portada.jpg

Índice

Portada

Ediciones Granica

Créditos

Prólogo

Introducción

Capítulo 1

El principio

La familia

La agricultura

El comercio

El crédito

Capítulo 2

Las bases

El valor

El dinero

Los precios

La oferta y la demanda

El mercado

La competencia

El trabajo

Capítulo 3

Creación y distribución de la riqueza

Capitalismo

Bienes y servicios

El producto bruto interno

El valor agregado

Los impuestos

El mercadeo (“marketing”)

La “masificación” de la producción

Capítulo 4

El comercio internacional

Comercio libre y comercio controlado

Las exportaciones

Exportaciones tradicionales y no tradicionales

Las importaciones

El tipo de cambio

El dólar

Capítulo 5

Enfermedades de la economía

La inflación

La devaluación

La recesión

El desempleo

La deflación

Estancamiento con inflación, “stagflation”

Capítulo 6

Despersonalización de las empresas

Formación de empresas

Persona física y persona jurídica

Sociedades de responsabilidad limitada

Sociedades anónimas

Emisiones públicas y privadas

Crecimiento a veces excesivo de las empresas

Capítulo 7

Reflexiones sobre teorías y políticas económicas

Materialismo de las economías

Capitalismo y socialismo

Economía de demanda y economía de oferta

Política monetaria

La liquidez

Política fiscal

Ley del péndulo

Capítulo 8

Debilidades de los análisis económicos

Política y psicología

Estadísticas y porcentajes

Economía informal

Economía y corrupción

La burocracia

La economía y la verdad universal

La economía y lo imprevisible

No siempre se practica lo que se predica

Lo que no se dice

Capítulo 9

El manejo de lo que tenemos y lo que debemos

El ahorro

Las inversiones

Los fondos mutuos

Las bolsas de valores

Acciones y bonos

Compañías de seguros

Fondos de pensión

Especulación

Endeudamiento

Capítulo 10

Operaciones internacionales lícitas e ilícitas

Transferencias internacionales

Blanqueo

Lavado de dinero

La política

La guerra

Capítulo 11

Temas económicos de actualidad

El neoliberalismo

La inversión extranjera

La globalización

Las fusiones

El progreso de la tecnología

La nueva economía

Las crisis bancarias

La dolarización

El euro

Emigración. Los que se van

Conclusión

Acerca del autor

Contratapa

Selección de títulos

Portada

Robert Marcuse

Economía para todos

Cómo hacer fácil lo difícil

logo_granica_ebook.jpg

Buenos Aires – México – Santiago – Montevideo

Ediciones Granica

© 2011 by Ediciones Granica S.A.

www.granicaeditor.com

BUENOS AIRES

Ediciones Granica S.A.

Lavalle 1634–3º G

C1048AAN Buenos Aires, Argentina

Tel.: +5411-4374-1456

Fax: +5411-4373-0669

E-mail: granica.ar@granicaeditor.com

MÉXICO

Ediciones Granica México S.A. de C.V.

Valle de Bravo Nº 21

Col. El Mirador

53050 Naucalpan de Juárez, México

Tel.: +5255-5360-1010

Fax: +5255-5360-1100

E-mail: granica.mx@granicaeditor.com

SANTIAGO

Ediciones Granica de Chile S.A.

Padre Alonso Ovalle 748

Santiago, Chile

E-mail: granica.cl@granicaeditor.com

MONTEVIDEO

Ediciones Granica S.A.

Scoseria 2639 Bis

11300 Montevideo, Uruguay

Tel: +5982-712-4857 / +5982-712-4858

E-mail: granica.uy@granicaeditor.com

Créditos

Goldvarg, Damián

Competencias de coaching aplicadas: con estándares internacionales

Damián Goldvarg y Norma Perel de Goldvarg

1a ed.–Buenos Aires: Granica, 2013.

E-Book.

ISBN 978-950-641-647-8

1. Coaching. I. Perel de Goldvarg, Norma II. Título

CDD 650

Fecha de catalogación: 18/06/2012

Coordinación editorial: Débora Feely

Diseño de cubierta: MVZ Argentina

Conversión a EPub: Daniel Maldonado

Reservados todos los derechos, incluso el de reproducción en todo o en parte, en cualquier forma.

Prólogo

Tengo el placer de conocer al Dr. Robert Marcuse desde hace ya muchos años. Siempre me asombró –y continúa haciéndolo– su vitalidad para llevar adelante grandes empresas. Y este libro, que tengo el gusto de prologar, es una muestra de ello.

En un mundo en donde los mediocres se expresan en términos rebuscados, encontramos un libro que en un lenguaje claro y sencillo, nos brinda información sobre los grandes temas de la economía. Como bien dice el Dr. Marcuse en su Introducción, este no es un libro de economía, sino un libro que habla de economía.

Desde los periódicos, radios, canales de televisión y cuanto medio de comunicación exista, recibimos información que hace referencia a dinero, precios, oferta y demanda, mercado, competencia, inflación, devaluación, desempleo, producto bruto, emisiones públicas y privadas, inversiones, ahorro, etc., que no todo el mundo puede procesar debidamente, no solo porque no sea su especialidad, sino principalmente porque no conoce su definición, y cuando la busca y encuentra, esta es tan técnica que desalienta ese ejercicio.

El Dr. Marcuse sabe hacer fácilmente entendible estos conceptos. Resulta ameno, aun a aquel que está familiarizado con la materia, leer este excelente trabajo.

Economía para todos es una obra que debe estar en toda biblioteca porque siempre habrá alguien que quiera conocer –sin excesivo tecnicismo– los principios básicos de la economía, y el Dr. Marcuse los va desarrollando a lo largo del libro con meridiana claridad.

Norberto C. Peruzzotti

Director Ejecutivo

Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino - ADEBA

Introducción

¿Economía? Eso suena difícil y aburrido.

En realidad, nada es difícil, solo parece serlo. A veces creemos que algunas cosas son difíciles porque nos las explican en términos técnicos, o sea, poco claros para quienes no dominan los temas tratados. Como estamos acostumbrados a hablar “en sencillo”, no nos entendemos. Es como si conversáramos en idiomas distintos, unos en español y otros en un lenguaje raro y desconocido. Y lo que no se entiende resulta aburrido, aun cuando no haya razones para que lo sea.

Podemos creer que no nos interesa la economía, pero si lo hacemos estamos equivocados. Porque, nos guste o no, la economía condiciona nuestra vida, y, por lo tanto, ignorarla es como vivir a ciegas.

La economía nos afecta a diario, y todas nuestras acciones tienen repercusiones económicas. En el momento en que tomamos conciencia de ello, nos sorprendemos y maravillamos como el personaje de una comedia teatral cuando descubre que toda su vida, sin saberlo, habló en prosa.

Entender qué es la economía nos ayuda a comprender lo que ocurre alrededor y por qué. Esto no impedirá que suframos las consecuencias de las crisis económicas, pero nos puede ayudar a tomar algunas precauciones para mitigar los efectos negativos que pueden tener sobre nosotros y nuestras familias.

Todos nos hicimos y nos hacemos preguntas como:

¿Por qué me cuesta tanto encontrar quien me contrate de secretaria?

¿Por qué me quieren rebajar el sueldo?

¿Por qué mi hijo, a pesar de ser muy eficiente y trabajador, perdió su empleo?

¿Por qué ya no me alcanza el sueldo?

¿Por qué sube el precio de la gasolina?

¿Por qué la calidad de lo que compro hoy es inferior a la de lo que compraba el año pasado?

¿Por qué las cosas importadas son más baratas (o más caras) que las nacionales?

¿Qué tiene que ver conmigo lo que sucede en Japón o Arabia Saudita?

¿Por qué los dueños de la empresa en que trabajo quieren venderla?

¿Por qué todo se compra y se vende en dólares, si esta no es la moneda de mi país, ni la moneda en la que me pagan el sueldo?

¿Por qué sucede siempre lo contrario de lo que nos anuncia el ministro de Economía?

Son preguntas sencillas que necesitan contestaciones sencillas. Trataremos de responder a estas inquietudes.

Así como no podemos evitar vivir en la economía, también resulta imposible eludir los comentarios, las aseveraciones y los discursos que a diario se refieren a ella, pronunciados tanto por personas conocedoras del tema como por otras que no lo son. Esto nos confunde aún más. La prensa –especializada o no– utiliza de manera constante, correcta o erróneamente, muchos términos económicos. Y así agregamos a nuestras propias interpretaciones, a veces equivocadas, las de los demás.

En realidad, este no es un libro de economía, sino un libro que habla de economía –que a todos nos afecta–. Está escrito para los que quieren que se les hable en un idioma claro, sin excesivo tecnicismo, y para que pueda ser entendido por todos aquellos que no son economistas, es decir, la mayoría.

CAPÍTULO I

El principio

La familia

Desde el momento en que nacemos, tenemos necesidades. Antes que nada, necesitamos comer y beber para sobrevivir. Nos hace falta una cuna para dormir, una cobija para no tener frío y una tina para que nos laven cuando nos ensuciamos. Después, necesitamos juguetes para divertirnos mientras crecemos. Se nos provee de todo esto sin que tengamos que hacer nada para conseguirlo, sin que tengamos que dar nada a cambio. Nuestra madre y nuestro padre, y a veces nuestros hermanos y hermanas, nos dan todo lo que necesitamos por puro cariño, sin pedirnos nada en compensación. Solo tenemos que llorar para pedir, y sonreír para agradecer. Es que un bebé es una personita que consume puré, leche y pañales, pero todavía no produce nada de lo que los demás necesitan. Por suerte, tiene una familia que lo quiere.

El resto de la familia consume comida, bebida, ropa y muchísimas otras cosas, pero también produce. El padre trabaja en la oficina y, una vez al mes, le dan dinero por ello. La madre también tiene un empleo, o trabaja en la casa, limpiando y cocinando, con lo cual la familia se ahorra de tener que pagar a una persona que limpie o a una cocinera. Los hermanos van a la escuela para aprender a producir cosas que ellos y los demás necesitan, y entretanto, en sus horas libres, ayudan a su padre y a su madre…cuando no miran televisión. Una familia es una pequeña economía.

Una economía está formada por gente que produce cosas, por gente que las utiliza o consume, y por gente que hace ambas cosas (que es la mayoría). La economía es lo que nos permite vivir en sociedad, haciendo cosas que sirven a los demás porque ellos hacen cosas que nos sirven a nosotros, y las intercambiamos para vivir mejor.

La agricultura

Al principio fueron el hombre y la mujer. El hombre cazaba y la mujer cuidaba de los niños. Cuando el hombre volvía de la caza repartía con ella la comida que traía. Se quedaba con la mejor parte pero, de todos modos, repartía.

Esta primera división del trabajo entre dos personas y el hecho de que compartían lo cazado constituía ya una economía, aunque es la más rudimentaria que haya existido.

Luego, varias parejas se juntaron para defenderse mejor de los animales salvajes. Eran nómadas, es decir, no se quedaban nunca en un lugar fijo, sino que andaban de aquí para allá, llevando a cuestas lo poco que tenían. Vivían principalmente de la caza. Eso sí, cazaban todos juntos. Pero esto no los diferenciaba mucho de los demás seres, porque, al fin y al cabo, los lobos también cazan en manada.

Recién cuando se dieron cuenta de que aquello no era vida y quisieron mejorar su dieta, empezaron a sembrar semillas para ver qué pasaba. Todos sabemos que lo que se planta no crece de inmediato: las plantas y los frutos toman su tiempo. Entonces los hombres no tuvieron más remedio que establecerse en un lugar fijo y esperar el momento de cosechar lo sembrado. Así nació la agricultura.

Los hombres ya no debían ir a buscar vegetales y frutos que crecen porque sí, en cualquier parte, donde uno solo puede encontrarlos por casualidad, si tiene suerte. Ahora los sembraban para que crecieran en un lugar determinado, y luego se los pudiera recoger todos juntos, en una sola cosecha.

El comercio

La agricultura ya era una mejora. Al principio, cada uno plantaba lo suyo. Lo mismo que con la caza, se repartía en cada familia lo cosechado. Las mujeres lo cocinaban y después lo comían entre todos. Pero la dieta seguía siendo algo monótona. Algunos comían carne y choclos, otros comían carne y espinaca, y otros comían carne y zapallo.

Un día, un jefe de familia se hartó de comer todos los días espinaca. Cuando regañó a su mujer al respecto, ella le dijo: “Eso es lo que me traes”.

Por su parte, su vecino estaba cansado de comer zapallo. Cuando se quejó de ello a su mujer, esta también le respondió: “Eso es lo que me traes”.

Por suerte los dos hombres eran amigos, porque cazaban juntos. Se les ocurrió que podrían intercambiar algunas espinacas por algunos zapallos. Y así lo hicieron.

Fue lo que hoy se llama un trueque, o sea, la primera y más sencilla operación comercial, y el principio de una economía más sofisticada.

Desde ese momento dichos amigos comían alternativamente espinaca y zapallo, hasta el día que se les ocurrió que, quizá, también podrían comer choclo, que era lo que cosechaba un tercer vecino, y llegaron a un acuerdo con este.

Luego se fueron organizando para plantar y cosechar juntos más rápido y mejor.

El crédito

El trueque, o sea el intercambio de choclos por espinacas, manzanas por limones, o seis pollos por un cordero, es, sin duda, comercio. Pero es un comercio muy rudimentario. Para poder cambiar manzanas por limones, estas dos frutas deben estar maduras en la misma época, lo cual no es el caso. Entonces, el que cosecha los limones debe guardar algunos para cuando, más tarde, sean cosechadas las manzanas. ¿Y si entretanto los limones se pudren? Alguien se quedará sin manzanas, y otro tendrá un empacho al comerlas todas, para que no se pudran también.

Supongamos que un hombre tiene un gallo y muchas gallinas y otro tiene una oveja preñada. El segundo necesita las seis gallinas hoy, porque da una gran fiesta esta noche y, en cambio, estaría dispuesto a ceder al primero el corderito que está por nacer. Pero su oveja todavía no parió.

¿Qué puede hacer? Tendrá que cancelar su fiesta, o los invitados deberán contentarse con comer choclos y más choclos.

Claro que su vecino podría confiar en él, y darle las gallinas contra su promesa de que le entregará el corderito tan pronto haya nacido o alcanzado el tamaño adecuado para ser comido. O sea, su vecino debe creer en su palabra y dar crédito a su promesa.

En realidad, el crédito es justamente eso: una manifestación de confianza.

Cuando hoy en día un banco le presta dinero a un cliente, lo hace porque tiene confianza en el cliente. Sabe que este le devolverá el dinero prestado en el tiempo previsto.

Por cierto, cuando por primera vez un hombre de las cavernas le dio gallinas a su vecino confiando en que este, más adelante, le entregaría a cambio un corderito, ninguno de los dos sospechó que habían inventado el crédito.

Hay que confesar que se trataba de un crédito muy informal. No se firmó ningún papel, porque todavía no habían sido inventados el papel ni el “pagaré”, y porque ninguno de los dos hombres sabía firmar. Pero en aquellos tiempos la palabra dada valía mucho.

De todos modos, aquel día uno se convirtió en “acreedor” de aquel que le debía un cordero, y este se convirtió en “deudor” del primero por la misma razón.

Cuando la oveja se enfermó y se temió por su vida (y la del corderito), su dueño se convirtió en el primer “deudor dudoso” porque, por razones fuera de su voluntad, no sabía si podría cumplir en tiempo con su promesa. Dar crédito, aun a buenos deudores, siempre implica un riesgo.

CAPÍTULO II

Las bases

El valor

¿Cómo se llega a conocer el valor de una cosa? Si puedo canjear mi caballo por cuatro cochinos, sé que mi caballo “vale” cuatro cochinos. Pero esto no me dice qué es lo que vale mi caballo con respecto a todas las demás cosas. En otras palabras, si lo quiero canjear por pescados, por bolsas de choclos, por ropa, por cacerolas, o, actualmente, por una bicicleta, un televisor o una computadora, ¿qué recibiré a cambio de mi caballo? ¿Recibiré cuarenta y dos pescados, o dieciocho bolsas de choclos, o treinta cacerolas, o una bicicleta y media, o dos televisores, o tres cuartos de una computadora?

El “valor absoluto” de una cosa solo se conoce si se sabe cuánto vale esa cosa en relación con todas las demás. Es muy difícil saber exactamente cuánto vale algo.

Nuestro problema es que no podemos vender un pedazo de nuestro caballo, debemos venderlo enterito. Tampoco podemos comprar la mitad de un televisor, porque ninguna de las dos mitades funcionaría. Para colmo, no queremos comprar ninguna de las cosas nombradas más arriba. Detestamos el pescado asado y odiamos los choclos. En realidad, lo que queremos es irnos de viaje. Pero para poder hacerlo necesitamos comprar pasajes de tren, alquilar cuartos en varios hoteles y obtener comida en restaurantes.

Nuestro caballo es difícil de transportar, no quiere subir al tren. Y aunque lo pudiésemos llevar con nosotros, nadie nos lo aceptaría como pago. Si lo cambiásemos solo por pasajes de tren, estaríamos pagando por ellos más de lo que valen y no nos quedaría nada para hacer frente a nuestros otros gastos.

Conocer el valor de las cosas no es suficiente. Conocemos el valor de nuestro caballo y sin embargo no podemos salir de viaje, porque no lo podemos cambiar por todas las cosas que necesitamos para viajar. Habría que inventar algo con lo cual se pudiese comprar de todo y se pudiese vender lo que fuera.

El dinero

Siempre que se necesita algo, surge alguien que lo inventa. Era necesario inventar algo que sirviera para medir el valor de todas las cosas, y también para comprar y vender tanto los objetos y los animales grandes, como los muy chiquitos, sin necesidad de cortar a los grandes en pedacitos.

Por eso se creó el dinero. El dinero ha sido uno de los inventos más importantes de la humanidad. El dinero transformó el mundo. De buenas a primeras, todo se podía comprar y vender, porque pensando en términos de dinero se podía conocer de inmediato el valor de cada cosa en relación con las demás cosas. Además, ahora era posible vender un caballo por dinero, y usar el dinero para comprar un pasaje de tren, pagar cuartos de hotel, comprar comida en restaurantes, y reservar el resto para el regreso. O sea, se podía cambiar un caballo por un viaje, sin descuartizar al animal, ni llevarlo a cuestas.

El dinero sirve para medir el valor de las cosas de manera convencional y uniforme.

No todo el mundo usa el mismo dinero. Generalmente, cada país tiene su propio dinero, o sea, la moneda nacional (aunque, como veremos más adelante, algunos países utilizan más de una moneda).

El dinero que circula en el mundo está compuesto por todas las monedas de todos los países. A pesar de que, en nuestros días, la mayor parte de las monedas son emitidas en billetes, se llaman monedas porque originalmente el dinero se emitía solo en monedas de metal, principalmente de oro y plata. De ahí viene la expresión “pagar en dinero contante y sonante”. Al pagar una compra (o una deuda, que también se puede reembolsar con dinero) se contaban las monedas y las mismas sonaban al caer las unas sobre las otras.

Hoy en día, la moneda que más se usa en el mundo es, todavía, el dólar estadounidense. Solo por esa razón, la emplearemos para nuestros comentarios y ejemplos sobre los usos del dinero.

Los precios

Todas las cosas que se compran y se venden tienen un precio. El precio es lo que vale algo en términos de dinero. A nadie se le ocurriría decir que un televisor vale veinte patos, ni que una bicicleta vale cincuenta kilos de azúcar. Los precios no se establecen en términos de patos ni en kilos de azúcar, sino en dinero. Esto facilita mucho el intercambio de los diversos bienes y productos. Un televisor valdrá doscientos dólares, un pato dos dólares, una bicicleta ciento cincuenta dólares y cada kilo de azúcar un dólar cincuenta. Por lo tanto, sabremos que vendiendo un televisor uno puede comprar una bicicleta y veinticinco patos, o que con lo obtenido por la venta de una bicicleta puede comprar ochenta kilos de azúcar y quince patos... ¡o cualquier otra cosa más interesante, cuyo precio no sea superior a ciento cincuenta dólares!

Cuando vamos a una tienda y vemos una camisa que nos gusta y quisiéramos comprar, le preguntamos a la vendedora: “¿Cuánto vale?”.

Sabemos de antemano que no nos va a contestar: “Dos pares de zapatos” o “Tres botellas de vino”, sino que nos va a dar un precio en dólares o en la moneda que se utilice en el país donde estemos. Así sabemos de inmediato si es barata o cara, y si tenemos suficiente dinero para comprarla. Si nos contestara en términos de zapatos o botellas de vino, no sabríamos absolutamente nada y saldríamos de la tienda rascándonos la cabeza.

Pero no son solamente las cosas materiales las que tienen un precio. Nuestro trabajo también tiene un precio, que se establece en términos de dinero. Ese es nuestro sueldo, nuestro honorario, o nuestra propina. Y, gracias al hecho de que ese trabajo es pagado en dinero, sabemos qué podemos comprar con lo que hemos ganado y si nos alcanzará para vivir, o sea, para comprar todo lo que necesitamos para subsistir.

El que vende un bien o un producto puede ponerle el precio que se le antoje, es decir, fijarle el precio que desea obtener por él, o el que cree que vale. Si el precio es razonable y el producto es bueno, logrará venderlo rápidamente. Sin embargo, si el precio es muy alto, o el producto es de poca calidad, tendrá dificultades para encontrar un comprador. En efecto, existe un precio “arbitrario”, que es el precio al cual se “desea” vender, y un precio “real”, que es aquel al cual se “puede” vender.

La oferta y la demanda