Gracias a la enorme acogida que hasta ahora han tenido los Cuadernos de Estudios Regionales, no sólo entre estudiantes, profesores e investigadores sino también entre el público en general, así como por el entusiasmo demostrado por sus colaboradores, tanto de la UNAM como de otros centros de investigación e instituciones de educación superior, en esta nueva etapa buscamos dar continuidad al trabajo iniciado hace ya más de 14 años por algunos profesores e investigadores del Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, a través de la apertura de nuevas líneas y vertientes de investigación.
Nuestro objetivo principal es seguir incorporando nuevas temáticas particulares, a partir de un conjunto de ejes analíticos generales, en términos de las categorías analíticas y teóricas de las Relaciones Internacionales que son relevantes para explicar la gran diversidad, complejidad y cambios operados en la sociedad internacional y en las regiones del mundo en particular.
Las problemáticas asociadas a las regiones constituyen hoy un dominio de gran interés, no sólo entre especialistas, académicos y estudiantes, sino también entre el público en general. En este sentido, con esta nueva edición de los Cuadernos de Estudios Regionales deseamos ofrecer a nuestra comunidad académica y al público en general nuevas aproximaciones a la historia y los procesos contemporáneos de las regiones del mundo.
María de Lourdes Sierra Kobeh
Responsable del proyecto
La tradicional superioridad militar israelí en la región del Medio Oriente y la capacidad disuasiva que la misma genera, se ha visto efectivamente afectada en los últimos años por acciones de carácter asimétrico que se han desarrollado tanto en el escenario palestino como en el libanés. Las guerras en Líbano y Gaza que hemos abordado, continuarán siendo referentes recientes tanto para el pensamiento estratégico israelí, como para el continuo estudio de los conflictos armados en general y sus variantes de combate asimétrico en particular.
Aunque como ya vimos, para algunos militares israelíes la operación contra Hezballah en el 2006 fue exitosa, en la medida en que este movimiento armado sufrió un desgaste considerable durante el conflicto, por lo que la decisión de responder de forma fuerte y amplia en términos bélicos, fue la correcta, contribuyendo en consecuencia a la recuperación de su poder disuasivo,75 es más objetivo pensar que al no haberse podido obtener una victoria decisiva frente a Hezballah, ello contribuyó a debilitar la capacidad disuasiva de Israel, disminuyendo “su reputación de invencibilidad”,76 y mostrando que es vulnerable.77 En palabras de Reuven Pedatzur:
El fracaso de las FDI está erosionando el principal componente de nuestra seguridad nacional: la imagen belicosa de este país, encabezada por un ejército amplio, fuerte y avanzado, capaz de asestar un golpe contundente a nuestros enemigos si intentan molestarnos.78
El impacto negativo de la operación en Líbano también fue expresado por el teniente coronel del ejército de los Estados Unidos, Scott C. Farquhar, cuando escribió que:
El período posterior a la Segunda Guerra del Líbano fue tan enconado y de tanta recriminación para las FDI e Israel, como lo fuera Viet Nam para el ejército de los Estados Unidos y la sociedad estadounidense.79
Para el caso de la operación contra el movimiento de resistencia islámica Hamas, igualmente se aprecian valoraciones encontradas, pues mientras para unos Hamas recibió una lección, para otros el trabajo ha sido incompleto en la medida en que la organización conservó su estructuración, mecánica operativa y capacidad de ataque contra territorio israelí.
La guerra contra Hamas en la Franja de Gaza tuvo como propósito golpear con la mayor fuerza posible a este movimiento palestino, debilitar al máximo su capacidad de lanzamiento de cohetes y obuses de mortero contra territorios de Israel, obstaculizar en alguna medida sus fuentes de reabastecimiento, y agudizar el contexto socio-económico palestino de Gaza en aras de inducir cambios tanto en las dinámicas Hamas-población de Gaza, como entre las dos más importantes y antagonistas organizaciones palestinas del momento: Hamas y Al Fatah.
Las contradicciones que un ataque de tal intensidad generaría de manera inmediata por desarrollarse en una zona de alta densidad poblacional, no fue impedimento para demostrar la decisión de acción israelí en cualquier circunstancia y al costo que sea. Con tal actuación Israel pretendió, fundamentalmente, dar un paso más hacia la restauración de su capacidad disuasiva en el plano asimétrico, para lo cual logró rectificar algunos errores de planificación y ejecución combativa en comparación con la contienda contra Hezballah.
Si tal propósito se logró o no, aún es objeto de debate dentro de los propios medios políticos y militares israelíes. En el mejor de los casos para Israel, podría percibirse como una recuperación parcial de tal capacidad, pero mediante una táctica desproporcionada que ha sido fuertemente cuestionada y criticada.
Junto a estos dos casos de estudio clave, también podemos detectar otros ejemplos de iniciativas estratégicas israelíes destinadas a restaurar su capacidad disuasiva, pero intentando soslayar en alguna medida los retos que enfrenta en el campo asimétrico mediante un énfasis en su capacidad de respuesta para el combate más simétrico tradicional; entre estos llama la atención el ataque contra Siria en septiembre del 2007 y los repetidos ensayos de ataque contra Irán.
El ataque de la aviación israelí contra una instalación estratégica en el norte de Siria (la llamada “operación orquídea”) dio lugar, desde entonces y hasta la actualidad, a toda una enorme cantidad de especulaciones respecto a la naturaleza y propósitos de la misma, así como respecto a los niveles de coordinación entre Israel y Estados Unidos. 80
Pero de cualquier manera el producto más importante de esta acción, independientemente de los detalles en su ejecución, fue que mostró la decisión israelí de atacar a sus vecinos regionales ante cualquier tipo de sospecha o preocupación para su seguridad nacional. Al exhibir su poderío convencional, tal como ha sido durante décadas de guerras o de ataques semejantes al efectuado contra el reactor nuclear de Osirak en Iraq en 1981, Israel intenta recuperar su legitimidad disuasiva en un escenario de simetría estratégica en el cual siente puede actuar con mucha mayor seguridad.
El propósito de la recuperación del potencial disuasivo perseguido con este golpe aéreo, quedaría muy claramente expresado por el ge-neral de división Amos Yadlin, jefe de la inteligencia militar, cuando días después de este ataque afirmó que “el poder disuasivo israelí había sido restaurado”, luego de su afectación durante la segunda guerra en el Líbano, y que “ello tenía un impacto en toda la región, incluyendo Irán y Siria”.81
Tal aseveración recibió muy fuertes críticas dentro de Israel. Por ejemplo, el ex alto funcionario de inteligencia israelí, Yossi Ben-Ari, consideró que era imposible recuperar en sólo un año el poder disuasivo israelí colapsado durante la guerra del Líbano, y que la disuasión no podía crearse con operaciones puntuales, sino que es algo que requiere de un esfuerzo constante a largo plazo, y especificó:
…incluso teniendo excelentes agencias de inteligencia, se hace muy difícil estimar el nivel de disuasión creado por un país; después de todo, la disuasión no es una criatura monolítica u objeto tangible que pueda ser medido física o cuantitativamente. Ciertamente es un concepto abs-tracto y escurridizo, y una imagen que puede tomar diversas formas en dependencia de las circunstancias.82
En realidad, el hecho de que Siria no respondiera al ataque militar israelí, parece ser un indicador de que Israel posee una alta capacidad disuasiva frente a ese país.
Respecto a Irán, las constantes especulaciones aducidas durante años recientes sobre la existencia de planes israelíes para atacar y destruir las principales instalaciones que forman parte de su programa nuclear, parecieron ser mucho más reales (y no simplemente parte de una guerra sicológica como ha sido habitualmente concebida por Teherán), cuando se dio a conocer que el primer ministro israelí Ehud Olmert había solicitado personalmente en mayo del 2008 al presidente Bush, permiso para sobrevolar Iraq y atacar Natanz y otras instalaciones iraníes durante la primavera de ese mismo año.83 Aunque tal petición fue rechazada por el presidente estadounidense, e independientemente de cuál era el grado de decisión israelí para actuar, o de si fue más un mecanismo de presión sobre la administración estadounidense que convicción de ataque,84 es obvio que tal solicitud se convierte por sí misma en un acto disuasivo de gran peso, imposible de no ser considerado por el pensamiento estratégico iraní.
El interés disuasivo frente a Irán, se fortaleció con el ejercicio que desarrolló la fuerza aérea israelí en junio del 2008 en el este del Mediterráneo, maniobra que fue evaluada por diversos estrategas y agencias de inteligencia como un aparente ensayo de ataque contra Irán. En este participaron más de 100 cazas de combate F-15 y F-16 y se demostró la capacidad para el reabastecimiento de combustible en pleno vuelo que posibilita la ampliación muy considerable del rango de ataque israelí.85
Puede ser interesante tomar en consideración la actuación iraní durante la guerra en Gaza a la hora de seguir intentando medir ecuaciones de costo-beneficios y niveles de disuasión. La política iraní exhibió en todo momento un discurso muy fuerte en contra de Israel y de solidaridad con la causa palestina, lo que fue acompañado de una gran movilización interna para el reclutamiento de más de 70 mil voluntarios que irían a combatir en Gaza. Si bien es cierto que a este fervor interno contribuyeron en gran medida, tanto el discurso del presidente Ahmedinejad y de otros funcionarios iraníes, así como la firma de un decreto religioso el 28 de diciembre por parte del líder supremo Ali Khamenei, el cual señaló que sería considerado mártir cualquiera que muriera defendiendo a los palestinos en Gaza frente a la agresión israelí, es muchísimo más importante tener en cuenta la posterior declaración del mismo líder supremo cuando en una sesión pública en conmemoración de la Ashura (martirio del imam Hussein Ibn Ali) expresó:
Agradezco especialmente a los jóvenes creyentes que se reunieron en aeropuertos y otros lugares y expresaron su deseo de ir a Gaza. Sin embargo, debo señalar que nuestras manos están atadas en este sentido.86
Aunque Khamenei reiterara el compromiso de ayuda de la República Islámica con el pueblo palestino, tal como ya lo ha hecho en el pasado, realmente esta declaración respecto a las “manos atadas”, tiene que haber sido interpretada en Israel y en los Estados Unidos, como un claro anuncio de que Irán no tenía ningún interés en agudizar la confrontación con Israel, y al mismo tiempo prefería explorar las posibilidades de distensión o al menos un reacomodo mínimo con la nueva administración que asumiría el poder en los Estados Unidos.
La actuación de Hezballah durante la guerra en Gaza también fue muy interesante, pues a pesar de que la condena a Israel fue claramente expresada, la organización no tuvo ningún interés en participar de manera directa en el conflicto, lo que fue totalmente diferente a su actuación solidaria con el movimiento palestino en el verano del 2006 que desembocó en la guerra con Israel.
Durante la guerra de Gaza algunos pocos cohetes se dispararon desde territorio libanés contra puntos en la región septentrional de Israel, pero Hezballah se deslindó de inmediato de cualquier responsabilidad al respecto,87 con lo que quedó puesto de manifiesto, que en esta ocasión no hubo ningún interés de abrir un frente por el norte que complicara al esquema bélico israelí y que sirviera de apoyo a la causa de los palestinos de Gaza. Es posible que valoraciones vinculadas a la actualidad de la política interna libanesa y sus reacomodos, a ecuaciones particulares de costos-beneficios, y a impactos disuasivos, puedan explicar la posición de Hezballah.