El hinduismo es la tradición espiritual viva más antigua del mundo, y la sutil presencia de muchos de sus conceptos, técnicas y saberes en la vida moderna está mucho más extendida de lo que se piensa. Aun así, en Occidente la cosmovisión hindú suele ser malentendida, cuando no directamente ignorada, y no deja de ser paradójico que ese desconocimiento nos impida ver que, en la renovada espiritualidad laica moderna, afloran muchos rasgos esenciales de la tradición hindú.
Naren Herrero nos muestra que ese fenómeno que llamamos hinduismo es una válida concepción de lo divino y del mundo que ofrece una multiplicidad de caminos para que cada ser humano (sin necesidad de tener sangre india) realice su potencial espiritual, sin excluir la satisfacción material. Nacido y criado en Occidente, pero educado en el marco de la filosofía espiritual de la India, Naren se podría considerar un «hindú occidental». Con inusual amenidad nos expone verdades filosóficas elevadas (la no violencia, el papel del maestro, la aceptación de la muerte o la sacralidad de la lengua sánscrita), prácticas religiosas (festivales, mantras, rituales, alimentación) y profundiza en la simbología tradicional (el politeísmo, la diosa, la esvástica, las vacas sagradas, la numerología). Y sobre todo transmite, en palabras cotidianas y asequibles, pautas para aplicar las enseñanzas atemporales del hinduismo en nuestra vida moderna, con el objetivo de vivirla más plenamente.
Naren Herrero es periodista y escritor especializado en Yoga, cultura, filosofía y espiritualidad de la India. Es profesor de hatha yoga, formador de profesores de yoga y dicta cursos de historia, filosofía y mitología del Yoga en España, México y Reino Unido. Es autor de Kumbha Mela.
Sabiduría perenne
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© 2019 by Naren Herrero
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Composición: Pablo Barrio
Revisión: Amelia Padilla
Diseño cubierta: Katrien Van Steen con ilustración de Carola Zerbone
Primera edición papel: Junio 2019
Primera edición digital: Febrero 2020
ISBN papel: 978-84-9988-679-4
ISBN epub: 978-84-9988-774-6
ISBN kindle: 978-84-9988-775-3
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Para mis padres, Kanagavalli y Parasurama,
que me criaron en la cosmovisión hindú
Entre paréntesis se encuentra el término con su transcripción completa al alfabeto internacional de transliteración sánscrita.
abhisheka (abhiṣeka): ritual tradicional hindú que consiste en el lavado de una imagen sagrada con agua y otros ingredientes.
abhyasa (abhyāsa): «práctica constante»; uno de los pilares de la metodología yóguica para el control de la mente.
adhibháutika (ādhibhautika): «externo»; adhibháutika karma alude al sufrimiento que nos es infligido por el resto de los seres y objetos.
adhidáivika (ādhidaivika): «divino»; adhidáivika karma se refiere al sufrimiento causado por fuerzas superiores, ya sean «dioses», entes sobrenaturales, los astros, los decretos del destino o los fenómenos climáticos y las catástrofes naturales.
adhyátmika (ādhyātmika): «de uno mismo»; adhyátmika karma alude al sufrimiento que experimentamos todos los seres por el hecho de tener un cuerpo y una mente.
ahimsa (ahiṁsā): «no dañar»; precepto ético básico del hinduismo, el jainismo y el budismo.
ámrita (amṛta): néctar de la inmortalidad.
árati (āratī): ritual tradicional en el que se presenta luz y fuego a una imagen sagrada por medio de lámparas encendidas que generalmente son movidas en círculos.
Árjuna (arjuna): uno de los dos protagonistas de la Bhágavad Guita que, literalmente, es un príncipe guerrero y, simbólicamente, representa al buscador espiritual lleno de dudas y confusión.
artha (artha): creación de riqueza material para el funcionamiento de la sociedad. Uno de los cuatro fines de la vida para todo ser humano (véase purushartha).
ásana (āsana): «asiento»; remite a las posturas físicas del hatha yoga.
áshram (āśrama): comunidad religiosa o espiritual formada alrededor de un gurú
áshrama (āśrama): estadio de la vida de toda persona, que en el hinduismo son cuatro (véanse brahmacharya, grihastha, vanaprastha y sannyasa).
asuras (asura): demonios, los enemigos de los devas.
atman (ātman): la esencia última de todo ser, que se considera espiritual y a veces se traduce erróneamente como «alma».
aum (auṁ): Véase om.
Bhágavad Guita (bhagavad gītā): «El canto del Señor»; el texto sagrado hindú más divulgado y que consiste en un diálogo trascendental y también práctico entre Krishna y Árjuna.
bhajan (bhajan): canto devocional.
bhakti (bhakti): «devoción»; bhakti yoga es uno de los principales caminos espirituales del hinduismo en el cual se utilizan las emociones para potenciar el anhelo por lo Supremo.
bhoga (bhoga): «experimentar»; alude a las experiencias de placer y dolor inherentes a la vida material.
bindu (bindu): «punto»; la totalidad de la energía cósmica en estado inmanifestado y potencial.
Brahmá (brahmā): el dios encargado de la creación del universo en la tríada clásica de la mitología hindú (véanse Vishnu y Shiva). Género masculino. No confundir con Brahman.
Brahman (brahman): lo Absoluto; la Realidad última; la Fuente más allá de todo nombre o forma. Género neutro. No confundir con Brahmá.
bráhmana o brahmán (brāhmaṇa): miembro de la casta sacerdotal, la primera de las cuatro castas tradicionales.
brahmacharya (brahmacarya): «conducta hacia Brahman»; el primer estadio (véase áshrama) de la vida de toda persona que se refiere al periodo de niñez, formación y estudio.
Briháspati (bṛhaspati): gurú de los devas, seres divinos.
chaturthi (caturthī): cuarto día de cada quincena lunar, tanto creciente como menguante.
dámaru (ḍamaru): tamborcillo con forma de reloj de arena, atributo tradicional del dios Shiva.
devas (deva): «brillantes»; referido a los dioses o seres divinos, enemigos de los asuras.
Devi (devī): «Diosa»; nombre del aspecto femenino de lo Supremo, la Madre universal. También puede ser un calificativo para deidades femeninas.
dharma (dharma): «lo que sostiene»; es el conjunto de leyes, verdades y valores que mantienen el orden cósmico natural. Uno de los cuatro fines de la vida (véase purushartha).
Durga (durgā): un nombre de la Diosa en su aspecto feroz y transformador.
esvástica (svastika): símbolo solar tradicional hindú que pregona auspiciosidad y que fue apropiado por el nazismo, tergiversando su sentido.
Ganas (gaṇa): huestes semidivinas que siguen a Shiva; son muy devotos y también algo salvajes y deformes.
Ganesha (gaṇeśa): «Señor de los Ganas»; la deidad con cabeza de elefante que es comandante de los Ganas, y cuya potestad más difundida es la de propiciar los inicios.
Gangá (gaṅgā): el sagrado río Ganges que, en realidad, se considera solo el aspecto material de una diosa del mismo nombre.
gáyatri (gāyatrī): «triple canto»; de forma genérica es un tipo de metro védico compuesto de tres líneas de ocho sílabas cada una. De forma particular remite a un mantra solar, considerado el más sagrado de los Vedas (véase savitrí). También es una diosa (véase devi).
grihastha (gṛhastha): «hogareño»; el segundo estadio (véase áshrama) de la vida de toda persona que alude a la vida adulta, familiar, trabajadora y productiva para la sociedad.
guna (guṇa): «cuerda»; las tres cualidades de la naturaleza material; propiedades inherentes a todo elemento manifestado de este mundo (véanse rajas, sattva y tamas).
gurú (guru): «con peso»; maestro o guía espiritual.
hatha yoga (haṭha yoga): método psicofísico basado en posturas, respiración y manipulación/sublimación de la energía del cuerpo físico y sutil.
ishtadévata (iṣtadevatā): «deidad elegida»; deidad personal y favorita que cada devoto elige de acuerdo con sus inclinaciones.
japa (japa): «murmurar»; repetición de mantras en voz baja o en silencio como forma de aquietar la mente o alcanzar la liberación espiritual.
jivatman (jīvātman): atman encarnado o alma individual cuando está en un cuerpo físico.
jnana (jñāna): «conocimento» (pronúnciese «gñana»); jnana yoga es uno de los principales caminos espirituales del hinduismo en el que se utiliza el discernimiento intelectual, la autoindagación y la contemplación como herramientas de autoconocimiento.
Kali yuga (kaliyuga): «edad oscura»; una de las cuatro edades cósmicas, en la que se encuentra la humanidad actualmente y en la que la mayoría de las personas han olvidado el sentido profundo de la vida.
kama (kama): «deseo»; satisfacción de los placeres sensoriales. Uno de los cuatro fines de la vida para todo ser humano (véase purushartha).
Kamadeva (kamadeva): dios hindú del deseo y del amor sensual.
karma (karma): «acción»; ley cósmica de causa y efecto que determina las circunstancias de nuestra vida actual en base a nuestras propias acciones pasadas, incluidas las otras vidas.
karma yoga (karma yoga): «yoga de la acción»; el camino purificatorio por excelencia que se basa en la acción desinteresada, es decir, actuar sin esperar frutos.
kirtan (kīrtan): canto devocional congregacional, en el que suele haber un líder que canta una línea y el resto de los participantes la repiten.
Krishna (kṛṣṇa): uno de los dos protagonistas de la Bhágavad Guita que, literalmente, es un príncipe y consejero, encarnación del dios Vishnu y, simbólicamente, representa la Consciencia Suprema que guía a todo aspirante espiritual.
kshátriya (kṣatriya): miembro de la casta guerrera o gobernante, la segunda de las cuatro castas tradicionales.
Lakshmi (lakṣmī): diosa de la Fortuna, la Prosperidad y la Belleza. Consorte del dios Vishnu.
Mahabhárata (mahābhārata): el gran poema épico de la India antigua (100 a.e.c. aprox.) que narra una terrible guerra entre dos bandos de la misma familia en el norte de la India. Incluye la Bhágavad Guita.
mahasamadhi (mahāsamādhi): «gran samadhi»; momento en que una persona santa abandona su cuerpo físico. También la tumba donde se entierra el cuerpo de una persona santa.
mahashivaratri (mahaśivarātri): «gran noche de Shiva»; festividad tradicional que ocurre una vez al año, una o dos noches antes de la luna nueva de febrero o marzo.
mahatma (mahātmā): «gran alma»; título de respeto y honor dado a personas santas o nobles.
mala (mālā): «rosario hindú»; collar de 108 cuentas que se utiliza para repetir mantras.
mantra (mantra): fórmula sonora sagrada que sirve para invocar ciertas energías, para concentrar la mente, para trascenderla o incluso para la liberación espiritual.
moksha (mokṣa): «liberación» de la rueda de muerte y renacimiento o de la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza divina. Propósito último de la vida para todo ser humano (véase purushartha).
murti (mūrti): imagen sagrada, generalmente en forma de estatua.
namaskara (namaskāra): «acción de reverencias»; saludo tradicional hindú.
namasté (namaste): «reverencias a ti»; saludo tradicional hindú.
Nataraja (naṭarāja): «rey de la danza»; nombre del dios Shiva en su aspecto de bailarín cósmico, quien con su danza manifiesta y disuelve cíclicamente el universo.
navaratri (navarātri): «nueve noches»; festividad tradicional que ocurre dos veces año (primavera y otoño) en honor a la Madre Divina, el aspecto femenino de lo Supremo.
om (oṁ): la vibración primordial, el sonido original del universo y base de toda manifestación. El mantra básico. También aum.
pandal (paṇḍāl): pabellones temporales hechos de palos, cuerdas y telas para celebrar actividades o festividades religiosas.
pándit (paṇḍita): erudito que estudia las escrituras y los textos tradicionales.
parampará (paraṁparā): sucesión discipular, la cadena de transmisión de conocimiento de maestro a discípulo.
Párvati (pārvatī): «la montañesa»; nombre de la Diosa (véase devi) en su aspecto de esposa del dios Shiva y madre de Ganesha.
Patánjali (patañjali): sabio antiguo autor de los Yoga Sutras (s. III e.c.), el tratado clásico fundamental del yoga del control mental.
Prákriti (prakṛti): mundo material o Naturaleza, compuesto de la energía femenina y que da vida a toda la manifestación material. Es eterna pero siempre cambiante.
prana (prāṇa): «energía vital»; base de toda vida, que se expresa especialmente en la respiración.
pranapratishthá (prāṇapratiṣṭhā): «establecimiento de vida»; ceremonia tradicional para infundirle «vida» a una imagen sagrada y así rendirle culto.
pranayama (prāṇāyāma): técnicas yóguicas de respiración para regular la energía vital.
prasada (prasāda): «gracia»; elemento consagrado –especialmente alimentos– por haber sido ofrecido a la Divinidad.
puja (pūjā): nombre genérico para cualquier ritual tradicional hindú.
Puranas (purāṇa): textos histórico-mitológicos que son la base del hinduismo popular moderno.
púrnima (pūrṇimā): «completa»; el día de luna llena.
Púrusha (puruṣa): «persona»; el Espíritu, la Consciencia o la Persona cósmica que es eterna, todo lo ve y nunca cambia. La esencia de todo ser.
purushartha (puruṣārtha): los cuatro propósitos de la vida de todo ser humano (véanse artha, kama, dharma y moksha).
Radha (rādhā): pastorcilla de vacas y devota favorita de Krishna. En realidad es la diosa Lakshmi encarnada.
rajas (rajas): «actividad»; cualidad expansiva y dinámica de la naturaleza material (véase guna) que se manifiesta a través de los deseos, la pasión o la agitación.
Rama (rāma): príncipe legendario que representa la máxima rectitud y moralidad, protagonista del Ramáyana. Es un descenso a la Tierra del dios Vishnu.
Ramáyana (rāmāyaṇa): poema épico tradicional que narra la vida y obra del príncipe Rama. Sus enseñanzas morales y espirituales siguen vigentes hoy en día.
rishi (ṛṣi): «vidente»; sabio de la antigüedad, especialmente aquellos que visionaron las enseñanzas védicas.
rudraksha (rudrākṣa): «ojo de Shiva»; árbol asiático (Elaeocarpus ganitrus roxb) que se considera sagrado para el dios Shiva y cuyas semillas se utilizan como cuentas de los rosarios shivaítas (véase mala).
sádhaka (sādhaka): practicante o aspirante espiritual.
sádhana (sādhana/sādhanā): práctica espiritual o esfuerzo en el camino espiritual; puede referirse también a los medios para alcanzar la meta.
sadhu (sādhu): cualquier tipo de asceta.
samadhi (samādhi): máximo estado de consciencia en el que uno se identifica con su naturaleza real y espiritual.
samkhya (sāṁkhya): escuela filosófica hindú, considerada la más antigua, que postula que la realidad se compone de dos elementos eternos: el Espíritu (véase púrusha) y la Materia (véase prákriti).
samskara (saṁskāra): impresiones mentales latentes, tendencias subconscientes. También puede referirse a los «sacramentos» o ceremonias rituales de paso.
sanátana dharma (sanātana dharma): «el dharma eterno»; nombre tradicional de la religión que hoy se conoce como hinduismo.
sannyasa (saṁnyāsa): el cuarto estadio (véase áshrama) de la vida de una persona que alude a la total renuncia al mundo para convertirse en monje. No todas las personas deben cumplirlo.
sannyasi (saṁnyāsī): asceta que ha renunciado formalmente al mundo y pertenece a una orden monástica.
santosha (saṁtoṣa): «contentamiento»; la cualidad de estar satisfecho y pleno con lo que uno tiene (y no tiene) ahora mismo.
Sarásvati (sarasvatī): diosa de la Artes, el Conocimiento y la Palabra. Consorte del dios Brahmá.
sattva (sattva): «luminosidad»; cualidad ascendente de la naturaleza material (véase guna) que se manifiesta en la pureza, el equilibrio o la bondad.
Sávitri (savitṛ): «vivificador»; nombre védico que recibe el sol justo en el momento antes de clarear.
savitrí (sāvitrī): nombre de la estrofa védica más sagrada, que se recita cuando sale el sol. Sinónimo de gáyatri.
Shaka (śaka): la «era» histórica hindú que fija su comienzo en el año 78 e.c.
Shakti (śakti): «energía»; fuerza femenina creadora y también la Diosa (véase devi).
shavásana (śavāsana): «pose del cadáver»; postura de hatha yoga que consiste en yacer en el suelo como si uno estuviera muerto.
Shiva (śiva): el dios que se encarga de la destrucción/transformación del universo en la tríada clásica de la mitología hindú (véanse Brahmá y Vishnu).
shivalinga (śivaliṅga): «señal»; símbolo minimalista del dios Shiva, con forma de elipse o huevo, representando lo Absoluto en su forma más básica.
Shrímad Bhágavatam (śrīmad bhāgavatam): texto sagrado (siglo X aprox.) que narra especialmente la vida y obra de Krishna. También se conoce como Bhágavata Purana.
shudra (śūdra): miembro de la casta trabajadora o de servicio, la cuarta y última de las cuatro castas tradicionales.
Shukra (śukra): gurú de los asuras.
siddhi (siddhi): «perfección/consecución»; los poderes sobrenaturales que se pueden obtener con las prácticas yóguicas. También es el nombre de una de las esposas simbólicas del dios Ganesha, que significa «éxito».
Skanda (skanda): dios guerrero, siempre joven. Hijo de Shiva y Párvati y hermano de Ganesha.
Surya (sūrya): nombre tradicional del sol.
sutra (sūtra): «hilo»o «aforismo»; estilo narrativo muy conciso que expone los principios básicos de una filosofía tradicional.
swami (svāmī): título monástico con que se designa a los renunciantes.
tamas (tamas): «oscuridad»; cualidad descendente de la naturaleza material (véase guna) que se manifiesta en la inercia, la ignorancia o la pereza.
tantra/tántrico (tantra): «trama»; movimiento religioso y espiritual, inicialmente heterodoxo, que tuvo su surgimiento formal a partir del siglo V e.c. y que se caracteriza por considerar que toda manifestación es sagrada, incluyendo el mundo material.
Tulasí/Tulsi (tulasī): «albahaca sagrada» (nombre científico Ocimum sanctum); arbusto aromático sagrado para los seguidores del dios Vishnu y cuya madera se utiliza para hacer las cuentas de los rosarios váishnavas (véase mala).
Uma (umā): nombre de la Diosa en su aspecto de yóguini que realiza austeridades para complacer al dios Shiva, que finalmente se convierte en su esposo. Es un sinónimo de Párvati.
Upanishad (upaniṣad): «sentarse cerca (del maestro espiritual)». Escrituras sagradas consideradas reveladas que forman la parte del conocimiento de los Vedas y cuya enseñanza principal es que el ser individual es idéntico al Ser Supremo.
vaishya (vaiśya): miembro de la casta de comerciantes y dedicada a los negocios, la tercera de las cuatro castas tradicionales.
vanaprastha (vānaprastha): «residir en el bosque»; el cuarto estadio (véase áshrama) de la vida de toda persona en el que uno se retira de la actividad pública para dedicarse a realizar prácticas espirituales.
Vedas (vedas): los textos más antiguos y sagrados del hinduismo ortodoxo. Se dividen en cuatro compilaciones: Rig, Yajur, Sama y Atharva.
Vikram (vikrama): la «era» histórica hindú que fija su comienzo en el año 57 a.e.c.
Vináyaka (vināyaka): «guía»; nombre del dios Ganesha en su aspecto de eliminador de obstáculos.
visarjan (visarjana): el acto ritual de sumergir una imagen sagrada en un cuerpo de agua como acto final de una celebración religiosa.
Vishnu (viṣṇu): el dios que se encarga del mantenimiento del universo en la tríada clásica de la mitología hindú (véase Brahmá y Shiva).
Vyasa (vyāsa): «compilador»; sabio legendario a quien se atribuye la compilación, ordenamiento y a veces escritura de diferentes textos sagrados, como Vedas, Puranas o Mahabhárata.
yoga (yoga): «unión»; de forma genérica es todo camino para la liberación espiritual. De forma restringida y moderna alude al hatha yoga.
Yoga Sutras (yogasūtra): «los aforismos del yoga»; texto fundacional de la filosofía yoga (siglo III e.c.), entendida como disciplina del control mental y de la meditación. Su autor es Patánjali.
yoni (yoni): «matriz»; iconográficamente es la base sobre la que se erige el shivalinga y, simbólicamente, representa la parte femenina de la Divinidad. También, «especie» en la que un jivatman se encarna.
yuga (yuga): «edad»; eras por las que cíclicamente pasa el cosmos. Son cuatro: satya, treta, dvápara y kali.
Uno de los recuerdos más perdurables que tengo de mi primera infancia es la figura de una estatua de madera de Krishna que teníamos en casa, su fragancia de sándalo y la sensación positiva que me generaba el divino pastor de vacas en su tradicional postura de tribhanga, tocando la flauta y con los tobillos ligeramente entrecruzados. Esta imagen típicamente hindú era un detalle coherente en medio de una niñez marcada por historias de santos del Himalaya, cantos devocionales, vegetarianismo, posturas de yoga y meditaciones con ojos entreabiertos. Mi madre dice que a los tres años yo recitaba el gáyatri mantra como en estado de trance, algo que yo no recuerdo y, sin duda, no redundó en ningún estado místico en la vida adulta. Al mismo tiempo, y por nacer y crecer en Occidente, fui un niño «normal» que tenía un perchero de Los Pitufos, era amante del fútbol, ávido lector de cómics de Disney y celebraba con alegría la Navidad.
A fines de los años 1970, en Argentina, mis padres estaban totalmente involucrados en el yoga y la espiritualidad hindú y mi nacimiento y el de mi hermano estuvieron marcados por ese entusiasmo espiritual que, con los años, fue tomando diversas formas, pero que nunca declinó. Por tanto, la filosofía, la iconografía y las prácticas de la espiritualidad hindú estuvieron siempre presentes en mi vida, aunque fusionadas con un estilo de vida occidental, sobre todo en el ámbito sociocultural. En un país mayoritariamente católico, yo no tuve bautismo ni comunión por la Iglesia, pero por conveniencia académica acabé, en la adolescencia, yendo a un colegio de curas donde mis padres habían gestionado un permiso para que yo, por nuestras creencias, pudiera salir de las clases de «religión». Asimismo, llevar un nombre «raro» fue problemático porque los funcionarios de turno les negaron a mis padres mi inscripción en el registro civil, por lo que tuvieron que darme un nombre de emergencia, que fue el bíblico «Jeremías». Muchos años después, y con un juicio civil de por medio, «Naren» pudo ser agregado a mi DNI.
Lo curioso es que, a pesar de cantar mantras sánscritos, creer en el karma y la reencarnación, tener fotos de santos hindúes en las paredes y ¡tener un nombre hindú!, en casa se hablaba, sobre nuestra cosmovisión, de «filosofía de la India» y raramente del término «hindú». Como la mayoría de las personas occidentales y modernas, la idea de religión institucionalizada nos producía cierto rechazo y preferíamos, más bien, identificarnos con el concepto de «espiritualidad», mucho más libre, moldeable y adecuado a un mundo en que las instituciones tradicionales y las grandes narrativas ya estaban en declive. El «problema» con lo que llamamos hinduismo es que, justamente por su amplitud, es difícil de explicar y casi imposible de definir con las categorías occidentales establecidas, comenzando por la palabra «religión».
Para empezar, el hinduismo es tanto una civilización como un conglomerado de religiones, sin comienzo definido ni fundador, sin un único libro canónico ni tampoco una autoridad central. Quizás la mejor palabra para definir esta antigua tradición sería «cosmovisión», pues su ámbito de influencia abarca todos los aspectos de la vida: desde la organización social hasta el análisis detallado del funcionamiento de la mente individual, pasando por el nacimiento del universo, la filosofía perenne o la práctica personal diaria de cada ser humano. La idiosincrasia inclusiva del hinduismo se refleja en el postulado de que toda la vida es sagrada, y en la idea de que la multiplicidad del mundo esconde, en el fondo, una Unidad esencial. Por tanto, una persona que cree que Dios está en un plano celestial y rige el universo a voluntad puede ser considerado hindú; alguien que acepta el Principio Supremo como mujer y diosa puede ser hindú; alguien que sostiene que este mundo fenoménico es una creación ilusoria de nuestra mente puede ser hindú; alguien que realiza ejercicios respiratorios y posturas durante 12 horas al día puede ser hindú; alguien que simplemente se pregunta de forma constante «¿quién soy yo?» puede ser hindú…
Si cada persona es diferente, y es evidente que no sería razonable que todos siguiéramos el mismo tipo de alimentación, ni tuviéramos el mismo trabajo, ni los mismos gustos, también es natural que cada persona tenga diferentes necesidades a nivel espiritual y no pueda existir una única religión a la que todas las personas tengan que amoldarse. En el caso del hinduismo, y siempre con unos mínimos comunes de base, que en general incluyen la guía de un preceptor espiritual y de los textos tradicionales, existe un alto grado de libertad individual para que cada uno adapte la religión a sus necesidades y tendencias. De hecho, esta visión hindú de que cada persona tiene diferentes necesidades implica la aceptación de otros caminos como válidos, incluyendo otras religiones, y por eso el hinduismo, en general, nunca ha tenido un espíritu evangelizador. Es más, en los círculos ortodoxos se considera que quien no nace en una familia hindú india (lo cual tiene también un componente étnico) no puede convertirse al hinduismo ni siquiera si así lo desea. Y siguiendo este criterio, en algunos templos de la India no dejan entrar al santuario principal a personas occidentales, por más hindúes que sean o incluso siendo monjes hindúes iniciados.
En mi caso, nunca me preocupe de estas cuestiones, ni tan solo cuando me negaron la entrada al santuario de Madurai en el sur de la India, pues no me interesaba ponerme ninguna etiqueta. De hecho, en mis artículos y durante años escribí que yo no era «hindú», sino que seguía la «filosofía espiritual de la India». Fueron muchos elementos a la vez, pero quizás una charla con Álvaro Enterría, editor español radicado en la India desde los años 1980, fue el detonante de mi cambio de opinión. Él me preguntó: «¿Tú haces puja (ritual hindú)?». «Sí», respondí yo. «¿Tú repites mantra?». «Sí», dije. «Tienes un maestro hindú?». «Sí». «¿Haces yoga?». «Sí». «¿Haces meditación?». «Sí». «¿Tu nombre no es hindú?». «Sí». «¿Crees en el karma?». «Sí». «¿Eres devoto de Ganesha?». «Sí»… Y entonces, con su proverbial sencillez, Álvaro apeló a la metáfora futbolística:
«Si una persona usa la camiseta del Real Madrid, mira los partidos del Real Madrid, sigue las noticias del Real Madrid y desea que gane el Real Madrid, entonces es hincha del Real Madrid».
A pesar de vivir en Barcelona, donde el principal equipo de fútbol es otro, entendí de inmediato el razonamiento y lo contradictorio de mi posición, lo cual supuso un periodo de seria autorreflexión sobre mi rechazo al denigrado concepto de «religión» y mi preferencia por la más difusa idea de «espiritualidad». Sin perder del todo mi negación a ponerme etiquetas, y sobre todo en función de la evidencia de los hechos, acepté gradualmente denominarme como «hindú», si bien yo nunca podría ser calificado de ortodoxo. Justamente la plasticidad y la universalidad del hinduismo permiten que una persona no india, nacida en Occidente y sin lazos sanguíneos o socioculturales con la India, pueda aplicar la cosmovisión hindú de forma eficaz y respetuosa con la tradición. Si bien la «religión» se ve como una imposición o como una limitación, en mi caso personal descubrí que desarrollar mi anhelo espiritual (que considero más allá de cualquier religión) en el marco de una tradición genuina y claramente delimitada, pero lo suficientemente flexible para adaptarse a las necesidades de cada persona, me ayuda en mi búsqueda interior.
Con el auge del yoga y la difusión de la filosofía espiritual de la India en las últimas décadas, en el mundo existen miles de personas que podríamos denominar «hindúes occidentales», es decir, personas no indias que se identifican con los principios básicos de la cosmovisión hindú, pero que de ninguna manera se etiquetarían como tales. Obviamente, el desprestigio de lo religioso en el mundo moderno es un factor fundamental que se debe considerar. Asimismo, en Occidente también existen organizaciones enteras que, en la práctica, realizan todos los ritos de la religión hindú tradicional pero, por conveniencia, desconocimiento o rechazo a las etiquetas, se niegan a calificarse como hindúes.
Sin tener una intención evangelizadora, creo que este libro puede servir para que esas personas que son hindúes sin saberlo se den cuenta y revaloricen sus fuentes. A mí, este reconocimiento me sirvió para dar un marco sistemático a mis prácticas y creencias espirituales, que en lugar de limitarme me ayuda a encauzar mis inclinaciones y tendencias de forma más efectiva. A la vez, mi deseo es que este libro pueda ser de utilidad para que cualquier hijo de vecino –aun sin tener intenciones de ser hindú– pueda encontrar herramientas válidas para su vida en esta inagotable y antigua cosmovisión, que es universal y que posee valores para todas las épocas, lugares y personas.
En primer lugar, la razón que me movió a escribir muchos de estos textos fue la de aclarar cuestiones básicas relacionadas con el hinduismo que, en el hiperinformado mundo actual, están malentendidas o incluso deliberadamente mal utilizadas. Los contenidos del libro son breves e introductorios, pero también rigurosos y espero que sirvan como punta de ovillo para profundizar con seriedad en la riqueza filosófica, práctica y espiritual del hinduismo.
Por otro lado, no me avergüenzo al admitir que otra de mis intenciones con este libro es entretener. Desde muy niño supe que sería escritor y escribir es una de las actividades que más gozo me da. Dentro de los altibajos propios de la vida, este libro ha sido escrito con amor y disfrute, tal como el que a mí me gustaría leer, y también pensando en recrear al lector. De hecho, las hermosas ilustraciones que acompañan el texto son parte de este intento de despertar placer estético en el lector. Espero que esa intención se note de alguna forma durante la lectura.
Y si además pudiera pedir otro deseo, mi esperanza es que el libro pueda inspirar a quienes lo lean. El contenido que aquí vierto está basado en enseñanzas, maestros y textos tradicionales sin perder su relación con la vida cotidiana y el mundo actual. Por supuesto, en cada línea se puede filtrar mi propio –presente y limitado– entendimiento de la rica herencia espiritual hindú; espero que esa interferencia no sea un obstáculo. Creo sinceramente que la visión del mundo que postula el hinduismo y, muy importante, las herramientas que propone para la plenitud vital son un tesoro del que todos podemos beneficiarnos a nuestro nivel y según nuestras circunstancias. Si este libro cumple con inspirar vidas o momentos de vidas, entonces me sentiré muy agradecido.
Hablando de gratitud, quiero dar las gracias a mi editor Agustín Pániker por confiar otra vez en mí, en este proyecto, y por darme total libertad creativa. Además de un referente profesional para mí, Agustín es una persona con la que, por su hermosa personalidad, da mucho gusto estar cerca.
También quiero ofrecer mi gratitud a Álvaro Enterría, a quien considero mi mentor literario, y que, además de ser un muy buen amigo, se ha tomado el trabajo de corregir el manuscrito original (coma a coma) y de ofrecerme su crítica constructiva sin ambages. Incluso el título del libro está basado en sus sabias sugerencias.
Mis agradecidas postraciones a los pies de Swami Satyananda Saraswati, no solo por tomarse el tiempo de leer el manuscrito y escribir el prólogo del libro con la ocupada y comprometida vida que lleva, sino también por ser siempre fuente de apoyo moral y espiritual para mi camino espiritual. La importancia que tiene el guía espiritual en la tradición hindú es fundamental, como se explica en algunos artículos del libro, y yo tengo la buena fortuna de estar cerca de grandes almas, muchas de ellas citadas repetidamente en el texto. De ellas destacan especialmente, además del ya citado Satyananda, mis maestros Swami Premananda y Sri Dharma Mittra.
La escritura de este libro se gestó durante varios años y, por mis obligaciones laborales y familiares, la concreción fue más lenta de lo previsto. En todo este proceso, mi esposa Nuria (Hánsika) siempre me mostró su apoyo incondicional, tomando incluso más cargas de las que le correspondían para permitir que yo me dedicara a mi pasión. Le debo muchas cenas, muchas horas de parque con nuestras hijas y, sobre todo, mucha admiración. Ojalá esas cualidades suyas de amor, lealtad y espíritu de equipo se me contagien hasta los huesos.
Y por supuesto, mi agradecimiento a nuestras dos hijas –Gáyatri y Uma–, por aguantar que papá tuviera siempre que escribir y muchas veces no pudiera jugar a las construcciones o con los animales de la sabana, o simplemente bañarlas. La presencia de estos dos tesoros en mi vida ha sido uno de los principales factores para que yo pusiera mi foco en el aspecto más práctico de la filosofía hindú, que es parte de lo que quiero transmitir en el libro.
Hago extensivo mi agradecimiento a mis padres y a mi hermano que desde siempre han alentado con amor mis iniciativas; sin olvidar a mis queridos suegros, que me brindan apoyo y cariño incesantes.
En lo laboral, doy las gracias a Carola Zerbone, la ilustradora del libro y cuyo delicioso arte ya conocía desde hacía tiempo, por haber estado receptiva a mis demandas y por resolver magistralmente el aspecto visual de la obra. Además de una buena colaboración profesional entablamos una amistad personal, y eso me alegra aún más.
Vaya asimismo un cariñoso agradecimiento para el artista y maestro Hari Das por resolver en repetidas ocasiones mis dudas y preguntas sobre las cuestiones iconográficas y simbólicas del arte hindú.
Muchas gracias a los numerosos amigos y amigas que durante el proceso de escritura se interesaron por el avance del libro y me apoyaron repetidamente. Gracias también a las y los lectores de mi web y mis libros por leerme y por exhortarme a seguir escribiendo. Gracias a mis alumnas y alumnos, siempre cariñosos y fieles, y a las personas detrás de cada escuela, centro o formación de yoga que han confiado en mí para transmitir las enseñanzas tradicionales. Sin olvidar a las y los profesionales del mundo del yoga que me apoyan y de los cuales me nutro incesantemente.
Con frecuencia, los autores de temas religiosos o espirituales firman sus introducciones con una fecha simbólica, para sellar sus propósitos y quizás darles mayor legitimidad a sus obras. Sin premeditación alguna y más bien obligado por el calendario escolar de mis hijas, yo termino de escribir esta Introducción en la víspera de la Navidad de 2018, conjugando el auspicioso solsticio de invierno, tan querido para la tradición hindú, con la celebración cristiana (y ahora también laica) por antonomasia. Quiero tomar esta sincronicidad –como se dice ahora– como un símbolo de mi camino, en que mi vida y educación occidental han sido compatibles con la aplicación cotidiana de la cosmovisión hindú. Una compatibilidad que he buscado expresar en este libro con la convicción de que en el mundo actual –que para algunas personas va bien y para otras va muy mal– nuestras vidas pueden verse grandemente elevadas y mejoradas si nos hacemos receptivos a la tradición atemporal, universal y bienqueriente del hinduismo.
lokāḥ samastāḥ sukhino bhavantu
Oṁ śāntiḥ śāntiḥ śāntiḥ
«Que todos los seres en todas partes sean felices.
Om paz, paz, paz».
Con la intención de comunicar con claridad el mensaje y para que los tecnicismos no obstaculicen la fluidez de la lectura, se ha optado por un sistema de transcripción adaptado a las reglas fonéticas del castellano, el cual incluye acentos que indican la pronunciación aproximada de las palabras sánscritas.
De todos modos, las siguientes grafías se deben tener en cuenta, pues su pronunciación no es siempre la misma en castellano:
Por otra parte, y para beneficio de los lectores interesados en detalles técnicos, en el Glosario, al final del libro, se puede encontrar la transcripción completa de las palabras al alfabeto internacional de transliteración sánscrita.
En adición a las grafías ya explicadas, se enumeran las reglas que hay que tener en cuenta para una correcta y aproximada pronunciación de dicho alfabeto:
«Antes de la era común» es una designación alternativa y neutral para indicar el tiempo que empieza a contarse desde el nacimiento de Cristo.