Edición marzo, 2021
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ISBN: 978-84-18631-48-1
EL SECRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO
POR SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT
ROSA BLANCA
A LOS SACERDOTES
1. Ministros del Altísimo, predicadores de la verdad, clarines del Evangelio, permitidme que os presente la rosa blanca de este librito para introducir en vuestro corazón y en vuestra boca las verdades que en él se exponen sencillamente y sin aparato. En vuestro corazón, para que vosotros mismos emprendáis la práctica santa del Rosario y gustéis sus frutos. En vuestra boca para que prediquéis a los demás la excelencia de esta santa práctica y los convirtáis por este medio. Guardaos, si no lo lleváis a mal, de mirar esta práctica como insignificante y de escasas consecuencias, como hace el vulgo y aun muchos sabios orgullosos; es verdaderamente grande, sublime, divina. El cielo es quien os la ha dado para convertir a los pecadores más endurecidos y los herejes más obstinados. Dios ha vinculado a ella la gracia en esta vida y la gloria en la otra. Los santos la han ejercitado y los Soberanos Pontífices la han autorizado.
¡Oh, cuán feliz es el sacerdote y director de almas a quien el Espíritu Santo ha revelado este secreto, desconocido de la mayor parte de los hombres o sólo conocido superficialmente! Si logra su conocimiento práctico, lo recitará todos los días y lo hará recitar a los otros. Dios y su Santísima Madre derramarán copiosamente la gracia en su alma para que sea instrumento de su gloria; y producirá más fruto con su palabra, aunque sencilla, en un mes que los demás predicadores en muchos años.
2. No nos contentemos, pues, mis queridos compañeros, en aconsejarlo a los demás: es necesario que lo practiquemos. Bien podremos estar convencidos de la excelencia del Santo Rosario, mas si no lo practicamos, poco empeño se tomará quien nos oiga en cumplir lo que aconsejamos, porque nadie da lo que no tiene «Caoepit Jesús facere et docere». Imitemos a Jesucristo, que comenzó por hacer aquello que enseñaba. Imitemos al Apóstol, que no conocía ni predicaba más que a Jesucristo crucificado: y eso es lo que haréis al predicar el Santo Rosario, que, según más abajo veréis, no es sólo un compuesto de padrenuestros y avemarías, sino un divino compendio de los misterios de la vida, pasión, muerte y gloria de Jesús y de María. Si creyera yo que la experiencia que Dios me ha dado de la eficacia de la predicación del Santo Rosario para convertir a las almas os pudiera determinar a predicarlo, a pesar de la moda contraria de los predicadores, os diría las conversiones maravillosas que he visto venir con la predicación del Santo Rosario; pero me contentaré con relatar en este compendio algunas historias antiguas y bien probadas. Y solamente en servicio vuestro he insertado también algunos textos latinos de buenos autores que prueban lo que explico al pueblo en francés.
ROSA ENCARNADA
A LOS PECADORES
3. A vosotros, pobres pecadores y pecadoras, un pecador mayor todavía os ofrece esta rosa enrojecida con la Sangre de Jesucristo, para haceros florecer y para salvaros. Los impíos y los pecadores impenientes claman todos los días: «Coronémonos de rosas.» Coronémonos de rosas, cantemos también nosotros, coronémonos con las rosas del Santo Rosario. ¡Ah, qué diferentes son sus rosas de las nuestras! Son las rosas de ellos sus placeres carnales, sus vanos honores y sus riquezas perecederas, que muy pronto se marchitarán y perecerán; mas las nuestras (nuestros padrenuestros y avemarías bien dichos, junto con nuestras obras de penitencia) no se marchitarán ni pasarán jamás y su resplandor brillará de aquí a cien mil años como al presente; las pretendidas rosas de ellos no tienen sino la apariencia de tales, en realidad no son otra cosa que espinas punzantes durante la vida por los remordimientos de conciencia, que los atormentarán en la hora de la muerte (con el arrepentimiento) y los quemarán durante toda la eternidad, por la rabia y la desesperación. Si nuestras rosas tienen espinas, son espinas de Jesucristo que Él convierte en rosas. Si punzan nuestras espinas, es sólo por algún
tiempo; no punzan sino para curarnos del pecado y salvarnos.
4. Coronémonos a porfía de estas rosas del paraíso recitando diariamente el Rosario; es decir tres rosarios de cinco decenas cada uno o tres ramos de flores o coronas: 1.° para honrar las tres coronas de Jesús y de María, la corona de gracia de Jesús en su encarnación, su corona de espinas en su pasión y su corona de gloria en el cielo, y la triple corona que María recibió en el cielo de la Santísima Trinidad; 2.º para recibir de Jesús y de María tres coronas, la primera de mérito durante la vida, la segunda de paz a la hora de la muerte, y la tercera de gloria en el paraíso. Si sois fieles en rezarle devotamente hasta la muerte, a pesar de la enormidad de vuestros pecados, creedme, recibiréis una corona de gloria que no se marchitará jamás. Aun cuando os hallaseis en el borde del abismo, o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo, aun cuando fueseis unos herejes endurecidos y obstinados como demonios, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados.
Ya veréis en esta obra muchas historias de grandes pecadores convertidos por virtud del Santo Rosario. Leedlas para meditarlas.
ROSAL MÍSTICO
A LAS ALMAS DEVOTAS
5. No llevaréis a mal, almas devotas, alumbradas por el Espíritu Santo, que os dé un pequeño rosal místico, bajado del cielo para ser plantado en el jardín de vuestra alma: en nada perjudicará las flores odoríferas de vuestra contemplación. Es muy oloroso y enteramente divino, no destruirá en lo más mínimo el orden de vuestro jardín; es muy puro, bien ordenado y lo conduce todo al orden y a la pureza; crece hasta una altura tan prodigiosa, adquiere una tan vasta extensión, si se le riega y cultiva como conviene todos los días, que no sólo no estorba, antes conserva y perfecciona todas las restantes devociones. Vosotros que sois espirituales me comprendéis bien; este rosal es Jesús y María en la vida, en la muerte y en la eternidad.
6. Las hojas verdes de este rosal místico representan los misterios y gozos de Jesús y de María; las espinas, los dolorosos; y las flores, los gloriosos; los capullos son la infancia de Jesús y de María; las rosas entreabiertas representan a Jesús y a María en los sufrimientos; las abiertas del todo muestran a Jesús y a María en su gloria y en su triunfo. La rosa alegra con su hermosura: Ved aquí a Jesús y María en sus misterios gozosos; pica con sus espinas: ved aquí a Jesús y María en sus misterios dolorosos; regocija con la suavidad de su aroma: vedlos, en fin, en sus misterios gloriosos. No desprecies, pues, mi planta excelente y divina: plantadla en vuestra alma, adoptando la resolución de rezar el Rosario. Cultivadla y regadla rezando fielmente todos los días y haciendo buenas obras y veréis cómo este grano que parecía tan pequeño llegará a ser con el tiempo un árbol grande, donde las almas predestinadas y elevadas a la contemplación harán sus nidos y morada para guardarse a la sombra de sus hojas de los ardores del sol, para preservarse en su altura de las bestias feroces de la tierra y para ser, en fin, delicadamente alimentadas con su fruto, que no es otro que el adorable Jesús, a quien sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Dios solo.
CAPULLO DE ROSA
A LOS NIÑOS
7. A vosotros, amiguitos míos, os ofrezco un hermoso capullo de rosa; es el granito de vuestro rosario, que os parecerá tan insignificante. Mas
¡oh, qué precioso es ese granito! ¡Qué admirable es ese capullo! ¡Cómo se desarrollará si rezáis devotamente vuestra avemaría! Mucho sería pediros que rezarais el Rosario todos los días; rezad por lo menos diariamente un tercio del Rosario con devoción, y será una linda corona de rosas que colocaréis en las sienes de Jesús y de María. Creedme; y escuchad una hermosa historia, y no la olvidéis.
8. Dos niñas, hermanitas, estaban a la puerta de su casa rezando devotamente el Santo Rosario. Aparéceseles una hermosa Señora, la cual se aproxima a la más pequeña, que tenía de seis a siete años, la toma de la mano y se la lleva. Su hermana mayor la busca llena de turbación y, desesperada de poder encontrarla, vuelve a su casa llorando. El padre y la madre la buscan tres días sin encontrarla. Pasado este tiempo, la encuentran a la puerta con el rostro alegre y gozoso. Le preguntan de dónde viene y contesta que la Señora a quien rezaba el Rosario la había llevado a un lugar muy hermoso y le había dado a comer cosas muy buenas y había colocado en sus brazos a un Niño bellísimo. El padre y la madre, recién convertidos a la fe, llamaron al Padre Jesuita que los había instruido en ella y en la devoción del Rosario y le contaron lo que había ocurrido. De sus propios labios lo hemos sabido nosotros. Aconteció en el Paraguay.
Imitad, amados niños, a estas dos fervorosas niñas; rezad todos los días, como ellas, el Rosario, y mereceréis así ver a Jesús y a María: si no en esta vida, después de la muerte, durante la eternidad. Amén.
Sabios e ignorantes, justos y pecadores, grandes y pequeños, alaben y saluden día y noche con el Santo Rosario a Jesús y a María. Saludad a María, que mucho ha trabajado en medio de vosotros (Rm. 16, 6).
EL SECRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO
PARA CONVERTIRSE Y SALVARSE
PRIMERA DECENA
Excelencia del Santísimo Rosario en su origen y en su nombre
Primera Rosa
LAS ORACIONES DEL ROSARIO
9. El Rosario comprende dos cosas, a saber: la oración mental y la oración vocal. La oración mental del Santo Rosario es la meditación de los principales misterios de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. La oración vocal del Rosario consiste en decir quince decenas de avemarías precedidas por un padrenuestro y terminadas por un gloria. Se meditan y contemplan las quince virtudes principales que Jesús y María han practicado en los quince misterios del Santo Rosario.
En la primera parte, que consta de cinco decenas, se honran y consideran los cinco misterios gozosos; en la segunda, los cinco misterios dolorosos; y en la tercera, los cinco misterios gloriosos [entre los misterios gozosos y dolorosos el Papa Juan Pablo II ha añadido los cinco misterios luminosos]. De este modo, el Rosario es un compuesto sagrado de oración mental y vocal para honrar e imitar los misterios y las virtudes de la vida, muerte, pasión y gloria de Jesucristo y de María.
Segunda Rosa
ORIGEN DEL ROSARIO
10. El Santo Rosario, compuesto en su fondo y substancia de la oración de Jesucristo y de la salutación angélica –esto es, el padrenuestro y el avemaría– y la meditación de los misterios de Jesús y María, es sin duda la primera oración y la devoción primera de los fieles, que desde los apóstoles y los discípulos se transmitió de siglo en siglo hasta nosotros.
1. Según las investigaciones de los historiadores eclesiásticos, no parece que pueda hoy admitirse lo que aquí dice el Santo Montfort sobre la antigüedad en el uso del avemaría. Hasta el siglo XII no hay testimonio alguno de que se rezara el avemaría, si no es como antífona en la liturgia. Antes de Santo Domingo se citan sólo cuatro o cinco casos de fieles que rezaran el avemaría. El Santo fue el primero que consta mandara rezar e! avemaría en sus Constituciones, y sus discípulos los primeros de quienes tenemos noticia que propagaron la devoción de rezar series de avemarías meditando los misterios y juntando el rezo con genuflexiones, al modo que rezaba Santo
11. No obstante, el Santo Rosario, en la forma y método que lo recitamos al presente, sólo fue inspirado a la Iglesia en 1214 por la Santísima Virgen, que lo dio a Santo Domingo para convertir a los herejes albigenses y a los pecadores. Ocurrió en la forma siguiente, según cuenta el Beato Alano de la Roche en su famoso libro titulado De dignitate Psalterii2. Viendo Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entró en un bosque próximo a Tolosa y pasó en él tres días y tres noches en continua oración y de penitencia, no cesando de gemir, de llorar y de macerar su cuerpo con disciplinas para calmar la cólera de Dios; de suerte que cayó medio muerto. La Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo, se le apareció entonces y le dijo; «¿Sabes tú, mi querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?» «Oh Señora, respondió él, Vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Domingo, según nos lo representa el arte de su tiempo. Con fundamento, pues, la voz de los Sumos Pontífices, de acuerdo con la tradición, nos señala a Santo Domingo como fundador del Rosario, aunque no enseñara él a rezarIo precisamente en series de diez avemarías y distribuyendo como ahora la meditación de los misterios. Ésta no se fijó hasta e! siglo xv.
Véanse sobre todo este asunto los interesantes artículos del P. Getino, O.P. (en Ciencia Tomista, t. XXIV y XXV). «¿Fue Santo Domingo fundador del Rosario?»
2. De la dignidad del salterio de María; es decir, del Rosario.
Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación.» Ella añadió: «Sabe que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento; y por tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio.» El Santo se levantó muy consolado y, abrasado de celo por el bien de aquellos pueblos, entró en la Catedral. En el mismo momento, sonaron las campanas por intervención de los ángeles para reunir a los habitantes, y al principio de la predicación se levantó una espantosa tormenta; la tierra tembló, el sol se nubló, los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes; y aumentó su terror al ver una imagen de la Santísima Virgen expuesta en lugar preeminente, levantar los brazos tres veces hacia el cielo, para pedir a Dios venganza contra ellos si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.
El cielo quería por estos prodigios aumentar la nueva devoción del Santo Rosario y hacerla más notoria. La tormenta cesó al fin por las oraciones de Santo Domingo. Continuó su discurso y explicó con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores de Tolosa lo aceptaron casi todos, renunciaron a sus errores, y en poco tiempo se vio un gran cambio en la vida y las costumbres de la ciudad3.
3. Ninguna de estas maravillas refieren los antiguos histo-
Tercera Rosa
EL ROSARIO Y SANTO DOMINGO
12. Este milagroso establecimiento del Santo Rosario, que guarda cierta semejanza con la manera en que Dios promulgó su ley sobre el monte Sinaí, manifiesta evidentemente la excelencia de esta divina práctica. Santo Domingo, inspirado por el Espíritu Santo, predicó todo el resto de su vida el Santo Rosario con el ejemplo y la palabra, en las ciudades y en los campos, ante los grandes y los pequeños, ante sabios e ignorantes, ante católicos y herejes. El Santo Rosario –que rezaba todos los días– era su preparación para predicar y su acción de gracias de haber predicado.
13. Un día de San Juan Evangelista en que estaba el Santo en Nuestra Señora de París rezando el Santo Rosario, como preparación a la predicación, en una capilla situada tras el altar mayor, se le apareció la Santísima Virgen y le dijo; «Domingo, aunque lo que tienes preparado riadores de la Orden de Santo Domingo, y por eso los críticos desconfían, Téngase en cuenta, sin embargo, que Santo Domingo no tuvo ningún biógrafo contemporáneo. Los que narraron su vida lo hicieron dentro del cuadro general de la historia de su Orden, donde no cabían tantos pormenores.
Para predicar sea bueno, he aquí, no obstante, un sermón mucho mejor que yo te traigo.» Santo Domingo recibe de sus manos el libro donde estaba el sermón, lo lee, lo saborea, lo comprende, da gracias por él a la Santísima Virgen. Llega la hora del sermón, se enfervoriza y, después de no haber dicho en alabanza de San Juan Evangelista sino que había merecido ser custodio de la Reina del Cielo, dice a toda la concurrencia de grandes y doctores que habían venido a oírle –habituados todos a discursos floridos– que no les hablará con palabras de sabiduría humana, sino con la sencillez y la fuerza del Espíritu Santo. Y, efectivamente, les predicó el Santo Rosario explicándoles palabra por palabra, como a niños, la salutación angélica, sirviéndose de comparaciones muy sencillas, que había leído en el papel que le había dado la Santísima Virgen.
14. He aquí las mismas palabras del sabio Cartagena, tomadas por él del libro del Beato Alano de la Roche titulado De Dignitate Psalterii. El Beato Alano afirma que Santo Domingo le dijo un día en una revelación; «Hijo mío, tú predicas, pero, para que no busques las alabanzas de los hombres antes que la salvación de las almas, escucha lo que me sucedió en París. Debía predicar en la magnífica iglesia dedicada a la bienaventurada María y quería hacerlo de un modo ingenioso, no por orgullo, sino por la influencia y dignidad del auditorio. Según mi costumbre, oraba recitando mi salterio (es decir, el Rosario),
durante la hora que precedía a mi sermón, en cierta capilla tras el altar mayor, y tuve un rapto. Veía a mi amada Señora la Madre de Dios, que trayéndome un libro me decía; ‘‘Domingo, aunque el sermón que has decidido predicar es bueno, te traigo aquí otro mejor.’’
»Muy gozoso, cogí el libro, lo leí entero y, como María había dicho, comprendí bien que aquello era lo que convenía predicar. Le di gracias con todo mi corazón. Llegada la hora del sermón, tenía delante de mí la Universidad de París en masa y un gran número de señores. Ellos oían y veían las grandes señales que por mediación mía les hacía el Señor. Subo al púlpito. Era la fiesta de San Juan, pero de tal apóstol me contenté con decir que mereció ser escogido para custodio singular de la Reina del cielo; y después digo así a mi auditorio: ‘‘Señores y Maestros ilustres, estáis acostumbrados a escuchar sermones elegantes y sabios; pero yo no quiero dirigiros las doctas palabras de la sabiduría humana, sino mostraros el Espíritu de Dios y su virtud.’’ y entonces –dice Cartagena siguiendo al Beato Alano– Santo Domingo explicó la salutación angélica por comparaciones y semejanzas familiares.»