STEFAN ZWEIG

TRES MAESTROS

BALZAC, DICKENS, DOSTOIEVSKI

TRADUCCIÓN DEL ALEMÁN

DE J. FONTCUBERTA

ACAN

ACANTILADO

BARCELONA 2020

CONTENIDO

BALZAC

DICKENS

DOSTOIEVSKI

A Romain Rolland

en agradecimiento

por su amistad inquebrantable

en los años luminosos y en los oscuros

INTRODUCCIÓN

Aunque escritos en un lapso de tiempo de diez años, no es por casualidad que reúno en un solo libro estos tres ensayos sobre Balzac, Dickens y Dostoievski. Con un propósito común trato de mostrar a los tres grandes novelistas—y en mi opinión los únicos—del siglo XIX como prototipos que precisamente por el contraste de sus personalidades se complementan y quizás elevan a forma clara y distinta el concepto de novelista, es decir, de forjador de mundos épicos.

Cuando afirmo que Balzac, Dickens y Dostoievski son los únicos grandes novelistas del siglo XIX, con esta prelación no pretendo en absoluto ignorar la grandeza de ciertas obras de Goethe, Gottfried Keller, Stendhal, Flaubert, Tolstói, Victor Hugo y otros, algunas de cuyas novelas, tomadas por separado, superan a veces en mucho a las de Balzac y Dickens. Por eso, creo que debo aclarar explícitamente mi profunda y firme convicción de que existe una diferencia entre el autor de una novela y el novelista. Novelista, en el sentido más elevado de la palabra, sólo lo es el genio enciclopédico, el artista universal que—aquí la extensión de la obra y la plétora de personajes se convierten en argumento—construye todo un cosmos, que junto al mundo terrenal crea el suyo propio con sus propios modelos, sus propias leyes de gravitación y su propio firmamento. Impregna tanto con su propio ser cada figura, cada acontecimiento, que no sólo se vuelven típicos para él, sino también meridianos para nosotros, con una fuerza que a menudo nos induce a poner su nombre a hechos y personas, de modo que, por ejemplo, decimos de alguien contemporáneo que es una figura balzaciana, un personaje dickensiano o un carácter dostoievskiano. Cada uno de estos artistas crea una ley de vida, un concepto de la vida, con la plétora de sus figuras, y los destaca con tanta armonía que gracias a él el mundo adopta una nueva forma. Y presentar en su unidad oculta esta ley interior, esta formación de caracteres es el intento esencial de mi libro, cuyo subtítulo no escrito podría ser: «Psicología del novelista».

Cada uno de estos tres escritores tiene su propia esfera. Balzac, el mundo de la sociedad; Dickens, el mundo de la familia; Dostoievski, el mundo del Uno y del Todo. Comparando las tres esferas se ven sus diferencias, pero mi intención no ha sido interpretar tales diferencias formulando juicios de valor o subrayar los elementos nacionales de un artista con simpatía o aversión. Todo gran creador es una unidad que encierra en sí mismo sus fronteras y su peso según sus propias medidas; toda obra tiene un solo peso específico, que no es absoluto en la balanza de la justicia.

Los tres ensayos presuponen un conocimiento de las obras: no pretenden ser una introducción, sino sublimación, condensación, extracto. Puesto que compendian, tienen que limitarse a dar mis impresiones personales. Lamento sobre todo esta insuficiencia necesaria en el ensayo sobre Dostoievski, cuya medida infinita nunca se podrá abarcar, como la de Goethe, con ninguna fórmula, por amplia que sea.

Me hubiera gustado añadir a estas tres grandes figuras del francés, el inglés y el ruso, el retrato de un representante de las letras alemanas, uno de esos creadores de mundos épicos en el sentido elevado que doy a la palabra novelista. Pero no encuentro ni uno solo que ostente este rango tanto en el presente como en el pasado. Quizá la intención de este libro sea reclamarlo para el futuro y saludarlo desde la distancia.

Salzburgo, 1919

BALZAC