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Juana va creciendo

Bernardita Muñoz Chereau

Edición y diseño equipo Edebé Chile

Ilustraciones de Soyalegato

© Bernardita Muñoz Chereau

© 2015 Editorial Don Bosco S.A.

Registro de Propiedad Intelectual Nº 259.900

ISBN: 978-956-18-1171-3

Editorial Don Bosco S.A.

General Bulnes 35, Santiago de Chile

www.edebe.cl

docentes@edebe.cl

Primera edición digital, julio 2019

Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida, transmitida o almacenada, sea por procedimientos químicos, electrónicos o mecánicos, incluida la fotocopia, sin permiso previo y por escrito del editor.

Serie Juana

Índice

1 Juana y la culebra

2 Juana va a la escuela

3 Cuando Juana aprendió a leer

4 Juana sin dientes

5 Juana y su uniforme

6 Juana frente al mar

7 Juana y el terremoto

8 Juana y los zapatos rojos

9 Cuando Juana bailó hasta el amanecer

1 Juana y la culebra

Juana era pequeña, pero muy astuta. Tenía pocos miedos y muchos anhelos y quería, quería, quería tener una mascota. Alguien a quien cuidar. Alguien a quien alimentar y sacar a pasear. A veces, pasaba tardes enteras eligiendo mentalmente una.

¿Un pez?, no, muy resbaloso.

¿Un hámster?, no, muy dormilón.

¿Un canario?, no, muy debilucho.

¿Una tortuga?, no, muy lenta.

¿Un perro?, ¿un gato?, ¿un conejo?, ¿un cuye?

Tantos animales desfilaban por su cabeza que los ojos se le dormían sin que se diera cuenta y soñaba que tenía un pequeño zoológico para ella sola.

Hasta que el día menos pensado, Juana encontró una mascota. Estaba jugando en el patio de su casa, cuando escuchó un sssssssssssssssssssssss. Se agachó y notó una culebra larga y delgada como un cordón de zapatos que se deslizaba zigzagueando por el pasto. Demasiado sorprendida como para asustarse, Juana corrió a la cocina a buscar un frasco de vidrio. Lo puso delante de la culebra y ¡ZAS! la atrapó. Fue corriendo de vuelta a su casa y escondió el frasco en su único lugar privado (debajo de su cama).

Juana tenía una hermana mayor y otro en camino, por lo que sabía lo difícil que era guardar secretos en una familia. Por eso sin pedir ayuda se encaramó hasta alcanzar el clavo suelto en la muralla del patio y luego buscó una piedra y la ocupó como martillo para hacer agujeros en la tapa del frasco de su ahora única, privada, secreta, maravillosa, original, perfecta e inesperada mascota.

De tan contenta, Juana se puso a hablarle a la culebra. “¿Qué nombre te voy a poner? ¿SSSSSSSS... te gusta Sissi? ¿O prefieres un nombre que te describa? ¿Qué tal Flaca?¿O Hebra? ¿Cordona? … ¿Y qué quieres comer? ¿Te gusta el chocolate? ¿Qué necesitas para dormir? ¿Tienes ganas de hacer pipí? ¿O caca?”.

Pero aunque Juana irradiaba entusiasmo, la culebra ni se movía. De hecho, no estaba claro si estaba jugando a la muerta… ¡o tal vez estaba muerta! Yacía mustia, como las flores silvestres que Juana a veces cortaba y atesoraba en sus pequeñas manos hasta ponerlas en improvisados floreros.

De repente, Juana se dio cuenta de que había metido la pata…tal vez la culebra iba camino a su nido y ahora sus hijos estarían llorando (¿lloran las culebras?)… ¡de hambre y soledad! ¡O tal vez iba atrasada a una importante cita! ¡O peor! Iba a una reunión de culebras en donde iban a decidir qué hacer para salvarse…. ¡de niñas como Juana que las atrapaban para encerrarlas en frascos de vidrio con hoyitos en la tapa!

Tantas cosas pasaron por su cabeza, que a la hora de comer Juana se hizo invisible en medio de las conversaciones de su familia. Después de lavarse los dientes, ponerse pijama y cuando estuvo segura de que nadie más vendría a contarle historias ni darle besos de buenas noches, se deslizó debajo de su cama para comprobar que su culebra seguía ahí, y ahí estaba…ahora tiesa como un alambre. Pero Juana estaba tan cansada que al poco rato se durmió y soñó que volaba por los cielos montada en un dragón gigante.