DOY LAS GRACIAS

Debo dar las gracias por este libro a Fernanda Pivano, que es mi guía. Y también a otras personas, desperdigadas por Italia y Etiopía. En Italia mi agradecimiento para Valentina Barbieri, Miranda Bergamo, Daniela Bonanzinga, Pina Bottari, Giovanni Carabalone, Alberto La Torre, Enrico di Luciano, Mauro Giorgulli, Tina y Vittoria Grillo, Anna Giordano, Francesco Giordano, Giuseppe Giannino, Enrico La Stella, Guglielmo Mondio, Roberta Mazzaglia, Orazio Novarese, Angelo Pepe, Franco Panella, Flavia Puglisi, Lithian Ricci, Franco Rubino y Giuseppe Zaccaro. Y, además, para el aviador Giuseppe Nicosia, para el soldado Vincenzo Puglisi, que sobrevivió al asedio de Gondar, y para mi abuelo, Gaetano Giordano, que fue vicesecretario general de Gondar y después estuvo prisionero en Kenia. De él conservo sus cartas, sus fotos y el mal de África.

En Etiopía doy las gracias a Dino Danesi Visconti, cónsul de Adís Abeba; a Ato Melese Alemu; Bekele Gagiga; Luca degli Espositi; Amedeo Venditto, radiotelegrafista del duque de Aosta; Tesfaye Ambaye, que de niño se salvó de milagro de la matanza de Graziani. Y también agradezco a los tres pequeños Mulugeta, Teshager y Tadele por mostrarme las fuentes del Nilo Azul; al abad Tekele Mariam, que guarda el arca de los diez mandamientos y me regaló el agua mágica; a Abdul, maquinista del tren de Harar, que me acompañó al Valle de las Maravillas y hasta la frontera somalí, todavía sembrada de minas de la última guerra. Y gracias al cielo africano y a mi editor, Cesare De Michelis.