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ÍNDICE

PRESENTACIÓN

AGRADECIMIENTOS

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE. APUNTES SOBRE LA SOCIOLOGÍA HISTÓRICA DE LAS UNIVERSIDADES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Antecedentes y perspectiva analítica; Historia, sociología y política; Conjeturas, sospechas, hipótesis; La construcción del poder autónomo de la universidad; Dos ejes del poder autónomo universitario: legitimidad y representación; Metodología, fuentes y limitaciones

SEGUNDA PARTE. ANTECEDENTES EUROPEOS E INVENCIONES AMERICANAS: LAS TRES ÉPOCAS DE LAS UNIVERSIDADES HISPANOAMERICANAS

Las primeras universidades europeas; La universidad medieval; La Universidad de Salamanca

LA ERA COLONIAL (1538-1812)

El contexto latinoamericano en la era colonial; Historias paralelas: tres universidades, tres tipos de legitimidad; La Universidad de Santo Domingo: la legitimidad precaria; Universidad de San Marcos: la legitimidad conflictiva; La Universidad de México: la legitimidad ambigua; Recapitulación y conclusiones preliminares sobre la Era Colonial

LA ERA REPUBLICANA (1812-1918)

El agitado fin de una época; Absolutismo, Ilustración y revoluciones de independencia; Universidad de México: de real y pontificia a nacional (1833-1910); Las dos muertes de la Real Universidad de México: 1833 y 1865; El porfiriato y la fundación de la Universidad Nacional; La Universidad de San Marcos: modernización y escombros de guerra; Santo Domingo, la “España boba”, y la reinvención de la universidad; Recapitulación y consideraciones finales acerca de la Era Republicana

LA ERA DE LA AUTONOMÍA (1918-1980). REFORMAS Y UTOPÍAS, MODERNIDAD Y NACIONALISMO

Córdoba y la construcción de un nuevo modelo universitario; Universidad de México: nacionalismo y autonomía; La conquista de la autonomía universitaria dominicana y la dictadura de Trujillo; Universidad de San Marcos: autonomía y legitimidad; Recapitulación y conclusiones acerca de la era moderna de las universidades latinoamericanas

CONSIDERACIONES FINALES. UNA NOTA SOBRE EL PODER DE LA UNIVERSIDAD EN LA ERA CONTEMPORÁNEA (1980-2018): INCENTIVOS, CALIDAD Y EVALUACIÓN

La construcción de un nuevo contexto político y de políticas para la legitimación universitaria; Las universidades históricas en un contexto cambiante: privatización, desigualdad y masificación; Gobierno, legitimidad y representaciones universitarias hoy; Poder y políticas universitarias hoy: un mapa mínimo

EPÍLOGO: EL LARGO PLAZO Y LA SOCIOLOGÍA HISTÓRICA UNIVERSITARIA LATINOAMERICANA

REFERENCIAS

ANEXO I. Cronología de fundación de universidades en América Latina y el Caribe

ANEXO II. Cronología de colegios, institutos y universidades hispanoamericanas durante el siglo XIX y primera mitad del siglo XX (1812-1944)

sociología
y
política

EL PODER DE LA UNIVERSIDAD
EN AMÉRICA LATINA

Un ensayo de sociología histórica

por

ADRIÁN ACOSTA SILVA

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siglo xxi editores
CERRO DEL AGUA 248, ROMERO DE TERREROS, 04310, CIUDAD DE MÉXICO
www.sigloxxieditores.com.mx

siglo xxi editores, argentina
GUATEMALA 4824, C1425BUP, BUENOS AIRES, ARGENTINA
www.sigloxxieditores.com.ar

anthropos editorial
LEPANT 241-243, 08013, BARCELONA, ESPAÑA
www.anthropos-editorial.com

CATALOGACIÓN EN LA PUBLICACIÓN

NOMBRES: Acosta Silva, Adrián, autor

TÍTULO: El poder de la universidad en América Latina : un ensayo de sociología histórica / por Adrián Acosta Silva

DESCRIPCIÓN: Primera edición. | Ciudad de México : Siglo XXI Editores, 2020.

COLECCIÓN: Sociología y política

IDENTIFICADORES: 978-607-03-1082-9; 978-607-547-854-8; 978-607-8066-57-5

TEMAS: Educación superior – América Latina | Enseñanza – América Latina

CLASIFICACIÓN: LCC LB2331.46 A36 | DDC 378.12509714

esta publicación fue dictaminada a doble ciego según políticas editoriales de la UdeG y de la UDUAL.

fotografía de vla, segmento del patio del antiguo colegio de san ildefonso. agradecemos al patronato universitario a través de la dirección general del patrimonio universitario por el uso de la imagen de la portada

primera edición, 2020
© siglo xxi editores, s. a de c. v.
isbn 978-607-03-1082-9
isbn-e 978-607-03-1083-6
© universidad de guadalajara
josé bonifacio andrada 2679, lomas de guevara, 44657, guadalajara, jalisco
isbn 978-607-547-854-8
isbn-e 978-607-547-855-5
© unión de universidades de américa latina y el caribe, a.c. avenida flores magón 1, tlatelolco, 06995, cuauhtémoc, ciudad de méxico
isbn 978-607-8066-57-5
isbn-e 978-607-8066-58-2

derechos reservados conforme a la ley.
prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio.

En las áreas de las que nos ocupamos,
la comprensión sólo se produce en forma de
relámpagos. El texto es el largo trueno que los sigue.

WALTER BENJAMIN

PRESENTACIÓN

En 2019, la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL) cumplió 70 años; con el fin de conmemorarlos, se convocó a un seminario académico que derivó en una publicación, la cual consideramos fundamental para comprender la situación actual de las universidades en nuestra región latinoamericana y caribeña (Autonomías bajo acecho), también publicada por la casa editorial en la que hoy presentamos El poder de la universidad en América Latina.

La divulgación de ideas, como las que Adrián Acosta Silva ensaya en este libro con una amplia revisión sociológica e histórica, es parte de las labores de la UDUAL, donde el intercambio académico y la promoción del debate son piezas sustantivas de nuestro perfil institucional, siendo un medio idóneo las publicaciones de los investigadores de las universidades afiliadas.

Con el propósito de continuar esta iniciativa e interesados en dialogar con la Universidad de Guadalajara, una de las casas de estudios con más tradición en México, hoy consideramos oportuno coeditar esta importante investigación por los datos históricos y el análisis sociológico que aporta acerca de las tres universidades más antiguas y emblemáticas de la región: Santo Domingo (1538), San Marcos (1551) y la Universidad de México (1551). Estamos seguros de la trascendencia que representa para el mundo educativo.

Desde su fundación como la red de educación superior más grande de América Latina y el Caribe, la UDUAL defiende, fortalece y promueve el ejercicio de la autonomía universitaria, tomando en cuenta la diversidad y pluralidad de las regiones y las instituciones de educación superior. Asimismo, impulsa la actividad académica y promueve el análisis de las distintas realidades y problemáticas que enfrenta este nivel de enseñanza.

La UDUAL aspira a continuar posicionada como el espacio donde se afirma y fomenta el pensamiento integral de las universidades latinoamericanas y caribeñas para proyectarse en la región. Qué mejor manera de subrayarlo que a partir de un libro como éste, el cual fortalece nuestra razón de ser y manifiesta el sentido de esta unión académica.

Por su parte, la Universidad de Guadalajara, institución bicentenaria fundada en 1791 como Real y Literaria, coincide ampliamente con la UDUAL en el interés por difundir la historia y las condiciones en las que realizan sus funciones sustantivas las universidades latinoamericanas y caribeñas.

Asimismo, el apoyo a la edición de este tipo de trabajos forma parte esencial de la construcción de la autonomía intelectual e institucional de la vida universitaria en las distintas regiones y territorios nacionales.

Para la Universidad de Guadalajara, coincidir en este esfuerzo conjunto de publicación es una muestra del ánimo de cooperación interinstitucional que se orienta hacia el fortalecimiento del conocimiento histórico-sociológico de nuestras universidades, como ejercicio sustantivo de la vida académica universitaria moderna y testimonio de la enorme riqueza del pasado y el presente de nuestras propias instituciones.

ROBERTO ESCALANTE SEMERENA
SECRETARIO GENERAL
UDUAL
RICARDO VILLANUEVA LOMELÍ
RECTOR GENERAL
UdeG

AGRADECIMIENTOS

En la vida académica, ningún texto surge del vacío intelectual, institucional ni emocional. Las lecturas de artículos, ensayos, reseñas o libros son deudoras de circunstancias, personas y lugares específicos durante tiempos más o menos determinados, o más o menos imprecisos, según se quieran ver. Aunque el ejercicio de escribir es parte de un proceso que se desarrolla siempre en solitario, la manera en que esto es posible supone también, inevitablemente, un contexto específico, habitado por voces, lecturas, dudas, conversaciones y observaciones que trascienden a los individuos y sus respectivas soledades. En este caso, es obligado hacer mención de las situaciones, instituciones y personas que hicieron posible el desarrollo del proyecto que hoy se expresa en la forma de un texto convencional. Ya se sabe: detrás de cada libro hay una pequeña historia que a veces vale la pena ser contada. Supongo que éste puede ser el caso.

El proceso de investigación sobre el cual descansan las páginas que siguen tiene, como suele suceder en la vida académica e intelectual universitaria, un origen remoto, uno reciente, así como una combinación de eventos determinados por las fuerzas siempre misteriosas del azar. El origen remoto se configura por una serie de preguntas, dudas y hallazgos acumulados en más de 30 años dedicados tanto al estudio de las universidades públicas en México como en América Latina, relacionados casi todos con la trayectoria sociohistórica de las propias universidades, su evolución, pleitos, conflictos políticos contemporáneos, sus significados sociales y políticos, sus estructuras de poder, sus mecanismos de vinculación con el desarrollo de las profesiones, las ciencias y las humanidades. El origen reciente tiene que ver con el estudio del fenómeno expansivo de la educación superior en prácticamente todo el mundo, en la relocalización del papel que las universidades públicas juegan en ese proceso de proliferación, relativamente azaroso y espontáneo; el poder social que, a pesar de todo, mantienen estas instituciones como espacios de atracción para la formación de las nuevas generaciones, el desarrollo de la investigación o su representación como centros reclutadores de élites políticas o sociales significativas en distintos contextos sociales, económicos y políticos de América Latina y el Caribe.

En la hechura del texto que ahora se pone a consideración del lector, intervienen también factores que suelen ser producto de la combinación, siempre imprecisa, de voluntad/fortuna, cálculo/azar. El estudio de las reformas universitarias, las fallas coyunturales, los problemas sistémicos del gobierno universitario, así como el análisis de las trayectorias de estudiantes y egresados de universidades públicas en México, temas aparentemente distintos, cuanto distantes en el estudio de la educación superior, llamaron mi atención y me impulsaron a examinar cómo esos problemas del presente universitario latinoamericanos se habían desarrollado quizá desde el origen mismo de la fundación de las primeras universidades hispanoamericanas. En esas circunstancias, digamos, intelectuales, surgió la oportunidad de disfrutar de un año sabático en mi universidad (la Universidad de Guadalajara), que coincidió también con la oportunidad de realizarla en una institución extranjera y con la disponibilidad de apoyos institucionales básicos para concretarla.

Ello explica el hecho de que, aprovechando una agradable estancia sabática en el Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) entre febrero de 2016 y enero de 2017, decidí desarrollar un estudio que permitiera abordar el déficit de conocimiento que tenía acerca del pasado remoto y reciente de las universidades latinoamericanas y caribeñas. Ese esfuerzo se prolongó de 2017 a 2019 en Guadalajara, donde revisé y cuestioné mis avances mediante la revisión de nuevos materiales bibliográficos y documentales en diversas bibliotecas universitarias. En el caso de la UAB, debo agradecer la generosa aceptación del Grupo de Investigación, Educación y Trabajo de ese Departamento (GRET), que me hizo partícipe durante un año de su seminario de investigación, así como por el acceso a la Biblioteca de Humanidades de la Universidad en su hermoso campus de Cerdanyola, en las montañas de Barcelona. También debo mencionar el apoyo financiero que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) otorgó a mi proyecto a través del “Programa de Becas de Investigación para Estancias Nacionales e Internacionales” (convocatoria 2015, clave 263807) para los miembros del Sistema Nacional de Investigadores. Asimismo, debo reconocer el apoyo institucional otorgado por la Universidad de Guadalajara, por medio del Departamento de Políticas Públicas del CUCEA y de la Coordinación General Académica para dedicarme un año completo a la realización de este proyecto.

Entre 2017 y 2019, en la Universidad de Guadalajara, llevé a cabo la investigación en el marco del “Programa de Apoyo a Miembros del Sistema Nacional de Investigadores” (Pro-SNI). En el Departamento de Políticas Públicas del CUCEA y en el Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo del CUCSH, pude combinar los tiempos y condiciones institucionales indispensables para culminar el proyecto iniciado en Barcelona en 2016. En especial, debo expresar mi reconocimiento por el trabajo de Bruno Acosta Hernández, estudiante de la carrera de Urbanística y Medio Ambiente del CUAAD, quien se desempeñó como becario del proyecto entre 2017 y 2018, revisando acervos bibliográficos, documentos y materiales gráficos vinculados con el estudio.

También deseo expresar mi agradecimiento al personal de las bibliotecas de Humanidades de la UAB, de la Facultad de Geografía e Historia y de Educación de la Universidad de Barcelona (UB) por la consulta de libros, revistas y documentos relacionados con el proyecto. El trabajo de lectura y reflexión que realicé en las instalaciones de los campi de la UAB, El Raval y Mundet de la UB fueron el pretexto perfecto para conocer no sólo la bibliografía especializada sobre el tema, sino también para recorrer las calles de la hermosa ciudad marítima, a la vez moderna y medieval que es hoy Barcelona, la capital de Catalunya. Asimismo, agradezco al personal de la biblioteca del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca por su apoyo, su orientación en tanto en la revisión bibliográfica como documental de su acervo entre junio y octubre de 2016.

Extiendo mi reconocimiento a las personas que hicieron posible mi estancia académica en la UAB. A mi amigo y colega Jordi Planas, su apoyo incondicional e interés por incorporarme al GRET y su orientación para hacer más fácil mi instalación en Barcelona a comienzos de 2016. A Luis F. Aguilar Villanueva, le agradezco su siempre cálido estímulo y apoyo intelectual, personal y académico en los últimos años, actitudes que me ayudaron a tomar la decisión de emprender el sabático en la UAB. A Manuel Alcántara y a José María Hernández, de la Universidad de Salamanca, y a Pilar García Jordán, de la Universidad de Barcelona, les extiendo también mi agradecimiento por sus amables invitaciones para presentar mis avances de investigación en sendos seminarios académicos llevados a cabo en dichas universidades en octubre y noviembre de 2016, respectivamente. A los miembros del GRET de la UAB, coordinados por Rafael Merino, su confianza y hospitalidad para integrarme con toda libertad a sus espacios académicos de reflexión y trabajo cotidiano durante mi estancia catalana.

Debo incluir también en este recuento de memoria y aprendizajes las conversaciones que, en el otoño de 2016, tuve con mi viejo amigo y colega Antonio Camou en la célebre Cervecería Moritz de la calle Sant Antoni, cercana al edificio principal de la Universidad de Barcelona (un local que debería ser de visita obligada para cualquier forastero, junto con el Camp Nou, la Iglesia de la Sagrada Familia, la de Santa María del Mar o La Pedrera de Gaudí). Como siempre que nos encontramos en Argentina o en México, esas charlas me resultaron estimulantes y cálidas, donde los temas de las universidades, la gobernabilidad y los problemas de las democracias en México, en España y en Argentina flotaron durante un par de tardes junto con las inevitables referencias al futbol, el clima, los amigos mutuos, nuestras mujeres o hijos.

Debo reconocer igualmente a quienes me acompañaron todos los días a lo largo de un año en esa ciudad espléndida y asombrosa que es Barcelona, y con quienes compartí el privilegio de conocer las calles, edificios y rincones que guarda la Ciudad Condal para propios y extraños. Con la música de fondo de Serrat, Bruce Springsteen, Neil Young, Van Morrison, Nick Cave y Chet Baker (gracias, Enrique Vila-Matas), y entre las carrers, traveseras y avingudas de los barrios de el Born, el Raval, el Gótico, en Passeig de Gracia, o en la playa hermosa y solitaria de Sant Adriá de Bessos, justo frente al imponente Mediterráneo, la compañía, los abrazos y las largas charlas con Angélica, Bruno y José Emilio hicieron siempre más agradable y cálida la experiencia del sabático en las tierras catalanas y el regreso a las tierras jaliscienses. Ellos bien saben, desde siempre, que forman la tierra firme del mundo íntimo de mis afectos y preocupaciones, de mis sueños y esperanzas.

El recuento estaría incompleto sin mencionar el interés y apoyo de las instituciones que hicieron posible la publicación de este libro. De un lado, la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, el organismo que durante más de 70 años se ha consolidado como uno de los espacios institucionales más importantes de reflexión y discusión sobre los problemas de las universidades públicas de la región. Del otro lado, la Universidad de Guadalajara, mi espacio de formación estudiantil, primero, y desde 1984 el referente institucional de mi desarrollo académico y laboral. A Siglo XXI Editores, su aceptación para la coedición de esta obra. Publicar en esta casa editorial es un privilegio y una responsabilidad intelectual para quienes creemos que la discusión pública de los trabajos académicos es una forma de construir espacios de conversación, donde los libros juegan hoy como ayer un papel relevante.

Barcelona, España, enero 2017/
Zapopan, México, diciembre 2019.

PRÓLOGO

La educación superior universitaria es hoy un territorio amplio, diversificado y extraordinariamente complejo. Millones de estudiantes, profesores y directivos habitan cotidianamente los campi universitarios y no universitarios, públicos y privados, de distinta magnitud y escalas, en miles de instituciones educativas del sector terciario en todo el mundo. Nunca como hoy el acceso a la educación superior se había convertido a la vez en un fenómeno social de búsqueda de identidad y posibilidades de reconocimientos, estatus o prestigios que posibiliten movilidad social entre distintos estratos y, al mismo tiempo, en un asunto público de primer orden en las agendas gubernamentales, una cuestión estratégica, de política y de políticas, que coloca a las instituciones de educación superior en un contexto de exigencias públicas, de incertidumbres globales y de aspiraciones sociales que difícilmente se ha presentado en los casi mil años de historia de las universidades en el mundo.

Pero la antigüedad, el tamaño o la diversidad de los sistemas nacionales de educación superior son apenas las postales de entrada en la comprensión de su complejo significado social, político o cultural. Si las universidades de Bolonia, París, Oxford o Salamanca se constituyeron por razones del azar o de la voluntad en las formas organizadas del saber y del poder que acompañaron tanto la legitimidad del orden social y político medieval como el desarrollo de la ciencia y de las profesiones a lo largo de la Edad Media, para luego ser parte de los núcleos intelectuales que institucionalizaron la transición del viejo orden feudal al moderno orden capitalista, no es muy claro cómo y por qué han sobrevivido como los modelos con o frente a los cuales nuevas universidades e instituciones de educación superior se crearon durante los últimos 500, 300 o 100 años.

Tampoco son claros los procesos que explican las diversas trayectorias institucionales de las universidades –en especial, las públicas–, en la configuración de los modernos sistemas nacionales de educación superior. Más allá de que algunas instituciones universitarias se colocaron desde su origen en la formación de las élites dirigentes e intelectuales, de los profesionistas y la formación del funcionario público, no sabemos muy bien cómo y por qué las universidades legitimaron ese encargo a lo largo del tiempo, en contextos sociales y temporales distintos y con grados de intensidad variables, muchas veces confusos y a menudo contradictorios.

Con el fin de explorar estas cuestiones, en el presente texto se ofrece un ensayo de interpretación histórico-sociológico acerca de las universidades latinoamericanas y caribeñas, centrando la atención en las tres universidades más antiguas de la región: Santo Domingo, San Marcos y México. Como se sabe, en las ciencias sociales y las humanidades el ensayo es generalmente una forma de aproximación que intenta organizar un conjunto de conocimientos fragmentarios, que propone relaciones posibles entre distintos componentes, factores y determinaciones de un objeto general o específico de investigación. El ensayo académico, en especial, es un método clásico de exploración más o menos libre pero sistemático sobre fenómenos sociales que auxilia en la comprensión de los perfiles, las tensiones y los relatos institucionales en un campo específico de la acción social, a la vez que se emplea como un recurso analítico, con el fin de exponer ciertas intuiciones, sospechas y conjeturas, y para ofrecer hipótesis explicativas respecto a fenómenos complejos y multidimensionales.

La elección del ensayo como método de exploración no es una decisión que goce de mucha popularidad en las ciencias sociales contemporáneas. Hoy, el énfasis en los datos estadísticos –los cada vez más mitificados y poco cuestionados “datos duros”, “big data” y demás–, el uso de sofisticadas metodologías “cualitativas”, “cuantitativas” o “mixtas”, las crecientes exigencias de verificabilidad y comparabilidad sustentadas en la aplicación inmediata o remota de los conocimientos de las ciencias sociales para intervenir en los asuntos públicos, han desplazado a la duda y a la especulación intelectual como métodos legítimos de exploración de la realidad social. Es posible que el declive del ensayo como ruta de comprensión de los fenómenos sociales se deba más a la ansiedad “metodolátrica” (la adoración del método en sí mismo), a las exigencias de medición estadística del tamaño o calidad de los fenómenos (anclados cada vez más en las métricas del desempeño), a las dificultades de tiempo y financiamiento de proyectos de investigación, o a las exigencias de utilización práctica que gobiernan hoy zonas extensas de las diversas disciplinas sociales, que a una reflexión profunda de los límites de los datos y las correlaciones estadísticas que oscurecen el lenguaje académico de no pocos economistas, sociólogos y politólogos contemporáneos.

Sin embargo, el uso del ensayo académico, como cualquier otro género, también tiene sus límites. Se ubica siempre en las fronteras de la opinión o de la especulación filosófica, histórica o sociológica. No compromete su trayectoria analítica con la formulación de un problema de investigación ni sus resultados con la verificación de una o varias hipótesis, ni tampoco se hace cargo necesariamente de traducir sus hallazgos o especulaciones en la resolución práctica de un problema público específico. Tampoco asume alguna responsabilidad clara en un conocimiento científico más preciso sobre los objetos de investigación o reflexión que le dan origen. Bien visto, el ensayo es una especulación organizada en torno a fenómenos que suelen ser no sólo complejos sino esencialmente ambiguos, cambiantes y contradictorios, como lo es, en este caso, la universidad.

El ensayo puede ser, al estilo de Montaigne, el ejercicio práctico de cierto escepticismo intelectual, la forma que asume un punto de vista dubitativo acerca de las realidades múltiples. Más que la formulación de grandes teorías, el ensayo se concentra en la comprensión de los procesos y la organización de las dudas, en la exploración más o menos libre de las distintas aristas, dimensiones o la experiencia de construcciones sociales como la universidad. En ese sentido, el ensayo es un género para herejes, no apto para ortodoxos académicos, un estilo que asume que la contradicción es el combustible de las dudas, la fuente de toda especulación intelectual que aspira a organizar de la mejor manera posible –es decir, contrastante y contradictoria– una visión de la complejidad de las construcciones sociales. Aquí, adquiere pleno sentido la definición que Alfonso Reyes, el gran escritor mexicano, hacía del ensayo literario como el “centauro de los géneros”, como el territorio que aspira a congregar, en el caso del ensayo académico en ciencias sociales, “el rigor de los conceptos con el vuelo de las intuiciones”, como señala Victoria Camps en “El declive del ensayo” (2016: 164).

Desde esta perspectiva, las siguientes páginas se asumen más en el género ensayístico que en el propiamente científico. El esfuerzo de indagación historiográfica y sociológica que le acompaña intenta ofrecer una reflexión más o menos organizada en cuanto a la sociología histórica de las universidades latinoamericanas que quizá permita a las nuevas generaciones de (posibles) estudiosos una aproximación general a las trayectorias institucionales de las universidades públicas y privadas de la región. Si se alimenta la curiosidad y el interés intelectual sobre el tema por parte de más de algún improbable lector de las páginas siguientes, estará cubierto sobradamente el propósito que anima la hechura de este texto.

INTRODUCCIÓN

Las primeras universidades latinoamericanas surgieron hace casi 500 años, primero como implantes de modelos europeos –principalmente españoles y, tardíamente, lusitanos–, sometidas a la autoridad de grupos de poder locales (órdenes religiosas, gobiernos locales) o remotas (la Corona, el papa), y luego como instituciones crecientemente autónomas influidas por los cambios en sus entornos sociales y políticos. A lo largo de sus diversas trayectorias, las universidades experimentaron ciclos de expansión y de crisis, rupturas, estancamientos, conflictos y épocas de esplendor, algunas sobrevivieron, otras desaparecieron. ¿Cuáles son esos ciclos? ¿Cómo pueden distinguirse? ¿Qué factores intervienen para producir las “eras” de las universidades de la región? ¿Qué tipo de cambios ocurren durante esa extendida, confusa y complicada historia?

Esas cuestiones han sido abordadas por diversos estudios historiográficos y sociológicos sobre las universidades en la región. En el contexto latinoamericano, las primeras instituciones de educación superior surgieron en entornos particularmente complejos que, en términos generales, se caracterizaron por el proceso de construcción de un nuevo orden social en los territorios y poblaciones americanas. La lógica de la conquista y de la colonización que se desarrolló en los siglos XVI y XVII impuso la organización de prácticas institucionales, políticas y culturales centradas en la evangelización de los indios, la promoción de un imaginario social asociado a nuevas formas y códigos simbólicos de representación del poder, de lealtad y obediencia de las comunidades hacia los conquistadores, hacia la Corona y la Iglesia católica. Esa misma lógica estimuló la formación del funcionariado eclesiástico y civil local, indispensable para la evangelización “homogénea” de comunidades conquistadas mediante la cruz y la espada, pero también para la administración más o menos eficaz de los nuevos territorios. En ese contexto, las órdenes religiosas (principalmente dominicos, franciscanos, agustinos, jesuitas) se convirtieron en los gestores de la creación de nuevas instituciones de “estudios generales”, que cristalizaron de manera polimorfa en las 31 universidades coloniales creadas desde 1538, con la fundación de la Universidad de Santo Domingo, hasta 1812, con la apertura de la Universidad de León en Nicaragua, la última universidad colonial de la región.1

Las implicaciones que tuvo la creación de las nuevas instituciones fueron múltiples y diversas. En el ámbito político, significaron el reconocimiento de los universitarios como una élite de poder con intereses propios, que demandaron recursos, instrumentos y condiciones para su permanencia y expansión en los diversos territorios. Asimismo, las universidades se convirtieron en el núcleo de la formación de un funcionariado eclesiástico y civil apropiado para la administración monárquica de poblaciones y territorios. En términos sociológicos, las universidades se consolidaron como espacios de reconocimiento de estatus y prestigio para clases y estratos sociales específicos, lo que permitió a algunos afianzar posiciones de poder y, a otros, oportunidades de movilidad social ascendente. En el ámbito cultural, la organización de los saberes y disciplinas, la creación de bibliotecas y la circulación de libros, la discusión política e intelectual dentro y fuera de las aulas universitarias contribuyeron de manera destacada a la conformación de élites intelectuales, ilustradas, empeñadas en construir la “República de la Letras” en los nuevos territorios.

El análisis de esas implicaciones puede ser visto como parte de una larga, complicada y conflictiva tarea de legitimación de las universidades en el orden colonial latinoamericano. Las tensiones clásicas entre la lógica del saber y la lógica del poder que caracterizan –casi desde su fundación– a las universidades europeas se reprodujeron más o menos puntualmente en la historia de las universidades de la región. Las órdenes religiosas, la burocracia eclesiástica, el poder papal y el poder monárquico, la expansión del mestizaje y de la evangelización, las crecientes tensiones entre los intereses de los españoles peninsulares y de los criollos, el papel de las autoridades locales municipales y de grupos específicos de poder en los diversos territorios, la conformación de las primeras universidades y colegios como corporaciones de estudiantes y profesores fueron parte de la configuración de diversos “mapas” de actores sociales involucrados en los procesos de legitimación –y, en no pocas ocasiones, de acelerada deslegitimación– de las instituciones universitarias entre los siglos XVI al XVIII.

Esos procesos pueden ser analizados tanto a través de las prácticas cotidianas como de los discursos y relatos que los propios universitarios (profesores y estudiantes), las autoridades monárquicas, la jerarquía católica y las órdenes religiosas se encargaron de producir durante la etapa colonial, y que se extendieron con otras voces, actores y climas intelectuales, ideológicos y políticos en los siglos XIX y XX. Ello, no obstante las diversas transiciones entre los modelos universitarios en la región, obedeció a una lógica complicada de cambios contextuales, orientaciones políticas y adaptaciones institucionales. Las universidades coloniales prácticamente desaparecieron de los escenarios socioeducativos en el transcurso de las guerras de independencia, con la constitución de las primeras repúblicas liberales y, con ellas, de los primeros Estados Nacionales en el accidentado siglo XIX. Desde los primeros años del siglo XX, en el contexto de la edificación de los regímenes nacional-populares latinoamericanos, las viejas universidades coloniales fueron definitivamente canceladas, reinventadas o refundadas como instituciones públicas, nacionales y autónomas, dotadas de recursos normativos, organizativos y, en la mayor parte de los casos financieros, para convertirse en órganos estatales pero no gubernamentales.

Por ello, las universidades en América Latina suelen acompañar su legitimidad intelectual, social y política con aquélla histórica, nutrida en muchas ocasiones de sus antecedentes coloniales o europeos. Sus respectivas “historias oficiales”, o los relatos políticos de las élites republicanas, modernizadoras o contemporáneas, suelen representar con alguna frecuencia a las universidades como el “lazo de unión” entre el pasado y el presente, y aun como parte de un largo proceso civilizatorio, como la continuidad institucional de aspiraciones nacionales y locales que fortalecen su identidad, sus misiones y funciones en la vida social, económica, política y cultural.2 En la retórica oficial, institucional y política, se suele afirmar con frecuencia que antes de la formación de los países modernos (vale decir, de las repúblicas y los modernos Estados nacionales, formados entre los siglos XVIII y XIX), muchas universidades ya estaban ahí, en formas primarias, participando en la configuración de las propias sociedades locales. ¿Es posible sostener esa afirmación de continuidad? ¿Qué papel juegan los “mitos fundacionales” en la construcción histórica de las universidades? ¿Cuáles son los momentos de ruptura y de “reinvención” de la universidad? ¿Cómo se adaptan las universidades a los cambiantes contextos sociales? ¿Cómo y por qué se convierten en “objetos” de la acción de los gobiernos?

DIMENSIONES Y PERSPECTIVAS DE UNA INSTITUCIÓN COMPLEJA

Es común que, en la bibliografía especializada acerca del tema, se distingan dos formas de abordaje de la sociología histórica de las universidades (Collins, 1996; Clark y Neave, 1992). Una afirma la tesis de que la historia institucional de las universidades consiste básicamente en la historia de las disciplinas, las profesiones y las escuelas que le dieron origen, identidad y trayectoria. La otra perspectiva afirma que la “invención” de la universidad significó la transformación sustancial de las formas de organización, legitimación y representación de los saberes técnicos, humanistas y científicos, lo que imprimió a la autonomía intelectual y académica de las disciplinas una autonomía ampliada de carácter institucional. Esta historia de tensiones autonómicas entre la institución y las disciplinas, entre legos, sabios y eruditos, fue formulada con toda claridad por Kant en su célebre texto “El conflicto de las Facultades”, publicado originalmente en 1794.

Estas dos perspectivas, sin embargo, bien vistas, son complementarias. La sociología histórica de las universidades es deudora de la sociología histórica de las disciplinas y de las profesiones. Así como la figura de la universidad no se reduce a la historia de sus funcionarios y burocracias ni a sus relaciones con el poder eclesiástico, monárquico o estatal, la historia de las disciplinas tampoco ocurre en entornos socioinstitucionales vacíos o en ausencia de tensiones y conflictos con nuevos saberes y con otras disciplinas. Aunque la medicina, la jurisprudencia, la astronomía o la filosofía son disciplinas cuyos orígenes son anteriores a la universidad, es cuando surge esta nueva institución en el siglo XII que esas mismas disciplinas se reorganizan con nuevas reglas, actores y relaciones de poder.

Así, es pertinente reconocer que las relaciones de las universidades con sus entornos socioinstitucionales son histórica y sociológicamente complejas. En el caso hispanoamericano, lo fueron tanto en la época colonial como en la era de la independencia y la constitución de las repúblicas latinoamericanas, y lo son en la época moderna y contemporánea. Esa complejidad puede ser analizada en tres grandes dimensiones: la histórica, la política y la sociológica. La primera implica un esfuerzo de reconstrucción de la peculiar configuración de las universidades, al atender sus orígenes, contextos, relatos y trayectorias. En particular, implica un análisis diacrónico que permita distinguir los distintos periodos, ciclos o etapas, sus rupturas y continuidades, sus tradiciones, símbolos, principios articuladores, momentos de cambio, ambigüedades y tensiones. La dimensión política tiene que ver con las relaciones de poder que establece la universidad con sus entornos, un vínculo “interno” y otro “externo”, que permite apreciar el papel de la universidad como un espacio donde confluyen de manera conflictiva la lógica del saber y la del poder. Finalmente, la dimensión sociológica supone el análisis de las representaciones sociales de la universidad en los entornos locales y nacionales, su importancia en la generalización de las prácticas académicas y en la formación de las creencias, los deseos, los imaginarios y las expectativas sociales de los grupos y estratos que se relacionan con la universidad, como un mecanismo de acceso legítimo a la distribución de los capitales simbólicos (grados, títulos, reconocimientos) que provee la propia universidad a sus miembros.

Estas preguntas, dimensiones y perspectivas de análisis acerca de las universidades latinoamericanas tienen que ver con comportamientos sociales e institucionales que no surgieron en el vacío histórico, social o político. Son la expresión de intereses, prácticas, ideas y valores fuertemente arraigados en los diferentes contextos nacionales, que proveen de cierto sentido de continuidad y de cambio, a veces de ruptura, a la propia figura de la universidad. ¿Cómo se forman esos valores, ideas e intereses? ¿De qué manera articulan el “sentido” institucional universitario? ¿Qué tipo de comportamientos socioinstitucionales se derivan de las formas y estructuras organizativas en que se expresan los valores e intereses de las universidades latinoamericanas?

El argumento general de este ensayo pretende explorar algunas explicaciones, ofrecer respuestas y nuevas hipótesis a estas cuestiones. Se sostendrá que, en el caso latinoamericano, el poder institucional universitario significa el poder autónomo de la universidad, lo que constituye el eje de las historias institucionales y sociales universitarias. El “poder autónomo” es la expresión de las relaciones de tensión y conflicto que guardan la legitimidad política y la representación social de las universidades en distintos contextos nacionales y locales. Esos dos elementos socioinstitucionales (legitimidad y representación) explican la autoridad de la universidad en el campo intelectual, político y cultural, así como la configuración de las representaciones colectivas (esencialmente de carácter simbólico), que se construyen dentro y fuera de la universidad.

Para explorar estas cuestiones, el texto está organizado en dos partes. En la primera, se describen los objetivos, alcances y límites del estudio general, además de los que corresponden a los tres grandes periodos de análisis (colonial, republicano y moderno), se presentan los antecedentes y la perspectiva analítica general del ensayo, que descansa fundamentalmente en el uso del enfoque de la sociología histórica. También se desarrollan las conjeturas e hipótesis que sirven como punto de arranque del estudio y una síntesis del esquema metodológico del proyecto, al considerar el foco analítico del estudio (el análisis del poder autónomo de las universidades en el contexto latinoamericano), así como sus limitaciones y potencialidades.

En la segunda parte del ensayo se ofrecen algunos resultados relacionados con los tres casos institucionales a estudiar (las universidades de Santo Domingo, San Marcos y de México), en cada uno de los tres periodos seleccionados. Asimismo, se incluye, a manera de conclusiones, una breve nota final sobre la era contemporánea de las universidades latinoamericanas (1980-2015), donde se enlazan los procesos de reforma y, en algún sentido, de reconstrucción del poder autónomo universitario a finales del siglo XX y comienzos del XXI, de sus dispositivos de legitimación político-institucional y de representación social, en el marco de las políticas de incentivos, de calidad y de evaluación que predominan en el contexto político y de políticas que caracteriza las relaciones de las universidades con sus entornos públicos y privados en los años recientes.

Finalmente, cierra el texto con un epílogo a manera de recuentos de las limitaciones del ensayo, pero también de un balance y perspectivas generales respecto a la noción del tiempo en las ciencias sociales y sus implicaciones acerca de las relaciones entre el largo plazo y la construcción de una sociología histórica de las universidades en América Latina y el Caribe.

Para concluir esta introducción, es importante señalar que entre 2018 y 2019 fueron publicados dos avances de la investigación que dio origen a este libro. Ambos textos son, por supuesto, de mi autoría. Uno fue el artículo “100 años después. Autonomía y poder universitario en América Latina”, publicado en la Revista Latinoamericana de Educación Comparada (2018, vol. 9, núm.13, pp. 77-92). El otro es “El poder universitario en América Latina”, publicado en la Revista Mexicana de Sociología (2019, vol. 81, núm. 1, 117-144). Esto explica que algunos pasajes del libro retomen elementos de ambas publicaciones.

 

1 La cifra y la relación de las 31 universidades hispánicas aparece en el texto clásico de Rodríguez (1973). Sin embargo, estudios posteriores señalan inconsistencias en la enumeración de esas universidades y proponen ajustarlas, en realidad, a 27. Al respecto, cf. el monumental texto de González (2017).

2 Estos relatos lineales o “continuistas” de la historia de la universidad fueron criticados tempranamente en los procesos de constitución de las repúblicas latinoamericanas, cuando se señaló su carácter mitológico/ideológico más que histórico. Para el caso de Perú, por ejemplo, José Carlos Mariátegui determina con agudeza, en los primeros años veinte del siglo XX, cómo el pasado colonial de las universidades peruanas era contradictorio con los procesos liberales de reforma de esas instituciones a lo largo del siglo XIX. Para él, como para otros intelectuales marxistas de la época, la historia de la universidad no era una de prolongación, sino de ruptura (Mariátegui, 1979: 86-88).

PRIMERA PARTE
APUNTES SOBRE LA SOCIOLOGÍA HISTÓRICA DE LAS UNIVERSIDADES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Es evidente que la “civilización”, como la
racionalización, no es un producto de la ratio
humana, no es el resultado de una planificación
que prevea a largo término […] De hecho, nada en
la historia demuestra que esta transformación se
haya llevado a cabo de modo “racional”, por
ejemplo, por medio de la educación adecuada de
personas concretas o de grupos de personas. En su
conjunto, la transformación se produce sin un plan
previo, aunque, sin embargo, sigue un orden
peculiar.

NORBERT ELIAS, El proceso de la civilización

Soportaban los años bravamente y conservaban
en su interior, incorrupta e intacta, la semilla
benigna del conocimiento.

FLANN O’BRIEN, En Nadar-dos-pájaros

Como se planteó en el prólogo de este libro, el objetivo general es comparar, desde una perspectiva de sociología histórica, las trayectorias socioinstitucionales de las universidades latinoamericanas durante la etapa colonial (siglos XVI al XVIII), que anticipa tanto la era republicana (siglo XIX) como la moderna (siglo XX) y contemporánea (la transición del último tercio del siglo XX y los primeros lustros del XXI). Este ejercicio se concentra en las trayectorias sociohistóricas de las tres universidades más antiguas del continente (Santo Domingo, San Marcos y México), tratando de identificar los procesos de construcción de su poder social e institucional, el perfil y los contenidos de los diversos grados de autonomía y heteronomía que se ejercen en distintos periodos de sus trayectorias, y examinando los discursos, creencias, imágenes y representaciones sociales que se forman dentro y fuera de los espacios universitarios en América Latina y el Caribe.

La selección de las tres universidades mencionadas obedece a un criterio amplio de representatividad, esto significa que, al reconocer la enorme diversidad de las trayectorias sociohistóricas de las distintas universidades hispanoamericanas y lusoamericanas que se fundaron en los diversos territorios coloniales, el análisis de las tres más antiguas universidades latinoamericanas permite identificar y comparar por lo menos tres tipos de trayectorias socioinstitucionales de la educación superior universitaria en la región. Con esta consideración, se ensayará un esquema interpretativo que concentra la atención en las diversas fuentes del poder de las universidades y las relaciones entre legitimidad política y representación social que caracteriza cada una de las trayectorias durante el periodo colonial.

ANTECEDENTES Y PERSPECTIVA ANALÍTICA

La universidad como objeto de investigación es un campo de estudio reciente de las ciencias sociales en América Latina. Aunque existe una importante bibliografía respecto a los orígenes históricos y a la evolución de la universidades latinoamericanas –particularmente las universidades públicas–, así como una producción importante en términos del estudio sociológico de sus actores universitarios contemporáneos –estudiantes, profesores, directivos–, o de las formas de organización académica y del gobierno universitario, existe relativamente poca investigación comparada en torno a la construcción de las imágenes y representaciones sociales de las instituciones universitarias en sus diversos contextos históricos y contemporáneos específicos.

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