etc. Está acreditada como coordinadora de Igualdad por la Consejería de Educación de Canarias y es coautora de Desconocidas y Fascinantes y de Escuelas libres de violencias machistas. Actualmente forma de la Junta Directiva de la European Lesbian* Conference y es codirectora del Área de Investigación junto a Marta Fdez. Herranz.


© Autoras: Marta Fernández Herraiz y Kika Fumero

© Título original: Lesbianas, así somos

© Prólogo: Patricia Campos Doménech

© Epílogo: Paloma del Río

© Edita: LoQueNoExiste (www.loquenoexiste.es)

Promoción, Relaciones Públicas y Marketing Digital: Medialuna

info@medialunacom.es

www.medialunacom.es

© Maquetación: Silvia Ruiz Menéndez

© Diseño de la cubierta: Loquenoexiste

Impresión: Artes gráficas Cofás S.A.

ISBN: 978-84-948603-8-6

Reservados todos los derechos

LoQueNoExiste

C/ Isabel Colbrand 10, Edif. Alfa III, 5ª planta, 28050, Madrid

Tfno: 91 567 01 72

www.loquenoexiste.es

editorial@loquenoexiste.es


Agradecimientos de Kika y Marta


Este libro está escrito por nosotras dos, pero no hubiera sido posible sin el apoyo y la colaboración de muchas personas. Desde aquí queremos dar las GRACIAS a:

- Nuestra editora, Nuria Coronado, una mujer valiente y feminista, gran aliada de la comunidad LGBT y a LoQueNoExiste, una editorial diferente y necesaria, por apostar por nosotras sin dudarlo.

-  Todas las mujeres (miles en todo el mundo) que decidieron dedicar tiempo de su vida a responder a una encuesta sobre cómo somos las mujeres lesbianas. Gracias a su generosidad hemos sido capaces de extraer conclusiones muy interesantes sobre nuestra comunidad y plasmarlas en este libro.

- Todas las plataformas y medios lésbicos (y LGBT en general) que nos ayudaron con la difusión de la encuesta. Sin vuestra ayuda, también altruista, nunca hubiéramos sido capaces de llegar a tantas mujeres y realizar este estudio. Gracias a 1 de cada 10, BolloandButter, Buga Tu Abuela, Coming Out Campaign, Diversidad y Coeducación, Extremadura Entiende, Freelancers Anonymous, Fulanita de Tal, Gayles.tv, Hay Una Lesbiana En Mi Sopa, InOutRadio, It gets better España, Isla Ignorada, Laboratorio de Sexualidad Humana LabSex UGR, Lesbicanarias, Magles Revista, Magles Match, REDI - Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI, Tenerife Les Friendly, The L Cruise, www.travelqueers.com y OrgulloWine.

- Todas las personas que nos han ido dando sabios consejos y ayuda durante el proceso de creación del cuestionario y extracción de resultados. Jamás hubiéramos tenido éxito sin los “7 minutos” de Sita Lorenzo, sin los ajustes de preguntas de J. Ignacio Pichardo Galán, sin el soporte de Carmen Fernández Morante para crear las tablas maestro, sin la paciencia infinita de muchas amigas y colaboradoras que nos ayudaron a probar todo antes del lanzamiento.

- Todas las mujeres lesbianas que nos han precedido y que han hecho que hoy nosotras podamos recoger su testigo y seguir avanzando en este camino hacia la igualdad y la libertad.

- Todas las personas que, como nosotras, dedican parte de su vida a crear un mundo mejor, más igualitario e inclusivo.

- Por último, queremos dar especialmente las gracias a una mujer maravillosa. Un regalo que nos puso el destino para ayudarnos con todo el procesado y análisis de datos de manera completamente generosa y altruista. Sin su ayuda, sin su tiempo, sin su esfuerzo durante tardes, noches y vacaciones, jamás hubiéramos sido capaces de extraer las conclusiones que plasmamos en este libro. Nos encantaría decir su nombre, pero no podemos. No es visible en su trabajo. No es visible, a pesar de que está casada con una mujer estupenda y de que tienen una hija y un hijo preciosos. Considera que su entorno no es seguro para dar el paso y que hacerlo repercutiría negativamente en su carrera profesional. Tras años escuchando comentarios machistas y homófobos en los pasillos, todos culturalmente aceptados, es lógico que tenga ese miedo. ¡Qué ironía de la vida y qué tremenda injusticia! ¡Este libro va por ti, C., para que algún día vivamos en una sociedad en la que todas las mujeres lesbianas seamos realmente libres para vivir nuestras vidas!


Agradecimientos de Marta Fernández


¡Gracias mamá!, ¡Gracias papá! Sois los mejores padres que una persona puede tener… ¡Y he sido yo la afortunada! Los padres no se eligen, así que siento cada día que con vosotros me ha tocado la lotería. Gracias por educarme, por cuidarme, por ayudarme. Gracias por estar ahí siempre y por poner el amor por encima de todo, sin titubear. Ojalá si algún día tenga descendencia, lo haga la mitad de bien que vosotros dos lo habéis hecho con Carlos y conmigo.

¡Gracias, hermanito! Tú has sido mi modelo desde que tengo uso de razón. Te admiro, te quiero, te adoro. Siempre has sido la primera persona a la que le cuento las cosas importantes de mi vida y nunca, absolutamente nunca, me has defraudado. Con Laura, Martín y Sofía, nuestro pequeño núcleo familiar ha crecido y soy la cuñada y la tía más feliz del planeta aunque ande a veces demasiado ocupada “transformando el mundo”.

¡Gracias, tati! Te quiero muchísimo. Gran parte de mis recuerdos de infancia tan felices os los debo a ti y al abu y siempre los llevaré conmigo. Gracias por quererme de manera incondicional y por demostrármelo con palabras y con acciones, siempre, en cada momento de mi vida.

Gracias al resto de mi familia, tanto a la de Galicia como a la de Asturias. Os quiero mucho a todos y a todas, aunque a algunos no os vea tanto. Os quiero por aceptarme tal y como soy y por apoyarme en lo que hago. Soy la primera y la única de ambas familias, al menos que yo sepa, que “ha salido” LGBT, así que me alegro de que esta noticia no haya roto ningún lazo y de que al revés, en muchos casos, los haya reforzado.

Gracias a todos mis amigos y amigas de la Coru, de la Resi, del Master, de mi etapa de consultora… Gracias a todas las personas que habéis pasado por mi vida y me habéis aportado momentos maravillosos.

Gracias a todas las mujeres de LesWorking. No digo nombres porque la lista sería demasiado larga, pero sí quiero darte las gracias a ti, Chus, por haber sido la primera de todas y mi compañera de aventuras durante todo ese primer año surrealista en el que nos pasaban cosas increíbles cada día (¡Flipa!).

Gracias, Kika, por enseñarme cada día algo nuevo, por abrirme siempre un poquito más mi mente, por tu paciencia, entusiasmo y tu gran capacidad de trabajo. Gracias por no haberme tachado de tu lista sin conocerme, sólo porque vengo del “lado oscuro”, del mundo corporativo. Gracias por ser tan inclusiva como para aceptar colaborar conmigo, cuando somos tan diferentes. Está demostrado que los equipos diversos generan las ideas más innovadoras. Creo que nuestra colaboración a lo largo de este año es un buen ejemplo de ello.

Gracias, por último, a mi amor, a mi compañera, a mi amante, a mi hermana, a mi amiga. La mujer que me hace feliz y me aguanta todos los días. La persona con la que he descubierto lo que es amar a alguien y vivir en pareja. Cariño, sabes que siempre me dejo lo mejor para el final, así que esta última dedicatoria va para ti. Gracias, Isa.


Agradecimientos de Kika Fumero


La primera persona a la que le debo un profundo agradecimiento es a quien me ha permitido formarme y desarrollarme para llegar a ser quien soy: a mi padre, esa persona que ha apostado en todo momento por mí, que ha sacrificado su vida para darme todo cuanto soy y la formación recibida. Gracias por semejante esfuerzo. A ti, padre, por haber sabido respetar siempre mis decisiones personales sin cuestionarme, apoyándome por encima de tus propias opiniones.

La vida les impuso a ambos una lucha con mi llegada al mundo. Tanto mi madre como mi padre tuvieron también su proceso personal, su salida del armario con respecto a su hija (ante ellos mismos, ante su entorno más cercano y ante el mundo en general), su propia lucha contra la homofobia interiorizada con que a todas y a todos nos han minado, sus propias elecciones personales para reposicionarse en el mundo frente a una nueva realidad hasta entonces ajena, y un largo etcétera que seguramente ignoro, pero yo sé que existió. Soy muy consciente del esfuerzo que en su época les tuvo que suponer, de la presión a la que yo les sometía, de la intransigencia de mi rebeldía adolescente, de las pruebas a las que les supeditaba en unos tiempos que no eran como los de hoy. Y en medio de toda esta vorágine y posterior catarsis emocional, procuraron siempre que, en los altibajos de su proceso personal, yo no sintiera nunca que se avergonzaban de mí. Aquí va mi pequeño homenaje a esos dos jóvenes que un día se lanzaron a la difícil aventura de compartir sus vidas conmigo y de crecer a mi lado, a esas dos personas que se comprometieron conmigo y lucharon de mi mano por mi felicidad y por la de todas las personas que, como su hija, pertenecen a esas minorías vulnerables y son blanco fácil de discriminaciones varias. Sé que el camino ha tenido tramos muy duros, que yo no lo he puesto nada fácil. Por todo ello, ¡gracias por haberlo hecho tan bien! Eternamente agradecida.

A Paz y a Eulàlia, mi Trimonio, con quienes tanto aprendo día a día y quienes tan cálida me hacen la vida cotidiana. Gracias por la paciencia con este libro, por habernos regalado su tiempo y sus críticas constructivas, que sin duda han contribuido a enriquecerlo. A Pruna y a Martí, que también son parte de nuestra familia. Ya lo saben: sin ustedes mi historia jamás podría ser contada. ¡Gracias por tanto!

A mi familia elegida, a esa red feminista de cuidados que hemos construido para hacernos la vida más fácil, más segura, más amable (del verbo “amar”): a las amigas y amigos de verdad, a quienes siempre están por encima de las adversidades —más allá de mis locuras, de mis chapas feministas, de mis intransigencias de activista, de mi búsqueda por mantener una coherencia vital—, y con quienes siempre tengo un motivo por el que brindar y sonreír. Y, por supuesto, a mi doble N, por haber llegado, por los picos y las palas, por quedarse. Gracias por sacar lo mejor de mí (sí, así de categórica).

Cómo concluir sin mencionar a mi compañera: a ti, Marta. Contigo he aprendido que es posible trabajar codo a codo con quien es tan diferente a una misma, pues cuando se parte del cariño y del respeto, todo es posible. Solo tú has conseguido, por primera vez en mi vida, que alguien como yo sea feliz “negociando y comprando”. ¡Gracias por toda la complicidad compartida!



PRÓLOGO. Patricia Campos Doménech

01. Patricia Campos Domenech

Soy una mujer lesbiana. Considero Lesbianas, así somos un libro referente para toda la sociedad, no solo para nosotras. Quiénes somos, de dónde venimos, hacía dónde vamos son preguntas claves para conocernos mejor y para que nos conozcan por lo que somos: seres humanos.

Ser lesbiana es algo más que sentirte atraída por otra mujer. Cuando crees que te enamoras siguiendo los cánones que la sociedad te marca es algo normal, pero si todo ese volcán de emociones es real y no impuesto es algo maravilloso. Es dejarte llevar por lo que una realmente siente y le mueve por dentro, es ser valiente para vivir la vida que una misma decide, es quererse a sí misma por encima de todo.

A algunas mujeres les cuesta mucho utilizar la palabra “lesbiana”. Nombrarse a sí mismas como tal es rechazar un modelo de vida casi obligatorio para las mujeres, un ataque directo al acceso de los hombres hacia las mujeres, y conlleva afrontar las consecuencias que trae consigo transgredir esa norma. El rechazo al término “lesbiana” proviene en la mayoría de los casos de la connotación negativa que la sociedad le ha dado a esta palabra a lo largo de la historia. Me tomó varios años dejar de sentir que dicha palabra era un ataque personal y entenderla como una forma de identificación. Para mí llevaba (y aún lleva) connotaciones negativas, y usarla puede ser un posible motivo de rechazo.

Ser gay o lesbiana no es entendido como un sinónimo de felicidad. Hace unos años, las representaciones culturales (cine, teatro y literatura, el personaje gay —que no lesbiana—) contaban a menudo con un final trágico. Al menos ellos, aunque salieran mal parados, tenían un mínimo de visibilidad; nosotras, sin embargo, no existíamos: éramos invisibles. Las mujeres que no fueran heterosexuales no tenían cabida en ningún tipo de representación. Principalmente porque el concepto lesbiana no encajaba en nuestra sociedad. Si dos mujeres vivían juntas, se asumía que era porque no habían podido casarse, eran vistas como dos solteronas compartiendo su desgraciada vida.

Nuestra identidad se ve afectada por la sociedad de la que formamos parte. De la misma forma, nosotras podemos influenciar al mundo que nos rodea. Por eso es muy importante hablar con propiedad de las palabras que nos identifican y de las que no.

Usar la palabra lesbiana para referirnos a nosotras mismas está acompañado de un hilo de decepción por parte de la sociedad, ya que es como algo negativo que decimos de nosotras. Son todo expectativas impuestas por el patriarcado. Tal y como afirma este libro, las mujeres lesbianas somos doblemente discriminadas, por ser mujer y por ser lesbiana.

Hoy en día las cosas son diferentes. Gracias a las series de televisión, la concepción social de lesbiana ha dado un giro —me atrevería a decir— de 180 grados. Ser lesbiana ya no es considerado algo oscuro, sucio o clandestino. Las series están desarrollando contenidos que no solo tienen personajes gays o lésbicos, transexuales o bisexuales, sino que además incluyen personajes no binarios en series familiares. El trato que se les da es más natural. Son personajes que al igual que los actores cisheterosexuales, forman parte de una trama que ahora, por fin, no siempre cuentan con un final trágico. Parece algo sin importancia, pero el poder leer y escuchar en estos términos es esencial para quienes buscan formas de identificarse y así ayudar a quitar el poder de ofensa de esos términos.

Todas las formas que la sociedad utilice para cambiar la percepción de la palabra lesbiana son muy necesarias para recuperar el respeto que la mujer lesbiana se merece y naturalizar nuestra condición. Lo que no hemos conseguido con la educación, lo estamos logrando con el cine y la literatura.

El poder reclamar una identidad es algo transformacional y un privilegio al que no todos los seres humanos tienen acceso. El hecho de que asociaciones, activistas y movimientos alrededor del mundo sigan luchando por nuestros derechos es muestra de ello.

El hablar de lesbianismo es hablar de feminismo. Estos dos movimientos, si no van cogidos de la mano al menos siempre han caminado juntos, aunque la mayoría de las veces su relación ha estado marcada por muchas tensiones. Como se puede leer en estas páginas, sin la lucha por la igualdad de las mujeres, la vida como lesbiana no podría vivirse.

Con el impulso de la nueva ola del movimiento feminista de los años 60 se crearon las primeras organizaciones lésbicas feministas. En muchos casos, las lesbianas lograron que la letra “L” se incluyera en los nombres de las organizaciones, aunque eso solo fuera el primero de los logros.

Los encuentros feministas lésbicos sirvieron para interactuar y fortalecer ambos movimientos. De la misma forma que el pensamiento construido desde el movimiento feminista ha servido para sustentar las propuestas de las lesbianas, estas también han enriquecido al feminismo con sus reflexiones. Las lesbianas hemos aportado al movimiento el debate sobre la sexualidad de las mujeres y cómo reconstruir esa heterosexualidad obligatoria.

La historia de la lucha de la mujer en el mundo no existió durante siglos. Estudiamos los nombres de los hombres protagonistas de la Revolución Francesa, sin embargo hasta hace muy poco no conocíamos los nombres ni las caras de las pioneras que comenzaron el camino del reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Las cosas cambian y hace ya unos años que las mismas mujeres rescatan historias de esas pioneras que lucharon por nuestros derechos. Entre ellas está la de las lesbianas, una historia inacabada, sin nombres y relatos que fueron enterrados. Todavía sigue siendo un desafío. La invisibilidad nos condenaría al silencio.

Queda mucho por hacer. En el ámbito social, la discriminación hacia las lesbianas se traduce en despidos, marginación, presiones y acoso sexual. En algunas ocasiones, las lesbianas ocultan su orientación sexual para conservar su trabajo o su estabilidad social. Esta situación las obliga a vivir en una tensión constante y hace imposible la lucha por sus derechos con todas las consecuencias que acarrea tanto económicas como sociales.

Es muy importante la visibilidad lésbica, la lucha por ser nombradas con una identidad propia frente a lo masculino, que es utilizado como genérico.

Cada vez es más frecuente encontrarse con familias de dos mamás, con mujeres que se reconocen lesbianas, con estilos, profesiones y vidas diferentes. Es esencial tener referentes, ser visibles para lograr la naturalización de nuestras vidas.

La lucha por nuestros derechos es poco conocida y silenciada, aunque llena de infinitos logros, trabajo y caminos por recorrer. Lesbianas, así somos contribuye a la creación de una sociedad más justa donde el respeto impere por encima de todo.