© Fernando Díez de Urdanivia Serrano
Primera edición: 2007
ISBN libro físico: 978-970-92377-7-2
ISBN libro electrónico: 978-607-96555-56
Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio. Se autorizan breves citas en artículos y comentarios bibliográficos, periodísticos, radiofónicos y televisivos, dando al autor el crédito correspondiente.
Editor:
LUZAM
Río Lerma No. 260
Col. Vistahermosa
62290 Cuernavaca, Mor.
Tel. (777) 315-4022
discosluzam@gmail.com
Diseño y cuidado de la edición:
Carmen Bermejo y el autor
Impreso y hecho en México
Ficha bibliográfica
Díez de Urdanivia Serrano, Fernando
Mi Historia Secreta de la Música II
147 páginas de 14 x 20.5 cms
MI
HISTORIA
SECRETA
DE LA
MUSICA II
Fernando Díez de Urdanivia
Presentación: Raúl Herrera
MEXICO, 2007
Se apagan las luces, se abre el telón, da comienzo el espectáculo: el recital de un pianista, el concierto de una orquesta sinfónica, una función de danza. Cuán lejos está el público que goza y aplaude, de imaginar lo que sucede tras bambalinas para que pueda llegar el milagroso momento de la comunicación artística.
Cosas son ésas de las que normalmente sólo se enteran los artistas y quienes viven las actividades de planeación y organización: administradores, comunicadores, personal técnico, y sobre todo los promotores. Rara vez el público sabe del pánico escénico que sufre el artista, de la pataleta de la diva, de los representantes sindicales que exigen el cumplimiento de algún capricho como condición para tocar la segunda parte de un concierto, de la visa que nunca llegó, de la descompostura del autobús que causó que los bailarines llegaran agotados a la función, del jazzista que decidió pelearse con el personal de foro un minuto antes de su presentación, del retraso del vuelo. Sólo el que ha sido responsable de la planeación, contratación y logística de un evento –particularmente en un país como México–, sabe que a la hora de las urgencias hay que transformarse en gestor, filántropo, guardaespaldas, psicólogo, enfermero, locutor o chofer; arremangarse la camisa para ayudar a cargar sillas o cambiar llantas, y a veces hasta llevar en vilo a algún artista ebrio. Todo en aras del gozo divino del arte.
Porque dinero, lo que se llama dinero, no fácilmente se encuentra en la profesión de promotor de las artes. A lo largo de muchas décadas, Fernando Díez de Urdanivia ha sido un Quijote de las artes escénicas –sobre todo de la música–, factótum de numerosos milagros artísticos, y también víctima y chivo expiatorio de unos cuantos abusos y desastres. Llegó a esta profesión por un curioso periplo que fue de las clases privadas de guitarra, pasando por las de piano y la ocupación de judicial atípico –los cajones de su escritorio en la Procuraduría, llenos de partituras de música clásica– y periodista. En calidad de empresario y crítico musical es como el medio musical lo aprecia y ¿lo conoce?
Poco es lo que conocemos y mucho lo que imaginamos de la trayectoria de las personas con quienes día a día compartimos nuestra profesión. Y dado que de la naturaleza transitoria de las artes escénicas se desprende la imperiosa necesidad de contarlas, de recordarlas, es muy necesario que quienes, como Díez de Urdanivia, han tenido que ver con el quehacer artístico de nuestro país, hagan el recuento, más aún si gozan de la bendición de una buena pluma, como es el caso.
Por los recuerdos del autor del presente anecdotario desfilan muchas de las personalidades nacionales y extranjeras que construyeron los sucesos pequeños y grandes de la música en México a partir de los años cuarenta del siglo XX, de la misma manera que lo hacen grabaciones y publicaciones que ya forman parte de nuestra historia.
Es de celebrar que, como dice Fernando Díez de Urdanivia, le ocurra lo que a muchos viejos: que se ponga a contar sus recuerdos. Al recorrerlos, el lector no sólo se entera de cómo ocurrieron muchos sucesos artísticos de México, sino que a la vez disfruta del humor cáustico y lapidario del autor.
Bienvenida esta segunda parte de Mi historia secreta de la música, y ojalá no pase mucho tiempo antes de que recibamos la tercera.
RAÚL HERRERA
Decicatoria:
A Luis Herrera de la Fuente