Prólogo

 

Entre las profesiones más fascinantes que se pueden ejercer y posiblemente una de las que requiere mayor visión de futuro, me atrevo a afirmar que la educación es la que ocupa, si no el primer lugar, por lo menos uno muy destacado.

La educación, aunque algunos pretendan ignorarlo, es el mayor reto que tiene planteada toda sociedad, ya que de ella depende su desarrollo presente y su futuro. Me pareció muy acertada la afirmación del Dr. Lonerman hace ya algunos años cuando dijo que “la idea que se tenga de la escuela estará en función de la idea que se tenga de sociedad”. No pueden separarse una de otra y, añadió, abriendo nuevos horizontes, que “la idea que se tenga de la sociedad está ligada a la noción que se tenga del bien”. Educar siempre tiene como objetivo ayudar a formar personas comprometidas con el bien, ya que, como la inteligencia es neutra, debe aliarse con la ética.

Efectivamente, la educación, porque trabaja siempre con personas, porque cuanto lleva a cabo es desde la vida y ha de ser para la vida y porque, entre sus peculiaridades está el educar para no sabemos muy bien qué –porque se educa desde un “hoy” conocido para un “mañana” desconocido– es el mayor desafío para cuantos nos dedicamos a ella. Por eso optar por la educación entusiasma.

Y precisamente por las muchas dificultades, interrogantes y dudas que se presentan habitualmente al tratar algún tema que se relaciona con la educación, debido a su complejidad, es por lo que resulta profundamente consolador este libro escrito por Lourdes Bazarra y Olga Casanova, dos grandes profesionales de la educación que no han tenido miedo a afrontar ya desde el título, Directivos de Escuelas Inteligentes, el desafío que se plantea a toda sociedad que sabe que en la escuela se fragua su futuro.

Conocemos el valor de la inteligencia, mejor aún, sabemos, comprobado por la experiencia, que todos poseemos Inteligencias Múltiples en mayor o menor grado y que es responsabilidad de cada uno desarrollarlas al máximo. Si todos los alumnos llegan a las aulas dotados de múltiples inteligencias, si le corresponde a la escuela acompañarlos en sus posibilidades de desarrollo, es obvio que la escuela ha de ser inteligente a su vez y, por supuesto, deben serlo quien o quienes la dirigen.

El presente y el futuro necesitan Escuelas Inteligentes. ¿Inteligentes? Así es, en el más amplio sentido de la palabra, desde su etimología clásica, capaces de “leer dentro”, o, en su otra apreciación, que saben “leer, discernir, elegir entre”, hasta la última definición dada por Howard Gardner, el padre de las Inteligencias Múltiples, que dice de ella que es “la capacidad de generar y resolver problemas y de utilizarla al servicio de los demás”.

Son necesarios, por tanto, líderes inteligentes que dirijan Escuelas Inteligentes. Estos líderes deben poseer las cualidades básicas de las que hablaba Howard Gardner hace poco en su conferencia en Barcelona (10 de mayo de 2013). Al líder se le reconoce por tres características: la excelencia, la ética y el compromiso. Cuando el líder posee estas cualidades la escuela que dirige tiene muchas garantías de formar a sus alumnos en la excelencia, cada cual la suya y de acuerdo a su medida; en la ética, siempre al servicio del bien; y en el compromiso, porque el ser humano es el único ser vivo capaz de comprometerse y, como no es una isla, su manera de ser influye para bien o para mal en el resto de la humanidad.

Escuelas Inteligentes, líderes inteligentes para estas escuelas y, en consecuencia, alumnos inteligentes en una sociedad mejor.

La buena noticia es que las tres cualidades no son innatas, hay que trabajarlas en los directivos, en los alumnos, en los maestros. Y se trabajan hoy, desde la realidad en la que estamos, porque es la única que poseemos, para saberlas aplicar hoy y mañana, porque como bien afirman las autoras del libro, “mañana no es otro nombre de hoy”.

Puede parecer difícil, pueden surgir dificultades, pero, mientras haya profesoras de la talla de Olga y Lourdes, dispuestas a poner su experiencia al servicio de cuantos estamos interesados y entusiasmados por la educación, habrá Escuelas Inteligentes, dirigidas por líderes inteligentes, capaces de generar el cambio que la escuela, la universidad y la sociedad necesitan para mañana desde hoy.

Líderes con las actitudes y capacidades adecuadas, ilusionados por aprender, con visión de futuro y capacidad de presente; líderes innovadores, líderes sin miedo a evaluarse y dejarse evaluar; líderes comprometidos con el saber y con los alumnos; líderes capaces de excelencia, cuya ética salga de los muros de las escuelas para llenar de nuevo color la sociedad a la que pertenecen.

Líderes que sepan dar respuesta a los porqués y a los cómos que se plantea nuestro mundo y que no dejen nunca de formarse para seguir dando en cada momento la respuesta adecuada a las necesidades de sus alumnos y de la sociedad.

Libros como el que Lourdes y Olga nos ofrecen son un guiño de esperanza a la educación.

Enhorabuena a los lectores, han elegido bien, este libro corrobora que hay futuro porque hay presente.

M. Montserrat del Pozo

Directora del Colegio Montserrat

Introducción

 

Al futuro, al mañana. A la curiosidad y a la incertidumbre. A los retos. Porque son ellos los que nos impiden siempre quedarnos quietas, inmóviles, cómodas, conformándonos y viviendo solo lo que la vida nos vaya trayendo.

El reto de pensar y dirigir una escuela con otros ojos

El verano de 2013 se resumirá para siempre en cinco fotografías, al menos para nosotras. Antes de que las despleguemos, avisamos: no van a encontrar playa. No habrá siestas ni el ansiado “me aburro” que incluyen los veranos. Los paisajes por descubrir tendrán que esperar un año más. Y, sin embargo, aunque al principio resulte extraño, hemos viajado como nunca. Cuatro meses en el mundo que aún no existe y que algunas escuelas ya están dibujando y haciendo real.

La primera fotografía tiene que ver con el inicio de este viaje, cuando solo era maleta. La sala está llena de luz aquella mañana. Es la sede de SM. Si nos fijamos bien, hay 5 personas en escena. Lourdes, Olga y tres rostros que, a lo mejor, los lectores no tienen el gusto de conocer. Se los presentamos: Mª José, Sonia y Adolfo. Sonríen, nosotras también. Y es en esa reunión cuando decidimos convertir en pareja de baile a las Escuelas Inteligentes y a los directivos. Y escribir la partitura en uno de los libros de la colección Innovación Educativa. Música a cambio de vacaciones.

La segunda fotografía refleja la crisis que todo libro esconde dentro cuando ya lleva más de la mitad escrito. Léanlo bien en el rostro de las autoras que aparece en primer plano. Este es un tiempo educativo lleno de contrastes. Desde el paisaje de las escuelas inmóviles, las atravesadas por la crisis y ahogadas en la cultura de la queja, a las escuelas que están convirtiendo las dificultades en oportunidades. Escuelas y profesores con un despliegue tan apasionante, tan alegre, tan arriesgado y técnico, tan en crisis que mientras escribes “todo te parece viejo”. Es el tiempo de moverse entre dos sentimientos. El dolor de la lucidez, la humildad de “no saber nada” o de saber ya mucho “pero y ahora esto cómo se cuenta o cómo se hace…”.

A estas certezas se unieron una noticia y una inesperada compañía. La noticia, que venía de Estados Unidos, decía que vamos hacia una sociedad donde ya no hacen falta jefes. Genial porque justamente sobre jefes, equipos directivos y directores estábamos escribiendo. Un empujón de ánimo que nos vino muy bien, aunque no sabemos para qué.

La inesperada compañía era la de los dos camareros del café coruñés en el que desayunábamos antes de encerrarnos a escribir en la biblioteca de la Diputación (nuestro refugio neuronal). Siempre tristes y apáticos pese al olor del café, a la estupenda música, a la luz con la que el local hacía buenos los días. ¿Quién dirigía un espacio tan agradable sin conseguir que sus empleados transmitiesen calidez y profesionalidad? ¿Tendría razón el artículo norteamericano? ¿Cuánto influye en nuestro modo de responder y relacionarnos con la vida lo aprendido en la escuela?

Debido a la combinación de algunos libros, al encuentro feliz con películas y documentales y a esos soplos de intuición y creatividad que empezaron a invadir los tiempos de trabajo, llegamos a la tercera fotografía con atisbos de sonrisa en el horizonte. Pero el primer equipaje ya no nos servía. Nos habíamos preparado para un viaje por tierra y las Escuelas Inteligentes necesitaban otro fondo de armario. Había que hacerse a la mar. Sin dejarnos engañar por los pequeños tramos de playa, certezas donde uno hace pie, el océano del futuro educativo nos exigía convertirnos a ratos en navegantes, a ratos en buzos. Era hora de abandonar los mapas. Como explicamos ahí dentro, las Escuelas Inteligentes necesitan cartas náuticas.

Esa es la razón por la que quizá sintamos extrañeza al ver el índice que marca la ruta del viaje. No encontraremos primero nada sobre directivos, ni profesores, ni escuelas. El primer gran espacio de este libro está dedicado al futuro. Porque no podemos dirigir sin conocer el espacio que navegamos.

El segundo momento de este libro está dedicado a por qué es necesario que nos transformemos en Escuelas Inteligentes y qué caracteriza a estas escuelas, las que no padecen el futuro sino que lo construyen.

Y es después de conocer este futuro, de elegir la escuela que queremos y necesitamos ser, cuando debemos concretar cómo dirigirla. Porque no podemos dirigir una escuela sin tener una visión del futuro al que queremos contribuir desde las aulas. Y quienes están al timón, deben dominarlas y disfrutarlas.

La cuarta fotografía está en vuestras manos. Es el resultado de nuestro viaje, su cuaderno de bitácora. A las rutas del futuro, de las Escuelas Inteligentes y del Perfil Directivo que necesitan las Aulas de Futuro, hemos añadido la ruta de las escuelas que están haciendo posible lo próximo: esta es la ruta contra todos los “peros” con los que, a veces, defendemos el inmovilismo.

Este libro no habla solo de la escuela posible. Esa escuela, esos profesores y directivos, ese nuevo proyecto de aprendizaje ya existe. Este capítulo es un gracias a todos los exploradores que han iniciado el camino al futuro, pero en el presente.

La quinta foto ya no la encontraréis aquí dentro. Tiene el rostro de quien está leyendo este libro. Es una foto que se parece mucho a esas tiras de instantáneas que hacen los fotomatones. Irá recogiendo vuestro gesto en el durante y en los después de cada tramo de lectura. ¿Cómo serán vuestras tres o cuatro secuencias? ¿Continuaremos siendo simples “lectores educativos” al final del viaje? ¿O nos transformaremos en “exploradores”, en “directivos nómadas”, en “navegantes del aprendizaje” que transforman sus escuelas en lugares inteligentes, apasionantes? Una escuela a la que siempre nos sintamos agradecidos porque lo que aprendimos en ella sigue sin tener fecha de caducidad.

Gracias por estar ahí. Es hora de empezar.