Amargura
LA RAÍZ QUE CORROMPE
Lou Priolo

Publicado por:
Publicaciones Faro de Gracia
P.O. Box 1043
Graham, NC 27253
www.farodegracia.org
ISBN 978-1-629461-25-0
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© Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
Contenido
Amargura – La raíz que corrompe
¿Qué es la amargura?
Evidencias de la amargura
Conceptos bíblicos básicos sobre el perdón
La clave para transformar tus sentimientos
Síntomas de fatiga en la batalla
Peleando para ganar
Venciendo el mal con un buen arsenal
Apéndice A: Amargura contra Dios
Apéndice B: Amando a otros desde lejos
Manifestaciones del amor
Apéndice C: Amando en ausencia (hoja de trabajo)
El amor es sufrido
El amor es benigno
El amor no tiene envidia
El amor no es jactancioso
El amor no se envanece
El amor no hace nada indebido
El amor no busca lo suyo
El amor no se irrita
El amor no guarda rencor.
El amor no se goza de la injusticia
El amor se goza de la verdad
El amor todo lo sufre
El amor todo lo cree
El amor todo lo espera
El amor todo lo soporta
Publicaciones Faro de Gracia - Otras obras de esta serie:
Franco llegó a casa después de un largo día en la oficina. Después de devorar una sopa recalentada, se dirigió a cepillarse los dientes. En el momento en que abrió el cajón del tocador y observó el tubo de la pasta dental que su esposa había exprimido desde la mitad (por enésima vez), se enfureció. Cerró con furia el cajón, agitó sus manos y comenzó a acosar a Wilma en un tono bastante irritado.
“¡Esa mujer! Siempre exprime la pasta dental desde en medio. Le he pedido mil veces que lo haga desde el extremo. ¡Pero nunca me escucha! Sería mejor hablarle directamente a la pasta dental que pedirle a ella que haga algo por mí. Es la más mujer más necia que he conocido. ¿A ella le gustaría que yo ignorara sus incesantes peticiones? ¡Para nada le agradaría!”.
En este punto, Franco dejó de hablar pero continuó meditando sobre la pasta dental mientras internamente planeaba su venganza.
“Le enseñaré una lección. Ella odia cuando alguien de la familia olvida tapar la pasta dental después de utilizarla. Así que, no la taparé. Mañana, cuando ella se cepille los dientes, ella estará furiosa porque ‘olvidé’ taparla y esto arruinará toda su mañana. Y, quizá, si tengo suerte, la pasta se endurecerá y cuando ella intente utilizarla no podrá. Y, quizá, mirará el tubo de la pasta y la apretará con demasiada fuerza y un poco de la pasta endurecida volará y le golpeará entre los dos ojos”.
Ahora, permíteme preguntarte, ¿vale la pena gastar toda esa energía por un tubo de pasta dental? ¡Difícilmente! ¿Qué tipo de reacción merece un tubo de pasta dental que ha sido repetidamente exprimido desde la mitad? Si el incidente de la pasta dental no puede ser pasado por alto, entonces (como máximo) el tiempo, esfuerzo y pensamiento que uno debería dedicarle es algo como las siguientes líneas:
“¡Oh, mira eso! Ella nuevamente exprimió el tubo de la pasta dental desde la mitad. Quizá debemos comprar un tubo de pasta dental para cada uno”. Cuando invertimos enormes cantidades de energía emocional por decepciones triviales, es un buen indicativo de que podemos tener amargura.
Una de las palabras bíblicas para la amargura literalmente describe el sabor amargo de algunos alimentos y bebidas. El verbo traducido “amargarse” significa “cortar” o “pinchar”. Puedes pensar en la amargura como una herida interna y auto-infringida, y así es. Pero la Biblia dice que esta actitud de resentimiento y falta de perdón también cortará y lastimará a otros.
La amargura es el resultado de no perdonar a otros. Si guardas amargura contra alguien, significa que realmente no has perdonado a esa persona. Para decirlo de otra manera, la amargura es el resultado de responder inapropiadamente (no bíblicamente) a una ofensa. La Escritura compara la amargura a una raíz:
Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.
(Hebreos 12:15)
Las raíces deben ser plantadas. Así que, permíteme preguntarte, “¿Cuál crees que es la semilla que al ser plantada produce la raíz de la amargura?”.
Hablando generalmente, es una herida. Cuando alguien te hiere, es como si esa persona arrojara una semilla en el terreno de tu corazón. En ese punto, puedes elegir responder de dos formas diferentes. Puedes recoger y desechar la semilla al perdonar a tu ofensor, o puedes comenzar a cultivar la semilla al repasar la herida una y otra vez en tu mente. La amargura es el resultado de permanecer demasiado en una herida. Nuevamente, es indicativo de que alguien no ha perdonado realmente a su ofensor (Mateo 18:34-35).
La mejor amiga de Verónica, Betty, había estado planeando una pijamada para las chicas del grupo juvenil. Todo el verano, la fiesta fue el tema de discusión. Todos estarían ahí. Tres días antes de la pijamada, Verónica se enteró de que unos viejos amigos de la familia vendrían a la ciudad el fin de semana de la fiesta. Aunque la fiesta de Betty estaba agendada desde meses atrás, el padre de Verónica quería que abandonara sus “bobos planes de fiesta” y se quedara en casa para recibir a los invitados. Verónica sabía que todas las chicas populares estarían en la pijamada, además de todas sus amigas. Por si fuera poco, ella se había comprometido a ir a la fiesta mucho antes de que supiera de los planes de su padre. Los padres de Verónica le insistieron en que se quedara en casa. Una semilla, una herida, había sido plantada en su corazón.
La semilla de Verónica podía fácilmente convertirse en raíz de amargura:
Pensamientos internos de Verónica |
Cultivación de la amargura de Verónica |
“¡No puedo creer que me haga esto! He estado planeando ir a esta pijamada todo el verano”. |
Verónica entierra uno o dos centímetros más la semilla en su corazón. |
“Él es tan egoísta. Solo piensa en lo que él quiere”. |
Verónica cubre con más tierra la semilla. |
“Nunca me permite divertirme si piensa que sus planes perfectos pueden ser trastornados”. |
Verónica airea la tierra. |
“¿Por qué tengo un padre como él?” |
Verónica riega la tierra. |
“¡Es un perdedor!” |
Verónica fertiliza la herida y comienza a germinar. |
“¡No puedo esperar para irme de esta casa! Así nadie arruinará la diversión”. |
Verónica deshierba su pequeño retoño y sus raíces crecen más profundas. |
“¡No puede hacerme esto! Le daré una probada de su propia medicina. Lo avergonzaré de tal manera que deseará haberme enviado a la pijamada en una limosina”. |
Verónica pone los últimos toques en el invernadero que contiene su planta y comienza a cobrarle a las personas para entrar en él. |
Verónica permitió que sus sentimientos heridos la paralizaran y no le permitieran tomar la acción apropiada (como obedecer y quizá apelar a su padre amablemente), contestando su “ofensa” una y otra vez en su mente y, en consecuencia, guardó amargura contra él.