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Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Núñez de Balboa, 56

28001 Madrid

 

© 2019 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

N.º 47 - octubre 2019

 

© 2009 Emilie Rose Cunningham

Más que un millonario

Título original: More Than a Millionaire

 

© 2009 Emilie Rose Cunningham

Heredera secreta

Título original: Bedding the Secret Heiress

 

© 2009 Emilie Rose Cunningham

No me olvidarás

Título original: His High-Stakes Holiday Seduction

Publicadas originalmente por Silhouette® Books

Estos títulos fueron publicados originalmente en español en 2010

 

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial.

Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin y logotipo Harlequin son marcas registradas propiedad de Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia.

Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imágenes de cubierta utilizadas con permiso de Dreamstime.com.

 

I.S.B.N.: 978-84-1328-741-6

 

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

 

Créditos

Más que un millonario

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Capítulo Doce

Heredera secreta

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

No me olvidarás

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Si te ha gustado este libro…

Más que un millonario

Capítulo Uno

 

 

 

 

 

–Defina «incidente desafortunado» –le ordenó Ryan Patrick al director de la Lakeview Fertility Clinic desde el otro lado del escritorio al que ambos estaban sentados.

La silla del director crujió, revelando con ello un nervioso movimiento de éste.

–Uno de nuestros empleados en prácticas se olvidó de establecer el número de referencia en su muestra. Sólo comprobó los nombres, los cuales estaban a la inversa. Quiero asegurarle, señor Patrick, que ésta es una circunstancia poco corriente. Realizamos muchos controles para evitar…

–¿Qué implica esto? ¿Qué implica para mí? –interrumpió Ryan, impaciente.

El director de la clínica respiró profundamente.

–Su esperma ha sido inseminado en la mujer equivocada.

Ryan sintió cómo se le ponían tensos los músculos de la tripa. Pensó que aquello sólo sería un problema si…

–Hace dos semanas se confirmó el embarazo de la mujer –añadió el director.

El problema existía. Y era un problema que ponía en peligro el propósito de Ryan de demostrarle a su padre que había sentado cabeza y que estaba preparado para tomar las riendas de la dinastía arquitectónica Patrick. Pero él era un maestro resolviendo problemas. No habría llegado tan alto en la escalera del éxito si hubiera tirado la toalla ante cada obstáculo.

Pensó que era una pena que su propio padre no se diera cuenta de ello.

–¿Hace dos semanas? ¿Y por qué se me está informando ahora? ¿Y qué ocurre con la mujer que contraté como madre de alquiler?

–Descubrimos ayer lo que había ocurrido, cuando la mujer que usted había contratado vino a la clínica porque tenía una cita. No pudimos inseminarla ya que, como usted requirió, sólo teníamos una muestra.

Ryan sólo había dejado una muestra de su esperma porque, debido a la reputación de la que gozaba aquel lugar, había esperado que lo consiguieran a la primera.

–¿Está seguro de que esta otra mujer está embarazada de un hijo mío?

–Sí, señor.

Frustrado, Ryan trató de controlarse. Una vez que había decidido alquilar un vientre para así tener un hijo, había estado meses entrevistando mujeres para obtener a la candidata perfecta… una que tuviera buen aspecto, que fuera inteligente y que gozara de unos buenos genes. Una mujer que no se encariñara con el bebé que llevaría durante nueve meses en su vientre y que no pusiera ningún tipo de problema cuando tuviera que entregarle al niño.

¡Pero en aquel momento, una mujer que él no había elegido llevaba a su hijo en las entrañas!

–¿Quién es ella?

–No puedo revelarle esa información, señor.

Ryan se levantó de la silla, completamente enfurecido.

–¿No puede revelarme la identidad de la mujer que está embarazada de un hijo mío?

–Así es. La confidencialidad…

Ryan pretendía obtener aquella información de una manera u otra. Apretó los puños sobre el escritorio y se echó hacia delante.

–No me fuerce a traer aquí a todo un equipo de abogados. No sólo sería muy costoso para usted, sino que la publicidad negativa que lograría causaría que su clínica desapareciera de la lista de los centros de fertilidad más importantes del país. Estamos hablando de mi futuro hijo y tengo derecho a saber quién es y donde está su madre, así como si ésta está capacitada para ejercer una maternidad digna. Quiero saber todo lo que sepan de ella.

La cara del director de la clínica se tornó completamente roja.

–Señor Patrick, estoy seguro de que comprende que la política de privacidad de la Lakeview…

–Quiero que me dé ahora mismo su nombre y sus datos. Si no, mi equipo legal se pondrá en acción contra ustedes antes de la hora de comer –amenazó Ryan.

El otro hombre se puso tenso. Tragó saliva con fuerza y buscó algo en una carpeta que tenía en el escritorio.

–Estoy seguro de que eso no será necesario –dijo–. La señora Hightower, nuestra otra clienta, parece una persona razonable y comprensible. Una vez que le explique la situación…

–Yo me ocuparé del asunto. Ustedes ya han metido bastante la pata. Pueden intentar camuflar su error con palabras como «incidente», «circunstancia» o «situación», pero lo cierto es que han cometido una negligencia.

El sudor comenzó a correrle por la frente al director de la clínica. Ryan se quedó mirándolo sin parpadear. En cuanto el señor palideció, supo que obtendría lo que quería sin la intervención de sus abogados. Se sintió satisfecho ya que no quería que su padre se enterara de aquel desastre.

–Iré a buscar la información que necesita, señor –confirmó el director de la clínica.

Ryan se echó para atrás en la silla cuando el director salió del despacho. Pensó que lo siguiente que iba a hacer era encontrar a aquella mujer y convencerla de que le entregara el bebé que iba a tener… de la misma manera en la que la madre de alquiler iba a haberlo hecho.

 

 

Iba a ser la mejor tía que su bebé podría tener.

Y tendría que ser suficiente. Tenía que serlo.

Nicole Hightower se acarició la tripa, la cual sentía muy alterada, con una mano mientras que con la otra tomaba una galletita salada. Pensó que finalmente iba a tener un bebé de Patrick.

Y de Beth.

Pero recordó que su sueño no estaba marchando tal y como lo había previsto.

Se llevó la galletita a la boca y trató de centrarse en el calendario que tenía delante. Tenía que organizar los pilotos de los clientes, la tripulación y el mantenimiento de los aviones para los siguientes tres meses. Normalmente le encantaba tener felices a los clientes y evitarles todo tipo de estrés, pero aquel día su vida privada estaba distrayéndola de la mucha cantidad de trabajo que tenía.

Supo que renunciar a su bebé sería difícil, pero podría soportarlo ya que no sólo sería su madrina, sino también una tía involucrada en la vida del pequeño… o pequeña. Su hermana se lo había prometido… y Beth siempre mantenía sus promesas. Siempre había podido contar con su hermana mayor… incluso en los momentos en los cuales no había podido contar con sus padres. Llevar dentro de su vientre un hijo para Beth era lo mínimo que podía hacer.

Como su hermana continuaría trabajando en la administración de Hightower Aviation y llevaría el bebé a la empresa todos los días, podría acompañar a Beth durante la hora de la comida y ver al pequeño. Incluso desde su propio escritorio podría observar a su be… a su sobrino o sobrina. Abrió un icono en el escritorio de su ordenador y la guardería de la compañía salió en pantalla. Los encargados de los pequeños estaban muy ocupados cuidando de los adorables hijos de los empleados de HAMC.

Pero en aquel momento sonó el interfono, lo que provocó que regresara a la realidad. Se apresuró en desconectarse con la guardería de la empresa.

–¿Sí?

–Hay aquí un tal Ryan Patrick que quiere verte.

Nicole sonrió ante el error que creía que había cometido su asistente.

–Querrás decir Patrick Ryan.

–No. No estoy hablando de tu cuñado –susurró Lea–. Estoy hablando del guapo hombre de pelo negro, ojos azules e impresionante estatura que está esperando para verte en el área de recepción. La tarjeta de negocios que me ha entregado dice que es el vicepresidente de Patrick Architectural Designs. Por si no lo sabes, es una de las empresas más prestigiosas de Knoxville. ¿Estamos expandiéndonos de nuevo?

–Por lo que yo sé, Hightower Aviation no tiene planeado construir ninguna estructura más.

Tras contestar aquello, Nicole recordó que su hermano mayor, Trent, que era el jefe ejecutivo de la empresa, no le contaba todo. Como hasta hacía poco ella había sido la Hightower más joven, con frecuencia la dejaban al margen de las cosas.

Comprobó su agenda varias veces para asegurarse de que no se había olvidado de ninguna cita y pudo certificar que no esperaba a nadie hasta dentro de una hora. Entonces, como no le gustaba verse con nadie sin estar preparada, introdujo en el ordenador la búsqueda de información de Patrick Architectural Designs. Le aparecieron una serie de enlaces y eligió el que le pareció más útil. Lo abrió y examinó la página web. No había ninguna fotografía del señor en cuestión, sino sólo de los edificios que su estudio de arquitectura había construido. También había una breve historia de la empresa en sí. Y era impresionante.

–Patrick Architectural es una empresa comercial con muchos proyectos por todo el continente –le comentó a su asistente a través del interfono–. ¿Crees que el señor Patrick pueda ser un cliente potencial?

–Prefiero mi fantasía a tu lógica –bromeó Lea.

–Siempre ha sido así, Lea. Hazle pasar.

–Ahora mismo.

Nicole se quitó las migas que habían caído en su blusa de seda y las tiró a la papelera. A continuación metió la caja de galletitas en el cajón de su escritorio. Se levantó en el momento exacto en el que Lea llamó a su puerta y la abrió.

El hombre que entró en su despacho como si poseyera aquel lugar era todo lo que su asistente había dicho y mucho más. Tenía un precioso pelo y unos anchos hombros realmente impresionantes. Sus ojos no eran simplemente azules, sino que poseían una intensa tonalidad cobalto.

Aquel extraño la miró fijamente, como si ella fuera un avión que él estuviera considerando comprar.

Ella tuvo que controlar el impulso de comprobar su escote y la comisura de sus labios por si le habían quedado restos de migas…

–¿Nicole Hightower?

–Sí, soy yo –contestó ella, tendiéndole la mano–. ¿En qué puedo ayudarle, señor Patrick?

El apretón de manos que le dio aquel hombre fue fuerte, cálido, firme y electrizante.

Nicole pensó que haber tenido que renunciar a la cafeína debía de haber tenido unos efectos imprevistos en su organismo ya que, si no, no comprendía por qué había sentido aquel impacto con un simple contacto físico. Apartó la mano educada pero apresuradamente.

La intensa mirada de aquel extraño se dirigió entonces a Lea. Le transmitió algo que intranquilizó intensamente a la pelirroja.

–Me… marcho –dijo ésta.

Sorprendida, Nicole observó a su normalmente imperturbable asistente salir con premura de su despacho y cerrar la puerta tras de sí.

Lea no sólo era una empleada, sino que también era una amiga y, en ocasiones, la línea entre la amistad y las relaciones laborales se difuminaba… como cuando su asistente le había expresado su profunda disconformidad con la decisión que había tomado de convertirse en un vientre de alquiler para su hermana y su cuñado. Pero sólo lo había hecho porque sabía los sentimientos que ella tenía por el marido de su hermana. Ambas habían sido compañeras de habitación en la universidad cuando Nicole se había enamorado perdidamente de Patrick…

–Por favor, siéntese, señor Patrick, y dígame qué puedo hacer por usted.

Al ir a sentarse, se percató de que él no dejaba de mirarla de arriba abajo. El embarazo había aumentado el tamaño de sus senos y esperaba que no hubiera tenido el mismo efecto en su trasero… aunque se dijo a sí misma que no importaba lo que él pensara de su anatomía.

Una vez que ella se hubo sentado en su silla, él hizo lo mismo en la silla que había al otro lado del escritorio.

–Felicidades por su embarazo.

Sorprendida, Nicole se quedó completamente atónita. No había compartido la noticia con nadie más que con Beth, Patrick y Lea. Los futuros papás habían tenido el derecho de saberlo, y Lea la había visto vomitando en varias ocasiones, por lo que había deducido la causa. El resto de su familia y amigos lo descubrirían el sábado, cuando Beth y Patrick realizaran el anuncio oficial del embarazo durante el picnic que solía hacer la familia el Día de los Trabajadores. Ella suponía que la gente que la conocía se quedaría levemente impresionada ante la decisión que había tomado.

–Gracias. ¿Qué le ha traído a Hightower Aviation?

–El hecho de que el niño que lleva en su vientre es hijo mío.

Aquella afirmación impactó a Nicole, la cual se echó para atrás en la silla.

–¿Perdóneme?

–La clínica de fertilidad cometió un error y la inseminaron a usted con mi esperma en vez de con el de su donante.

–Eso no es posible –contestó ella, sintiéndose mareada. Agarró con fuerza el borde de su escritorio.

Observó cómo su visita buscaba algo en el bolsillo de su abrigo, cómo sacaba un sobre de éste y se lo ofrecía. Pero no pudo tomarlo ya que se había quedado físicamente inmóvil.

Él dejó el sobre encima del barnizado escritorio y pudo ver que Nicole lo miraba como si fuera una venenosa araña.

–El director de la clínica ha escrito una carta explicando la situación. En resumen, mi nombre es Ryan Patrick y el nombre del donante que propuso usted es Patrick Ryan. No se comprobaron las referencias y la inseminaron con el esperma erróneo ya que algún imbécil no se percató de que había una coma.

Ella se sintió invadida por el horror y le dio un vuelco el corazón.

–No. Usted debe de estar equivocado.

–Léalo usted misma.

Nicole se quedó mirando el sobre. Sintió miedo de abrirlo. Pero se percató de que no podía demostrar que aquel hombre estaba equivocado si no lo abría. Le temblaron las manos al ir a tomarlo.

Le pareció que el sonido que emitió al abrir el sobre y desdoblar la hoja que había dentro fue anormalmente alto. La carta tenía impreso el logotipo de Lakeview en la parte superior y estaba firmada por el director de ésta. Se forzó en leer el documento.

Ciertas palabras captaron su atención. Desafortunado errorConfusión de donantesSinceras disculpas

Ella se llevó una mano a su alterado estómago y dejó caer la carta.

–Debe de haber algún tipo de error.

–Sí. Lo cometieron en la Lakeview Fertility Clinic. Y debido a ese error, usted está embarazada de un hijo mío.

–Eso no puede ser.

–Desearía que lo que usted dice fuera verdad.

Nicole se quedó mirando la carta y comenzó a plantearse las posibles repercusiones de aquello. Repercusiones para Beth y Patrick. Para el hombre que tenía delante. Incluso para ella misma. Pero era demasiado para poder asimilarlo.

Se forzó en comportarse con profesionalidad y la mejor manera de hacerlo era centrarse en el problema de aquel Ryan Patrick en vez de en el suyo propio.

–Lo siento. Esto debe de ser muy difícil para su esposa y usted.

–No estoy casado.

–Entonces… para su novia.

–Tampoco tengo novia.

Aquello confundió a Nicole por completo.

–Me temo que no comprendo la situación.

–Voy a ser un padre soltero.

–Eso no es inusual para una mujer, pero… ¿no es un poco extraño para un hombre? ¿No se podría usted simplemente casar?

–Ya he estado casado y no pretendo volver a hacerlo.

Ryan Patrick sacó un segundo sobre de su bolsillo y lo dejó delante de ella.

–Estoy dispuesto a ofrecerle la misma cantidad de dinero y apoyo médico que le ofrecí a la mujer que contraté como vientre de alquiler.

–¿Alquiló un vientre? –preguntó Nicole, impresionada.

Se preguntó a sí misma por qué un hombre con el aspecto de aquél necesitaría pagarle a nadie para que se embarazara de un hijo suyo. Estaba segura de que tendría miles de mujeres suplicándole que les diera a ellas el privilegio.

–Contraté a una mujer muy bien cualificada. Llevé a cabo un intenso proceso de selección.

A Nicole no le hizo gracia lo que había implicado él; que ella no estaba tan bien cualificada para tener un hijo suyo. Por segunda vez aquella misma mañana, se forzó en leer algo que no quería y tomó el contrato.

Impresionada, miró el documento en el cual aparecía su nombre en los lugares adecuados.

–¿Usted quiere comprarme mi bebé?

–Es un contrato de servicios. Usted me proporciona un producto y yo le pago por éste, así como por el uso de su cuerpo –contestó Ryan con frialdad.

¿Un producto? A ella no le hizo gracia alguna aquella expresión y se sintió invadida por una intensa actitud posesiva. Se abrazó a sí misma por la cintura. Hasta aquel momento había estado dispuesta a entregarle su bebé a Beth y a Patrick. Con dignidad. Sin pelea alguna. Pero de ninguna manera iba a venderle su futuro hijo a aquel extraño.

–Ha perdido la cabeza, señor Patrick.

–Es mi hijo.

–También es mío. Es mi óvulo. Mi cuerpo. Mi tiempo.

–Las condiciones de mi contrato son bastante generosas.

Nicole le lanzó el documento para devolvérselo, pero él no hizo ningún esfuerzo para tomarlo y las páginas quedaron esparcidas por el escritorio.

–No me importan sus condiciones. Vuelva a utilizar el vientre de alquiler que había contratado.

–¿Y olvidarme de que voy a ser padre de un niño?

–Sí. Usted no tiene ninguna atadura sentimental con nosotros ni ninguna obligación financiera. Puede tener otro bebé más fácilmente de lo que lo puedo hacer yo. Tendré que llevar en mi vientre a este niño durante nueve meses y su contribución sólo duró unos segundos.

–Sólo está embarazada de ocho semanas. Todavía no ha tenido tiempo de crear ningún lazo afectivo…

–Usted no tiene ni idea de lo que está hablando.

Ella había comenzado a querer al bebé desde el primer momento en el que había notado que sus papilas gustativas habían comenzado a enloquecer… pocos días después de la concepción e incluso antes de haberse realizado la prueba de embarazo.

–Lo siento, no voy a creer su historia sin ninguna prueba.

–Pero ya la tiene –contestó Ryan, asintiendo con la cabeza ante la carta del director de la clínica.

–Esto no es suficiente –aseguró Nicole. Pensó que, si era necesario, analizaría personalmente los archivos de la clínica. Y si aquello no funcionaba… siempre quedaba el recurso de una prueba de ADN. Se preguntó cuándo se podría realizar y si sería seguro para el bebé.

–Usted sólo tiene veintiocho años. Le queda tiempo más que suficiente para tener otros hijos –comentó el señor Patrick, esbozando una dura mueca.

–Pues usted no es precisamente un anciano.

–Tengo treinta y cinco años.

–Las mujeres tienen menos años fértiles que los hombres. Usted podrá seguir teniendo hijos durante cincuenta años más.

–Quiero tener un hijo ahora –respondió él, irritado–. Y no me voy a marchar para darle la oportunidad de que me denuncie con la intención de obtener una cuantiosa manutención.

Ella pensó que aquel estúpido hombre tenía una personalidad terrible. Normalmente siempre encontraba algo que podía gustarle en la gente… incluso en las personas más difíciles. Pero con Ryan Patrick no le había ocurrido lo mismo. Lo único que le había gustado del hombre era su apariencia física, que era maravillosa.

Respiró profundamente y se recordó a sí misma que cualquier problema podía ser resuelto con paciencia, educación y perseverancia. Aquella regla nunca le fallaba.

–Yo jamás haría algo así, señor Patrick. No quiero, ni espero, nada de usted.

–¿Espera usted que yo acepte tan fácilmente la palabra de una extraña? –contestó Ryan.

–No me interesa su dinero y estoy dispuesta a que mi abogada redacte un documento en el cual se le libre a usted de toda responsabilidad –aseguró Nicole.

–Eso sería inútil: usted tendría dieciocho años para cambiar de idea.

Ella sintió ganas de abofetearlo.

–Señor Patrick, no podría entregarle este bebé incluso aunque quisiera… lo que no es el caso.

A continuación se llevó las manos a la tripa y repitió las palabras que se habían convertido en su mantra desde que se había comprometido con aquel plan.

–Este bebé no es mío. Voy a tenerlo para mi hermana y mi cuñado.

Quienes quizá no querrían el bebé si no era hijo de Patrick…

El pánico se apoderó de ella al contemplar aquella posibilidad y sintió cómo el sudor le recorría el cuerpo. Se preguntó qué iba a hacer. Lo único que tenía claro era que no iba a entregarle el bebé a aquel estúpido neandertal que actuaba como si renunciar a su hijo fuera tan fácil como darle limosna a un mendigo.

–¿Le ha alquilado su vientre a otras personas?

–Sí. Patrick Ryan es mi cuñado –contestó Nicole.

–¿Cuánto le está pagando?

–Nada –respondió ella, consternada–. Esto es un regalo –añadió, echándose para atrás.

–Yo le ofrezco cien mil, más gastos extras. Usted va a renunciar al niño de todas maneras… ¿por qué no entregármelo a mí? El año que viene podrá tener el niño de su cuñado.

–No soy una yegua de cría –dijo Nicole, completamente alterada.

–Yo haré que merezca la pena –aseguró él.

–No, gracias. Les di mi palabra –sentenció ella, la cual quería hacer algo por su hermana, en vez de que ésta siempre estuviera sacrificándose para beneficiarla. Le debía mucho a Beth.

–Diles que has cambiado de idea. Si el óvulo es tuyo, entonces el bebé no le pertenece ni a tu hermana ni a su marido.

–Firmé un contrato –explicó Nicole, más para ella misma que para Ryan. Aunque se preguntó a sí misma si el contrato era válido incluso si el bebé no era de Patrick.

–Los contratos pueden romperse.

Nicole pensó que tenía que hablar con su abogada antes de enfrentarse a los aspectos legales de todo aquello.

–Usted no comprende. Yo seré la tía de este niño. Lo veré prácticamente todos los días. Podré verlo, o verla, crecer y seré parte de su vida. Seguiré siendo su familia.

Tras decir aquello, se percató de que aquella idea había parecido mucho mejor antes de que se confirmara el embarazo.

–Vuelva a ponerse en contacto con la mujer que contrató como vientre de alquiler.

–Usted está embarazada de mi primogénito y los primogénitos Patrick han tomado el relevo de la empresa familiar desde hace tres generaciones.

–¿Y qué ocurriría si mi futuro hijo no quiere ser arquitecto?

–¿Por qué no iría a querer serlo? –preguntó Ryan, levantando una ceja.

–Porque yo no tengo vena artística y tal vez él o ella salga a mí.

–O tal vez salga a mí y será un extremadamente buen arquitecto. No convierta esto en una batalla legal, señorita Hightower.

La amenaza del señor Patrick estaba más que clara. Ella sintió cómo se le ponían rígidos los músculos de la espina dorsal y cómo se le aceleraba intensamente el corazón. Volvió a abrazarse la cintura de manera protectora…

–Éste es mi bebé.

–¿Seguro? ¿No me ha dicho que ha firmado un contrato para entregarlo en cuanto nazca? Como padre biológico del niño, probablemente tenga más derecho a tenerlo conmigo que usted.

Nicole se sintió aterrorizada. Sintió mucho miedo de que lo que había dicho él fuera cierto. Pero pensó que no iba a rendirse sin pelear. Entonces miró a los ojos al señor Patrick a modo de reto.

Las facciones de éste reflejaron cierta tensión, lo que le dejó claro que había recibido el mensaje.

Ryan se levantó y ella hizo lo mismo para estar a su mismo nivel. Pero, aun así, tuvo que alzar la cabeza. Se dio cuenta de que él era más alto de lo que había pensado.

–Esta conversación se ha terminado, señor Patrick, hasta que yo hable con mi abogada.

–Hágalo. Mi abogado la telefoneará a usted. Pero le advierto, señora Hightower, que yo siempre obtengo lo que quiero y ejerceré de padre con mi futuro hijo. No se ponga las cosas difíciles, acéptelo y no prolongue esta situación.

Tras decir aquello, Ryan Patrick se dio la vuelta y se apresuró en salir del despacho de Nicole. Se llevó con él todo el oxígeno que quedaba en la sala.

Ella se sentó en la silla de su escritorio e intentó recuperar las fuerzas, aunque se sentía invadida por la adrenalina. Se dijo a sí misma que tenía que hacer algo para detener a aquel hombre. Si éste se salía con la suya, tal vez nunca vería a su bebé. Y no iba a permitir que eso ocurriera.