Agradecimientos

Sin orden alguno: a María de los Ángeles, Ramacciotti, Viviana, Fernando; a Zuzuk, Lourdes, Guadalupe y los mutantes del taller.

A Luciano. A Eloísa, Agustín, Mr. Boomerang, José Di Marco, María Teresa, Juan Cruz y Osvaldo por las correcciones, insultos y tachaduras. Al Intendente Maigua, por la compañía en el proceso y el trabajo; a Juan Cruz Sánchez Delgado, por las fotos y el mundo nuevo y a Luis Chaves, por la generosidad transcontinental.

A los años 90 y siguientes, por impulsar el trabajo en negro, la desocupación y el cinismo; a Casa 13, por enseñarme otra idea de “casa”; a la niña dragón y a su madre, de vuelta en el mundo.

A los álbumes de fotos perdidos en los sótanos y estanterías de las casas que nunca voy a conocer. Sobre todo a esos álbumes, rodeados de polvo. A Sensei. A la música nómade de todos estos años.

Prólogo

Hola, Pablo


Un día vamos a conocernos. Probablemente aquí en el medio del continente, o allá, en uno de sus extremos. Hace menos de dos meses me escribiste y ahora sabemos un par de cosas de cada uno. Pero no nos hemos visto nunca.

Leí tu libro, Vida en común. Iba a escribirte un prólogo pero esa palabra está tan cargada, pesa tanto que me supera. Mejor busco las filas de atrás, mejor te escribo esta carta, un mail. Algo más cercano a este libro de momentos intensos en su fragilidad. Unos textos de gente que trata de dormir, de ruedas de bicicleta que giran, de hebillas fucsias que uno abre y cierra como un tic, de hermanas de siete años, de objetos que se protegen solos, de la tierra y los ladrillos con que se construyen las casas.

Te decía la otra vez, hablando de un clip de tu banda Bosques de Groenlandia, que me gustaba que en el audio, a la misma altura de la canción, se escuchaba gente toser, alguien arrastra una silla, alguno comenta por lo bajo.

Este libro habla un idioma compartido. Vida en común es un libro extensivo. Lo pudo haber escrito mi vecino, aquí a más cinco mil kilómetros de tu casa. Y eso, desde donde opino, sólo puede ser positivo. Uno lee y, de forma automática, es parte de esa familia. Uno lee y se apropia de inmediato de la frase “el cariño como un secreto de la respiración”.

Se dice hablar bajo, se dice andar por la sombra, pero ¿cómo se dice eso del acto de escribir? Este libro habla bajo, camina por el lado de la sombra. Uso palabras de tu libro, fuera de contexto, para decir que una buena parte de la literatura que me gusta se escribe de manera insegura y definitiva.

Ya nos vamos a conocer. Un abrazo.



Luis Chaves

Zapote, 19 de noviembre, 2010

Se levanta como un monstruo y devora la casa de mis padres

(T. B.)

Exactamente ocho

Querida hermana:
cuando leas esto ya no tendrás ocho años
tampoco siete, que es la edad que tenés ahora.
Pero pasan los minutos, un corredor de luz detrás de otro
pasan los minutos.
¿Habrá un payaso doblado dentro de la torta de mañana?
¿Habrá un papel plegado en el payaso roto
habrá en eso una explicación para tu pequeño universo?
Universo que no conozco y que, generalmente, no me interesa.
Pero no te quiero mentir.
¿Qué esperás atrás mío, haciendo como que dormís
cuando estás despierta
soñando con la fiesta de mañana?
¿Esperás algo o solamente soy yo
que crecí hasta llegar a la altura
de ver crecer las cosas
y dejar de rezar por ellas?
Sos un oso de felpa con pensamientos de bebé
arrodillado en una escuela a la que no va nadie.
Sos una hebilla fucsia colgada de mi pelo
que abro y cierro como si fuera un tic