Macrina Wiederkehr
Las siete pausas sagradas
Vivir las horas plenamente consciente
NARCEA, S.A. DE EDICIONES
Índice
Prólogo
Introducción
Las siete pausas sagradas
Lo que he aprendido de las horas
La importancia de honrar las horas
Sugerencias para usar este libro
Vivir plenamente consciente
Momentos de respiración para el alma
El aspecto sagrado del trabajo
1. De la media noche hasta el amanecer
Oraciones, poemas y antífonas
para ayudarte a celebrar la guardia nocturna
2. Amanecer
Oraciones, poemas y antífonas para ayudarte a celebrar la hora del despertar
3. Media mañana
Oraciones, poemas y antífonas para ayudarte a celebrar la hora de la bendición
4. Mediodía
Oraciones, poemas y antífonas para ayudarte a celebrar la hora de la iluminación
5. Media tarde
Oraciones, poemas y antífonas para ayudarte a celebrar la hora de la sabiduría
6. Anochecer
Oraciones, poemas y antífonas para ayudarte a celebrar la hora del crepúsculo
7. La noche
Oraciones, poemas y antífonas para ayudarte a celebrar el gran silencio
Letanía de las horas
Notas
Fuentes para ayudarte a vivir de manera plenamente consciente
Agradecimientos
Colección Espiritualidad
Créditos
Para la hermana Norbert Hoelting, O.S.B.,
querida mentora, mujer sabia, inspiración original
para mi viaje monástico.
Prólogo
Recuerdo una tarde de hace más de diez años. Había llegado un día antes para dar un retiro en Laity Lodge, una casa de retiros ubicada en la bella y rocosa región del sur de Texas. Madeleine L’Engle había estado allí durante un mes, escribiendo y hablando de forma intermitente con los grupos que hacían retiros. Se iba a la mañana siguiente, pero esa noche ella y yo y nuestra amiga mutua, Betty Anne Cody, habíamos planeado cenar en Leakey, Texas, en un café local. (Imagínate algo muy local, colorido, con carne de ternera o pescado, delicioso).
Conducir de regreso a Laity Lodge después de la cena fue un descenso oscuro y empinado hacia el corazón de Frio Canyon. Los caminos de tierra no tenían arcenes y conducir por ellos suponía un reto incluso a la luz del día debido a los grandes despeñaderos. Betty Anne hacía avanzar lentamente el auto con el crujido de los guijarros bajo las ruedas, hasta que se detuvo, por sugerencia de Madeleine, en un mirador donde nos quedamos sentadas un largo rato bajo las impresionantes estrellas.
Cuando finalmente llegamos a nuestras habitaciones, Madeleine me invitó a unirme a ella y a Betty Anne mientras rezaban Completas (la oración de la noche). Juntas, revisamos el día y leímos las palabras antiguas del salterio, palabras que han sido entonadas durante siglos. Esa dulce y simple unión de tres corazones, “recordando las horas” vividas, se ha conservado en mí como un recuerdo rico y fuerte.
Fue importante, sin duda, el círculo de amistad y la brillante exhibición de los cielos que aún ardía en nuestros corazones. Pero más que eso, como Macrina dirá en esta poética y bella guía, las oraciones nocturnas se convirtieron en una fuerza de amor que “nos abrazó cuando entramos en el gran silencio de la noche”. En la oración de la liturgia de las horas, en el acto mismo de volver nuestra atención al Espíritu que llena la noche, contactamos con el poder que habita en nuestro interior.
Durante años he estado yendo a la hospedería del monasterio de Macrina. He escuchado el timbre de la campana, llamando a las hermanas a orar. He sentido el barrido de sus sombras cuando dejan el trabajo y se mueven silenciosamente hacia sus asientos en una capilla poco iluminada. Y siempre me he sentido conmovida y cuestionada por la forma en que cambian su ritmo diario para adaptarse al movimiento de Dios.
Allí (y en muchos monasterios) he escuchado historias, a menudo contadas con gran humor, sobre los primeros días de vida religiosa de las hermanas y sus luchas por ajustar sus ritmos activos al ritmo de la liturgia de las horas. Pero el final de la historia es siempre el nacimiento de un profundo respeto y devoción, surgido de la obediencia a esta simple llamada. Macrina escribe, “[con el tiempo], la escucha se transforma en oración”.
Encuentro que hay esperanza para el mundo en su elocuente observación: “Al disponernos continuamente a recordar al Espíritu, oramos de verdad. Volvemos a comprometernos. Creemos que la paz en el mundo es posible”.
Hoy en día muchos monasterios están llenos de hombres y mujeres laicos, así como de religiosos. También nos movemos a través de esos largos pasillos del monasterio mientras hacemos retiros y días de reflexión. No vivimos día a día de acuerdo con una Regla, como hacen las monjas y los monjes, pero seguimos buscando una manera de ser fielmente conscientes a “la gracia de cada hora”. Nuestros corazones lo anhelan.
En este bello manual Macrina abre la puerta del monasterio. Nos invita a entrar más conscientemente en la tradición monástica y nos orienta en ese viaje. Aquí, nos dice, está la manera de llevar esta práctica a casa en tu propio corazón. Aquí está la manera de vivir en el mundo y de seguir siendo fiel en la luz y en la oscuridad. Aquí está la manera de convocar la santidad de tu propio ser divino. Se pregunta: ¿Por qué no hacer esta peregrinación diaria con un corazón abierto a otro? Luego añade: “Si quieres aprender, tienes que practicar”.
La experiencia de Macrina es una guía valiosa. Tienes en tus manos no solo un libro de lecturas e instrucciones para el viaje, sino un corazón monástico lleno de amor que se extiende a un mundo en búsqueda.
Paula D’Arcy
Austin, Texas