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PRIMERA EDICIÓN

MARZO DE 2018

Autor:

Antonio Landauro

Coordinación de edición:

Paula Rivera Donoso

Ilustración y diagramación:

Paula Vásquez

Diagramación digital:

ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com | info@ebookspatagonia.com

Derechos reservados.

I.S.B.N. Edición impresa: 978-956-312-294-7

I.S.B.N. Edición digital: 978-956-312-364-7


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Mi nacimiento

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Vine al mundo junto con el siglo XX un día 13 de julio del año 1900, en la calle Las Rosas Nº 1352 de Santiago de Chile y en la casa de mi abuelo materno, don Eulogio Solar Quiroga. Mi papá se llamaba Miguel Fernández Jaraquemada y mi mamá Lucía Solar Armstrong. Mis hermanos se llamaban Miguel, Luis e Ignacio; mis hermanas, Rebeca y Lucía. Tuve otra hermanita, Juana, pero murió a las pocas horas de nacer. Fui bautizada en la Parroquia Santa Ana, en la ciudad de Santiago y por el Presbítero Baldomero Grossi, con los nombres de Juana Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones Fernández Solar, pero todos en la familia —abuelos, tíos y primos— me conocían como Juanita. Mis padrinos eran Salvador Ruiz-Tagle García Huidobro, un viejo amigo de mi padre, y mi tía Rosa Fernández de Ruiz-Tagle, hermana de mi papá. Nací rodeada de comodidades, regalona de todos.

Éramos una familia muy unida. Mi papá tenía negocios y vivíamos en una linda casa, donde no nos faltaba nada. Mi mamá siempre daba gracias a Dios por todo lo que teníamos. Decía que éramos afortunados y por eso ayudaba a la iglesia, a la que iba todos los domingos. Mis padres eran muy cristianos: vivían la fe y trataban de hacer el bien al prójimo. Desde muy pequeña mi madre me hablaba de la Virgen María, la madre de Cristo, y desde entonces me la imaginaba como una señora alta, con los ojos color cielo, voz melodiosa y compasiva y unas manos muy suaves, como de algodón.

Una infancia llena de descubrimientos

Los primeros años de mi vida en la casa de mi abuelo Eulogio fueron inolvidables. Él era un abogado muy distinguido y un rico hacendado que llevaba una vida muy cristiana y que tenía gran respeto por los inquilinos de su hacienda, a quienes quería como a sus propios hijos. Era muy bueno y con mi hermana Rebeca hacíamos con él lo que queríamos, engañándolo con besos y caricias.

En 1904 colocaron, en la cumbre del cerro San Cristóbal, la primera piedra del santuario mariano, donde levantaron una imagen de 14 metros de la Virgen María construida en Francia y que se veía de todos los costados de Santiago. Tan grande fue mi impresión cuando la vi que nunca más borré aquella imagen de mi mente. Se me aparecía a veces en los sueños, y en varias ocasiones le solicité favores.

Con 6 años cumplidos recuerdo que todas las tardes, durante un mes, fui a clases

Lamentablemente, por estos años descubrí asimismo que existían las cosas malas. Mi papá nos contó una vez que en Chile había mucha gente que moría joven por culpa de enfermedades contagiosas como la viruela, el cólera y la tuberculosis, y que el promedio de vida era solo de 30 años. Una noche lo escuché también decirle a mi mamá que había perdido mucho dinero por unos malos negocios y que desde ahora deberíamos reducir los gastos y vivir más modestamente.